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Rebanadas
de Realidad - ENS, Medellín, 07/04/09.-
Frente a la crisis económica que estamos viviendo, Fedesarrollo (El
Tiempo 05/04/09) lanzó la propuesta de establecer un salario mínimo
flexible, o sea no regulado por la legislación laboral sino por el mercado,
lo que en las actuales condiciones de la economía colombiana significaría
rebajarlo.
Pensemos
cuál sería el impacto que una medida como la propuesta por Fedesarrollo
tendría sobre la demanda de los hogares, en un momento en el que caen
las exportaciones hacia los Estados Unidos, Venezuela y Ecuador, y en
el que, por tanto, el mercado interno se torna esencial en la reactivación
de la economía. Bajar los salarios ahora, en plena recesión económica,
sería como pretender apagar un incendio con gasolina.
Al
afectar uno de los principales componentes del mercado interno, como
lo es el consumo de los hogares, la propuesta de Fedesarrollo haría
más aguda la recesión y más graves sus impactos sobre la población.
Sin duda incrementaría más los actuales niveles de desempleo en un contexto
como el nuestro, en el que no existen redes efectivas de protección
social para los desempleados y los cesantes.
Contrario
a lo que afirma Fedesarrollo, Colombia se caracteriza por ser un país
de bajos salarios y con niveles de pobreza que superan la media de los
países de Latinoamérica. En Colombia el 56% de la población ocupada
tiene ingresos laborales por debajo del salario mínimo, el 90% de los
trabajadores tiene ingresos salariales inferiores a dos salarios mínimos
legales, y el salario mínimo sólo cubre la mitad del costo de la canasta
familiar para la población de ingresos bajos. Es en este factor en el
que basan sus estrategias competitivas las empresas: no compiten en
factores fuertes como tecnología, productividad y calidad, sino en mano
de obra barata (bajos salarios), y eso lo sabe muy bien Fedesarrollo.
La
propuesta resulta perversa por la propia estructura del mercado laboral
colombiano, que mantiene altísimos niveles de desempleo aunque haya
crecimiento económico, como quedó demostrado en estos últimos 5 años,
en los que aún con tasas de crecimiento de la economía superiores al
7%, las tasas de desempleo se mantuvieron por encima del 10%. Y si la
tasa de desempleo bajó, la razón principal fue al éxodo masivo de colombianos
hacia el exterior, especialmente Estados Unidos y España, y las remesas
que éstos les enviaron a sus familias. Calculen entonces qué podría
pasar con el salario mínimo, si en vez de estar regulado por la legislación
y por acuerdos tripartitos, lo impusieran los propios empleadores, frente
a unos trabajadores que carecen completamente de poder de negociación
por los altos niveles de desempleo y por los bajos niveles de sindicalización.
Fedesarrollo
ha propuesto, además, que se eliminen los aportes que los empleadores
le hacen a Bienestar Familiar, al SENA y al sistema de compensación
familiar; y que la financiación de este sistema se haga a través del
IVA, incrementando su base y reduciendo sus escalas. Con semejante propuesta,
nuevamente Fedesarrollo muestra para quién trabaja. Estas instituciones
han jugado un papel esencial en la atención de necesidades básicas de
sectores vulnerables de la población; y lo hacen con recursos de los
empleadores, que si no los aportaran irían directo a sus bolsillos,
haciendo todavía más injusta la sociedad colombiana, caracterizada por
ser una de las de mayor concentración del ingreso en el planeta. El
IVA es un impuesto regresivo, porque obliga a los más pobres a pagar
el mismo impuesto que pagan los más ricos por el consumo de los mismos
productos. Así que lo que antes financiaban los empleadores, Fedesarrollo
propone que en adelante lo financie toda la población. Esto, sumado
a toda la política tributaria implementada en el gobierno de Uribe,
que en el 2008 le representó a las grandes empresas dejar de contribuirle
al fisco $5.7 billones, y en el 2009 ahorrarse otros $2.2 billones,
colocaría a Colombia como un “paraíso fiscal”, volviendo el mundo al
revés: los pobres subsidiando a los más pobres y a los más ricos. Por
otra parte, resulta sospechoso que ahora Fedesarrollo salga con propuestas
como la que estamos analizando. Durante la época del crecimiento económico
(2002-2007) nunca tuvieron la iniciativa de proponer políticas que mejoraran
los ingresos de los trabajadores y que hicieran del país una sociedad
más equitativa e incluyente. Ahora que estamos en crisis, saltan a la
palestra con propuestas que no hacen más que beneficiar los bolsillos
de los empleadores y de agravar la situación de recesión en que ya muy
seguramente nos encontramos. Y como dice el refrán, “en rió revuelto,
ganancia de pescadores”: nada más oportuno para los empleadores que
instituciones como Fedesarrollo, y no ellos, le propongan al país que
hay que rebajar los ingresos de los trabajadores. El otro aspecto contradictorio
de la propuesta de Fedesarrollo, es que se hace apelando precisamente
a los mismos conceptos que todo el mundo reconoce como causantes de
la crisis global. Entre otros aspectos, el neoliberalismo siempre se
propuso eliminar todas las regulaciones sobre los mercados, incluyendo
la eliminación de las legislaciones laborales que protegen los derechos
de los trabajadores y que regulan el salario mínimo.
En
este sentido, vale la pena revisar lo que señalaron las federaciones
de sindicatos globales en su declaración ante la Cumbre del G20 realizada
la semana pasada en Londres, en la que plantean todo lo contrario a
lo que propone Fedesarrollo:
“La
‘flexibilización’ de los mercados del trabajo que ha tenido lugar en
prácticamente todas las economías en los últimos 25 años, ha incrementado
el riesgo de una deflación salarial que contribuye a profundizar la
crisis debido a los recortes en el poder adquisitivo y el aumento de
la inseguridad. Los gobiernos no pueden repetir el error cometido en
los años 30 y permitir una deflación salarial competitiva. En lugar
de adoptar políticas que debiliten la protección de los trabajadores
e incrementen la precariedad del trabajo, los gobiernos deben asegurarse
de que se establezcan unos valores mínimos en los mercados de trabajo,
para prevenir una espiral descendente de deflación en ingresos y precios.
Deben tomar medidas para proteger los derechos básicos de los trabajadores
y la ampliación de la negociación colectiva, y promover la reconstrucción
de instituciones que contribuyan a distribuir los ingresos y la riqueza
de forma más equitativa. Los salarios mínimos deben ser lo suficientemente
elevados para permitir que los trabajadores y sus familias dispongan
de condiciones de vida decentes, a fin de prevenir que aumente aún más
el número de los pobres que trabajan”.
Lo
que exige esta coyuntura, pues, son medidas en el sentido opuesto a
las propuestas por Fedesarrollo. Así claramente lo reafirman los sindicatos
globales en su Declaración ante el G-20: “Incrementar los ingresos de
los trabajadores y ampliar la protección social serán particularmente
importantes para la recuperación de las economías que habían alcanzado
un alto crecimiento gracias al desarrollo orientado a la exportación
y que ahora se enfrentan a un colapso de sus principales mercados de
exportación. La recuperación económica en estos países y el logro de
un crecimiento sostenible a más largo plazo, dependerán de su capacidad
para crear una demanda doméstica más sólida”.
Comunicado
de la CTC
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Sobre
las propuestas de Fedesarrollo también se pronunció hoy la Confederación
de Trabajadores de Colombia (CTC). El siguiente es el texto de su comunicado,
firmado por su presidente Apecides Alviz:
“Ante
las declaraciones del director de Fedesarrollo sobre la “flexibilización
del salario mínimo” y la eliminación de la parafiscalidad, destinada
ahora a la formación de la niñez, la formación profesional y los beneficios
de la seguridad social que prestan las Cajas de Compensación a los trabajadores
de bajos ingresos, la CTC precisa:
1- Es
absurdo y ridículo que la crisis económica y el fracaso del modelo lo
paguen los trabajadores, cuando no son los causantes. Es responsabilidad
del capitalismo salvaje, de sus gerentes y administradores por la especulación
y los excesivos ingresos salariales, extravagancia y despilfarro.
2- Rechazamos
toda especulación que busque desorientar a la opinión nacional, para
pretender convertir la crisis económica en una crisis de orden social,
con el objeto de desconocer la responsabilidad que le asiste al capital.
La reforma que requiere el país es establecer y fijar un techo a los
salarios gerenciales, que sólo son una fuente de enriquecimiento sin
propiciar beneficios sociales a la población.
3- Para
superar la crisis se requiere que los trabajadores devenguen salarios
justos con capacidad de compra para activar el mercado interno, contribuyendo
a la producción nacional”.
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