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ESCUELA NACIONAL SINDICAL (ENS) - COLOMBIA

Bajar el salario mínimo, como propone Fedesarrollo, agravaría la recesión económica

En una entrevista publicada por El Tiempo el pasado domingo, el director de Fedesarrollo, Roberto Steiner, lanzó una propuesta que ha levantado ampollas. Propuso el señor Steiner que para enfrentar la crisis económica se establezca un salario mínimo flexible, o sea no regulado por la legislación laboral sino por el mercado; y que se eliminen los aportes que los empleadores le hacen a Bienestar Familiar, al SENA y al sistema de compensación familiar, para que la financiación de este sistema se haga a través del IVA. Por venir de quien vienen, estas propuestas no pueden dejar indiferentes a los trabajadores ni al movimiento sindical, por lo nefastas que resultarían en las condiciones actuales de la economía colombiana.

Artículos de la ENS editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - ENS, Medellín, 07/04/09.- Frente a la crisis económica que estamos viviendo, Fedesarrollo (El Tiempo 05/04/09) lanzó la propuesta de establecer un salario mínimo flexible, o sea no regulado por la legislación laboral sino por el mercado, lo que en las actuales condiciones de la economía colombiana significaría rebajarlo.

Pensemos cuál sería el impacto que una medida como la propuesta por Fedesarrollo tendría sobre la demanda de los hogares, en un momento en el que caen las exportaciones hacia los Estados Unidos, Venezuela y Ecuador, y en el que, por tanto, el mercado interno se torna esencial en la reactivación de la economía. Bajar los salarios ahora, en plena recesión económica, sería como pretender apagar un incendio con gasolina.

Al afectar uno de los principales componentes del mercado interno, como lo es el consumo de los hogares, la propuesta de Fedesarrollo haría más aguda la recesión y más graves sus impactos sobre la población. Sin duda incrementaría más los actuales niveles de desempleo en un contexto como el nuestro, en el que no existen redes efectivas de protección social para los desempleados y los cesantes.

Contrario a lo que afirma Fedesarrollo, Colombia se caracteriza por ser un país de bajos salarios y con niveles de pobreza que superan la media de los países de Latinoamérica. En Colombia el 56% de la población ocupada tiene ingresos laborales por debajo del salario mínimo, el 90% de los trabajadores tiene ingresos salariales inferiores a dos salarios mínimos legales, y el salario mínimo sólo cubre la mitad del costo de la canasta familiar para la población de ingresos bajos. Es en este factor en el que basan sus estrategias competitivas las empresas: no compiten en factores fuertes como tecnología, productividad y calidad, sino en mano de obra barata (bajos salarios), y eso lo sabe muy bien Fedesarrollo.

La propuesta resulta perversa por la propia estructura del mercado laboral colombiano, que mantiene altísimos niveles de desempleo aunque haya crecimiento económico, como quedó demostrado en estos últimos 5 años, en los que aún con tasas de crecimiento de la economía superiores al 7%, las tasas de desempleo se mantuvieron por encima del 10%. Y si la tasa de desempleo bajó, la razón principal fue al éxodo masivo de colombianos hacia el exterior, especialmente Estados Unidos y España, y las remesas que éstos les enviaron a sus familias. Calculen entonces qué podría pasar con el salario mínimo, si en vez de estar regulado por la legislación y por acuerdos tripartitos, lo impusieran los propios empleadores, frente a unos trabajadores que carecen completamente de poder de negociación por los altos niveles de desempleo y por los bajos niveles de sindicalización.

Fedesarrollo ha propuesto, además, que se eliminen los aportes que los empleadores le hacen a Bienestar Familiar, al SENA y al sistema de compensación familiar; y que la financiación de este sistema se haga a través del IVA, incrementando su base y reduciendo sus escalas. Con semejante propuesta, nuevamente Fedesarrollo muestra para quién trabaja. Estas instituciones han jugado un papel esencial en la atención de necesidades básicas de sectores vulnerables de la población; y lo hacen con recursos de los empleadores, que si no los aportaran irían directo a sus bolsillos, haciendo todavía más injusta la sociedad colombiana, caracterizada por ser una de las de mayor concentración del ingreso en el planeta. El IVA es un impuesto regresivo, porque obliga a los más pobres a pagar el mismo impuesto que pagan los más ricos por el consumo de los mismos productos. Así que lo que antes financiaban los empleadores, Fedesarrollo propone que en adelante lo financie toda la población. Esto, sumado a toda la política tributaria implementada en el gobierno de Uribe, que en el 2008 le representó a las grandes empresas dejar de contribuirle al fisco $5.7 billones, y en el 2009 ahorrarse otros $2.2 billones, colocaría a Colombia como un “paraíso fiscal”, volviendo el mundo al revés: los pobres subsidiando a los más pobres y a los más ricos. Por otra parte, resulta sospechoso que ahora Fedesarrollo salga con propuestas como la que estamos analizando. Durante la época del crecimiento económico (2002-2007) nunca tuvieron la iniciativa de proponer políticas que mejoraran los ingresos de los trabajadores y que hicieran del país una sociedad más equitativa e incluyente. Ahora que estamos en crisis, saltan a la palestra con propuestas que no hacen más que beneficiar los bolsillos de los empleadores y de agravar la situación de recesión en que ya muy seguramente nos encontramos. Y como dice el refrán, “en rió revuelto, ganancia de pescadores”: nada más oportuno para los empleadores que instituciones como Fedesarrollo, y no ellos, le propongan al país que hay que rebajar los ingresos de los trabajadores. El otro aspecto contradictorio de la propuesta de Fedesarrollo, es que se hace apelando precisamente a los mismos conceptos que todo el mundo reconoce como causantes de la crisis global. Entre otros aspectos, el neoliberalismo siempre se propuso eliminar todas las regulaciones sobre los mercados, incluyendo la eliminación de las legislaciones laborales que protegen los derechos de los trabajadores y que regulan el salario mínimo.

En este sentido, vale la pena revisar lo que señalaron las federaciones de sindicatos globales en su declaración ante la Cumbre del G20 realizada la semana pasada en Londres, en la que plantean todo lo contrario a lo que propone Fedesarrollo:

“La ‘flexibilización’ de los mercados del trabajo que ha tenido lugar en prácticamente todas las economías en los últimos 25 años, ha incrementado el riesgo de una deflación salarial que contribuye a profundizar la crisis debido a los recortes en el poder adquisitivo y el aumento de la inseguridad. Los gobiernos no pueden repetir el error cometido en los años 30 y permitir una deflación salarial competitiva. En lugar de adoptar políticas que debiliten la protección de los trabajadores e incrementen la precariedad del trabajo, los gobiernos deben asegurarse de que se establezcan unos valores mínimos en los mercados de trabajo, para prevenir una espiral descendente de deflación en ingresos y precios. Deben tomar medidas para proteger los derechos básicos de los trabajadores y la ampliación de la negociación colectiva, y promover la reconstrucción de instituciones que contribuyan a distribuir los ingresos y la riqueza de forma más equitativa. Los salarios mínimos deben ser lo suficientemente elevados para permitir que los trabajadores y sus familias dispongan de condiciones de vida decentes, a fin de prevenir que aumente aún más el número de los pobres que trabajan”.

Lo que exige esta coyuntura, pues, son medidas en el sentido opuesto a las propuestas por Fedesarrollo. Así claramente lo reafirman los sindicatos globales en su Declaración ante el G-20: “Incrementar los ingresos de los trabajadores y ampliar la protección social serán particularmente importantes para la recuperación de las economías que habían alcanzado un alto crecimiento gracias al desarrollo orientado a la exportación y que ahora se enfrentan a un colapso de sus principales mercados de exportación. La recuperación económica en estos países y el logro de un crecimiento sostenible a más largo plazo, dependerán de su capacidad para crear una demanda doméstica más sólida”.

Comunicado de la CTC

Sobre las propuestas de Fedesarrollo también se pronunció hoy la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). El siguiente es el texto de su comunicado, firmado por su presidente Apecides Alviz:

“Ante las declaraciones del director de Fedesarrollo sobre la “flexibilización del salario mínimo” y la eliminación de la parafiscalidad, destinada ahora a la formación de la niñez, la formación profesional y los beneficios de la seguridad social que prestan las Cajas de Compensación a los trabajadores de bajos ingresos, la CTC precisa:

1- Es absurdo y ridículo que la crisis económica y el fracaso del modelo lo paguen los trabajadores, cuando no son los causantes. Es responsabilidad del capitalismo salvaje, de sus gerentes y administradores por la especulación y los excesivos ingresos salariales, extravagancia y despilfarro.

2- Rechazamos toda especulación que busque desorientar a la opinión nacional, para pretender convertir la crisis económica en una crisis de orden social, con el objeto de desconocer la responsabilidad que le asiste al capital. La reforma que requiere el país es establecer y fijar un techo a los salarios gerenciales, que sólo son una fuente de enriquecimiento sin propiciar beneficios sociales a la población.

3- Para superar la crisis se requiere que los trabajadores devenguen salarios justos con capacidad de compra para activar el mercado interno, contribuyendo a la producción nacional”.

El presente material se edita en Rebanadas por gentileza de Héctor Vásquez Fernández, de la Escuela Nacional Sindical.