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ARGENTINA

Hortencio Quijano: ¿sólo un caudillejo de provincia?

Por Cecilia González Espul (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 07/11/07.- Los nombres de Pelagio Luna, Elpidio González, Hortencio Quijano nos recuerdan la época de la patria vieja, ya no sé usan más, y no suenan en las listas actuales de funcionarios públicos, ni representantes del pueblo.

Los tres de este ejemplo, aunque hay muchos más, fueron radicales yrigoyenistas y vicepresidentes de la Nación. Del que vamos a ocuparnos es del último, quizá el más olvidado de los tres. (1)

Se llamaba en realidad Juan Hortencio. Había nacido en la estancia "La Ley" a 20 km. de Curuzú Cuatiá, provincia de Corrientes, un primero de junio de 1884. Su padre Crescencio y su madre Teresa Balaguer. Antepasados tuvo que participaron en la Guerra de la Triple Alianza. Era de los argentinos que no habían bajado recién del barco.

Realizó sus estudios primarios en Goya, los secundarios en el Colegio La Fraternidad de Concepción del Uruguay y los universitarios en la Universidad de Buenos Aires, graduándose de abogado en 1908 y en 1909 de doctor en jurisprudencia con una tesis sobre la Reivindicación.

Regresó a su provincia y se instaló en Goya, donde ejerció su profesión, siendo abogado del Banco Nación. Se dedicó a los negocios agropecuarios, convirtiéndose en un importante hacendado, siendo uno de los fundadores de la Sociedad Rural de Corrientes, y del Banco Popular de Goya, cuyo Directorio integró.

En el ámbito de la política ingresó a la Unión Cívica Radical, y en 1919 integró la fórmula de ese partido a la gobernación de Corrientes que encabezaba el doctor Miguel Sussini. La provincia había sido intervenida por Yrigoyen en 1917, pero ante el llamado a elecciones, la alianza entre liberales y autonomistas cuya fórmula estaba integrada por Adolfo Conte y Edmundo Resoagli, impidió el triunfo del radicalismo.

Ante este fracaso y por motivos personales, su repentina viudez, se alejó de la política y se dedicó a la actividad privada. En la selva chaqueña emprendió la construcción de una vía férrea de trocha angosta, que atravesaba sus campos. Tarea que le llevó más de diez años, en una ardua lucha contra los obstáculos de la naturaleza y los intereses de la compañía inglesa La Forestal. Sólo por este hecho merecería la admiración y reconocimiento de sus compatriotas. La vía bordeaba el río Bermejo, uniendo la localidad de Lapachito con la de Colonia Zapallar y la realizó entre los años 1923 y 1935. Este ramal pasó más tarde a manos del Estado, como Ferrocarril Central-Norte. Gracias a ello, mediante combinaciones se vinculaba con Resistencia, Presidencia Roque Saénz Peña, Buenos Aires y Salta, Barranqueras, Metán, lo que actualmente es imposible. El objetivo era el transporte de la producción agrícola y forestal, algodón y rollizos de quebracho hacia la fábrica de taninos de La Verde. También cumplió a partir de 1934 con el servicio de correspondencia y poco después con el de transporte de pasajeros.

También en el Chaco presidió la Sociedad Rural de Resistencia.

Felix Luna en su ilustrativa crónica sobre "El 45", nos deja una sugestiva semblanza de nuestro personaje. Dice así: "Quijano era el típico "rubichá" correntino, el patrón a la antigua, despótico y paternal, arbitrario e imprevisto. Un siglo atrás hubiera podido ser un caudillo jordanista, violento, ecuestre, chinetero. Sus bigotazos y su desprolija melena le daban un aspecto anacrónico, acentuado por el cuello "Palomita" que solía usar por entonces.

Vestía siempre de negro: sus amigos aseguraban que cargaba luto permanente por su primera mujer, una de las más bellas niñas de la ciudad de Goya. En Corrientes no había nunca conseguido ascendiente político: fue candidato a gobernador en una disidencia antipersonalista, en la década del 20. Después sus comprovincianos lo hicieron delegado invariable al Comité Nacional y allí intimó con Alvear, que apreciaba sus originalidades.

La oposición intentó ridiculizar a Quijano y aun subsiste de su persona una imagen excéntrica. En realidad era una figura muy interesante: había construido un pequeño ferrocarril para su estancia en el Chaco, luchando a brazo partido con los poderosos intereses de la Forestal, y el mantenimiento de esa aventura empresaria lo tuvo año tras año al borde de la quiebra. Todo el litoral sabía que para ser protegido de Quijano bastaba caer a su estancia y pedir trabajo alegando deber varias muertes. El mismo Quijano solía contar que una vez llegó un correntino de aspecto insignificante; él le preguntó si había cometido algún delito.

-Delitos no, che patrón -contestó el hombre-. Maté un gringo en Alvear y un brasilero en Curuzú, pero respeto a mi semejante y no soy robador...

Y Quijano estallaba en grandes risas que descomponían su rostro de cacique toba y terminaba atorándose de tos y escupiendo un semejante gargajo sobre la más próxima alfombra..." (2) Este retrato pintoresco de Quijano nos muestra a un hombre de la patria vieja, un criollo de pura cepa. Era radical yrigoyenista, por lo tanto no fue antipersonalista. De esta semblanza quedan pendientes hechos también muy significativos de su participación política, por los que merece un lugar destacado en nuestra historia, y por los que paradójicamente ha sido completamente borrado de la memoria de los argentinos.

A raíz de la revolución del 6 de septiembre de 1930 que depuso a Yrigoyen retornó a la actividad partidaria en momentos en que el Comité Nacional del radicalismo lo presidía Marcelo Torcuato de Alvear.

Para comprender la actuación de Quijano debemos explicar cuál fue la situación del partido radical en este período, llamado por José Luis Torres, la década infame, debido a los sonados casos de corrupción y peculado, descarado fraude electoral, y sometimiento a intereses extranjeros.

La revolución del 6 de septiembre de 1930, encabezada por el general José Félix Uriburu, depuso a Hipólito Yrigoyen. De un nacionalismo antiliberal y conservador, impuso la ley marcial y el estado de sitio. Encarceló a los dirigentes radicales confinándolos a Ushuaia, y a Hipólito Yrigoyen a la isla Martín García. El único que se animó a defenderlo fue un senador radical, el doctor Armando G.Antille, del que ya hablaremos. La política represiva contra las organizaciones obreras muestra su inclemencia con el fusilamiento de dos obreros anarquistas. Se inauguró la utilización de la tortura, con la picana eléctrica.

En este clima de incertidumbre y violencia, donde se pensaba que el Partido Radical desorganizado y con su líder preso carecía de apoyo del pueblo, Uriburu decidió llevar adelante una experiencia piloto de elecciones en la provincia de Buenos Aires, confiando en un fácil triunfo sobre el radicalismo. El 5 de abril de 1931, se realizaron las elecciones pero sus predicciones fueron equivocadas porque triunfó el binomio radical Honorio Pueyrredón- Mario Guido. Este fracaso del plan político llevó al gobierno a la suspensión del Colegio electoral y la posterior anulación de las elecciones.

Al regresar Alvear de París el 25 de abril de 1931 presidió el partido, mientras seguía su jefe confinado en la isla Martín García, y logró reorganizarlo uniendo a dirigentes personalistas como Adolfo Güemes, H.Pueyrredón, Ricardo Caballero, Francisco Ratto, y antipersonalistas como Gallo, Ortiz, Mosca, Saguier y Tamborini, a través del llamado manifiesto de la "Junta del City", hotel donde se hospedaba. La cuestión era por cuál de los grupos se inclinaría Alvear. En un comienzo fue por el ala yrigoyenista.

El fracaso de la conspiración militar de Gregorio Pomar en Paraná, de la que no participaron las autoridades partidarias, dio ocasión al gobierno de perseguir a los radicales, cientos de sus dirigentes fueron encarcelados, (Alvear deportado). y de paso vetar la fórmula Alvear- Güemes para las elecciones nacionales de noviembre de 1931.

El que salió beneficiado fue el astuto General Agustín P. Justo, de signo político opuesto a Uriburu, quien sin proponérselo otorgó la posibilidad de triunfo a quienes en realidad quería combatir, los liberales. Estos llegaron al poder con una alianza de partidos integrada por conservadores, radicales antipersonalistas, y el socialismo independiente, llamada la Concordancia. Su fórmula será Agustín P.Justo, Julio A.Roca (hijo). Los socialistas y demócratas progresistas proclamaron a Lisandro de la Torre-Nicolás Repetto. Los radicales volvieron a su política de abstención electoral revolucionaria.

El 30 de enero de 1932 el colegio electoral elige presidente a Justo y vice a Roca. Se inicia así la Década Infame, que duraría hasta la revolución del 4 de junio de 1943, y abarcaría las presidencias de Agustín P. Justo-Julio A.Roca, y de Roberto M. Ortiz- Ramón Castillo.

Como última medida Uriburu otorgó el indulto a Yrigoyen que aunque lo rechazó queda en libertad. Más de un año y medio estuvo preso, ya anciano, tenía 78 años cuando se produjo el golpe, y enfermo, soportó con dignidad su destino. Cuando regresó a su hogar aconsejó a los radicales que apoyen a Alvear, a pesar de que éste desde París había hecho declaraciones en su contra.

Podemos dividir en dos etapas la actuación del radicalismo, bajo la conducción de Alvear. La primera, de 1932 a 1935, en pleno gobierno de Justo, donde se mantuvo la abstención electoral, y donde se produjeron revoluciones todas fracasadas, y todas sin la aprobación de las autoridades del partido. La segunda, de 1935 a 1943, que se caracterizó por el levantamiento de la abstención electoral. Esta decisión tuvo funestas consecuencias pues condujo al partido a la complicidad con el fraude y con los negociados escandalosos que le dieron el nombre de infame al período.

Primera etapa (1932-1935)

La Convención Nacional de abril de 1932 decide expulsar a todos los afiliados que acepten cargos en el gobierno, defendiendo una postura intransigente, y de abstención electoral, que conduce a la revolución. Pero gran parte de los dirigentes no tienen una conciencia revolucionaria, principalmente Alvear. No así Güemes, Dellepiane, y un joven que tendrá gran predicamento más tarde como Arturo Jauretche.

La revolución, sin embargo, se produjo, sin la anuencia, aparentemente de las autoridades partidarias, pero fue descubierta y fracasó. Sus jefes fueron el coronel Atilio Cattaneo, y los coroneles Francisco y Roberto Bosch. Consecuencia de lo cual se declaró el estado de sitio y cientos de detenciones se realizaron. Entre los detenidos figuran el mismo Hipólito Yrigoyen, Alvear, Güemes, confinados en Martín García, otros en San Julián, en la provincia de Santa Cruz. A Yrigoyen al poco tiempo le permitieron regresar a Buenos Aires debido a lo delicado de su salud, temerosos de un desenlace fatal y de la sublevación del pueblo.

El resto de los radicales estuvieron cuatro meses presos hasta que Justo decidió el levantamiento del estado de sitio y la liberación de los detenidos.

Nuevamente se reorganiza el radicalismo, y reunido el Comité Nacional el 3 de junio reeligió como presidente a Alvear, y como vicepresidentes a Güemes y Mosca.

Al mes siguiente se produjo la muerte de Hipólito Yrigoyen. Murió recibiendo los sacramentos de la religión católica, confesión, eucaristía y extremaunción, y bendición papal impartida por Monseñor de Andrea. Rodeado su lecho por sus familiares y algunos de sus correligionarios. Sus funerales duraron tres días, rindiéndolo su pueblo su merecido homenaje. Su familia rechaza los honores oficiales. Fue un tres de julio de 1933 a las siete y veinte de la tarde.

La política del radicalismo frente al régimen siguió siendo la de la abstención electoral, pero la abstención por sí sola sin la revolución era estéril. En realidad le dejó el campo libre a partidos como el socialismo y el demócrata progresista, que obtuvieron bancas, gracias a la no participación de los radicales. Por esta razón muchos radicales se inclinaron por el levantamiento de la abstención, entre ellos Oyhanarte, quien propuso "el sufragio revolucionario" o "la revolución por el comicio". Pero participar en comicios fraudulentos era convalidarlos.

A fines de diciembre de 1933 se reúne la Convención Nacional en Santa Fe en donde gobernaban los demócratas progresistas. La cuestión que se plantea es la abstención o el levantamiento de la misma. El despacho de la mayoría fue categórico : mantener la abstención intransigente en toda la República.

Mientras se desarrollaban estas deliberaciones, y con absoluta prescindencia de las autoridades partidarias, ignorantes de todo, la última insurgencia del radicalismo intransigente se produce. Sus jefes eran el Tte. Coronel Francisco Bosch, el mayor Domingo Aguirre y el doctor Benjamín Ábalos. Gregorio Pomar debía participar también pero quedó retenido en Brasil. Se ocupó Paso de los Libres y Santo Tomé, comisarías en Rosario y Cañada de Gómez. Pero fueron vencidos por los efectivos nacionales, y hubo muertos y miles de detenidos en Capital Federal, Rosario, Santa Fe y el interior. Los convencionales también fueron detenidos en el buque "Gral. Artigas", aunque se sabía que eran ajenos a la revolución. El 1 de enero de 1934 quedaron confinados en la isla Martín García.

Se les dio la opción de abandonar el país. Veintidós de ellos optaron por el exilio en Europa, entre ellos su jefe Alvear, ¿cómo no preferir la vida aristocrática en París, a la sórdida prisión en el sur? Lisandro Salas, Ernesto Bavio, Carlos Cisneros, Elías Melópulos, Néstor Aparicio, Manuel Goldstraj, Florencio Lezica Alvear, son otros que eligen Europa. Los que prefirieron la confinación en Tierra del Fuego, veinticuatro en total, fueron entre otros, Honorio Pueyrredón, Mario Guido, Ricardo Rojas, Cantilo, O'Farrell, Mosca. Es otra actitud, también muchos de ellos contaban con suficientes bienes económicos para sostenerse en Europa.

Controlada la situación por la mano dura de Justo, no era necesario recurrir al fraude electoral en las próximas elecciones de marzo de 1934 para renovación de la Cámara de Diputados y legislaturas provinciales. El radicalismo se mantuvo en la abstención, el socialismo triunfó en la Capital federal, en Santa Fe los demócratas progresistas, en Tucumán triunfaron los radicales concurrencistas. En el resto del país, conservadores y antipersonalistas.

Ya tampoco era necesario mantener el estado de sitio, los presos son puestos en libertad y los exiliados regresan. Es un hecho repetido. En octubre de ese año regresó Alvear. Y nuevamente se reúne la Convención Nacional. Aquí se produjo el punto de inflexión. El radicalismo abandonó la táctica yrigoyenista y decidió levantar la abstención electoral, el 3 de enero de 1935. Aunque establecía ciertas restricciones, a larga no se tuvieron en cuenta y en poco tiempo se concurrió a todas las elecciones.

Segunda etapa (1935-1943)

La conducción de Alvear convirtió al partido radical en un mero organismo para ganar elecciones. Sólo veía la realidad del país a través del cumplimiento o no del sufragio universal, era una cuestión que tenía sólo en cuenta el funcionamiento político formal, pero dejando de lado las cuestiones económicas y sociales, y no tomando conciencia de la incidencia de factores externos como el del imperialismo. Para Alvear, como para los hombres del régimen, no había que oponerse a los grandes poderes internacionales, negando a los argentinos la posibilidad de una independencia económica. Por ello la participación en los gobiernos del régimen, no sólo significó la convalidación del fraude, como el de Fresco en Buenos Aires, sino también la complicidad con todas las leyes de entrega y negociados que se realizaron. Pacto Roca-Runciman. Creación del Banco Central, la Chade, negociados de los frigoríficos ingleses denunciados por Lisandro de la Torre. de las tierras de El Palomar, de la Corporación del transporte, política petrolera que abandonó la defensa de nacionalización y monopolio del Estado del petróleo por formas de explotación mixta. Ingreso a la Liga de las naciones.

Alvear creía que no se podía gobernar el país sin la aquiescencia de los grandes poderes internacionales, sin ver la acción corruptora que ejercían en defensa de sus intereses y en detrimento de los nacionales. En ello coincidía con el ministro de la Concordancia Pinedo que decía: "Somos pequeños satélites en la órbita de las grandes naciones mundiales." (3)

Al respecto sostiene John W. Cooke en "Apuntes para la militancia": "El radicalismo claudicó ante la invasión imperialista por dos razones: en parte, porque los defensores del interés británico escalaron posiciones y fueron copando los altos organismos partidarios; pero esto fue posible, en gran medida, porque el partido no tenía conciencia del problema imperialista (no tenía conciencia siquiera de que era un problema). Constantemente los ingleses extendían su control en los puntos clave de la economía: el radicalismo no alertó a la opinión, no se escandalizó, no vio que la Nación estaba siendo desgarrada. Los grupos entreguistas se encumbraron e impusieron una línea cada vez de mayor acuerdo con el gobierno conservador: había reacción interna contra el "contubernio" y contra algunos casos flagrantes de participación en escándalos notorios, pero enjuiciados como transgresiones éticas y principistas, no como atentados contra la soberanía del país." (4)

Esta coparticipación con el régimen recibió muchas críticas de los viejos yrigoyenistas que fueron siendo desplazados del partido. Ricardo Rojas y Adolfo Güemes declinaron sus candidaturas a diputados por estas razones

En el caso de Hortencio Quijano, vemos que como delegado por Corrientes ante el Comité Nacional del partido, tuvo decidida participación en el mantenimiento de una postura intransigente, cuando ya habían claudicado la mayoría de las otras provincias. Así en los comicios de marzo de 1938 para elegir diputados en 13 provincias, Corrientes fue la única, ante lo inevitable del fraude, en negarse a concurrir a las elecciones, la única en continuar con la abstención electoral.

Hubo sin embargo muchos radicales que formaron grupos opositores a la conducción alvearista, pero el que más se destacó fue el de Forja, Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, que se constituyó en junio de 1935, bajo la dirección del doctor Luis Dellepiane, y que integraron entre otros Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Atilio García Mellid, Oscar Cuzzani, Conrado Míguez, René Orsi.

Su primer manifiesto del 2 de septiembre de 1935 denunciaba que se había impuesto en la República "una tiranía económica en beneficio de capitalistas extranjeros, a quienes se les había acordado derechos y bienes de la nación Argentina, y acusó a las autoridades del radicalismo por mantener en silencio estos graves problemas, por el abandono de la intransigencia histórica con que sostuvo la soberanía popular contra la dominación de las compañías explotadoras extranjeras y contra la dominación política de las oligarquías internas que sirven a aquellas organizaciones". "Hoy el Radicalismo está sumido en la arrebatiña en que algunos de sus representantes subalternizan sus esfuerzos , a la vez que procuran corromper a la juventud radical, sustituyendo en su mente todo ideal de redención nacional por la esperanza de enriquecimiento personal a cualquier precio." (5)

Para pertenecer a Forja había que ser afiliado radical. En 1940 se derogó esta condición, y la entidad entró en crisis. Algunos radicales como Dellepiane aun confiaban en que se podía cambiar el partido luchando desde adentro. Sin embargo su influjo en la formación de una conciencia nacional antiimperialista fue enorme. Con la llegada del peronismo se disolvió, y la mayoría de sus miembros apoyaron este movimiento.

El levantamiento de la abstención ocurrió cuando aun no había concluido el gobierno de Justo. La consecuencia fue el logro de bancas en la legislatura y en el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, donde obtuvieron una representación mayoritaria. En 1936 dichos concejales votaron favorablemente junto a los conservadores el proyecto por el que se legitimaban los abusos y transgresiones cometidas por la CHADE, compañía inglesa de electricidad, y se prorrogaba por 25 años más la concesión. Alvear ordenó votar favorablemente. La Compañía sobornó a los concejales para que votaran a su favor. La campaña electoral del radicalismo y la construcción de la Casa Radical se financió con dineros provenientes de la coima. Alvear protegió a los concejales chadistas y no se opuso a que fueran promovidos a jerarquías políticas superiores.

Mientras tanto las mafias, el juego, la prostitución y la inmoralidad se enseñoreaban en las grandes ciudades del país.

En las elecciones de 1938 triunfó la fórmula de la Concordancia, Roberto M. Ortiz- Ramón Castillo, el primero radical antipersonalista, abogado de las empresas británicas, el segundo conservador, en comicios fraudulentos, como los ocurridos en las elecciones a diputados en las provincias, donde participaron los radicales, avalando el fraude. La única provincia que se mantuvo en la abstención electoral fue Corrientes. Su delegado ante la Convención radical era Hortencio Quijano.

Pero no sólo cometieron fraude los conservadores, la corrupción había llegado también al seno del partido, produciéndose el fraude en las elecciones internas del partido radical de la capital federal. Era la "trenza radical" que se beneficiaba con la obtención de canonjías y puestos públicos en la Municipalidad.

Dos fueron las cuestiones que ocuparon a los líderes radicales durante el gobierno de Ortiz. La primera consistía en la posibilidad que había abierto Ortiz de restablecer la normalidad electoral. Que lo llevó a intervenir la provincia de Buenos Aires, gobernada por Fresco, ejemplo del fraude más desembozado. Por lo tanto era preferible esperar a las elecciones generales de mayo de 1940 y postergar todo debate ideológico y todo tipo de lucha, para concentrarse solamente en la obtención de todos aquellos cargos que les dejara el fraude, ante la creencia de un cambio que se produciría desde las esferas del poder.

El otro tema se refiere al estallido de la segunda guerra mundial en 1939, que dividió al país en aliadófilos y germanófilos, siendo los partidarios de la neutralidad, posición ya sostenida por Yrigoyen en la primera guerra, considerados como partidarios de Alemania, y acusados de nazis. Alvear, como no podía ser de otra manera, era apasionadamente aliadófilo.

Esta posibilidad que el abogado de las empresas británicas Ortiz ofrecía a los radicales está también ligada a las conveniencias de Inglaterra. Sostiene Félix Luna: "Inglaterra busca fortalecer los lazos con Argentina proveedora de trigo y carnes. Conviene un gobierno legal y no sostenido por el fraude, y un gobierno radical no resultaba peligroso a los intereses británicos." (6)

Pero para desdicha de las ilusiones de Alvear, Ortiz enfermó gravemente, era diabético, y tuvo que pedir licencia, y posteriormente renunciar al cargo de presidente, falleciendo al poco tiempo, siendo reemplazado por el conservador Castillo. Las cosas cambiaron.

Con Castillo se volvió al fraude, cometido a favor de los conservadores en Santa Fe a fines de 1940, en Mendoza, a principios de 1941, y en Buenos Aires en diciembre de 1941. A pesar de estos hechos y a pesar de las voces de protesta dentro del partido continuó la colaboración radical con el oficialismo en la tarea parlamentaria. Pero los concejales implicados en el caso de la Chade fueron absueltos. En el negociado de la venta de las tierras de El Palomar tres legisladores radicales fueron cómplices, uno se suicida. Cada vez es mayor el desprestigio del radicalismo bajo la conducción de Alvear. Y en mayo de 1942 pierde las elecciones en la capital federal a manos del socialismo.

Al poco tiempo muere Alvear, quien abandonando la política yrigoyenista, convirtió al radicalismo en un partido liberal, pro británico, envuelto en hechos de corrupción y convalidando el fraude.

La jefatura del partido pasó a Gabriel Oddone de Córdoba, que marcaba la gravitación del radicalismo cordobés bajo el liderazgo de Amadeo Sabattini, de un tinte más nacional e intransigente, que había sido gobernador de Córdoba de 1935 a 1940. Aun así para las próximas elecciones presidenciales surgieron dos posturas: una que propugnaba la unión con otros partidos para enfrentar al oficialismo, y que no trepidó en propiciar la mismísima candidatura de Justo, pero en enero de 1943 murió, o la de Ramírez, ministro de Castillo. El Movimiento de Intransigencia y Renovación surgido en Córdoba y del que participaba Arturo Frondizi, se opuso a la formación de una Unión Democrática (alianza con el partido Demócrata Progresista y el partido Socialista)propiciando la proclamación de una fórmula sólo con radicales. Pero triunfó la postura unionista.

La crisis económica mundial a raíz de la quiebra de la Bolsa de Nueva York en 1929, tuvo importantes consecuencias para la Argentina, en el plano económico produjo la crisis del modelo agrario exportador llevado a la práctica por la generación del 80. Nuestro máximo comprador de cereales y carnes, Gran Bretaña, decidió reducir sus importaciones. El pacto Roca-Runciman fue una de las medidas tomadas por el gobierno para proteger los intereses de la clase terrateniente. Junto a la creación del Banco Central y la Corporación de Transportes se anudaron los lazos de dependencia económica con Inglaterra.

Pero al disminuir las exportaciones argentinas hubo menor ingreso de divisas para importar mercaderías europeas, por lo tanto hubo que pensar en reemplazarlas desarrollando industrias en nuestro país. A esta industrialización, se la denominó proceso de sustitución de importaciones .Debido a la guerra este proceso se intensificó. Estos cambios económicos fueron transformando la sociedad argentina. Uno de los fenómenos más importantes fue el de las migraciones internas. Muchos trabajadores de las zonas relegadas del interior se desplazaron hacia Buenos Aires y parte del Litoral, donde se habían localizado las industrias, proporcionando la mano de obra barata que necesitaban. La composición de la clase obrera, a comienzos de siglo mayoritariamente extranjera, cambió a favor de los elementos nativos, que apoyarán más adelante al peronismo. En los años anteriores a 1943 llegaron del interior 800.000 personas. Y en ese mismo año el valor de la producción industrial había superado a la producción agrícola.

Dentro de este contexto Castillo tomó medidas que tuvieron un tinte nacionalista, durante su mandato se adquirieron dieciséis naves italianas, cuatro danesas y tres alemanas para la marina mercante nacional, fue nacionalizado el puerto de Rosario y el gas. En la Conferencia de Río de Janeiro de 1942, la delegación argentina mantuvo la política de neutralidad frente a la guerra mundial, a pesar de la presión de los Estados Unidos que habiendo entrado en la guerra después del ataque japonés a Pearl Harbor, buscaba que todos los países de América rompieran relaciones con las potencias del Eje. Castillo es un caso que merece un estudio más detenido. Dice de él Félix Luna: "Procedente de viejas cepas conservadoras, desdeñoso de la democracia, terco y autoritario, Castillo era un nacionalista intuitivo cuya política se cifraba en dos claves: mantener la neutralidad y no entregar el poder a los radicales." (7)

Sin embargo Castillo prohijó la candidatura del conservador salteño Patrón Costas decidido defensor de la causa aliada. En estas circunstancias se produjo el golpe militar que depuso a Castillo, el 4 de junio de 1943.

La logia militar GOU (Grupo de Oficiales Unidos) de tinte nacionalista, de la que formaba parte, el coronel Perón, tuvo una influencia decisiva en la revolución del 43. Dos fueron sus jefes iniciales, uno por dos días, el general Rawson, y el otro por casi nueve meses, el general Pedro Pablo Ramírez. Este se vio obligado a abandonar la postura neutralista frente a la guerra, y decretar la ruptura de relaciones con las potencias del Eje. Falto de apoyo fue reemplazado por el ministro de Guerra, el general Farrell. La figura más relevante de su gobierno fue la de Perón como Secretario de Trabajo y Previsión, que reemplazó al Departamento Nacional del Trabajo, cargo desde el que llevó adelante una legislación a favor del obrero, y logró unificar la CGT e institucionalizar el movimiento obrero. Fue además ministro de guerra y vicepresidente. Su política obrera y la acumulación de poder pusieron en su contra a los partidos tradicionales, radicales, socialistas, conservadores, comunistas, y a las clases altas, la Bolsa de Comercio, la Unión industrial, los ganaderos, la prensa, quienes contaron con el apoyo del embajador de Estados Unidos, Braden y a ciertos grupos de ejército. Finalmente lo deponen y lo envían preso a Martín García.

Sin embargo dentro del radicalismo yrigoyenistas Perón encontró adeptos, y el gobierno de Farrell cuando fueron desplazados los nacionalistas más recalcitrantes, formó un gabinete con hombres de esa corriente. Armando G.Antille, ministro de Hacienda, Juan I. Cooke, de Relaciones Exteriores y Hortencio Quijano de Interior, quien reemplazó al general Perlinger opositor de Perón. Fue por el brevísimo tiempo de tres meses, de agosto a octubre de 1945. Esto les valió ser expulsados del partido. En ese año fundaron la Unión Cívica Radical "Junta Renovadora" para apoyar la candidatura de Perón a la presidencia de la Nación en 1946. Consideraban que la política de Perón seguía la línea de Yrigoyen, línea que había sido abandonada por las autoridades del partido radical.

Quijano se propuso buscar adeptos radicales hacia el gobierno de facto, pero sin mucho éxito, pues era un poco un salto al vacío, y conllevaba el ser considerado traidor por sus correligionarios. Félix Luna transcribe un discurso de Perón , ya presidente electo, en mayo de 1946, donde nos relata como inició los contactos con Quijano. "Hace un año y ocho meses se trataba de dar orientación política a la revolución. Buscamos darle la orientación del viejo Partido Radical que se había mantenido puro en los últimos quince años. Así procuramos formar una fuerza en ese sentido dentro del gabinete, pero debíamos librar una verdadera batalla dentro del mismo e hicimos luego un acercamiento con hombres del radicalismo. Comencé a hablar con políticos de nuestro país y, después de eso, tras muchas conversaciones con los más capacitados, me tocó elegir al que debía ocupar el Ministerio del Interior. Fue el doctor Quijano, con quien conversé por tercera vez en el despacho del Ministerio de Guerra. Confieso que no había encontrado político más identificado con el pensamiento revolucionario." (8)

Perón intentó también atraer a uno de los más relevantes radicales, el dirigente cordobés y gobernador de esa provincia Amadeo Sabattini, pero sin éxito. Perón, en una entrevista en el despacho del administrador de Ferrocarriles del Estado, mayor Juan Cuaranta, le ofrece que el radicalismo ocupe todos los cuerpos electivos del próximo gobierno, de vicepresidente para abajo, con la condición que el candidato a presidente fuera propuesto por el ejército. Sabattini quedó en contestar, cosa que no hizo. Su postura era que el candidato a presidente tenía que salir del radicalismo. El comentario de Perón ante sus colaboradores, según cuenta Félix Luna, fue: "¡Este Sabattini no entiende nada y su cerebro cabe en una caja de fósforos!" (9) Y en un relato de la entrevista sostiene: ...no me pude entender con él: era totalmente impermeable. Era un hombre frío que no tenía ninguna posibilidad de entrar en una cosa como la nuestra...Él estaba en los viejos cánones....era un hombre que estaba con las fórmulas viejas; y en primer lugar él estaba ...¡con Sabattini! (10)

Por su parte este admirado dirigente radical por el autor del libro citado consideraba al gobierno de facto como: "una dictadura fascista regenteada por los jesuitas eso no lo duda nadie ni lo he dudado desde la primera hora". (11) Era imposible que ante ese juicio pudiera acercarse a Perón.

Sabattini, consideraba un contubernio una alianza con los conservadores y más aun con los comunistas. El aconsejaba la alianza con las otras fuerzas democráticas solamente para voltear al gobierno militar, paro luego presentarse con banderas y candidatos propios a las elecciones. Sin embargo a pesar del respeto y admiración de muchos de su partido no pudo imponer sus ideas.

La mesa directiva de la UCR, siguiendo la tradición alvearista, apoyó la unión con las restantes fuerzas opositoras: los conservadores, los socialistas, los demócratas progresistas y los comunistas, dando origen más adelante a la Unión Democrática, que contaba con el público apoyo del embajador de Estados Unidos, Spruille Braden. Era el contubernio oligárquico-comunista. De ella dirá Belloni: "olla podrida donde se encontraba de todo, desde las olímpicas damas de beneficencia hasta embajadores extranjeros."

Sin embargo es interesante conocer cuáles fueron los argumentos de aquellos que se acercaron a Perón, al que consideraban un continuador de Yrigoyen, ante la claudicación del partido, que los consideró colaboracionistas y los expulsó.

Un miembro de la convención nacional de la Unión Cívica Radical, el doctor Antonio Lilué, presentó al comité central del partido un proyecto de declaración el 3 de agosto de 1946, por el cual sostenía que el partido radical, "demócrata de masas, nacionalista y argentinista, reafirma los postulados de justicia social, recuperación económica y soberanía nacional, ante el peligro inminente que representa la conjunción de las fuerzas reaccionarias, nacionales e imperialistas ... apoya al gobierno del general Juan D. Perón, en tanto no se desvíe de esos propósitos...

No apoyar la obra de gobierno, por la cual hemos estado luchando durante tantos años, porque no haya sido efectuada por un gobierno surgido del seno de nuestro partido, significará haber realizado la mayor traición al pueblo y al partido." (13)

El proyecto no fue considerado y el autor fue expulsado del partido. Lo mismo le ocurrió a Quijano, Antille y demás participantes radicales del gobierno revolucionario.

Los sucesos de octubre de 1945, que marcaron el comienzo de una nueva época en la historia argentina, no son tema de este artículo. Sólo haré referencia a la actuación que le cupo a Quijano como ministro del Interior en esas cruciales circunstancias, en las que permaneció en su cargo, mientras otros renunciaban, y defendió a Perón todo lo que pudo.

En la reunión en Campo de Mayo que tuvo el general Farrell con el jefe del regimiento el general Avalos, y demás oficiales, donde se le exigió el alejamiento de Perón de todos sus cargos, estaba presente también el ministro Quijano. Este fue el encargado de comunicar a la prensa lo sucedido, pero presentó los hechos de tal modo, que la defenestración de Perón quedaba como un espontáneo renunciamiento con el objeto de facilitar el próximo llamado a elecciones para el 7 de abril de 1946, con el que se había comprometido el gobierno.

Mientras tanto Sabattini, "el único dirigente opositor que en ese momento entendía el país", según Félix Luna, llegó a Buenos Aires llamado por el general Ávalos, en tratativas para formar una eventual fórmula Sabattini-Ávalos, comprometiéndose a rodear con radicales yrigoyenistas al gobierno de facto, en caso de que Perón fuera desplazado. (14)

Perón había expresado a sus íntimos, según cuenta Eduardo Colom: "Todo esto es cosa de ese tanito de Villa María... Lo ha enloquecido a Ávalos. Le prometió la Vicepresidencia y ese irresponsable ha jugado el destino de la Revolución." (15)

Perdió una oportunidad histórica, como le señalaron oportunamente tanto Frondizi como Jauretche, quienes le aconsejaron que aceptara el ofrecimiento de Ávalos para evitar que volvieran los conservadores. Ello se debió a una interpretación equivocada de la realidad. Pensaba que Perón, ya detenido en Martín García, estaba terminado.

La cuestión fue que Sabattini y los que integraron la Unión Democrática no imaginaron ni comprendieron la significación del 17 de octubre, y el protagonismo que tuvo un elemento con que los radicales creían contar, y que a los conservadores no les interesaba contar: el pueblo.

Ese pueblo que cambió la historia ese 17 de octubre de 1945 aclamaba a Perón en la plaza con cánticos fervorosos, y entre ellos uno también dedicado a nuestro personaje: "¡Perón encontró un hermano, Hortencio Jota Quiijano!"

Ahora había llegado el momento de la preparación para la lucha electoral, una lucha bastante desigual, teniendo en cuenta la coalición de fuerzas e intereses que debía enfrentar, a pesar del apoyo evidente del gobierno de facto. La Unión Democrática con su fórmula de la bosta, como la llamaban los muchachos peronistas, "Tambo, orín y mosca", fórmula antipersonalista, tenía como lema de campaña: Democracia contra nazifascismo, como contrapartida Braden o Perón, cuatro palabras que sintetizaban dos formas diferentes de comprender la realidad nacional.

En octubre de 1945, radicales yrigoyenistas constituyeron la Junta Reorganizadora de la UCR, con dos delegados por distrito presidida por Quijano, que luego pasó a denominarse Junta Renovadora. Hubo una reñida puja entre Antille y Quijano por la postulación a la vicepresidencia de la que salió triunfante Quijano por aclamación, método según Luna no reglamentario. (16)

Además de los radicales yrigoyenistas apoyaron a Perón el Partido Laborista de Cipriano Reyes, del que Perón fue su primer afiliado, los nacionalistas, los forjistas, y también algunos conservadores y socialistas.

Hay en Félix Luna, quien refleja la actitud de los antiperonistas o gorilas como el mismo reconoce que fue en su juventud, un juicio no sólo peyorativo sino también erróneo sobre Hortencio Quiijano. El juicio erróneo, que lleva implícito un tiro por elevación a Perón, es el de considerarlo como un alvearista. Perón sólo podía tener afinidad con los radicales de tradición yrigoyenista, como lo fue en realidad Quijano. Su militancia en el radicalismo de Corrientes fue durante la primera presidencia de Yrigoyen, donde integró la fórmula radical para gobernador de la provincia que fue vencida. Luna sostiene erróneamente que era una disidencia antipersonalista, cuando ésta surgió después, durante la presidencia de Alvear. En ese tiempo Quijano se dedicó a la actividad privada. Participó nuevamente de la política partidaria, luego de la caída de Yrigoyen, durante la jefatura de Alvear, pero eso no significa que fuera antipersonalista o alvearista. Vimos como Corrientes se mantuvo en la abstención electoral, ya abandonada por el partido, cuando Quijano era delegado de dicha provincia ante el Comité Nacional.

Por eso consideramos una interpretación falsa o mal intencionada cuando dice: "...los radicales de la Junta Renovadora...sólo podían aportar la exaltación de la tradición yrigoyenista, lo que en muchos casos resultaba insincero como ocurría con Quijano, que siempre fue alvearista." (17)

Para completar su desvalorización de esos radicales que se jugaron por Perón, en un momento nada fácil, sostiene: "Los nacionalistas podían aportar a su campaña el ingrediente intelectual que no podían darle los caudillejos radicales de Quijano ni los dirigentes sindicales". (18) El cronista, Félix Luna, sangra por la herida.

En febrero de 1946 se realizaron las elecciones y triunfó la fórmula peronista. Otra visión de Quijano daban los primeros peronistas de entonces. El periódico "Oratoria, una voz llana y lisa del pueblo que no se vende", vocero del Centro de Oradores Juan D.Perón", dirigido por Atilio Pingitore, en su N°1 del 4 de junio de 1946, retrata al vicepresidente de la Nación de la siguiente manera: "Identificado con la Revolución desde el primer momento,....puso no sólo su energía extraordinaria al servicio de la "Causa", sino también su lucidez, serenidad, su inteligencia y hasta vertió en ella toda la magnanimidad de su corazón gaucho y patriota.

Verdadero piloto de tormenta, como se le dio en llamar, el doctor Quijano ha sido una revelación para el país. ...Confiémos en él, augurémosle en la nueva etapa de la Revolución, que el acierto lo premie y lo distinga ante Dios y la Patria." pág.4

En el ejercicio de la vicepresidencia presidió la misión especial argentina a la transmisión del mando presidencial en Chile, donde fue distinguido con la Gran Cruz de la orden del Mérito de ese país. De acuerdo con la política de Perón de integración hispanoamericana, se destacó en la profundización de las relaciones con Brasil para crear el ABC.

Como presidente del senado, en 1947, participó en el juicio político a los jueces de la Suprema corte de Justicia y en la destitución de los jueces Antonio Sagarna, Benito Nazar Anchorena y Francisco Ramos Mejía, jueces de la oligarquía. La defensa del juez Sagarna estuvo a cargo de Alfredo Palacios. En un entredicho con Quijano, éste niega al diputado socialista ingresar al recinto y lo obliga a presenciar la sesión desde el palco. La oposición buscó siempre ridiculizarlo y Américo Ghioldi desde el periódico La Vanguardia, lo apodó Jazmín, en alusión a su nombre de pila.

En 1947 le fue encomendada la presidencia de la campaña contra el agio, la especulación y los precios abusivos.

En 1952 integró nuevamente la fórmula encabezada por Perón, ante el histórico renunciamiento de Evita, triunfando en los comicios sobre la fórmula radical Balbín-Frondizi. Pero su salud estaba peor que la de Eva. Murió poco tiempo antes que ella, a los 68 años, el 3 de abril de 1952. Ocurriendo la paradoja, que le tocara a Evita ocupar su lugar en las ceremonias de asunción del mando.

En las honras fúnebres el ministro del Interior Angel Borlenghi expresó: "Con el doctor Quijano parten casi setenta años de argentina vivencia, de gaucho sentir. De cepa criolla... fiel a su destino de criollo, de hombre íntimamente ligado por su urdimbre temperamental a las cosas de esta tierra, que el quería entrañablemente."

El presidente del Sanado, contraalmirante Tessaire coincidía al decir: "expresión noble y auténtica de las más puras esencias de nuestra tierra."

Conclusión

La política de pactos, acuerdos y alianzas ha sido una constante en la historia política argentina. Uno de los más recordados fue el Acuerdo entre Roca, Mitre y Pellegrini, el mismo consistía en evitar la lucha electoral repartiéndose los cargos antes del comicio. Contra esa burla a la voluntad popular se levantó la voz intransigente de Alem, lo que dio origen a la división de la Unión Cívica y la creación de la Unión Cívica Radical, en 1892.

Otro hecho semejante fue la alianza de los diputados "galeritas" o antipersonalistas con los conservadores, en contra de los personalistas o yrigoyenistas, durante el gobierno de Alvear. Esa alianza con los hombres del régimen "falaz y descreído", Yrigoyen la denominó "contubernio".

Estos mismos hombres luego de la caída del viejo líder, se unirán a los conservadores en la llamada Concordancia. Triunfaban sólo por el fraude o por la abstención del radicalismo tradicional. La conducción de Alvear eliminó a los seguidores de Yrigoyen del partido, y abandonó sus principios. Lo importante era ganar elecciones y obtener cargos, participar del festín en el que se rifaba la patria. No todos los radicales quisieron formar parte de esa comparsa, algunos pretendieron luchar desde adentro, y otros fueron expulsados del partido cuando participaron del gobierno revolucionario del 43, como fue el caso de Quijano, Antille, Cooke (p), quienes luego ocuparan distintos cargos en el gobierno de Perón.

Fueron hombres que no estaban guiados por intereses personales, por la ambición de los cargos y las prebendas, no fueron fruto de especulaciones partidarias y componendas, de contubernios como diría Yrigoyen.

En la actualidad no se usa ya la palabra acuerdo, sino consenso, o concertación plural, pero el tema sigue siendo el mismo: ¿cómo ganar las elecciones? No se busca someterse a la voluntad soberana, a lo que el pueblo quiera. Se busca por medios artificiales, por componendas o contubernios lograr el objetivo que todos los que están en la carrera política quieren: los cargos y en definitiva el poder. Los discursos de los que tienen posibilidad de triunfar son intercambiables, por eso pueden formar parte del gobierno, o de las listas de candidatos, hombres provenientes de diferentes partidos.

Muy distinta fue la actitud de hombres como Hortencio Quijano, que apoyaron la formación de un nuevo partido, o movimiento, que muy bien puede considerarse la continuación del iniciado por Yrigoyen en 1916, expresión de un nacionalismo popular.

La situación actual nos muestra la disolución de los dos grandes partidos políticos tradicionales: el radicalismo y el peronismo. Ambos están fragmentados y realizan diferentes alianzas en que todo está mezclado como el Cambalache de Discépolo, obra que escribió en plena Década Infame. ¿Quiénes actúan como concordancistas, quiénes cómo alvearistas? Al que le quepa el sayo que se lo ponga. Pero los argentinos debemos encontrar un nuevo camino como el que marcó Forja y José Luis Torres en su momento, y que tuvo en Hortencio Quijano a uno de sus ejecutores.

Notas:

(1) Los siguientes datos biográficos consignados fueron obtenidos en "Quién es quién en Argentina" 1950 pero es interesante destacar que aparecen sólo en las ediciones de 1950 pero no se reiteran en las siguientes, abandonándolo al olvido.

(2) Luna, Félix: "Alvear", Bs.As., Hyspamérica, 1986. Págs. 159/160.

(3) Luna, Félix: op.cit, pág. 239.

(4) Cooke, John W.: "Apuntes para la militancia" Peronismo crítico, Bs.As., Schapire Editor, 1985, págs. 71/72.

(5) Del Mazo, Gabriel: "El radicalismo", págs. 278/279.

(6) Luna, Félix: op.cit.,pág.270.

(7) Luna, Félix: op.cit.pág. 303.

(8) Luna, Félix: "El 45", Bs.As., Sudamericana, 1972, pág. 194.

(9) ibdem, pág. 116.

(10) ibdem, pág. 116/117.

(11) ibdem, pág. 117.

(12) Belloni, Alberto: "Del anarquismo al peronismo", Bs.As., 1962, pág.48

(13) Contraalmirante Guillermo Plata: "Una gran Lección", pág. 74/75.

(14) Luna, Félix: "El 45", pág.241.

(15) ibdem. Pág. 230.

(16) ibdem. Pág. 422.

(17) ibdem. Pág. 397.

(18) ibdem. Pág.399.

(*) Profesora de Historia de la UBA, de la escuela de Antonio Pérez Amuchástegui.
El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de Alberto Buela.
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