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Pequeñas crónicas sindicales 4:

Apoyo de la Madera a la huelga de los colectiveros contra la Corporación del transporte urbano. Traición de los comunistas

Por Cecilia González Espul (*)

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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 13/04/09.- Nos situamos en plena época de la Década Infame, así denominada por José Luis Torres, quien denunció los negociados amparados desde el poder, la época de la dependencia al imperialismo británico, explicitada por los hermanos Irazusta, y por Scalabrini Ortiz.

La década se inició con el gobierno de Agustín P. Justo en 1932, y con el Pacto Roca- Runciman, en 1933. Éste tenía como principal objeto lograr que continuaran las exportaciones de carnes argentinas a Gran Bretaña. El convenio establecía que el 85% de las mismas se debían realizar a través de frigoríficos extranjeros, el 15% restante correspondería a empresas argentinas, siempre y cuando las operaciones se hicieran mediante buques y comerciantes ingleses.

Los ganaderos contentos. Pero otras cláusulas secretas se firmaron que sujetaban aun más al país a la dependencia británica. Ellas fueron la creación del Banco Central, con el cual las finanzas del país pasaban a ser controladas por manos extranjeras, y la creación de la Corporación de Transportes.

El desarrollo extraordinario del transporte automotor iniciado con Uriburu, con el aporte de capitales norteamericanos de la Standard Oil y de la General Motors, significaba una competencia para el monopolio británico de los ferrocarriles y de los tranvías. Se buscó entonces pergeñar una maniobra para lograr el control de todo el transporte nacional, comenzando por los colectivos de la ciudad de Buenos Aires.

El 30 de septiembre de 1936, el Congreso Nacional aprobó las leyes mediante las cuales se creaba la Corporación de Transportes, y la Coordinación de Transportes, que establecía el monopolio británico por 56 años del transporte urbano de Buenos Aires. Podía exigir a los dueños de los colectivos privados su ingreso a la Corporación.

Nos cuenta José Luis Torres que: "La mayor parte de los propietarios de automóviles colectivos en capital federal fueron inmigrantes independizados después de un rudo esfuerzo. Dieron a la capital argentina el más perfecto servicio de transportes, sin pretender nunca sino libertad para su trabajo, sin aspirar a concesiones, ni garantías, ni privilegios, ni ventajas. Pero la plutocracia obtuvo una ley por la cual se despojó para siempre a estos trabajadores de su medio de vida, se anuló su independencia lograda con años de sacrificio y se les condenó a servir a los dueños del monopolio por un salario miserable, o a morirse de hambre con sus familiares, pues se les arrebató su independencia y se les ató al carro de la plutocracia triunfante." (1)

Estudiado también el tema por Scalabrini Ortiz, llega a las mismas conclusiones que Torres y así nos dice: "Lo importante es el propósito indirecto de extenuación que persigue el imperialismo inglés. La "coordinación" le permitirá a Inglaterra el manejo absoluto de los transportes, que con el crédito y la moneda constituyen la llave de un país, y someterlas a su política de aniquilamiento de todo lo que no está enfocado a la producción del material agropecuario que ella necesita para subsistir. Contribuir a esa acción es lo que constituye traición a la patria." (2)

Sin embargo, la aprobación de las leyes en 1936, con la aquiescencia de los legisladores radicales, no significó su efectivización inmediata y total, ya que hubo una gran resistencia por parte de los colectiveros que no se resignaron fácilmente a quedar absorbidos por la corporación, y así vemos que aún pasados seis años seguían luchando por sus derechos tan injustamente conculcados.

Nos referimos a la huelga que iniciaron en 1942 , y que fue apoyada por el Sindicato de la Madera entre otros. El estudio de la misma y las causas de su fracaso es el objeto del presente artículo. Comenzaremos por explicar cuál era la situación del movimiento obrero y en particular del Sindicato de la Madera entre los años 1935 y 1942.

El año 1935 es la época del gobierno de Justo, que tomó medidas muy duras contra el movimiento obrero, con detenciones, deportaciones, e intromisión policial en los sindicatos. Es el año en que se produjo la división de la CGT, en CGT Independencia, con predominio de socialistas y CGT Catamarca, sindicalistas. Esta última en 1937 adoptó el antiguo nombre de USA, Unión Sindical Argentina. Es el año también en que la Unión Cívica Radical abandona la abstención revolucionaria y comienza a participar en las elecciones avalando de ese modo el fraude y los negociados.

También 1935 fue el año en que se logró la unificación de los cuatro sindicatos de la madera que existían en la capital federal, creándose así el Sindicato Único de Obreros de la Madera y Anexos. La unidad le permitió llevar adelante con éxito una huelga que duró más de seis meses, logrando que las empresas aceptaran todas sus exigencias entre ellas las 40 horas semanales.

Poco tiempo después, la dirección del gremio pasó a manos comunistas, sus secretarios generales fueron Abrahan Giler, Pedro Eber, Mateo Fossa, quienes encolumnaron al gremio en la CGT Independencia. La oposición sindicalista estaba encarnada por Carlos Sala, quien en la Asamblea del gremio de junio de 1937 hizo su entrada a punta de revólver, porque no lo dejaban ingresar. "Si no entro yo, no hay Asamblea, y alguno va al hospital"

Carlos Sala fue un ebanista que en las fotos que publicaran los periódicos del gremio aparece siempre con moñito, muy atildado, pero que supo hacerse valer. Bajo su liderazgo, el grupo opositor sindicalista finalmente pudo desplazar a los dirigentes comunistas del gremio. Ello ocurrió en 1938, cuando en la Asamblea del 16 de septiembre con la asistencia de 700 afiliados se resolvió exigir la renuncia de la Comisión Administrativa por "su desastrosa actuación y supeditación de sus actividades a las exclusivas conveniencias del partido político de que son adeptos." La acusación de desastrosa actuación iba dirigida al manejo inescrupuloso de los fondos del sindicato.

En 1939 el sindicato bajo la dirección de Sala se retiró de la CGT recobrando su autonomía, aunque con inclinación por la USA sindicalista. Los motivos que adujeron fueron varios, entre ellos la falta de decisión en defensa de las luchas sostenidas por los obreros del gas y cajoneros del envase, desidia ante la deportación de dirigentes obreros, obedecer las directivas del partido socialista con fines electorales, conducta burocrática en la ayuda al proletariado español, un miembro directivo de la CGT, Pérez Leirós acusado de empresario capitalista, por participar en una empresa de especulación en tierras.

La tendencia sindicalista sostenía el gremialismo apolítico, ocupado sólo en las reivindicaciones económicas. Pero este apoliticismo ya no tenía sentido frente a un régimen de entrega de los recursos del país a manos extranjeras y de persecución al movimiento obrero.

La postura de las organizaciones de tendencia socialista en cambio consideraban legítimo la participación política partidista de los gremios, pero su lucha se centró más en la lucha de las fuerzas democráticas contra el fascismo que en los problemas concretos de los trabajadores.

El año 1939 fue el del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, con el ataque de Alemania a Polonia, y el pacto de no agresión de Rusia a los nazis (Pacto Ribbentrop - Molotov). Esta postura rusa dio motivo para criticar a los comunistas vernáculos y defender las posturas sindicalistas. Así un artículo publicado en "El Obrero Maderero", sostiene lo siguiente: "...cuando el pueblo polaco luchaba contra los nazis la URSS lo ataca por la espalda. Este hecho inaudito ha servido para crear un gran desconcierto entre los obreros que esperaban una posición diferente del régimen que constituía la esperanza de ellos. (...) Pierden su fe en las dictaduras proletarias. Esto da la razón a los que pregonaban la independencia sindical y el no embanderamiento en cuestiones políticas."

La aproximación de este Sindicato a la USA se vio reflejada en el acuerdo de la misma con sindicatos autónomos, entre ellos el de la Madera, para la creación de la Comisión Obrera de Relaciones Sindicales (CORS) que ocurrió en noviembre de 1940, cuyo secretario general fue Carlos Sala, en ese momento secretario general de la FOAM, Federación Argentina de Obreros de la Madera, y su prosecretario Luis Gay de FOET, (telefónicos), y representante de la USA.

La USA y su apéndice la CORS, para diferenciarse de la CGT, que bajo la órbita socialista había caído en una política reformista, levantaron las banderas de un sindicalismo de lucha y de acción, acusando a la CGT de burocratismo, y de ser instrumento de un partido político.

La crítica a los comunistas estuvo siempre presente, especialmente con la creación de la FONC (Federación Obrera de la Construcción) en manos comunistas, que incorporaron a su organización a los carpinteros de obra blanca. Denuncian la práctica de intimidación coercitiva a los obreros por parte de los comunistas , quienes consideran la militancia sindical como un puente para las acciones partidistas y como fuente de ingresos. Dicen: "Ellos nunca se han ocupado de trabajar y si lo han hecho ha sido por corto tiempo como para poder justificar su permanencia en los puestos rentados de la organización." Ponen el caso del tesorero de la FONC, ex diputado, ex gráfico, hoy albañil.

Además fueron los permanentes rivales en la conducción del gremio, y por esta época buscaron coparlo nuevamente como en 1929.

El 16 de octubre de 1942 se realizó una Asamblea General que concluyó en una trifulca debido a que en los comienzos de la misma 20 agentes de policía se distribuyeron en el salón. Se enfrentaron los dos grupos rivales, sindicalistas como Carlas Sala que presidía la Asamblea, junto a Francomano y García, y los comunistas Marischi, Sommi, Dramazone, Raboy, entre otros. Salieron a relucir armas de fuego, y botellazos, como el que le dio a uno de los que amenazaba con un arma, Carlos Sala, terminando todos en la seccional 7ma.

Pero ¿Cuál fue el motivo de la intervención policial?. Los comunistas en forma insidiosa habían acusado a la C.A. de haberla solicitado para custodiar la Asamblea. Sin embargo la C.A. sostuvo que fue un ardid de éstos para desprestigiarla ante los afiliados. Prueba de ello fue la intensa propaganda previa en los periódicos comunistas "La Hora" y "Orientación", con artículos firmados por Vicente Marischi, llamando al gremio a concurrir a la Asamblea para tratar el tema de la ayuda a los países en guerra. Pero con motivo del estado de sitio, los temas de política exterior no podían ser tratados en las asambleas gremiales, con lo cual indirectamente provocaron dicha intervención.

Buscaban tomar la dirección del sindicato calumniando a los militantes acusándolos de delatores policiales.

Un artículo de "El Obrero Maderero", de noviembre de 1942 titulado "Cuál es el propósito que se persigue al calumniar a la C.A. y de dónde parten las calumnias", se argumenta que estos incidentes se deben a cuestiones de carácter político. Los comunistas siguen órdenes de Moscú. "Debido al pacto de amistad entre Alemania y Moscú, pedían la paz y gritaban contra el imperialismo inglés y la plutocracia norteamericana, pero cuando Alemania invade Rusia, cambiaron de posición, piden a gritos una declaración por los países democráticos."

Ejemplo fue Raboy que obligaba a los obreros de la casa Casoff, a trabajar una hora diaria a favor de los países democráticos sin el consentimiento de la C.A. Continúa el artículo diciendo: "Todas estas tareas son producto de un plan preconcebido entre elementos del Partido comunista y patrones del gremio. Los que se pusieron de acuerdo para voltear a la actual C.A."

Esta era la situación del gremio de la Madera en 1942. En el Nº50 de diciembre de dicho año, "El Obrero Maderero" se ocupa especialmente de la solidaridad del sindicato con las huelgas de las líneas de autos colectivos y contra el monopolio de transporte. Todo el relato va dirigido a revelar la mala actuación de los comunistas. Así lo muestra el título de sus artículos. "Empieza la traición comunista", "La felonía comunista", "Aparece la farsa"

El gremio de colectiveros pide a los de Madera su solidaridad con la huelga que estaban preparando, pero no hubo acuerdo con la fecha de iniciación de la misma, porque estos últimos piensan que debe postergarse para organizarse mejor.

La C.A. decidió que no podía plegarse a la huelga pues no sabía quien la orientaba ni hacia donde iba.

La huelga se lanza antes. Se publica en la 5ta. Edición de los diarios de la tarde, la declaración de huelga general de los Sindicatos de la Construcción, Metalúrgicos, Textiles, del Vestido, Federación de la Alimentación y Federación Gráfica Bonaerense, convocada en realidad por el Partido Comunista, al que las mencionadas organizaciones deben obediencia incondicional.

La huelga del 7 de septiembre era por 24 horas, otros gremios se adhieren y buscan que se prolongue. Pero los comunistas, temiendo que la huelga escape a su control, salen diciendo que el que continua la huelga es un nazifascista.

La Federación de colectiveros realiza una Asamblea el 15 de septiembre en Parque Romano. Hay gran entusiasmo para seguir la lucha y conseguir derogar la ley del monopolio de transporte. El repudio de volver al trabajo sin la seguridad de que los colectivos quedaran en manos de sus verdaderos dueños era general.

Sin embargo, el líder comunista Rubén Iscaro, empieza la más grande traición al movimiento obrero. Habla en la Asamblea y exige a los colectiveros la vuelta al trabajo, prometiendo que si la corporación expropiaba un solo coche nuevamente los sindicatos saldrían a la calle.

Michelon manifiesta: Ustedes solos son incapaces para ganar la huelga a la corporación de transportes, por lo tanto, o nos obedecen o de inmediato les retiramos la solidaridad. Los colectiveros aceptan volver al trabajo seducidos por las promesas comunistas.

Se inician entonces gestiones ante el Ministerio del Interior y ante el Presidente de la Corporación, en las que participan también los comunistas, pero no dieron resultado, por lo tanto los dirigentes comunistas para eludir su responsabilidad postergaban las reuniones que trataban de realizar los colectiveros con ellos y otros sindicatos para empezar un nuevo movimiento.

Es así como, los colectiveros invitan a los de la Madera a una reunión de sindicatos para el 26 de septiembre. Concurrieron a esa reunión los secretarios de los sindicatos adheridos a la CORS, pero en cambio no asistieron los sindicatos en manos de los comunistas. Solamente enviaron un representante, Armando Iscaro, que postergó la decisión para otra reunión dentro de 4 días.

Mientras fracasan estas reuniones, los comunistas a través de su diario "La Hora" se dedican a difamar tratando de nazifascistas a todos los que estuvieran dispuestos a ayudar a quienes ellos habían abandonado.

Después de tantas idas y venidas se resuelve una huelga con sindicatos autónomos y los sindicatos comunistas para el martes 10 de noviembre a las 6 de la mañana.

Pero a última hora los comunistas comunican que harían la huelga el día 11, con lo cual quedaría sin efecto porque era día feriado por San Martín de Tours. Ante el reproche de los colectiveros la pasan para el día 12.

La huelga de los autónomos y sindicatos de la CORS se inicia el día 10. De inmediato los elementos comunistas se lanzan a la tarea de desprestigiar el movimiento. En el taller de Casoff, el obrero Julio Raboy junto con otros cinco pretendieron carnerear en dicho taller. El personal exige al industrial que saque a esos carneros, o le declaran el taller en huelga. El industrial hecha a los krumiros y ya en la calle el personal les da su merecido.

Apenas iniciado el paro, la policía detiene al secretario del Sindicato de la Madera , luego a otros cuatro compañeros, más otros tres obreros de la industria, quienes son conducidos al Departamento de Policía.

Ese mismo día la policía deja en libertad a 16 detenidos por sus actividades en el Partido Comunista, siendo, además, miembros de comisiones en los Sindicatos que se habían comprometido en el Parque Romano a ser solidarios con los colectiveros.

Esto resulta extraño, porque la policía en casos de huelga general detiene a militantes y solo los pone en libertad después de terminado el movimiento pero nunca antes.

Se preguntan: ¿Serán estas libertades el precio de la traición comunista?

El secretariado de Madera detenido solo recobra la libertad varias horas después de haberse dado la orden de vuelta al trabajo.

En los diarios de la tarde del día 10 se anuncia que los sindicatos de las Construcción, del Vestido, textiles, alimentación, gráficos y metalúrgicos harán la huelga el día 12. Pero el 11 levantan la huelga general. ¿Se quiere traición más grande? comentan.

Luis Sommi, liberado el día 10, concurre al taller de la casa Jansen a calumniar a la C.A. y aconsejar al personal que entrara a trabajar. Ya sabía que la huelga del día 12 no se haría efectiva porque así lo había resuelto el Partido Comunista.

El fracaso de la huelga de los colectiveros contra el monopolio de la Corporación del Transporte urbano se debió en gran parte a la falta de unidad del movimiento obrero esterilizado en disputas ideológicas y en el accionar divisionista de los militantes comunistas.

Pareciera que hubiera una cierta continuidad en el modo de actuar divisionista, ¿podrían asemejarse a la actuación de los trabajadores de subterráneos de Buenos Aires, bajo la influencia del Partido Obrero, y su deseo de separarse de la UTA?

El sindicato de la Madera fue solidario con los colectiveros en 1942, bajo la dirección de su secretario general, Carlos Sala, también secretario de la CORS, apéndice de la USA. Fue uno de los pocos dirigentes de la Madera que proviniendo de una postura sindicalista, se acercó al naciente peronismo, pero para ese momento su actuación en el gremio entraba en el ocaso. Quedaron los más empecinados sindicalistas que asumieron una posición recalcitrante antiperonista, no pudiendo valorar los cambios que se estaban produciendo a favor de la clase obrera. Esta incomprensión los alejó de sus afiliados. Por ello el 15 de diciembre de 1944 se creó un sindicato paralelo de la Madera bajo el nombre de Unión de obreros de la Industria de la Madera, que adhirió al peronismo. El Sindicato Único siguió actuando, pero en 1946 su dirección cayó nuevamente en manos comunistas pasando a ser Vicente Marischi el secretario general. Pocos años más tarde terminó fusionándose con la Unión Obreros de la Industria Maderera.

Notas:

(1) Torres, José Luis: "Los Perduellis", pág.87, Bs.As., Ed. Freeland, 1973.

(2) Scalabrini Ortiz: Raúl: "Política Británica en el Río de la Plata", Bs.As., Plus Ultra, 1971, pág. 189.

(*) Profesora de Historia de la UBA, de la escuela de Antonio Pérez Amuchástegui.
El presente material se publica en Rebanadas por gentileza de Alberto Buela.