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Pequeñas crónicas sindicales 10:

Los adoquines de la ciudad de Buenos Aires

Por Cecilia González Espul, Profesora de Historia de la UBA

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 13/09/09.- El empedrado de la ciudad de Buenos Aires se inició no mucho antes de convertirnos en una nación independiente. Muchas interesantes historias se esconden tras estos adoquines que han podido resistir el paso del tiempo pero no el paso de los funcionarios inescrupulosos.

La ciudad de Buenos Aires durante la época colonial fue una de las más modestas, mas bien un caserío paupérrimo entre la inmensidad de la pampa y del río. Sus calles estaban sin pavimentar y su nomenclatura se inspiraba en el santoral. Así la actual 25 de Mayo se llamaba Santo Cristo.

Por un estudio de Vicente Quesada publicado en la Revista de Buenos Aires en el año 1867, nos enteramos que recién en el año 1783 el Virrey Vértiz solicitaba al Cabildo que propusiera los arbitrios para mejorar el estado deplorable de las calles intransitables por las lluvias y el paso de las carretas de bueyes. Además en esa época se acostumbraba arrojar las aguas sucias a la calle que corrían por albañales abiertos a la vía pública.

El Cabildo se reunió y en un principio declaró impracticable el empedrado por su alto costo. Pero los vecinos propietarios de la cuadra entre la Plaza y el Colegio se ofrecieron a costear el empedrado en proporción a sus frentes. Don Antonio Melián ofreció, en virtud de los pregones para la provisión de piedra, conducir toda la necesaria para las calles que se señalasen a razón de $4 metálicos la carretada, bajo la condición de que la piedra se le diera sacada y en el embarcadero de Colonia de Sacramento y que el desembarco se hiciera en el bajo llamado asiento o casa de Vicente Azcuénaga, que no se le gravase con licencia para los viajes, que se habrían de arquear los buques que empleara y previo examen de comisionado para verificar las carretadas haría la entrega para que él las haciera conducir al lugar del empedrado, que los barcos, carretas, bueyes y gente no fueran ocupados en otro servicio, que ni en la Colonia ni aquí se le demorara el embarque de la piedra, y en caso de demora se le pagasen las estadías, que el abono le fuera hecho luego de ponerla en la calle que se le designara, ofreciendo fiador. En las esquinas se pondría el nombre de las calles en los frentes y debajo el apellido del diputado por su trabajo en el cuidado de su composición para honor suyo y en memoria de este servicio hecho a favor de sus convecinos.

El síndico del Cabildo, Miguel de Azcuénaga, durante el gobierno del Virrey Arredondo, en seis años, (1790-1796), empedró 36 cuadras con piedras traídas de la isla Martín García. El pueblo pagaba medio real por vara para socorro de los presos empleados en ese trabajo.

La imprenta de la Biblioteca Nacional publicó en 1937 un catálogo de manuscritos entre los que figuran unos de Miguel de Azcuénaga. Entre ellos una nota al Virrey Melo, fechada el 23 de noviembre de 1795, pidiendo se le concedan dos corridas de toro para, con su beneficio, ayudar la obra del empedrado.

Durante la presidencia de Sarmiento, el presidente de la Comisión de Aguas corrientes, drenaje, alcantarillado y empedrado de Buenos Aires, consultó al ingeniero civil inglés Juan Federico Bateman sobre el tema. El mismo elevó un Informe sobre el empedrado de la ciudad de Buenos Aires, publicado por la Imprenta de la Opinión, San Martín 143, Bs.As., el 17 de agosto de 1872.

Según el ingeniero inglés no podía realizarse el empedrado independientemente de los trabajos de las cloacas, y cañerías para la provisión de agua. Intereses diferentes había que conjugar: el de la Comisión de Casares, el de los dueños de las casas contiguas respecto de las veredas, el de las empresas de tramways en las calles ocupadas por sus líneas, y el de tres empresas de gas rivales que remueven el empedrado para colocar las cañerías.

Recomienda el empedrado de granito como en las calles de Manchester. Considera que los adoquines pueden ser de las islas Británicas o de Río de Janeiro. Dice: "Creo que las calles de Buenos Aires, podrían quedar bien empedradas sobre un cimiento de concreto, ocupando piedras graníticas de Gales o Irlanda, en forma de cubos de 4 pulgadas más o menos, por 24 chelines por yarda cuadrada, no incluyendo el costo de elevación de las calles y de nivelación de las pendientes." Los cordones serían de 12 pulgadas de ancho por 8 de espesor. Calcula una duración del trabajo entre 12 a 14 años.

Es interesante como hecha agua para su molino aconsejando se compren las piedras de Gales o Irlanda, cuando nosotros podíamos obtenerlas aquí.

En el 80 la Argentina logró constituirse como un estado moderno, basando su riqueza en la producción de carnes y cereales para la exportación. Se vivían épocas de abundancia y de una ciega confianza en un progreso que no tendría fin. Ello se vio reflejado en la vida fastuosa de la oligarquía vacuna que construyó palacios en la ciudad y chateaux en sus estancias, con materiales todos traídos de Europa.

Pero esos palacetes del barrio norte de Buenos Aires, no se podían levantar frente a calles de barro, como bien sostiene Hugo Nario. Por lo que se apresuró la pavimentación de Buenos Aires iniciada anteriormente, y que se intensificará con los preparativos para la celebración del Centenario en 1910.

Consigna Hugo Nario que: En 1907, sólo el Ferrocarril del Sud había transportado 211 mil toneladas destinadas a Buenos Aires, cifra que al año siguiente había aumentado a 257.000 y en 1909 a 328.000. la sed de adoquines que experimentaba Buenos Aires parecía insaciable. (1)

En las serranías de Tandil se inició a fines del siglo XIX la explotación de piedra y los primeros en llevarla a cabo fueron inmigrantes italianos. La llegada del ferrocarril en 1883 le dio un gran impulso a la extracción de piedra, cuya finalidad principal era el adoquinado de las calles de Buenos Aires, y de La Plata, capital de la provincia recientemente fundada.

Las canteras funcionaban cercadas por altas alambradas y los trabajadores y sus familias eran alojados en campamentos. El patrón les pagaba con vales llamados "plecas", piezas de bronce acuñadas con caracteres distintivos para cada establecimiento, y circulación válida en cada cantera.

Las plecas eran usadas obligatoriamente en el almacén que poseía el propio patrón, con lo cual multiplicaba sus ganancias. El patrón había comenzado como picapedrero, y la mayoría de sus obreros eran inmigrantes de su mismo pueblo con los que mantenía una relación paternalista. Había barracas para solteros y comedores comunes, que los aislaban de sus familias. Las jornadas eran de 10 a 15 horas.

Para atravesar el alambrado perimetral había una tranquera con candado y gruesas cadenas y guardias armados, a raíz de los conflictos que se iniciaron con la primer gran huelga de 1908 y 1909.

El trabajo de los picapedreros era una actividad minera a cielo abierto que comprendía una etapa primaria extractiva y otra secundaria de corte y labrado de la materia. Era un trabajo manual, artesanal, que requería un sólido conocimiento técnico. Existían 15 especialidades. El obrero se reconocía en su obra.

Fue en 1906 con la llegada del carpintero Luis Nelli a la cantera Cerro de los Leones del patrón José Cima que se creó la Sociedad Unión Obrera de las Canteras de Tandil, con 536 afiliados. Nelli era un anarquista de origen italiano, que llegó a esos pagos para construir casillas para el campamento de los obreros. En 1907 ingresaron a la FORA, y en 1908 lanzaron la primera huelga. Objetivos: por el reconocimiento del Sindicato, para que las empresas dieran trabajo únicamente a los obreros organizados, descanso dominical, pago en efectivo y libertad de comer y dormir donde se quisiera.

Fue llamada la Huelga Grande y duró un año. Los patronos expulsaron del trabajo a todos los obreros en huelga y los desalojaron de los campamentos. Hubo episodios de violencia, actos organizados por socialistas y anarquistas, en los que participó la oradora ácrata Virginia Bolten. El dirigente nacional de la UGT(Unión General de Trabajadores), de orientación sindicalista, Juan Loperena, del gremio de la Madera, fue a Tandil a interceder en el conflicto y terminó preso.

Pero la prolongación de la huelga dificultaba el aprovisionamiento de adoquines a la ciudad de Buenos Aires, principal destino, y finalmente las empresas tuvieron que capitular y firmar el pliego de condiciones. Una de las cuales fue el cesantear a los obreros que habían trabajado durante el conflicto, y aceptó contratar solamente a los que pertenecieran a la Sociedad Obrera.

El triunfo de los picapedreros en esta huelga los transformó "de sometidos casi esclavos en los obreros mejor pagos de la Argentina y sus luchadores sindicales los más prestigiosos." Hugo Nario, op.cit, pág.67

La mayoría de los obreros eran extranjeros, italianos y españoles, pero había también de otros orígenes, como los montenegrinos, enormes y arrogantes con sus capas eslavas que le llegaban a la media pierna, llamadas Kavanchas. En una oportunidad de un mitin de protesta, en la Plaza de las Carretas de Tandil, el comisario Lezama había advertido que no permitiría desbordes, y se apersonó al lugar en una volanta con los toldos bajos, y llena de policías ocultos con armas largas. Los oradores iban subiendo de tono y la volanta se acercaba más al palco. Pero Lezama advirtió de pronto que un grupo de obreros la rodeaba. Eran los montenegrinos. Ordenó martillar las armas. Los gigantes mostraron entonces sus propias armas disuasivas: un cinturón de cartuchos de dinamita escondido bajo los pliegues de sus kavanchas. La volanta de Lezama retrocedió lentamente. Hugo Nario, op.cit. p.98

Leyendo Bandera Proletaria, el periódico de la Unión Sindical Argentina, (USA) de posición anarco-sindicalista, entre los años 1922 y 1929, encontramos referencias sobre la existencia de sindicatos de picapedreros en diferentes localidades del país. En el Nº 15 del 17 de septiembre de 1922 se publica un artículo titulado "Explotadores y tramposos". La Unión Graniteros de las canteras de Cerro Sotuyo informa que el patrón Carlos Piatti debe a los obreros jornales de junio, julio y agosto. El 10 de septiembre les informa que abonaría la mitad de los jornales ganados. Pero solo pudieron cobrar un grupo de camaradas, anuncia que se había terminado el dinero, por lo cual una cantidad de compañeros quedaron sin cobrar un solo centavo. No vale la pena cobrarse con la vida de ese miserable porque la justicia capitalista se ensañaría ferozmente con los obreros. Pero la organización sale fortalecida con la incorporación de nuevos afiliados que antes permanecían indiferentes, indignados por tanta injusticia.

Menciona a la Unión Obrera de las Canteras de Sierra Chica que está en conflicto en las canteras de Loma Negra, cuyo dueño, señor Fortabat, empresario de afirmados que compra materiales en otras localidades, se resuelve el boycot. Año 1, Nº 17, 20/9/1922.

En el Nº 33 de octubre 8 de 1922, se menciona a la Unión Obrera de las Canteras de Sierra Chica, que informa sobre la gran cantidad de obreros desocupados, y sus hogares en la más espantosa miseria. En Asamblea se decidió prestar toda la ayuda posible a los hogares azotados por la miseria. El principio de solidaridad fue uno de los motores básicos que movilizaba la actividad anarco-sindicalista. Esa solidaridad se manifestaba también en el apoyo a las huelgas y boicots que declaraban otros compañeros. Sólo en una cosa se negaron a ser solidarios, en otorgarle ayuda monetaria a la viuda de un obrero caído en la lucha, para colocarle una cruz en su tumba.

El Sindicato Unión Graniteros y Picapedreros de Cerro Sotuyo se constituyó en 1909 perteneciendo a la ex FORA. Desde esa fecha hasta 1919 sostuvo con los patrones grandes luchas, algunas se perdieron otras no. A partir de 1919 está reconocido por los patrones. Lo integraban 400 obreros. Poseía una biblioteca de 500 libros todos de grandes teóricos y doctrinarios, su secretario fue Antonio Marinelli. Fue solidario en todos los órdenes de la actividades sindicales.

Los picapedreros de Cerro Sotuyo iniciaron una huelga contra los explotadores Gazco y Mon con cantera en Cerro del Águila y pidieron solidaridad a todas las secciones del gremio para que no aceptaran trabajo para dicha cantera. Nº361, 12/5/1928.

El tema fue que a partir de 1925 los niveles de producción comenzaron a decaer para prácticamente desaparecer en 1930, debido a que la industria de la piedra labrada fue reemplazada por una nueva tecnología más barata y más fácil de colocar: el concreto asfáltico y el hormigón armado.

La lucha continuó, pero esta situación afectó la cohesión sindical surgiendo sindicatos autónomos.

En Bandera Proletaria del 13 de octubre de 1928 bajo el título "Atropello policíaco patronal" se relata el trato que reciben los obreros de la cantera San Luis propiedad de la firma Olhsson. Y el reclamo que hace el sindicato a los carneros que siguen trabajando en la cantera., de acuerdo a lo que había resuelto la Asamblea de Picapedreros reunida en Buenos Aires en septiembre de 1928, que establecía que los obreros adventicios los que reemplazaban a los huelguistas debían hacer abandono del trabajo y el sindicato les daba el pase para trabajar en otra localidad. Dice así: "Al regresar de la Asamblea al campamento de la cantera San Luis, Olhsson, Antonio Salvi y un piquete de guardia cárceles les empezaron a tirar las "lingeras" a la calle, a pesar de que llovía a cántaros, y golpearon brutalmente a dichos compañeros (Franco fue golpeado en el escritorio de la cantera delante de Olhsson).

¡Trabajadores! Que aun continuáis en la cantera Olhsson, traicionando torpe y miserablemente la causa más noble de todas las causas que es la emancipación de la clase explotada, la emancipación del género humano, traicionáis los principios más elementales de la libertad y bienestar humanos, a pesar del llamado amplio y generosos que os hizo la organización, defensora única de los trabajadores.

¿Creéis que Olhsson os medirá hoy o mañana con otra vara diferente a la que midió a los demás? Si eso creéis estáis muy equivocados. Os va a utilizar como instrumentos en cuanto le seáis necesarios, y cuando dejéis de serlo, ese día se acabaron las dulces, promesas, para daros el puntapié consabido. Esa es la conclusión lógica de todos los patrones contra el obrero que se queda al desamparo de la organización. Sabemos muy bien, y mejor lo sabéis vosotros, que gozáis las mismas libertades que gozan los penados de Sierra Chica. En la cantera y en las viviendas custodiados por guardia-cárceles, si de noche queréis salir a hacer vuestras necesidades, 30 metros de la puerta tenéis que pedir permiso al polizonte; si algún pariente os viene a visitar, no le permiten entrar al campamento sin el permiso del mismo personaje, si un domingo queréis salir a pasear, el consabido permiso, previa confesión de "a dónde vais y a lo que vais" imponiéndoos una hora determinada para el regreso.

Este cuadro de esclavitud, de deshonra y de vergüenza ¿por qué y para qué?

Convocaba a los obreros a que se unieran a la organización que había logrado crear el Sindicato Único de la Piedra en Buenos Aires, Rosario y demás localidades del país, y declarado el boycot a la firma Olhsson. Les da plazo hasta el 30 de diciembre para que el sindicato les de el pase para la amnistía a los carneros. Firma esta convocatoria la sección San Luis-Tandil, el 12 de noviembre de 1928.

En Bandera proletaria, Nº 387, del 1 de diciembre de 1928, se amplía la información sobre el conflicto que sostiene la Unión Obrera de las canteras de Tandil desde el 18 de abril de 1826, con el más fuerte capitalista de la industria pedrera del país, Ernesto Olhsson, explotador de la cantera de San Luis. El testarudo Olhsson había logrado conseguir personal adventicio para suplantar a los obreros organizados, en número de 70 martillos, en su mayoría aprendices. La sección San Luis hizo un llamado a los obreros de la cantera Olhsson que indebidamente ocupan el puesto de los obreros en huelga, bajo la promesa de que al obrero que abandone el trabajo en la cantera, el sindicato le extiende el pase para poder trabajar en otro lugar dentro del trabajo organizado. Al llamado respondieron 46, los mejores martilleros que tenía, quedando solo 5 o 6 canteristas y una docena de aprendices. El 8 de noviembre participaron de una Asamblea que convocó el sindicato. Y fue al regresar al campamento que fueron golpeados por el grave delito de pedir la cuenta y retirarse del feudo maldito.

En el Nº 392, del sábado 12 de enero de 1929, se informa del problema que tuvieron los graniteros de las canteras de Cerro del Aguila, en la localidad de Cerro Sotuyo, cuyos dueños son los señores Gasco y Mon. El capataz, canalla y ruin, Felipe Prieto, ex anarquista, amenaza con revólver a los obreros que quieren retirar su ropa porque habían sido llevados engañados, tuvieron que pagar $20 para ello.

El Sindicato Unión Obreros de las Canteras de Cerro Sotuyo decidió boicotear dicha cantera y llama a los obreros de la piedra para que no vayan a trabajar a la misma.

Sostiene: Nuestra lucha frente a los testarudos explotadores Gasco y Mon no es por mezquinos intereses, no es una lucha material por aumento de salarios, (...) como obreros organizados y por la moral de nuestra organización queremos que dichos señores firmen un modesto pliego de condiciones, (...) pedido que los mencionados patrones no quieren reconocer. Estas sanguijuelas pretenden tener mansos corderos que se dejen explotar miserablemente, que sean sumisos a las órdenes de sus amos. Se pide solidaridad con el boicot a la firma y a los comerciantes que les venden carnes y alimentos a los crumiros.

En el Nº 416 de Bandera Proletaria, del sábado 13 de julio de 1929, se publica un artículo titulado "El traidor Juan Coudinho asesinó a un modesto trabajador" se refiere al conflicto en la cantera de Tomás Barbieri y Cía en las sierras de San Luis en Tandil. Los obreros habían constituido un sindicato autónomo, pero como el patrón les presentó el trabajo a contrata o trabajo libre, y como recibían sueldos de hambre pensaron en afiliarse a la Unión de las Canteras de Tandil y presentarle al patrón el pliego de condiciones. Convocaron entonces a Asamblea para discutir si adherirse o no a la Unión de las Canteras.

Juan Coudinho que había sido tesorero del Sindicato de Buenos Aires junto a Felipe Prieto se había vendido a la patronal. Y en la Asamblea estuvo a favor de trabajar a contrata en las condiciones que imponía el patrón. Pero obtuvo mayoría la moción de afiliarse a la U.O. de las Canteras. Al compañero Gerardo D'Alessio habían intentado sobornarlo Coudinho y su pandilla para que votara por ellos, cosa que no hizo. Eso le costó la vida porque Coudinho lo mató de u n tiro en la nuca. Protegido el asesino por la confabulación de carneros, policías, el diario Nueva Era y los patrones. Se presentó el pliego al patrón pero lo rechazó y desalojó a los partidarios de la U.O. de sus viviendas en el campamento.

En el número 437, del 21 de diciembre de 1929, Bandera Proletaria nos cuenta cómo eran explotados los inmigrantes: largas jornadas que empiezaban a las 4 de la mañana, incluso los días domingo, el sueldo lo reducido a la mínima parte, con el agravante que para cobrar una quincena tienen que dejar un mes de depósito, suspendían del trabajo sin causa ni motivo, a todo aquel que no se prestara a sus apetitos inquisitoriales, dándole un reducido tiempo para abandonar el campamento. Asustaban a los obreros para que no se acerquen al sindicato difamándolo "son colorados que tiran bombas".

Hay patrones que buscaron sobornar al sindicato ofreciéndole pagar $1,50 la cotización por mes por cada obrero en vez de $1.

"¿Pero se habrá creído ese señor que nosotros trabajamos para organizar $? ¿Nosotros trabajamos por organizar hombres y despertar conciencias, después aboliremos eso que los burgueses acaparan con tanta avaricia: los $"

Reflexionando sobre estos hechos percibimos que la lucha de estos obreros no es solo por mejores condiciones de trabajo, mejores salarios, hay un ideal mucho más elevado, es la lucha por crear una sociedad libre, para todos los hombres hermanados en un sola clase de productores, y la convicción que es solo desde el sindicato que se puede lograr. Y por ello defienden el principio de que solamente los obreros organizados pueden ser contratados para el trabajo.

Conclusión

El empedrado de las calles de Buenos Aires se inició con el Virrey Vértiz. Se traía la piedra de Colonia de Sacramento y de la isla Martín García. El trabajo costeado por los vecinos, que además pagaban medio real por vara de piedra para socorro de los presos que eran los que lo realizaban. Y para ayuda de la obra del empedrado se concedió el beneficio de dos corridas de toros.

Los adoquines de granito, o basalto, según el estudio del ingeniero inglés Bateman, eran cubos de 4 pulgadas y los cordones de 12 pulgadas de ancho por 8 de espesor.

La gran demanda de los mismos se produjo a fines del siglo XIX y principios del XX, y la mayor producción provenía de las canteras de Tandil, como también de Córdoba y San Luís. Y concluyó cuando los indestructibles adoquines, lo más parecido a la eternidad geológica, fueron reemplazados por el hormigón armado y el concreto asfáltico.

Los breves y salteados relatos que hemos consignado sobre las condiciones de vida y lucha de los picapedreros, hallados en Bandera Proletaria y en el libro de Hugo Nario, nos tienen que hacer comprender que esos adoquines y cordones de las calles de Buenos Aires, son parte de nuestra historia, son parte de un legado cultural, que no debería estar a la venta.

Observamos con pena como en la administración de los últimos jefes de la ciudad (Ibarra, Macri) no tiene en cuenta el esfuerzo de esos miles de trabajadores que labraron los adoquines para empedrar las calles de Buenos Aires, y guiados únicamente por el espíritu de lucro, los quitan para venderlos en los countries y reemplazan por el cemento, que se resquebraja apenas colocado.

¿Hasta cuándo contemplaremos con impasividad y resignación cómo los funcionarios viles que no nos representan ponen en venta el patrimonio de todos los argentinos!

Nota:

(1) Nario, Hugo: "Los picapedreros", Tandil, Editorial del Manantial, 1997, pág.67