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ARGENTINA

No negarse al debate acerca de la Triple A

Por Alfredo Fernández (*)

Rebanadas de Realidad -Lomas de Zamora, 24/01/07.- Soberanía política, independencia económica y justicia social. ¿A qué sentido de la justicia social respondían los crímenes de la Triple A? ¿Qué clase de soberanía se pretendía establecer inaugurando la operatoria que luego haría propia la dictadura militar? ¿No podemos permitirnos reflexionar críticamente acerca de prácticas que le abrieron la puerta a la peor de las dependencias económicas?

Frente a la envergadura del debate que muchos no se atreven a afrontar, la procedencia o no de los juicios y las citaciones constituye apenas una circunstancia de esa cuestión de fondo.

Ello no quita que se trata de una circunstancia compleja y dolorosa. Los jueces que impulsan los procesos no se destacan por su autoridad moral. Aunque se han aportado diversos elementos que permiten afirmar que la ex presidente estaba al tanto de la operatoria del a Triple A y existen constancias de utilización de fondos públicos para su sostenimiento, también es cierta la condición de Isabel como presidente constitucional víctima de la dictadura y los padecimientos que sufrió desde su detención y que Oliva detalla minuciosamente. Detrás de la procedencia o no del juzgamiento está el debate acerca de la responsabilidad de los ministros firmantes del decreto de aniquilamiento e incluso, la discusión acerca de si Perón tenía o no conocimiento y avalaba o no el accionar terrorista conducido por López Rega con participación de efectivos de fuerzas de seguridad del estado.

Más allá de la valoración que nos merezcan estos jueces y estos procesos, es indudable que hay que respetar el accionar de la justicia y actuar dentro de su marco respecto de las cuestiones que en ellas se dirimen.

Pero respecto del debate de fondo, ¿por qué temer a analizar críticamente esa etapa? ¿Por qué pretender a un Perón implacable e inmaculado? ¿Por qué no comprender no sólo la formidable grandeza de sus últimos años, expresada en la valentía de su retorno, en la trascendencia indestructible de su legado histórico, en su probado compromiso con la construcción de la unidad nacional, sino también poner arriba de la mesa las debilidades nacidas fundamentalmente de la fragilidad desesperante de su salud y de su comprensible y humana necesidad de contar con un entorno familiar en el que albergarse? ¿Ignora Oliva que el progresivo agravamiento de la salud de Perón fue de la mano de un creciente aislamiento sobre el cual medró José López Rega y que Isabel fue funcional a ese avance? ¿Por qué manejan esa concepción dual, según la cual, según convenga, se la puede reivindicar como la líder que "no renunció" o ampararla en que era una mujer "que no entendía lo que sucedía"?

Y más allá de los personajes, ¿por qué no debatir cómo ese desmembramiento en fracciones enfrentadas que hasta allí se habían albergado bajo el paraguas nacional que significaba el liderazgo de Perón, abrió las puertas a la peor de las dictaduras? ¿Por qué los tabúes? ¿Por qué no aprender de esa historia para intentar no repetir viejos errores y encontrar caminos idóneos para la reconstrucción del proyecto nacional en las actuales circunstancias históricas? ¿O el campo de lo nacional se agota en quienes ejercen la ortodoxia como Oliva o Labaké? ¿No se dan cuenta que la mayoría del pueblo argentino, así como guarda un recuerdo imborrable del legado de Perón, también tiene una visión mayoritariamente crítica de los años de la Triple A y de sus prácticas? ¿No se dan cuenta que no es sólo por la figura inigualable de Evita que Isabel no llegó a instalarse en el corazón de ese pueblo? ¿No se dan cuenta que Evita representa la permanente esperanza de lucha e Isabel una vía muerta de derrota?

En El Messidor, Isabel y su asistente rezaban una y otra vez el rosario, palabra por palabra, cuenta por cuenta. Muchos años antes, para que Rosario pudiera dejar su hogar y acompañar al general y a su mujer, Perón fue personalmente a pedir autorización a sus padres. Un detalle apenas de su profunda dimensión humana. Más adelante ella testimoniaría que la acompañó por el deber de gratitud que guardaba hacia el General más que por el afecto que pudiera tener por ella.Así de complejo y de simple, como el viejo líder enfermo, como las mujeres que terminarían juntas rezando el Rosario en una residencia de lujo, como la muerte o la desaparición de cada una de las víctimas de la mayor de nuestras derrotas.No nos neguemos a entender. Eso sólo beneficia a los enemigos del pueblo.

(*) Concejal del Frente para la Victoria de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires.
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