Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
OPINIÓN

La creación de las grandes empresas públicas en los años '30

Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/05/03.- La década de 1930, bajo el gobierno del presidente Agustín Pedro Justo, se generaron en Argentina los diferentes organismos del estado reguladores y promotores de la actividad económica para superar la crisis mundial iniciada en Nueva York a fines de 1929, todo lo cual estuvo inserto en una política que, con el correr del tiempo, se calificó en el ámbito mundial como "keynesianismo".

El general Justo, que había asumido en 1932, tras el fracaso de la gestión liberal de su primer ministro de Economía, Alberto Hueyo, un año después designó al frente del Palacio de Hacienda al entonces socialdemócrata Federico Pinedo, junto con Antonio De Tomasso, ministro de Agricultura, una de las dos cabezas del Partido Socialista Independiente (PSI).

Pinedo contaba con el economista Raúl Prebisch como su principal colaborador y éste, a su vez, con el asesoramiento del notable Alejandro Bunge, el autor del concepto de Argentina como "país abanico". Prebisch, precisamente, había estado en Londres en 1933 participando de la Conferencia Económica y Monetaria Mundial y allí se puso al tanto de los trabajos de John Maynard Keynes, luego sistematizados en su "Teoría General" editada en 1936.

Para describir la situación argentina en ese momento nada mejor que leer al propio Bunge: "El país se contraía, habían resultado cortas las medidas, parecía notarse un fuerte descenso del rendimiento de los doce millones de habitantes. Esa renta, mejor dicho, esas entradas, así disminuidas debían soportar las mismas salidas de antes por concepto de los tributos y las deudas. Se estaba achicando, así, rápida y progresivamente, el volumen y la velocidad de los negocios y desapareciendo las utilidades y, por ende, bajando la capacidad la capacidad económica y contributiva de la población".

Con la llegada de Pinedo al Ministerio de Economía en agosto de 1933 se inició una estrategia de largo plazo. Hasta entonces sólo se había atendido al interés de la oligarquía ganadera mediante la firma del Pacto Roca-Runciman el primero de mayo de ese año. Con Pinedo de lanzó el "Plan de acción" que tuvo cuatro áreas de ataque: la política cambiaria, los mercados de bienes, la política monetaria y la política fiscal.

En el primer caso se estableció la Comisión de Control de Cambios, mediante la cual el estado manejó la utilización de las divisas como un mecanismo parancelario de manejo del comercio exterior y de recaudación fiscal al tomar para sí las diferencias entre los tipos comprador y vendedor de las monedas extranjeras en el mercado oficial.

A través del segundo se instalaron diversos organismos transitorios como la Junta Nacional para Combatir la Desocupación o permanentes como la Junta Reguladora de Granos, la Junta Nacional de Carnes, la Junta Nacional del Algodón, la Junta Nacional de la Yerba Mate y muchos otros. Hubo un total de 21 organismos autónomos, 25 no autónomos y otros cinco en el ámbito porteño como la Corporación de Transportes, en todos los casos con participación privada. Muchos de ellos fueron desarticulados durante la reciente gestión menemista de 1989 a 1999.

En materia monetaria se creó en 1935 el Banco Central de la República Argentina (BCRA), cuyo inspirador y primer presidente fue Prebisch. Creación que dio lugar a una dura disputa entre los liberales, aliados a los grandes bancos, que impulsaban un proyecto del economista inglés Otto Niemeyer, y la postura oficial, finalmente triunfante, mucho más intervensionista. El BCRA también absorbió el manejo cambiario a partir de entonces.

La cuestión fiscal también fue novedosa como que se implementó el Impuesto a los Réditos, vieja creación romana del rey Servio Tulio, ignorada en Argentina hasta el Plan de Acción de 1933. Rápidamente dicho impuesto directo reportó el 12,5 por ciento del total de la recaudación fiscal mientras la recaudación aduanera pasó a significar el 29,6, la mitad que poco antes, en tanto los Impuesto Internos treparon al 23,3 y las Contribuciones Territoriales, Patentes y Sellos al 10,7, amén de otros menores.

El impacto que la Conferencia de Londres de 1933 había tenido en Prebisch y en particular el propio Keynes, habían hecho notar su efecto junto con las necesidades emergentes de la propia crisis.

Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones