Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
OPINIÓN

Un decenio perdido para los pueblos autóctonos

Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 11/08/03.- Mientras la Organización de las Naciones Unidas (ONU) desde 1990 (Resolución 45/164 de la Asamblea General), en que declaró a 1993 como "Año Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo", ha venido manifestando su preocupación por la situación de ellas, la realidad de los hechos ha marcado que pese al declaracionismo no se observan mejoras, según lo remarcan ellas desde los diferentes confines del planeta.

Obviamente no resulta igual haber sido minusvalizadas, como en el caso de los lapones escandinavos, y aún perseguidas, como los inúes caucásicos del Japón, en países de altos estándares de desarrollo económico y, aún, con un importante grado de distribucionismo social a pesar de los retrocesos provocados por la globalización, que en los casos de las áreas periféricas donde aún los pueblos aborígenes (ab originis, los que están desde el principio) son perseguidos para quitarles las tierras que aún les quedan.

Transcurrida buena parte de ese 1993 sin que se hubiesen producido hechos favorables para dichos pueblos, la ONU decuplicó su apuesta y por vías de la Resolución 48/163 determinó que a partir del 10 de diciembre de 1994 quedaba instituido el "Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo", lo que fue complementado con la Resolución 49/214 del 23 de diciembre de 1994 que instituyó el "Día Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo" a conmemorarse cada 9 de agosto.

Dicha fecha, curiosamente, no tiene ningún significado relacionado con un reconocimiento o reivindicación de las luchas por la subsistencia de las poblaciones primigenias sino que recuerda la primera reunión, en 1982, del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías de la propia ONU, con el propósito de impulsar políticas en materia de derechos humanos, medio ambiente, salud, educación y desarrollo.

Para este decenio pronto a concluir, ya que está próximo el noveno aniversario de su inicio, se estableció, bajo la conducción del Alto Comisionado de Derechos Humanos, un programa al que se denominó "Las poblaciones indígenas: la colaboración en acción", cuyos resultados, al decir de quienes debieron ser sus beneficiados, como en el caso de la organización andina "Sol de Paz"-Pachakuti (nombre que recuerda al gran estadista inca), "son esclarecedores en cuanto a la escasez de objetivos cumplidos".

Así es como los aborígenes no lograron hasta el presente que la propia ONU introduzca cambios algunos cambios de terminología como, por ejemplo, el más superficial de "poblaciones" por el más enraizado, de "pueblos", cuestión que no pasa por un formalismo lingüístico y a la que se oponen los representantes de Estados Unidos de América, del mismo modo "las propuestas provenientes del mundo indígena son generalmente boicoteadas" por ellos, mientras avanzan otras normativas adversas, se sostiene en Pachakuti.

En este marco, a un año y meses de concluir el decenio, ya se planea en la ONU fijar un segundo decenio para recuperar el tiempo perdido frente a la falta de credibilidad que muestran las naciones aborígenes respecto del organismo, más allá de que no hayan dejado de presentar sus propuestas positivas y sus reclamos como también lo hacen diferentes organizaciones no gubernamentales que las respaldan. Tal el caso de la española Survival International que respalda a grupos de indígenas en problemas.

Estos problemas se plantean en forma permanente en todo el planeta, pero la cuestión de las tierras resulta prioritaria en el caso de América Latina, como sucede actualmente en Paraguay donde grandes ganaderos avanzan sobre el grupo ayoreo-totobiegosode, mediante la apertura de caminos ilegales en medio de la selva, la demarcación de áreas con estacas con amagues de deforestación, mientras y en Brasil donde 12.000 makuxí, wapixana, ingarikó, taurepang y patamona, cuyas tierras están siendo invadidas por mineros y estancieros.

En el hemisferio norte, el Parlamento Sami, donde están representados los lapones de Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia, ha ido avanzando en la estructuración de formas de acción supranacionales entre las poblaciones afincadas en esos cuatro estados y no faltan alternativas por parte de las dirigencias políticas de ellos, como la que habla de una hipótesis de venta por parte de Suecia a Finlandia de la región más septentrional de manera de integrar a esa etnia en menos países.

En Finlandia, precisamente, desde mediados de los años 1970 los primeros cursos de las escuelas de educación básica proporcionan enseñanza en sami. Las primeras disposiciones legales sobre esta lengua para su enseñanza datan de 1983. El sami adquirió el estatus de lengua materna independiente gracias a la ley sobre segunda enseñanza de 1991 y la ley de enseñanza general de 1995. Desde 1983 se lo ha enseñado en los institutos en la asignatura que en Finlandia se conoce como "lengua materna".

Curiosamente hace dos meses, merced a un trabajo cooperativo entre universidades de México y Suecia se dio a conocer un trabajo sobre las similitudes y diferencias entre los lapones, que ocupan su hábitat desde 8.000 años atrás, y los lacandones, los aborígenes de la selva de Chiapas, que constituyen la base del Ejército Zapatista encabezado por el Subcomandante Marcos, también de muchos siglos en la zona, aunque muchos menos que los de aquellos en el Círculo Polar Ártico.

Si bien los samis tienen problemas de rechazo por parte de las etnias hoy dominantes en esos países han pasado a formar parte del mundo desarrollado al punto de que para administrar sus recursos naturales cuentan con computadoras y hasta con helicópteros para el seguimiento y control de sus manadas de renos, en tanto los lacandones, parte de la vieja cultura maya, se mantienen en un atraso milenario en sus selvas tropicales, incluso, en algunos casos, mayor al estadio correspondiente a la llegada de los españoles al lugar cinco siglos atrás.

En realidad los estudios comparativos entre lapones y aborígenes americanos comenzó hacia 1973 en base a los regímenes tradicionales de tenencia de las tierras, donde se combinan las formas de propiedad colectiva y de usufructo individual, pero en lo esencial resultó claro en el estudio que tanto el estado mexicano como el sueco prestan poca atención a sus ciudadanos de esas áreas hoy económicamente deprimidas frente al resto del territorio nacional, a las que "dan la espalda".

Rebanadas de Realidad - Envíenos sus comentarios e informaciones