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OPINIÓN

Yrigoyen-Uriburu: quiebre institucional y cambio de hegemonía

Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 05/09/03.- La del 6 de septiembre de 1930 es una fecha recordada por todos como la correspondiente a la primera fractura del orden constitucional argentino a partir de la institucionalización definitiva del país durante la segunda mitad del siglo anterior. Sin embargo, junto con ese hecho trascendente que fue la impronta para cinco décadas de militares golpistas subyace otro, no menor, poco aclarado, vinculado con la búsqueda de un nuevo alineamiento internacional del país.

Si bien desde los albores de su independencia los Estados Unidos de América habían considerado a los países de lenguas latinas situados al sur de su territorio como lo que luego se definió como "patio trasero", su penetración en la región había tenido fuertes limitaciones. Sólo había hecho pie seriamente en América Central y el Caribe pero su entrada en los principales mercados del extremo meridional del continente, de los cuales resaltaba el argentino, se había visto obstruida por la firme hegemonía económica del Reino Unido.

Este, tras la segunda oleada de la Revolución Industrial en el Siglo XIX se había quedado estancado mientras en EEUU se desarrollaron nuevas formas de producción manufacturera y ramas enteras de una tecnología más sofisticada para la época. Pero con Argentina, como con Uruguay, tenía un problema de muy difícil solución porque si bien podía hacer interesantes ofertas vendedoras en razón de lo que era la economía argentina no tenían que comprar ya que allá también existían enormes excedentes exportables de granos y carnes.

Por ello los sectores oligárquicos locales, decididos a llevar hasta las últimas consecuencias el modelo agroexportador diseñado allá por 1880, esencia misma del atraso y el endeudamiento en que se terminó hundiendo el país, sostenían a rajatabla el alineamiento con el RU. Es que ese país, a pesar de las presiones que recibía de sus colonias de Australia, Canadá y Nueva Zelanda, entre otras, aún tenía capacidad para adquirir, aunque con tendencia declinante, los productos de la Pampa Húmeda.

Los gobiernos argentinos se habían sometido fielmente al esquema del '80 más allá de algunos cambios políticos como la aparición del radicalismo. La administración de Hipólito Yrigoyen de 1916 a 1922 y de 1928 hasta el golpe de 1930 mantuvo un firme alineamiento con el RU y de confrontación con EEUU. No fue ese el caso del modernista Marcelo de Alvear que intentó ir más allá del modelo agroexportador, desarrollar una industria y abrir las puertas a las inversiones manufactureras, pero limitado por conservadores e yrigoyenistas.

Alvear incluso, sobre el filo de su gestión, en la VI Conferencia Panamericana reunida en La Habana en 1928, forzó la renuncia del representante argentino a la misma, Honorio Pueyrredón, cuando éste llevó su confrontación con EEUU más allá de las pautas indicadas pero en línea con la mayor parte de la oposición. Era la época en la que mediante inversiones de ese origen se habían establecido en Argentina decenas de industrias entre las que se pueden mencionar a General Motors, General Electric, Parke-Davis, Colgate-Palmolive.

Con Yrigoyen se volvió a la férrea alineación con el RU. El presidente lo definió de este modo: "La riqueza agraria continuará siendo por mucho tiempo la base de la estabilidad económica". Fue entonces cuando germinó el conocido Pacto Roca-Runciman de 1933 ya que a poco de asumir su segundo mandato Yrigoyen, a instancias del senador Diego Luis Molinari, había iniciado nuevas gestiones con el RU vía el canciller Horacio Oyhanarte quién tuvo como contraparte a Edgard D'Abernon, diplomático del Foreign Office.

Esas conversaciones dieron lugar a un tratado que firmó Yrigoyen y aprobó la Cámara de Diputados, pero se encontraba aún sin ratificación del Senado el 6 de septiembre de 1930 y ahí quedó para siempre en el cajón del sueño de los justos. El general golpista José Félix Uriburu tenía otras ideas y aunque en su gabinete no faltaba un empleado de la Anglo-Persian, otros tres ministros lo eran de compañías petroleras estadounidenses. Enrique Mosconi, naturalmente, dejó YPF camino a su casa.

Esta fue una cuestión de fondo porque si bien Uriburu abrevaba en el falangismo español y el fascismo italiano, se encontró con la crisis financiera mundial iniciada en Nueva York en 1929 que significó el fin de toda ilusión restauradora del imperio victoriano. El RU quería seguir vendiendo carbón a Argentina, las empresas de EEUU querían explotar petróleo en el país y el gobierno de facto se acercó a éstas. Tras la apertura de Alvear, el paso dado por los golpistas del '30 fue irreversible, aunque el RU mantuvo aún su predominio.

Algo interesante fue el ofrecimiento de Uriburu a Lisandro De la Torre, un liberal de izquierda, para sucederlo. Pareció incongruente y aún hoy carente de explicaciones valederas. Sin embargo hay una veta para analizar. El latorrismo, marcadamente enfrentado con la oligarquía invernadora pro RU, simpatizaba con EEUU. No por nada el 24 de septiembre de 1917 Francisco Correa había pedido en el Congreso abandonar la neutralidad en post de la causa aliada porque con el ingreso de EEUU la guerra pasaba a ser una cuestión americana.

El fracaso de su plan corporativo y el rechazo de De la Torre dejó a Uriburu sin sucesión deseada. Una coalición pro RU inspirada en el principio "comprar a quién nos compra" de la Sociedad Rural Argentina (SRA) se hizo cargo del gobierno con el general Agustín Justo. Pero aún Pacto Roca-Runciman mediante el cambio de hegemonía fue dando nuevos pasos. La Ley de Vialidad, de 1932, convalidó la preeminencia del petróleo sobre el carbón y el desplazamiento de tren por el autotransporte, que selló Arturo Frondizi en 1958.

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