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OPINIÓN

Deuda Externa: amortización de Pellegrini y "Arreglo Romero"

Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 08/09/03.- El endeudamiento externo y las cesaciones de pago forman parte de las endemias argentinas. En el primer caso desde los albores de la independencia, con el empréstito famoso de la británica Baring Brothers tomado por la administración rivadaviana; en el segundo a partir de la crisis que el modelo agroexportador de la generación de 1880 ya tuvo a una década de su formalización, cuando Miguel Juárez Celman fuera obligado a renunciar y en su reemplazo asumiera Carlos Pellegrini.

Fue en esa circunstancia cuando la misma Baring, principal agente financiero del estado nacional, estuvo a punto de cerrar sus puertas, de resultas del colapso argentino, mientras diversos exponentes del mundo internacional de las finanzas hasta solicitaban la invasión a nuestro país, destacándose entre ellos el artículo escrito por el marqués de Lorne en la "Deutsche Revue" pidiendo a Alemania la ocupación militar, en términos más o menos coincidentes que los expuestos al gobierno del Reino Unido por las autoridades del entonces Banco de Londres y América del Sur, hoy Lloyd's Bank.

Una invasión que no se concretó por la decidida oposición del entonces canciller del RU, Robert A. Cecil, marqués de Salisbury. Una prueba de los ánimos de cobrar deudas a los tiros existentes por aquellos años la dio la invasión, en 1902, precisamente por parte de Alemania y el RU, más Italia, a Venezuela, frenada, y no casualmente, por la fuerte presión que el gobierno argentino hiciera ante la administración estadounidense de Theodore Roosevelt quién, a su vez, obligó al retiro de las tropas europeas que ya habían ocupado varios puertos de esa nación caribeña. Una circunstancia que dio lugar a la famosa doctrina del canciller argentino Luis María Drago según la cual no es lícito cobrar deudas por la fuerza.

Mientras el gobierno de Pellegrini, surgido de la crisis de 1890, trataba de ordenar las finanzas y afrontar la crisis externa, el 24 de julio de 1891, el gerente de la sucursal Buenos Aires del Banco de Londres, de apellido Pritchard, planteó a James Ferguson, subsecretario del Foreign Office, en Londres, las pretensiones de los inversores del RU en Argentina. "La condición del país es tal que sólo la intervención de otras potencias puede determinar un buen gobierno y, lo más efectivo de todo, sería que, de acuerdo con otras, alguna potencia interviniera y estableciera un gobierno provisional. Ninguna está interesada como Gran Bretaña, pues los súbditos británicos tienen invertidos 200 millones de libras en el país", señaló el reclamo donde, además, se sugirió hacer participar de la operación militar a Estados Unidos de América.

Todo ello tenía una explicación. Pellegrini, acuciado por los problemas de las finanzas públicas había aplicado impuestos especiales sobre los depósitos constituidos en los bancos extranjeros y sobre los dividendos de éstos. Algo acorde con los reclamos sociales según surge de los informes de junio de 1891 de dos funcionarios de la embajada del RU como Pakenham y Hervet. Este último, agregado comercial, llegó a poner en duda que pudiese permanecer en Argentina a raíz de los sentimientos antibritánicos que incluyeron manifestaciones violentas frente al propio Banco de Londres. Los ahorristas, en tanto, retiraban sus depósitos de las entidades financieras de ese origen, provocando una fuerte corrida.

Ante el rechazo de la invasión por parte de lord Salisbury, la empresa "Morton, Rose & Co" propuso una alternativa menos violenta. Visionariamente se anticipó al actual Fondo Monetario Internacional (FMI) y pidió la instalación en Buenos Aires de un representante permanente del gobierno de Su Majestad cuya misión fuese controlar la economía argentina y orientar al gobierno del país sobre las políticas a implementar. Algo que tampoco aceptó el titular del Foreign Office a pesar de las muchas presiones de los grupos económicos con intereses en esta orilla del Río de la Plata, incluso a pesar de opiniones como la vertida por la revista "The Bankers Magazine" el 20 de junio de 1891: "Hoy día existen en Buenos Aires docenas de hombres que son públicamente acusados de malas prácticas, que en cualquier país civilizado serían rápidamente penados con la cárcel, y todavía ninguno de ellos ha sido llevado a la Justicia. En la actualidad hay muchos ocupando prominentes posiciones en el Parlamento, que estuvieron implicados en las transacciones que condujeron a la revuelta de julio" (de 1890).

Claro que no todos los acreedores participaban de los mismos criterios. Por ejemplo el barón de Rothschild fue de los partidarios de un acuerdo aún contra algunas posturas del propio Banco de Inglaterra que sostenía una línea cobradora más dura. Fue así que en enero de 1891 ya Rothschild, con un grupo de acreedores que había impuesto su criterio a dicho banco, firmó un acuerdo con el gobierno argentino por el que se otorgó al país un empréstito de consolidación y un período de gracia para el pago de deudas por espacio de tres años sin compromisos de adoptar políticas determinadas. Claro que Pellegrini, para afrontar la crisis ya había adoptado medidas. Por ejemplo, una de ellas, fue solicitar a los bancos extranjeros un aporte especial por 50 millones de pesos que, transformados en oro, sirvieron para amortizar parte del capital adeudado a la Baring. Una alternativa que algunos hoy exploran frente a la actual crisis financiera de la Nación.

Claro que muchos no vieron ese acuerdo de buen agrado. Así lo relató el "Buenos Aires Standard" el 5 de junio de 1891: "Los banqueros y millonarios de Londres no pueden tener idea de los amargos sentimientos engendrados por el infortunado préstamo "Moratoribus-Rothschild". Aparentemente imaginaban estar haciendo un gran favor a Argentina al impedir la bancarrota financiera de Baring Brothers. Pero todo el negocio se ve aquí desde una perspectiva muy diferente. Las banderas inglesas en la Plaza Victoria fueron desgarradas por argentinos bien trajeados y la reciente corrida para retirar fondos del Banco de Londres fue celebrada y aplaudida en muchos círculos que anteriormente nunca nos habían demostrado ninguna mala voluntad".

Pero el gran arreglo se logró 110 años atrás, cuando el presidente Luis Sáenz Peña retomó la negociación con los acreedores. Allí fue decisiva la intervención del ministro de Hacienda, Juan José Romero, quien impuso que Argentina pagase de acuerdo con su posibilidad real de pago, sin caer en nuevos endeudamientos. El 3 de julio de 1893 Romero, mediante un nuevo acuerdo con Rothschild en Londres obtuvo una reducción de los intereses de un tercio durante un lustro. Se pactó que en ese período se debían girar al Banco de Inglaterra 1.565.000 libras y que el mismo se encargara de ir pagando a los tenedores de bonos argentinos. Fue el llamado "Arreglo Romero".

Dicho arreglo, pactado en forma directa con los acreedores, también resolvió la cuestión de las deudas provinciales que fueron asumidas por la Nación al tiempo que se eliminaron las garantías reales que habían sido otorgadas oportunamente. Para Romero, según instrucciones a los negociadores, debía descartarse tomar nuevas deudas para pagar las anteriores porque ello lleva, necesariamente, a un callejón sin salida.

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