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OPINIÓN

Pan dulce-historia: de la antigüedad a una fabrica recuperada

Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 26/12/03.-En el porteño barrio de Chacarita una fábrica de productos panaderiles, "Grissinopoli" (la ciudad del grisín), quebrada bajo la administración de sus propietarios fue cerrada y luego recuperada por sus trabajadores. Es uno de los casos, al presente viables, de la autogestión obrera. Un punto de arranque para una historia navideña.

Una historia de luchas amargas y de productos dulces. Una historia plagada de imágenes italianas en un país donde más de la mitad de sus pobladores tenemos antepasados en la bota del Mediterráneo.

El grisín es una masa italiana y polis era la típica terminación dada por los helenos a muchas de sus ciudades, incluyendo las de la Magna Grecia, en Italia, como Nápoles (ciudad nueva), aunque el palito en cuestión pareciera ser de la región centro norte y no del sur.

En esa "Ciudad del grisín" el 27 de octubre, unos dos meses atrás, el filósofo italiano Toni Negri dio su primera exposición en Argentina reproducida por la revista "Global en español" en su lanzamiento. Y ese día los centenares de asistentes compraron a dos pesos (u$s 0,67) un buen pan dulce allí elaborado; curiosamente un producto incorporado a la línea de fabricación por los trabajadores autogestionarios.

Y el pan dulce, tan propio de las fiestas de fin de año, es también de origen italiano, al parecer milanés. Todo en un marco de suma de curiosidades porque el nombre original, mantenido en el idioma del Dante, es pannetone, que significa "pan de Toni", obviamente no por el filósofo veneciano. Claro que nadie comentó ese día que mientras hablaba Negri se ofrecía la venta de pan dulce.

Si bien la historia del pan es tan vieja como la de la organización humana su producción industrial se ubica hacia los tiempos clásicos. Los griegos fueron tradicionales panaderos y eran ellos los propietarios de la mayor parte de las 329 fábricas de ese producto registradas en Roma durante el censo encargado por Cayo Octaviano Augusto casi en el arranque de nuestra era.

Pero, al parecer, el pannetone surgió en Milán bajo el entusiasmo por el producto del gran duque Ludovico Sforza, "Il moro", en la segunda mitad del Siglo XV. De acuerdo con lo que se cuenta el dux comió ese pan, junto con Leonardo da Vinci, en una boda en la cual un tal Toni, que tenía una panadería, era el padre de la novia.

De ahí en más el "pan de Toni" se expandió por toda la península y al resto de Europa. Los procesos de emigración italiana llevaron la costumbre al resto del planeta, sobre todo a Estados Unidos de América, Canadá, Brasil, Argentina y Uruguay, principales destinos de la misma. Hoy el pan dulce constituye para Italia otro bien para exportar inteligencia agregada, que no sólo va en los softwares, como lo muestra un grupo de trabajadores que hace funcionar una fábrica quebrada.

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