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OPINIÓN

Hace medio siglo los países ricos practicaron el salvataje de Alemania al condonarle la mayor parte de sus deudas

Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 07/08/03.- Medio siglo atrás el capitalismo se encontraba en una fase de pleno desarrollo de carácter industrial, con características socialmente integradoras en dirección, en los países centrales, a la conformación del llamado "estado de bienestar", como lo denominó el economista indio William Beveridge, quién ocupó cargos relevantes en el gobierno del Reino Unido en los tiempos de auge del "keynesianismo".

Eran los tiempos es que se buscaba un equilibrio de poderes internacionales mediante mecanismos de consenso, como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y de cooperación vinculados a aquella, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), más conocido como Banco Mundial, surgidos de los acuerdos de Bretton Woods sobre las propuestas del propio John Maynard Keynes.

Dentro de ese marco, el 27 de febrero de 1953 se firmó en Londres el "Acuerdo sobre la deuda externa alemana", mediante el cual se realizó el salvataje de la República Federal de Alemania por parte de 26 países, entre los que se encontraban Estados Unidos de América, Reino Unido, Francia, Canadá, Suiza, Países Bajos, Suecia, Bélgica e Italia, y por el cual se canceló buena parte de los pasivos, se bajaron los intereses y se difirieron los pagos.

Las negociaciones para llegar a dicho acuerdo se prolongaron durante aproximadamente un año y fueron promovidas por el gobierno estadounidense, por entonces encabezado por un presidente republicano, el general Dwight Einsenhower, con el propósito de sanear la economía alemana, dar estabilidad política al país y encontrar una salida razonable para acreedores y deudores respecto de una masa global de alrededor de 45.000 millones de marcos.

Ese pasivo incluía las deudas alemanas arrastradas desde la Primera Guerra Mundial (PGM) más las que se acumularon a partir de la Segunda Guerra Mundial (SGM), que incluyeron los préstamos otorgados por los propios Estados Unidos en 1948 como parte de lo que se conoció como Plan Marshall, a todo lo cual debían sumarse los montos correspondientes a los intereses que tampoco habían sido saldados oportunamente.

Alemania, gracias a dicha renegociación, tuvo una quita del 50 por ciento; dejó de pagar sus compromisos a lo largo de un período de gracia de cinco años, es decir hasta 1958; las tasas de Interés se fijaron, según diferentes tramos en el 2,5 y el 4,5 y el 5,0 por ciento anual; también se determinaron topes anuales para los futuros pagos; se acordó que el dinero debía salir del superávit del comercio exterior; y se liberaron los mercados a los productos exportables por dicho país.

Los países occidentales ganadores de la SGM entendieron en esa ocasión el error de la política seguida en los acuerdos de paz de Versailles al finalizar la PGM, en los que campearon las reparaciones económicas, que como lo advirtiera al fijarse las mismas el propio lord Keynes, imposibilitaron la estabilidad política de la República de Weimar, lo que, a la postre permitió el ascenso al poder en Alemania del nazismo liderado por Adolph Hitler.

Al abrirse las negociaciones de Londres en 1952 Alemania a sus deudas con la banca privada, sumaba las conocidas como Dawes y Young (mecanismos de apoyo dados al gobierno de Weimar por EEUU para afrontar las reparaciones en el período de entreguerras), todo lo cual habia caído en default a partir de la designación de Hitler como canciller en 1933, y los nuevos préstamos obtenidos tras la finalización de la SGM.

El acuerdo de Londres fue una continuidad de una condonación parcial ya otorgada por EEUU, el RU y Francia en 1951, en la que se tuvo en cuenta el daño sufrido por Alemania durante el reciente conflicto bélico que golpeó severamente su economía al desmantelar buena parte de su industria, sometida a los bombardeos aliados sufridos en su territorio durante los dos últimos años de la contienda previos a la rendición en 1945.

De los casi 45.000 millones de marcos adeudados se incluyeron en las negociaciones 13.600 millones correspondientes a los pasivos previos a la SGM y 16.200 millones a los asumidos después de la misma, por lo que casi las tres cuartas partes del total quedaron involucrados en la refinanciación, mientras que los 14.600 millones restantes, correspondientes al interés compuesto acumulado por el default a partir de 1934, fueron condonados de antemano.

Pero, adicionalmente, como resultado del acuerdo final, de los 29.800 millones remanentes se estableció una quita adicional de algo más de la mitad, fijándose, finalmente, como cifra total a ser resarcida por Alemana la de 14.450 millones, de la cual 2.500 millones estaban exentos de intereses, 5.500 millones los tenían al 2,5 por ciento anual y el resto del 4,5 y el 5,0 por ciento, eliminándose todo anatosismo sobre eventuales intereses no cancelables en el tiempo previsto.

Durante el quinquenio 1953-1958, gracias al tratado de marras sólo debió pagar 567.200 marcos anuales en concepto de intereses y nada como amortización de capitales, fijándose a partir de 1958, y hasta 1978, una cuota anual, por todo concepto, de 765 millones de marcos, pero con la salvedad de que éstos nunca debieran surgir de reservas sino del 5,0 por ciento del valor de las exportaciones alemanas, cifra que tampoco se alcanzó en la práctica.

A pesar de que lo previsto ya en el primer año de acuerdo sólo hubieran sido del 3,35 por ciento de las exportaciones alemanas, en el período un tope del 4,2 y de que hacia 1970 menos del 1,0, la realidad es que los gobiernos del canciller Konrad Adenauer y su ministro de economía y futuro sucesor, Ludwig Erhardt, ante el auge experimentado por el país decidieron acelerar las amortizaciones y así sanearon todo con más de una década de anticipación.

Si bien el acuerdo de 1953 resulta paradigmático en cuanto a una solución razonable de la deuda, no fue el único. En 1971 se practicó un salvataje a Indonesia, otro para Polonia en los 1980, en 1991 para Egipto y después a Pakistán. Como contrapartida, en los mismos '80 los banqueros acreedores de América Latina se rasgaron las vestiduras cuando el presidente peruano Alan García fijó un tope del 10 por ciento de las exportaciones para el pago de deudas.

La deuda de América Latina ronda hoy los 750.000 millones de dólares estadounidenses, de los cuales la quinta parte corresponde a Argentina, aproximadamente lo mismo que México, mientras que Brasil está cerca del tercio, repartiéndose el resto entre el conjunto de los otros estados de la región, que si bien tienen pasivos mucho menores no son menos graves medidos en relación con la dimensión de sus respectivas economías.

De acuerdo con estudios de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en el pasado 2002 la región tuvo una salida neta de recursos por vía de la deuda de 39.000 millones de dólares, siendo los casos más graves los de Argentina (que agravo su pasivo en 2001 en 55.000 millones con el Megacanje) y Venezuela por lo que economistas como el austríaco Kunibert Raffer piden la constitución de un Tribunal Internacional de Arbitraje para la Deuda Soberana.

Es que, según diferentes trabajos, como el del economista mexicano Roger Aguilar Salazar, si se practicara la cancelación gratuita, sin tipo alguno de compensaciones, del total de la deuda externa del tercer mundo sólo representaría una pérdida del cinco por ciento del total de las carteras del sector financiero acreedor, aunque al respecto se consigna que, amén de cualquier quita, parcial o total, se hace necesario un nuevo tratamiento comercial para estos países.

Lo acordado para Alemania en 1953 también es clave en la materia, como que ese país pudo pasar de un superávit comercial de 708 millones de dólares en 1952 a 18.372 millones en 1968, cuando concluyó con los pagos, a pesar de que los servicios pautados en Londres, para ese período, se mantuvieron fijos en 567 millones hasta 1958 y en 565 millones de ahí en mas, aunque en ese caso haya que recordar la existencia de su producción de alto valor agregado.

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