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Bonos, bonoleros y otros "negocios". Experiencias argentinas pasadas

Por Fernando Del Corro
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/04/05.- La historia argentinas nos muestra dos antecedentes de negociaciones de la deuda externa con los tenedores de bonos, los que se remontan a los tiempos de Juan Manuel de Rosas como gobernador de la Provincia de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, el primero; y a la presidencia de la Nación a cargo de Carlos Pellegrini tras la crisis de 1890.

En ambos casos las negociaciones estuvieron relacionadas con los títulos de la deuda con la Baring Brothers contratada por Bernardino Rivadavia en 1824, y cuyos catastróficos resultados fueron que al cabo de ocho décadas, en 1904, cuando se concluyó de pagar, se entregaron, en valores equivalentes, 38 toneladas de oro contra 4,5 toneladas recibidas en letras comerciales.

El caso es que los papeles, como siempre sucede, fueron a parar a manos de diferentes inversores, una vez que la Baring había hecho todo el negocio de la colocación. Tales propietarios en Buenos Aires -que era donde pasaban todas estas cosas- eran conocidos como "bonoleros", un lunfardismo financiero local creado a partir de la palabra inglesa "bondholders", que quiere decir, precisamente, "tenedores de bonos".

La cuestión es que el gobierno bonaerense iba pagando con sus ingresos aduaneros. La gestión de Rosas a partir de 1835 había sido bastante puntillosa en la materia hasta que se desató el bloqueo anglo-francés (1845-1850) que obstruyó el comercio argentino con el exterior y provocó dificultades a la hacienda provincial que se apoyaba, principalmente, en los aranceles de importación y exportación, en este caso ligados a la creciente producción lanar..

Así las finanzas públicas se vieron en problemas al punto de que se eliminaron importantes partidas del presupuesto. Para cubrir el déficit se emitieron 109.980.855 pesos sin respaldo, lo que no produjo desajustes de precios a raíz de la fortaleza política del sistema. Frente a la circunstancia Rosas suspendió los pagos a los "bonoleros", los que pronto comenzaron a reclamar por sus intereses. La negociación con los mismos fue clara. Se les iba a pagar pero para ello el país necesitaba normalizar su economía lo que no podía concretarse si Francia y Gran Bretaña no cesaban con su agresión a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El resultado fue que los "bonoleros" unieron sus protestas en coincidencia con el gobierno argentino ante las autoridades de Londres y París convirtiéndose en un factor de peso a la hora de llegar a los acuerdos finales. Así Felipe Arana, ministro de Rosas y canciller de la Confederación pudo suscribir con las coronas de ambas naciones europeas convenios que pusieron fin al conflicto.

Fue, entonces, importante la intervención de los "bonoleros" para que el 24 de noviembre de 1849 se haya firmado el Tratado Southern-Arana, con Gran Bretaña, por el que se estableció que las potencias europeas debían retirar sus tropas del Río de la Plata; reconocer la soberanía argentina sobre los ríos interiores; y devolvieran a Buenos Aires la Isla Martín García, tomada por aquellas durante el enfrentamiento armado.

Dicho acuerdo fue ratificado por Francia mediante el Tratado Le Predour-Arana, firmado el 31 de agosto de 1850 en el que se establecieron estipulaciones iguales.

Estos "bonoleros" europeos se adelantaron a darle la razón, en los hechos, a John Maynard Keynes casi un siglo antes de que éste publicara sus ideas una de las cuales se refiere a la relación banquero-deudor. Según el viejo lord economista, hablando en valores de su época no comparables con los actuales, cuando una persona le debe mil libras esterlinas a un banco y no le puede pagar, está en problemas, pero cuando debe un millón y no paga, el que está en problemas es el banquero.

El segundo caso fue tras la "Revolución del 90", una versión decimonónica del "cacerolazo" contra Fernando De la Rúa en el 2001. Las privatizaciones y el endeudamiento habían sido las bases de la "modernización" de Miguel Juárez Celman. La Baring Brothers, que era el agente financiero del gobierno argentino se declaró en quiebra cuando éste dejó de pagar. Algunos financistas de peso, como el marqués de Lorna, pidieron la intervención militar en el Río de la Plata (luego lo hicieron en 1902 por igual motivo en Venezuela). La sucursal del Lloyd's Bank en Buenos Aires solicitó al gobierno del Reino Unido que asumiera la administración de este territorio porque los argentinos somos incapaces para ello.

La solución no fue fácil y los arreglos recién se concretaron definitivamente con el presidente Luis Sáenz Peña y su ministro de Hacienda, Juan José Romero, en 1893, pero la patada inicial para una solución llegó, otra vez, de manos de los tenedores de bonos, en este caso liderados por el barón de Rothstchild, que tomaron en sus manos la negociación, constituyeron una "comisión de notables" y lograron que se llegara a un acuerdo con la Argentina, en tanto el Banco de Inglaterra se encargó del salvataje de la Baring Brothers.

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