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ARGENTINA

Illia-Destitución: Hace 40 años echado a gases lacrimógenos de su despacho

Por Fernando Del Corro
Arturo Umberto Illia

Rebanadas de Realidad - Télam, Buenos Aires, 28/06/06.- Fue el golpe más incruento de la historia argentina. Era de noche, el general Julio Alsogaray entró al despacho presidencial y le comunicó al entonces primer magistrado Arturo Umberto Illia, que estaba destituido por lo que debía abandonar la Casa Rosada. Illia le respondió con términos severos, pero poco después los efectos del gas lacrimógeno que le arrojaran lo obligaron a cumplir la voluntad de los golpistas. Salió a la calle, y mientras un grupo de partidarios lo vitoreaba, paró un taxi y se fue a su domicilio.

Fue la hija de Illia la que con más ímpetu enfrentó a Julio Alsogaray. No dejó de gritarle "hijo de puta" al hermano del ínclito varias veces ministro de Economía, Alvaro Alsogaray, como representante del sector más antipopular de la sociedad argentina. Por esas ironías de la vida, el hijo de Julio Alsogaray, guerrillero, fue detenido y asesinado, años después, por los militares procesistas.

El 28 de junio de 1966 concluyó otro de los breves ciclos institucionales que registra la Argentina. Se había iniciado el 12 de octubre de 1963 y sólo fue superado en brevedad por el segundo gobierno de Hipólito Irigoyen entre el 12 de octubre de 1928 y el 6 de septiembre de 1930. En este caso algo menos incruento, ya que se registró la muerte de un civil que se tiroteó con los cadetes de la Escuela Militar, liderados por el general José Félix Uriburu, al paso de éstos por la zona del Congreso.

Illia, un radical nacido en Pergamino (Buenos Aires), pero políticamente cordobés de Cruz del Eje, llegó al gobierno con una escuálida votación de poco mas del 20 por ciento y fue ungido presidente gracias al respaldo en el Colegio Electoral de la Federación Nacional de Partidos de Centro (conservadores), el Partido Socialista Democrático (ghioldista), la Confederación de Partidos del Interior (bloquistas y otros) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Todo ello era el resultado de la proscripción del peronismo desde fines de 1955 cuando mediante un golpe palaciego Pedro Eugenio Aramburu desplazo a Eduardo Lonardi, cabeza del derrocamiento del propio Juan Domingo Perón en septiembre de ese año. Este desde su exilio seguía contando con el respaldo mayoritario y así en las elecciones para la reformar la Constitución en 1957 el voto en blanco salió primero delante de las dos fracciones en que se había dividido el radicalismo. Del mismo modo en 1958 se había impuesto como presidente Arturo Frondizi, apoyado por Perón tras el pacto celebrado entre ambos a través de Ramón Prieto.

Tras ser echado Frondizi por otro golpe en 1962, el gobierno de facto del civil José Maria Guido convocó a elecciones pero sin el peronismo. Incluso se proscribieron a los peronistas como personas, tal el caso del neurocirujano Raúl H. Matera que había sido postulado por el PDC en compañía de Horacio Jorge Sueldo quién finalmente fue el candidato socialcristiano. En ese marco Illia venció por no mucha diferencia al intransigente Oscar Eduardo Alende y por algo más al general Aramburu.

Illia como Perón diez años mas tarde tenía toda la legalidad de su lado pero, en su caso, también la ilegitimidad de origen. Algo que no fue capaz de resolver apelando a políticas más amplias. Así no accedió a dar cargos en el parlamento a los legisladores ligados al peronismo que habían llegado mediante artificiales partidos provinciales y prontamente designó al frente del Ministerio de Trabajo a Fernando Sola, un compueblano de Pergamino que desde allí mantuvo una dura confrontación con la dirigencia sindical justicialista.

Si bien posteriormente legalizó electoralmente al peronismo para las elecciones legislativas de 1965 y fue presentado como un paradigma de las libertades publicas, lo cierto es que se apeló a mecanismos judiciales para encarcelar a sus opositores. Entre sus presos peronistas estuvo Envar El Kadri, luego fundador de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), y llegó a tener detenidos simultáneamente a unos 700 comunistas. Los comunistas, que en esa época constituían una fuerza significativa como que lideraban varios sindicatos, por otra parte, estuvieron proscriptos electoralmente durante toda su gestión.

Su intento de diluir el poder sindical peronista, como casi dos décadas después procurara, también vanamente, su correligionario Raúl Alfonsín, debilitaron su gobierno y pusieron a la cúpula cegetista del lado de los golpistas. Tras su destitución, al asumir como presidente de facto el general Juan Carlos Onganía, éste contó a su lado en el palco con José Alonso, secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) y con Augusto Timoteo Vandor, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica de la República Argentina (UOM) y de las "62 Organizaciones Sindicales Peronistas".

Las elecciones parlamentarias de 1965 habían sido un duro golpe para la Unión Cívica Radical (UCR) ya que hasta fue derrotada en la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires por una lista peronista encabezada por el dirigente sindical metalúrgico y presidente del club Nueva Chicago, Narciso Paulino Niembro, padre del actual periodista deportivo Fernando Niembro. Illia, que acostumbraba ir a tomar sol a la Plaza de Mayo, se encontró un día en que la misma había sido sembrada de quelonios con el apellido del presidente sobre sus corazas. La dirigencia sindical, autora de ello, logró que se popularizara para el jefe del estado el apelativo de "La tortuga".

Su pelea con el peronismo también había subido de tono cuando, con el apoyo de la dictadura brasileña del mariscal Humberto Castello Branco impidió el primer "Operativo Retorno" de Perón, bajado en el aeropuerto de "El Galeno", en Río de Janeiro, del avión que lo traía de España adonde se lo remitió de regreso.

Por eso los meses finales fueron de clara confrontación con el peronismo. El Plan de Lucha cegetista devino en grandes actos y tres marchas terminaron con otros tantos muertos, uno en cada una, baleados por la policía: Mussi y Retamar, peronistas, y Méndez, comunista.

Asimismo se había terminado de malquistar con la izquierda cuando decidió enviar tropas a Santo Domingo en apoyo de la invasión estadounidense contra el gobierno del coronel nacionalista Francisco Camaño. Algo de lo que luego se volvió atrás como consecuencia de grandes manifestaciones callejeras que dejaron varios muertos en el camino.

Pero también se había generado enemigos a su derecha. Aunque la situación económica mostraba signos positivos como consecuencia de una situación favorable para las tradicionales commodities exportables, algunas medidas fueron los detonantes. Una la de la anulación de los contratos petroleros firmados por Arturo Frondizi. Otra fue la Ley de Medicamentos impulsada por el ministro Arturo Oñativia, por la que se puso de punta con los laboratorios extranjeros los cuales, según se afirmó entonces, habían sido los principales instigadores del golpe.

Este, a todas luces, había quedado anticipado el 29 de mayo con motivo de la conmemoración del "Día del Ejército". En esa oportunidad el entonces comandante en jefe del arma, general Pascual Pistarini, agravió al gobierno mientras Illia lo escuchó impasible y no le respondió. Fue la rubricación golpista, strictu sensu, en el viejo sentido romano: de rubrus (rojo), escribir en ese color acotaciones interpretativas en los márgenes de los textos acerca del contenido de los mismos.

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