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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA

II Guerra del Pacífico: no sólo Bolivia y Perú perdieron tierras; también lo sufrió la Argentina

Por Fernando Del Corro

Rebanadas de Realidad - Portal de Noticias del Mercosur, Buenos Aires, 25/07/07.- Mientras entre Bolivia y Chile, por primera vez en casi trece décadas, desde la Segunda Guerra del Pacífico, ambos países comenzaron un diálogo destinado a resolver sus diferencias y a encontrar una salida al mar para el país que lleva el nombre del libertador Simón Bolívar, pocos, aún en la Argentina, saben que este país también perdió territorios de resultas de la misma.

En esa guerra que condenó a Bolivia a la mediterraneidad y a Perú a perder territorios y ver destruido su potencial naval, a manos del expansionismo chileno de entonces, la Argentina debió renunciar a la rica provincia de Tarija a cambio de la devolución de 60.000 kilómetros cuadrados de puna de los 80.000 que originalmente había canjeado por la referida Tarija.

El 25 de septiembre de 1873 se concretó uno de los hechos menos conocidos de la historia argentina. Con la firma del presidente Domingo Faustino Sarmiento y su canciller Carlos Tejedor, el Congreso de la Nación recibió un tratado firmado por los ejecutivos de los tres países de carácter defensivo, teniendo en cuenta las agresiones chilenas en su frontera norte contra Bolivia y el encargo de dos acorazados por parte del gobierno de ese país en astilleros británicos lo que iba a dar a la nación trasandina una clara superioridad naval en la región.

Ante el pedido de Sarmiento de que el tema se tratara con urgencia, la Cámara de Diputados lo hizo al día siguiente. En esa ocasión el presidente, en sesión secreta, expuso sobre la necesidad de ratificar el acuerdo, lo que contó con respaldos como los de los destacados legisladores Rufino de Elizalde y Dardo Rocha. El resultado fue favorable por 48 a 18 y se amplió a 65 a 1 cuando a propuesta del mismo Rocha, luego fundador de la ciudad de La Plata, se votaron los créditos de guerra.

Pero la aprobación del tratado, que hubiera cambiado la historia de cada uno de estos cuatro países y del conjunto de la región, quedó paralizada en el Senado que nunca lo trató. La media sanción de los diputados llegó a la cámara alta el 28 pero el senador correntino Juan Torrent se opuso a la consideración sobre tablas y se convocó a una sesión para el 30. Ese día hubo otros tres senadores que pidieron más tiempo para su estudio. Era el último día de sesiones ordinarias, que en esa época eran de sólo seis meses.

El Ejecutivo lo incluyó en las extraordinarias, pero el 9 de octubre el cuerpo decidió abocarse el primero de mayo de 1874, al inaugurarse el nuevo período ordinario, medio año después. La maniobra ya era evidente. En tanto el gobierno boliviano zigzagueaba permanentemente respecto de la posición a asumir sobre los territorios en disputa, lo que motivaba el disgusto de las cancillerías de Perú y Argentina.

Durante un lustro la situación se fue agravando. Los negocios británicos en la región alentaron el expansionismo chileno. El gobierno boliviano, con sus idas y vueltas, dificultaba las relaciones con sus aliados naturales y Perú perdía, ante la incorporación de los dos acorazados a la flota chilena, la superioridad naval. La oligarquía argentina, en tanto, dio prioridad al saqueo de las tierras de los aborígenes en una operación donde 300 terratenientes se hicieron de un promedio de 32.000 hectáreas cada uno mediante la grotescamente llamada “Ocupación del desierto”.

El 14 de febrero de 1879, finalmente, Chile inició la guerra desembarcando tropas en Antofagasta y desató la Segunda Guerra del Pacífico. Perú, que se vio arrastrado a la contienda, intentó reflotar la alianza con la Argentina. Uno de los mediadores argentinos, el luego presidente José Evaristo Uriburu. Señaló que a pesar de que “nos conviene estar presentes en esta contienda”, la aprobación parlamentaria de la participación en el conflicto resultaba “imposible por ahora”. Entendiéndolo así, otro futuro presidente, Roque Sáenz Peña, se alistó como teniente coronel en el ejército peruano y fue herido en la célebre defensa de Arica, después de haber conducido a sus hombres a la victoria en Tarapacá.

Pero la derrota de Bolivia y Perú no sólo produjo pérdidas territoriales a ambos a favor de Chile. También Argentina en vio envuelta en ellas y a la postre perdió 20.000 kilómetros de territorio, un poco menos al equivalente a la provincia de Tucumán.

Es que Simón Bolívar había resuelto, con el objeto de dar salida al mar al antiguo Alto Perú, canjear las provincias de Atacama, de las Provincias Unidas del Río de la Plata para la recién creada Bolivia, la que debía entregar Tarija a las primeras. Aprovechando la guerra argentino-brasileña de 1826 el gobierno de La Paz declaró suya también a Tarija y no hubo respuesta de Buenos Aires. Tampoco se interesó por ella Juan Manuel de Rosas cuando el oriental Manuel Oribe le ofreció recuperarla en 1842.

Sin embargo los reclamos permanecían latentes. La guerra había hecho perder a Bolivia los 80.000 kilómetros de la puna de Atacama que Argentina había cedido décadas atrás sin recibir la compensación de Tarija. Hacia fin de siglo se volvió a presionar sobre Chile y Bolivia y en 1899, durante la segunda presidencia del general Julio Argentino Roca, por un laudo del embajador estadounidense en Buenos Aires, W. J. Buchanam, se resolvió que del territorio de Atacama, los vencedores chilenos debían quedarse con 20.000 kilómetros, perdidos, en suma, por la Argentina, mientras a este país se le restituyeron los 60.000 restantes y Tarija quedó, definitivamente, para Bolivia.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del Portal de Noticias del Mercosur. / Web

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