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OPINIÓN

Aniversario: la deuda odiosa, de hecho, estuvo implícita en la derrota colonialista en Ayacucho

Por Fernando Del Corro (*)

Rebanadas de Realidad - Portal Mercosurnoticias, Buenos Aires, 09/12/07.- Es bien conocido por los tratadistas del derecho público internacional y por los historiadores económicos que la llamada "deuda odiosa", como concepto jurídicamente explicitado, surgió del Tratado de París firmado el 10 de diciembre de 1898 mediante el cual la nueva potencia mundial hegemónica, los Estados Unidos de América, obligaron a la rendición de España tras tres años de guerra, inicialmente por Cuba, pero que se extendió a Filipinas y Puerto Rico.

Sin embargo, esa misma teoría que hoy, nuevamente, EUA utilizó en Irak para no pagar las deudas con los acreedores europeos, quedó implícita en la relación entre los nuevos estados de habla castellana de América y la antigua metrópoli con la firma de la rendición española tras la batalla de Ayacucho ante el mariscal Antonio José de Sucre 74 años y un día antes.

El representante español que firmó el Tratado de París, Eugenio Montero Ríos, pretendió en aquella circunstancia que las ex colonias, al separarse de la metrópoli, se hicieran cargo de los pasivos que habían sido generadas en ellas por la segunda. Fue allí que se decidió que las deudas impuestas a los pueblos "sin su consentimiento" y, más aún, con el agravante de haberlas asumido mediante "el uso de la fuerza" son ilegítimas y no podrán ser reclamadas "en ningún sentido, ni moral ni jurídicamente".

Un hecho novedoso, sin embargo, no debidamente valorado, es la cláusula impuesta por Sucre al general ibérico José Canterac donde, sin acuñar el concepto de "deuda odiosa", el criterio quedó expuesto en el punto octavo del acuerdo suscripto en los campos de la Quinua (tradicional cereal de los pueblos andinos con muy buenos rindes en las alturas) por los jefes de los dos ejércitos que dieron la batalla final por la liberación de América del Sur el 9 de diciembre de 1824. Batalla en la que otro elemento por la mayoría ignorado es que en ella participaron las tropas del gran patriota rioplatense y suramericano que fue José Gervasio de Artigas, a la sazón ya exiliado en Paraguay con toda su gente, conformada, en buena medida, por muchos morenos y charrúas.

Al tratarse el punto de los pasivos públicos, octava cuestión en disputa, solicitó Canterac que se fijara que "El Estado del Perú reconocerá la deuda contraída hasta hoy por la hacienda del gobierno español en el territorio". Los términos del acuerdo, establecidos por el mariscal Sucre determinaron que "El Congreso del Perú resolverá sobre este artículo lo que convenga a los intereses de la república".

Criterio que debieran adoptar los gobernantes de la región donde el burócrata de ocasión, encargado de esas negociaciones, vinieron acordando, por lo común, durante las pasadas décadas, a favor del imperio de turno, como que cada argentino, cuando nace en estos días, recibe del obstetra, junto con las palmaditas en la cola, una pesada mochila de la que, si pretende descargarse, debe abonar varios miles de dólares estadounidenses; los uruguayos un poco menos y los chilenos otro poco menos.

Lo que se dijeron Sucre y Canterac no está registrado, pero no debe haber sido muy diferente a aquel debate de París cuando Montero Ríos pidió por los 1.500 millones de pesetas que era la deuda cubana su contraparte estadounidense, William Day, le espetó: "¿Han sido jamás consultados los habitantes que están interesados en este asunto? El país ni ha sido consultado y ahora por primera vez se le notifica que debe pagar estas deudas".

Los pueblos de América del Sur y de todo el Tercer Mundo jamás fueron consultados por sus contumaces endeudadores y los congresos fueron cedido su rol dejándolo en manos de los funcionarios de circunstancia. A 183 años de la capitulación española en Ayacucho, es de esperar que la firma del tratado de la Unión Suramericana , suscripto hace tres en el mismo campo de la batalla, y en particular la dimensión estratégica y económica mundial lograda ya por el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) permitan avanzar en el camino de Sucre y resolver la cuestión de la deuda como mejor convenga a los intereses de los pueblos de la región.

(*) Periodista, historiador, docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

El presente material se publica en Rebanadas por gentileza del autor y del Portal de Noticias del Mercosur. / Web

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