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Navidad: un festejo universal anterior a la antigüedad clásica

Por Fernando Del Corro (*)

Rebanadas de Realidad - Portal Mercosurnoticias, Buenos Aires, 24/12/07.- Desde hace varios miles de años, aún mucho antes de la antigüedad clásica, los hombres vienen festejando la "Nochebuena" y la "Navidad", aunque se correspondiera con diferentes tradiciones religiosas ya que, en el fondo de las cosas, lo siempre subyacente es el reinicio del ciclo solar como hilo conductor de la vida, de la inmortalidad no de cada hombre, sino del genero humano como tal.

Tal vez por esa razón los festejos de la Navidad (natividad o nacimiento) sean compartidos casi universalmente, por personas de las más disímiles tradiciones culturales, a las que se sumó la del cristianismo desde que el papa Julio I, que ofició el cargo entre el 337 y el 352, decidió mudar el día del presunto nacimiento de Jesús de Nazareth del 6 de enero al 25 de diciembre. Mucho más desde que Liberio I introdujo en 354 esa fecha en la liturgia católica como conmemoración oficial, algo que, de hecho, ya sucedía en la sociedad porque los cristianos nuevos que se sumaban a las filas de esa iglesia, y que constituían una inmensa mayoría, continuaban festejando el 25 de diciembre, fecha atribuida al "nacimiento" del viejo dios oriental Mitra.

Otro elemento en la fijación de la fecha, fue que el emperador Constantino (recién bautizado cristiano en su lecho de muerte por el obispo arriano Eusebio de Nicomedia), aquél que hizo de esa religión años antes la oficial del estado romano era, en verdad, un seguidor de Mitra y conmemoraba la fiesta solar del 25 de diciembre de manera que impulsó su adopción por el nuevo credo. Es que la Navidad, más que un nacimiento propiamente dicho, es la vida misma que se renueva, como el propio Sol, que a lo largo del ciclo, tras pasar por los dos equinoccios (primavera y otoño) y dos solsticios (verano e invierno) de su eterno viaje elíptico, según los viejos cálculos astronómicos, se situaba, en el último de ellos, el 25 de diciembre sobre el Trópico de Capricornio.

El cambio de conmemoración del nacimiento presunto de Jesús tuvo un importante efecto de reclutamiento para las filas de los católicos, habida cuenta de que la religión solar de Mitra, surgida en la India y difundida en occidente desde Persia, ya era practicada en la península itálica desde mucho antes de la aparición del estado romano en el 753 ANE (antes de nuestra era). Los etruscos, que habitaban aproximadamente la actual región de la Emilia-Romana con capital en Bologna, ya adoraban antes de esa época a Jano, el sol, el de las dos caras llamadas "puertas" (del cielo), homenajeado también el 25 de diciembre, y de cuyo nombre, el mítico rey Numa Pompilio, tomó la denominación de enero (entrada) para el primer mes del año en su reforma del calendario.

La de "Mitra", el sol, que reinaba sobre el día, mientras "Varuna", la Luna, gobernaba sobre la noche en los orígenes del culto en la India , fue la tradición que dió lugar a todos los sistemas de medición del tiempo en las diferentes religiones, tanto los solares, que terminaron por imponerse, como los lunares, hoy desusados.

En verdad las religiones solares no sólo se encuentran entre los etruscos, los indios y los persas, sino que forman parte de la cultura universal, aunque en cada caso con rituales diferentes o con algunas variantes en su teogonía, acerca de lo cual se han hecho estudios en diversas culturas como los incas (Inca es Sol), los mayas, los aztecas, los egipcios y muchos otros. Mitra, en la mitología indostánica, había nacido de una madre virgen, integraba una trinidad religiosa, y antes de su partida hacia la eternidad para iluminar a los hombres, tuvo una "última cena" con sus camaradas, lo que lo muestra como el antecedente más directo de lo que en Occidente cobró forma bajo la más moderna tradición cristiana. La verdadera fecha del nacimiento de Jesús ("Cristo" es una denominación posterior griega que significa Mesías), sobre quién sólo hay una confusa mención histórica de Flavio Josefo, uno de los jefes de la sublevación en Palestina de tiempos de Nerón, en "La guerra de los judíos", por lo que su ubicación temporal ha dado lugar a muchos trabajos.

Uno, el primero y más importante por sus efectos, fue el del monje sueco Dionisio "El Exiguo" (por su pequeñez), matemático e historiador, considerado uno de los sabios de la iglesia católica de la época, quién, comisionado por el papa Juan II (pontífice entre 533 y 535) encaró los trabajos que le indicaron que Jesús había nacido en el 753 de la era romana, entonces vigente. El pedido papal había sido la resultante de un acuerdo del mismo con el emperador bizantino Justiniano I (reinó entre 527 y 548), mediante el cual se acordó que a los efectos de consolidar la alianza entre el poder temporal y el poder religioso, se elaborase un nuevo calendario que debía partir con el año del hipotético nacimiento de Jesús. Este, según las fuentes, debe haber nacido en los años 6 o 7 ANE (algo que fue reconocido por el papa Juan Pablo II un par de años antes de su muerte), más probablemente en este último, por la referencia al censo de Cayo Octaviano Augusto al explicar el viaje de María, encinta, a Belén; al tiempo que la matanza de los "Santos Inocentes" refuerza esa idea, ya que la misma aconteció cuatro años antes de la muerte del tetrarca Herodes "El Grande", acaecida en 2 ANE. En lo que hace al día más preciso, el gran astrónomo alemán Johannus Kepler (1571-1630), descubridor de las tres leyes que rigen el movimiento de los planetas, tras algunos estudios en la materia estableció tres fechas posibles para el nacimiento de Jesús, las del 29 de mayo, el 3 de octubre y el 4 de diciembre, siendo la primera la más probable por las referencias al verano.

Las fechas de Kepler surgen del hecho de que los tres Reyes Magos (al parecer astrónomos persas, lo que habla de más relaciones con Mitra), seguían la "Estrella de Belén", un fenómeno astronómico que se da solo en muy escasas oportunidades y que surge de una conjunción entre los planetas Saturno y Júpiter, que sólo, en aquellos tiempos se pudo haber dado en esas tres circunstancias.

El dato, aportado por Kepler en 1603, surgió de lecturas del rabino y astrónomo Abranavel, referidas a la importancia que se tenía sobre dicha conjunción, dentro de la constelación de Piscis (hoy signo de piscis), oportunidad en la que, al acercarse ambos planetas, se produce la ilusión visual de la "Estrella de Belén", la que debía acompañar la llegada del mesías de Israel.

Así bajo la creciente presencia oriental, reflejada hasta en la "mitra" obispal (réplica moderna de la corona de Bizancio), los viejos cultos "paganos" (de pago, terruño), fueron "catolizados" (universalizados) al calor de un estado que pretendió tardíamente dar un contenido ideológico a su idea de globalización, vía el cristianismo primigenio de origen judaico monoteista.

(*) Periodista, historiador, docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
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