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ARGENTINA - CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA
Los porqués de la neutralidad argentina en las guerras mundiales
Por Fernando Del Corro (*)

Rebanadas de Realidad - Portal Mercosurnoticias, Buenos Aires, 31/08/09.- La circunstancia de que este primero de septiembre se conmemore el inicio formalmente establecido de la Segunda Guerra Mundial (SGM), en circunstancias en las que en la Argentina se debate una nueva ley para los medios audiovisuales, resulta propicia para marcar como desde los grandes grupos del poder económico y sus intereses políticos, se utilizó el periodismo (y otras formas de cultura) para generar mitos afines con tales intereses.

Uno de esos mitos tiene que ver con la SGM y la postura neutralista argentina, algo que para un elevado porcentaje de la población se debió a la postura pro Eje del gobierno de Juan Domingo Perón, caracterizado como fascista, y a la presión de los grupos de presión vinculados con el nazismo que operaban en la Argentina.

Es bastante curioso todo eso ya que se trata de una visión que se desploma con solo observar la cronología política argentina. Juan Perón asumió en 1946 cuando la guerra había terminado e incluso el gobierno militar surgido en 1943, del cual fue sucesor, se hizo cargo de la conducción del país cuando el conflicto ya llevaba casi cuatro años desde ese formal primero de septiembre de 1939 del cual se cumplen 70 años.

La guerra se inició siendo presidente Roberto M. Ortiz, surgido de la Concordancia , una coalición conservadora que ya había gobernado entre 1932 y 1938 encabezada por el general Agustín P. Justo. Ortiz fue presidente entre 1938 y 1940 cuando por razones de salud fue reemplazado por su vicepresidente, Ramón S. Castillo, quién fue desplazado el 4 de junio de 1943 por un heterogéneo golpe militar liderado por el general Arturo Rawson, quién sólo gobernó poco más de dos días ya que el 7 se hizo cargo de la presidencia el general Pedro Pablo Ramírez.

La cuestión es que la Argentina había sido siempre neutral por razones de los intereses económicos de la vieja y hoy extinguida oligarquía agropecuaria por las reformas del sistema productivo y la fuerte incidencia adquirida por el sector financiero en el ámbito rural. Y siempre va mucho más lejos que septiembre de 1939 porque la sucesión de conflictos arranca de mucho antes. Algunos historiadores, por ejemplo, sitúan como punto de partida de la SGM el 7 de julio de 1937 cuando el ya poderoso Japón se lanzó contra la China.

Pero en verdad ya la Guerra Civil Española había sido parte de ello entre 1936 y 1939 con la participación de tropas alemanas e italianas a favor del franquismo. En tanto Italia ocupaba territorios en el Africa y Alemania iba desarrollando su “espacio vital” en el este europeo. Las previsiones del economista John Maynard Keynes se habían ido cumpliendo. Después de participar en la delegación negociadora del Reino Unido para el Tratado de Versalles en 1919, tras la Primera Guerra Mundial (PGM), entonces la Gran Guerra. Escribió “Las consecuencias económicas de la paz”, libro premonitorio, en el que se despachó contra lo impuesto en Versalles y la postura de su propio gobierno.

En el caso de la Argentina , en todo ello, siempre se proclamó la neutralidad, aunque los dichos se contradijeran con los hechos. Por ejemplo, poco antes de finalizar la Guerra Civil en España, Ortiz prohibió el ingreso de refugiados republicanos españoles, aunque hizo una graciosa excepción con los vascos, seguramente porque se estimó que habían peleado por la República en su condición de nacionalistas y no de izquierdistas de diversos pelajes.

Por esos tiempos los gobiernos conservadores también habían prohibido la llegada de los judíos perseguidos por el nazismo. No se hablaba de judíos en las normativas pero todo resultaba muy evidente ya que se apuntaba a gente que llegaba de Europa central escapada por lo que fuera; es decir judíos e izquierdistas.

Ahora bien, ¿esos gobiernos conservadores eran partidarios del Eje?. Más allá de lo que pudiese pensar algún funcionario, de lo que se trataba era de operar como cuerpo al servicio del poder económico y, por cierto, en materia ideológica, del anticomunismo, tema éste que se sumó tras la Revolución Bolchevique de 1917.

Precisamente resulta muy interesante un debate que se generó en el Congreso de la Nación en ese 1917. Los Estados Unidos de América acababan de sumarse como beligerantes a la Gran Guerra y el tema fue la nueva realidad. Un legislador demócrata progresista por la Provincia de Santa Fe, Francisco Guillermo (“Pancho”) Correa, pidió el quiebre de la neutralidad para lo cual sostuvo que una cosa era mientras los europeos se peleaban entre ellos y otra cuando la participación de los EUA pasaba a involucrar a todo el continente.

El presidente en ese momento era Hipólito Yrigoyen, con intereses emparentados con el sector oligárquico tradicional. Quién confrontó con Correa fue Horacio Oyhanarte, quién sostuvo la necesidad de permanecer en esa postura. La PGM se había iniciado el 3 de agosto de 1914 y el 9 de ese mes falleció el presidente argentino Roque Sáenz Peña. Su sucesor, Victorino de la Plaza gobernó, con su política de neutralidad, hasta que en 1916 pasó el mando a Yrigoyen.

En interesante observar que el mismo Oyhanarte, y siendo también presidente Yrigoyen, firmó en 1929, con el enviado del Reino Unido, Edgard D’Abernon, el tratado no consumado por el golpe del 6 de septiembre de 1930, pero que si lo hizo cuando en 1933 virtualmente se ratificó, cambios sin importancia mediante, con el Tratado de Londres, más conocido como Pacto Roca-Runciman.

A quienes interesaba la neutralidad eran al propio gobierno del Reino Unido y a sus proveedores argentinos. En el RU, en ninguna de las dos guerras, se quiso que sus abastecedores participaran en el conflicto de manera militar por el riesgo de que los barcos transportadores pudiesen ser hundidos por los alemanes, fundamentalmente por los submarinos. Eso hizo que hasta se tomase con paciencia que un par de ellos fuesen echados a pique. La declaración de la guerra, por lo tanto, fue un acto simbólico cuando la rendición alemana era cosa de momentos.

La contratara estuvo en aquellos países vinculados comercialmente con los EUA como proveedores. Tal es el caso de las quasi colonias de América Central y el Caribe o del Brasil en América del Sur. La Argentina competía con los EUA en la venta de bienes agropecuarios y por ello fue duramente golpeada por el Plan Marshall que le cerró las puertas de Europa. Y en ese marco estaba claro que no se podía alinear y hasta plantarse, como lo hizo en el Congreso Panamericano de La Habana , Cuba, en 1928, cuando por primera vez, por indicaciones del entonces presidente Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, se planteó en un foro internacional la cuestión e los subsidios al agro. Un tema que a más de ocho décadas, sigue dando vuelta en los debates de la OMC , en la llamada “Ronda de Doha”.

Los que hablan de la neutralidad argentina como pro Eje no se preguntan por qué el gobierno estadounidense del presidente Franklin Delano Roosevelt se mantuvo al margen del conflicto durante dos años, hasta el ataque japonés en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 y aún después de ello, y de estar en guerra con Alemania, mantuvo buenos contactos comerciales con empresas del enemigo y sostuvo las mejores relaciones con la Francia pro nazi, despreciando al luego presidente Charles De Gaulle, hasta casi el mismo día del desembarco en Normandía.

(*) Periodista, historiador graduado en la Facultad de Filosofía y Letras (FyL) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), docente en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la UBA en "Historia Económica Argentina" y subdirector de la carrera de "Periodismo económico" y colaborador de la cátedra de grado y de la maestría en "Deuda Externa", de la Facultad de Derecho de la UBA. Asesor de la Comisión Bicameral del Congreso Nacional para la Conmemoración del Bicentenario 1810-2010. De la redacción de MERCOSUR Noticias