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Rebanadas
de Realidad
- España, 15/07/06.-
Santiago Carrillo, testigo
vivencial del último tramo de la historia de España, ha dicho en unas recientes
declaraciones que las manifestaciones de cierta derecha y de parte del episcopado
recuerdan el clima de los años anteriores al golpe de estado de mil novecientos
treinta y seis que desembocó en una dictadura que duró cuarenta años. Muchos
no vivimos aquel ambiente prebélico, pero sí sufrimos una posguerra aniquiladora,
hambrienta de pan y libertad, que nos empujó al exilio arrastrando la sangre en
los tobillos. Y por ahí anduvimos, añorando patrias y ternuras familiares, mientras
el dictador era coreado por una Jerarquía concubina que lo paseaba bajo un palio
blasfemo. La
insistencia de los Obispos españoles en proclamar la unidad de España como un
valor moral recuerda homilías del nacionalcatolicismo apoyando la cruzada llevada
a cabo por un Caudillo que llegó a tal ungido por la gracia de Dios. La
palabrería de Aceves afirmando que el proyecto de ETA es el mismo que el proyecto
del Zapatero y la aseveración dogmática de Rajoy advirtiendo a todos que el Presidente
no representa al Estado, suena, en el mejor de los casos, a golpe de estado verbal.
La
derecha política y eclesiástica tiene que olvidar tiempos pasados fundados en
sangre e infamia, para acostumbrar sus vivencias a lo que es una democracia y
un estado no confesional. Rajoy
puede desvincularse de las decisiones que tome un gobierno. Lo que no puede hacer
es negar, salvo apostasía de la democracia, la representación legítima de un Presidente.
Esa representación la otorga el voto de los ciudadanos y de las fuerzas parlamentarias.
Los españoles conseguimos nuestra libertad sin sentirnos obligados por gratitud
a la concesión graciosa de Rajoy. El, con su partido, puede ser partícipe en la
construcción de la paz. Pero su negativa no comporta la aniquilación de un deseo
y de una tarea emprendida por la mayoría del pueblo y de sus fuerzas representativas.
Y
en cuanto a la contumaz advertencia por parte de la Jerarquía eclesiástica de
que no se puede dialogar ni negociar con terroristas, cabe recordarle que durante
cuarenta años dialogó y negoció con sustanciosas ventajas con un golpista que
llegó al poder, no mediante las urnas, sino con la fuerza de las armas. Y que
España no puede confundirse con el concepto de UNIDAD, GRANDEZA Y LIBERTAD que
nos legó el fascismo. Por inercia secular la Iglesia confunde unidad y uniformidad.
Y así lo vive en su propia conciencia. Ni la verdad es una, ni la familia ni las
opciones políticas. La diversidad es enriquecedora y fecunda. La uniformidad empobrece
y castra la iniciativa creadora de futuro. Lo humano es siempre un dato provisional
en búsqueda de una plenitud. La indigencia humana siempre tiene la mano dispuesta
al esfuerzo y tendida al don de la vida. Es
triste que después de treinta años de democracia surjan voces y actitudes que
la impugnan negando derechos conseguidos con el esfuerzo históricos de muchos
españoles. Y duele constatar que cuando la paz está al alcance de la mano se opongan
a ella los que continuamente la predican. Y escuece el desvío de las balas cuando
las balas buscan el silencio y la serenidad de la paz. La
paz tiene hechuras de futuro y no admite añoranzas de un pasado.
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