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ESPAÑA

El dolor de Aznar

Por Rafael Fernando Navarro

Rebanadas de Realidad - Madrid, 29/08/07.- A Aznar le duele España. Estilete fino hasta la médula. Estocada hasta la bola por el interior, por los adentros de la muerte. España balcanizada, sobrevolada por los aviones de la OTAN. España resquebrajada, rota, sin posibles Isabel y Fernando. España con un Irak de terror, un Sadam tal vez vasco, atravesada por el eje del mal. Olvidada hasta de Buhs, centrado ahora en el uranio empobrecido de Irán. A Buhs le preocupa siempre lo empobrecido, hombres y continentes inscritos en la miseria. Y por ellos lucha y para ellos implanta la libertad duradera.

A Aznar le duele España. Al borde de una nueva guerra civil promovida por un Presidente subastado al mejor postor. Puja ETA y puja el estatuto catalán. Y el Presidente empeñado en repartir parcelas que deberían estar bajo el dominio de Esperanza Aguirre como centro central de todos los centros. Y Navarra se pondrá en venta el lunes, porque hoy es domingo y Santiago cierra España.

A Aznar le duele España. Con una Andalucía a punto de verse sometida a la ley islámica, donde apedrear a mujeres adúlteras y cortar las manos a los ladrones y ahorcar en la Plaza de España a los traidores. Lo ha dicho Ansón, peregrino de dictaduras a democracias, de repúblicas a monarquías, voz nasal y astillada de tanto profetizar calamidades. A Aznar se le clava dentro y le escuece el alma castellana y recia, sometida ahora a los grandes jerarcas mediáticos, rebelde en otro tiempo contra Polanco.

A Aznar le duele España. La que pretende recobrar la memoria histórica. Esa memoria que ahora dice que Franco no fue un salvador de la patria, sino un general golpista. La memoria que contradice a Fraga que culpa de la guerra civil a los políticos republicanos que habían sido elegidos por el pueblo. La memoria de la muerte roja, de los caídos contra España por las cunetas blancas de los cementerios. Mejor, dice Fraga, la amnesia, no vaya a ser que resucite Grimau y nos acordemos de Hoyos de Manzanares.

A Aznar le duele España. Y va pregonando su dolor por las universidades del mundo, recolectando dinero para vendarnos las heridas, las traumáticas fracturas que produce Zapatero. A Aznar le duele España. No como a Unamuno que tenía un dolor de pobre. A D. José María le consuelan los euros, los talones bancarios, los sueldos de consejero. Los duelos con pan son menos. Aznar a media asta, alma con crespones negros, porque se despeña España hacia mezquitas que se creían desterradas por la Córdoba lejana y sola, por giraldas con velos en los giraldillos, por alhambras y atardeceres de generalifes.

A Aznar le duele una España laica porque una España no cristiana no es España, sino otra cosa, como diría el Cardenal Cañizares. Los berruguetes y los salzillos y las trianas morenas y los jazmines de Sevilla son la España que proclama que está cerca la feria, la alegría suprema del alma, fino la ina y san patricio, pescaíto y toros bailarines de la Maestranza.

Aznar nazareno, con su dolor a cuestas. Y Rajoy, verónica de la pena. Y Fraga, Constantino último de añoranzas.

Todavía quedan algunos, con la sonrisa en las manos, proclamando la república de las rosas.

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