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Rebanadas
de Realidad
- Madrid, 04/08/10.-
El
amor es la hechura de la libertad creadora. Sólo existe lo amado. Está
en la base del mundo, en su cohesión y en su apertura a la infinita
poesía de lo eterno. Es gratuidad, oferta, donación. Regalo de quien
ama para hacer del amado una existencia.
El
amor no discute con los límites de la legalidad. Está más acá, más allá.
En los hondones del ser. Nunca bajo fianza. No sometido a precio bursátil.
"Ama y haz lo que quieras" decía Agustín el africano. El amor es empuje
de insumisión contra la gravedad imantada de Newton. Amar no es un verbo
reflexivo. Siempre el otro como sorpresa, como misterio, como oscuridad
iluminada.
Francisco
Gil Hellín es Arzobispo de Burgos. Burgos vertical, fría y castellana.
Bibiana es mujer-ministra-juventud, con aires del sur en la cintura.
"Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria
del Embarazo" Bibiana-ministra es compañera de mujeres muertas por hombres
que no saben de besos. Preocupada por mujeres empotradas en burkas seculares,
sin valores civiles, mujeres-pecado, expulsadas de paraísos vitales,
mujeres-obligación-sin-derecho, mujeres lapidadas de desprecio, hermosura
violada por ser hermosura, mujeres con la dignidad amputada como clítoris
tribales.
Francisco-Arzobispo
vive acostumbrado a mandamientos grabados mármol. Cuelga su doctrina
de la ley natural porque concibe la existencia como agua petrificada,
tiempo cosificado, sin devenir la historia. Vive el amor como ausencia,
piel sin piel de hueso descarnado. Sublima (¡qué concepto!) el amor
de tierra que ama tierra hacia un Dios aplazado. Sólo entiende a la
mujer en cuanto ser descendiente de un costillar extraño, hundiendo
sus raíces vivenciales en el hombre. De esa altura masculina baja y
abajo debe permanecer, alimentándose de lo que Adán quiera concederle,
de las migajas perdonavidas que él le otorgue. Francisco-Arzobispo pertenece
a una Iglesia que no firmó la Carta de Derechos Humanos promulgada por
la ONU. Concibe la ordenación sacerdotal de la mujer como un pecado
gravísimo según afirma Benedicto XVI en un documento donde condena también
la pederastia (la conjunción de ambos temas da mucho que pensar y arrastra
a terribles conclusiones) Francisco-Arzobispo anatematiza la Ley de
Salud Sexual y de La Interrupción Voluntaria del Embarazo porque en
su visión, la mujer no es sujeto de derechos y en consecuencia sus decisiones
no tienen por qué ser respetadas. "Esta ley no es ley, no obliga" Aparece
aquí el estrabismo episcopal. Tiene la costumbre mitral de legislar,
de obligar: amarás, respetarás, no desearás. No es una obligación, es
un derecho. Esta adicción a la obligatoriedad le impide ver la ley convertida
en derecho y promulgada por Bibiana-Mujer-Ministra.
"Es
una falacia afirmar que esta ley ha sido aprobada por la mayoría del
Parlamento y que éste representa a la mayoría de los ciudadanos; o decir
que si el Tribunal Constitucional la dictamina conforme, sería una desobediencia
oponerse, y merecería una sanción. La falacia consiste en atribuir a
políticos, jueces o ciudadanos un derecho que no tienen" Francisco-Arzobispo
prevaricadoramente ignora que la legitimidad de un Parlamento y de un
Gobierno no viene concedida por una deidad ni por sus representantes.
Emana del pueblo.
Francisco-Arzobispo
anda muy lejos de Agustín el africano. No acepta que Cristo nunca quiso
ser parlamentario.
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