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Movimiento obrero argentino: Reflexión ante la crisis |
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| Por Carlos "Pancho" Gaitán (*) | |||
Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 11/07/12.- Hace poco tiempo atrás, el diario Clarín, en una pequeña nota, anunciaba la creación de un nuevo sindicato del sector aeronáutico y decía que rememoraba la creación de los sindicatos SITRAM y SITRAC en Córdoba, en la línea combativa del dirigente Salamanca. Recordemos que René Salamanca, que llegó a ser Secretario General del SMATA de Córdoba, de origen trotskista, desaparecido y asesinado en el proceso de la dictadura asesina, fue dirigente del PCR -Partido Comunista pro Chino-. Es verdad que su sector lideró aquellos sindicatos combativos. Pero es necesario recordar también que el SITRAC y el SITRAM - Sindicato de Trabajadores de Fiat-Concord y Sindicato de Trabajadores de Fiat-Materfer - nacieron como dos sindicatos patronales que organizó la empresa FIAT, aprovechándose del duro enfrentamiento que mantenían la UOM y el SMATA --metalúrgicos de Vandor con Mecánicos de José Rodríguez-. Efectivamente, ambas organizaciones sindicales nacionales querían quedarse con el encuadramiento de aquellos trabajadores. La UOM desplazó desde Buenos Aires a un equipo de 30 militantes bajo la conducción de notorios "pata de plomo" como el Beto Imbelloni, y el Colombiano de la Seccional San Martín, que la empresa FIAT Central hacía figurar como que eran trabajadores de su planta en Buenos Aires, trasladados a Córdoba, pero que en realidad fueron para enfrentar a los militantes del SMATA simpatizantes de Elpidio Torres. El conflicto duró bastante tiempo, el suficiente como para que la patronal aprovechase ese impasse y organizara un sindicato en cada empresa con personal de su confianza. Por cierto que la debilidad de esos sindicatos, que quedaban sin un marco de contención en el conjunto del Movimiento de los Trabajadores, fue fácil presa de militantes aguerridos de la extrema izquierda conducidos en la base por Gregorio Flores, que en poco tiempo pudieron controlar y sumar esas estructuras a sus propias opciones políticas e ideológicas con un planteo anti imperialista tanto del capitalismo como del comunismo soviético. La experiencia que viene haciendo el sindicalismo argentino desde 1943 es haber definido un modelo de organización que le permitió subsistir hasta ahora pese a los intentos de toda dictadura y gobiernos proscriptivos que hubo desde 1955 en adelante. La organización de los trabajadores de manera unitaria por sector de la economía o rama de la producción es lo que posibilitó el cumplimiento del apotegma peronista de que "Solo la Organización vence al tiempo". Esto, sumado al de "Unidad, Solidaridad y Organización" - tal como nos lo recordara la Presidenta Cristina Kirchner, segunda mujer presidente constitucional de nuestro país - es lo que ha permitido que el Movimiento Obrero no sea destruido y que los trabajadores hayan tenido, aún en los momentos más difíciles y negativos, formas de defenderse e instrumentos para combatir las injusticias. De que todos los trabajadores del sector independientemente de la tarea que desarrollen o de la especialización que tengan, sean miembros del mismo sindicato, fue el gran logro. Los retrocesos que el movimiento sindical ha tenido por divisiones producto de maniobras leguleyas de los gobiernos o de aspiraciones de sectores de trabajadores o falencias de dirigencias a veces "non sanctas" por defecciones o delito de algunos dirigentes, no invalida ese principio básico. La creación de la CTA, con el argumento de la "libertad sindical" y la denuncia de que "3.600.000 trabajadores en la Argentina no podían ejercer ese derecho", produjo la primera división realmente institucional porque se incorporó en su estatuto el derecho de la afiliación individual a una organización de tercer grado. Será imposible volver a las 94 organizaciones que compusieron el histórico Congreso de 1957 convocado por Patrón Laplacette, interventor de la dictadura de Aramburu, que creía que el Movimiento Obrero estaba derrotado. El sindicalismo le respondió expresando en el Congreso a las nacientes "62 Organizaciones Peronistas". Tampoco se podrá volver a las 89 que compusieron el Congreso que eligió a Adelino Romero en 1974. Ni tampoco -para poner un ejemplo extranjero-, a las 16 Organizaciones que conforman el Confederal de la DGB de Alemania, una de las centrales más fuertes del mundo capitalista. La atomización, producto de la acción reaccionaria e incluso irresponsable de algunos dirigentes, no invalida aquel principio unitario sino que al traerlo a la memoria nos recuerda mejores épocas en sus luchas heroicas o en la responsabilidad reivindicativa. Sería bueno en consecuencia que los dirigentes concientes del valor de la unidad, lucharan para que todos los trabajadores estén organizados, y lo sean, entre sus opciones, el de las organizaciones mayoritarias que expresen la voluntad de los trabajadores los que a su vez, tendrán la responsabilidad de defender sus intereses -y no intereses de otros- ante las patronales. Está claro que la peor opción, para los trabajadores y el País, es la división del Movimiento Obrero. Y por cierto está por demás decirlo - desde una concepción peronista - a partir de la autonomía de decisión de las organizaciones de trabajadores, aún en la participación política de los mismos. Pero todo ello no será posible si la acción no tiene como hilo conductor la ética de sus dirigentes que no deben confundir los intereses. Para ello, el Tribunal Arbitral de la CGT debe realmente funcionar sancionando la conducta de las organizaciones en función de velar por los intereses sagrados de los trabajadores, por aquello que decía nuestro Líder: "los hombres son buenos pero si se los controla son mejores". Ética que exprese sustancialmente los valores del colectivo social, del conjunto de los trabajadores y del pueblo. Es importante también no perder de vista la realidad política existente. Aunque es correcto reclamar por los intereses de sus representados -ese es su papel-, no es lo mismo el Plan de Lucha de la CGT en épocas del gobierno proscriptivo de 1964; ni el enfrentamiento contra la dictadura de Onganía; ni los paros de Saúl Ubaldini ante un gobierno que pretendía condicionar al Movimiento Obrero; frente a la realidad de un Gobierno nacional y popular que le ha dado al país y a los trabajadores condiciones positivas y posibilitado el logro de conquistas muy caras a los trabajadores. Incluso hay que estar muy alertas cuando el enemigo nos aplaude, porque seguro que no será por los objetivos que nos benefician. El Congreso convocado por la CGT bajo la conducción de Hugo Moyano indudablemente se encuadra en la lógica convocatoria según la obligación legal de cumplir el mandato de la Confederación. El "chicaneo" de la impugnación que erróneamente apoya la autoridad administrativa hace previsible la judicialización de una medida que obligará al Magistrado a resolver por la formalidad de las dos convocatorias -si es que hay otra-, no solo la del moyanismo. Pero sobre todo queda claro que jamás se podrá solucionar un problema político -que es lo que realmente hay en este caso- por el camino de la confrontación de sordos, sino con el diálogo, con respeto y sin agresiones de los actores, para llegar a conclusiones prácticas y válidas para todos. |
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(*) Ex Secretario General de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de las Industrias y la Construcción (FLATIC); ex Coordinador de la Acción Sectorial Latinoamericana CLAT-CMT y ex Vicepresidente de la FMTI. |
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Fue Delegado de la CGT de los Argentinos para apoyar en Córdoba el proceso de convocatoria y participación de la CGT Regional en su incorporación a la CGT de los Argentinos. La noche del Plenario de la CGT Regional Córdoba para incorporarse a la CGT de los Argentinos, fue secuestrado por elementos civiles miembros de la Policía Federal, en el Bar Akrópolis, frente a la CGT, antes de que comenzara el Plenario. Fue también Delegado reorganizador en la Regional Tucumán. Posteriormente fue, hasta el 24 de marzo de 1976, miembros del Comité Central Confederal de la CGT unificada. |
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