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CLÍO, UN LUGAR PARA LA HISTORIA - ARGENTINA - BRASIL

Los Movimientos Nacional-Populistas durante el siglo XX en Latinoamérica (Parte I)

El peronismo argentino y el varguismo brasileño, coincidencias y diferencias.
Por José Marcelino García Rozado

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 22/05/08.- Para poder entender las realidades de ambos movimientos nacional-populistas, debemos ahondar en las respectivas personalidades de sus líderes y conductores el General Juan Domingo Perón y el Doctor Getulio Vargas. Las personalidades y las formas de concebir y ejecutar la acción política de ambos y las diferencias y coincidencias de sus movimientos, se verán reflejadas con el transcurrir del tiempo; debemos dejar en claro la diferencia de personalidades y de estilos políticos aunque hubo coincidencias de naturaleza aunque no de grado en cuanto a la capacidad de seducción personal, habilidad en política táctica, liderazgo de multitudes, plasticidad ideológica y hasta en el poco interés por la "democracia liberal", ya que ambos la consideraban apenas un instrumento entre tantos otros.

Getulio Vargas, oriundo de Río Grande do Sul, un estado si bien de peso electoral pero menor al de Minas Gerais y San Pablo -factotums de los presidentes de la república "café con leche"-, es donde nace en 1882, estudia leyes luego de un paso fugaz por el ejército -Escola preparatoria e de táctica de Río Pardo-, hijo de medianos terratenientes, dirigente estudiantil y procurador judicial recala en el Partido Republicano Riograndense (PRR) bajo la protección de Borges de Medeiros. A los 21 es elegido representante de la Asamblea estadual y a los 30 diputado federal. Líder de la bancada del estado, en 1926 es elegido Ministro de Hacienda y luego Presidente de Río Grande do Sul siendo el gestor de la unidad de las facciones políticas de su estado. Sus posiciones ideológicas denotan rasgos positivistas y posturas estatistas, industrialistas y de preocupación por la "cuestión social". Llega al poder en 1930 mediante una revolución, mientras asumía actitudes duales y ambiguas durante la campaña previa a aquel, nada parece distinguir a Vargas de los otros hábiles políticos típicos de la República Vieja.

Perón, nacido en 1895 en el seno de una familia de condición social más estrecha en Lobos, Provincia de Buenos Aires, es un personaje típico de la clase media argentina de origen inmigrante, con padre empleado arrendatario y madre criolla de origen humilde que regularizan la cohabitación entre ellos luego de varios años de haber nacido sus hijos. Militar egresado del Colegio Militar de la Nación, como oficial en 1913 -vía de ascenso social típica para las clases medias -tiene un primer matrimonio con una joven de clase media porteña en 1928; su carrera militar es muy activa en ámbitos formativos- Escuela de Suboficiales y Escuela Superior de Guerra, como instructor y profesor permitiéndole desarrollar su capacidad docente y de oratoria - donde es señalado por sus superiores como un incansable trabajador. Durante el golpe de 1930 mantiene una actitud ambigua, inicialmente sostén de uribismo, pasa a vincularse con la fracción justista posteriormente, desempeñándose al enviudar en destinos del exterior, agregado militar en Chile y luego en la Italia musoliniana tanto en unidades alpinas y luego como asistente del agregado militar en Roma.

Dos diferencias remarcables en las trayectorias de Vargas y Perón son, primero los orígenes sociales de ambos, Perón más plebeyo por orígenes familiares y luego potenciado a partir de la presencia de Evita a su lado; la segunda es que tenemos por un lado un "profesional" de la política y por la otra a un militar. Operando Vargas siempre como un político clásico, resultado de su misma formación y actividad en las postrimerías de la República Vieja donde se revela, por encima del autoritarismo del Estado Novo y los rasgos de crueldad de los que no estaba desprovisto durante aquel, como un dirigente que busca construir consensos a través de infinitas mediaciones interpersonales en el seno de las elites políticas; prefiere cooptar antes que destruir a sus enemigos, adolece sin embargo de la intensidad del liderazgo de masas de Perón, aunque se debe aclarar que aquellas - las brasileñas - tienen un encuadramiento más débil que en la Argentina, y un menor enfrentamiento social.

La propia debilidad de los partidos políticos brasileños y de sus agrupaciones sindicales son un obstáculo menor, y podría decirse que una ventaja para la táctica que perseguía Vargas. Perón, en cambio, por su formación militar lleva siempre lógicas derivadas de dicha formación, donde influye el mariscal alemán Von der Goltz, su doctrina del estado mayor y la idea de la "nación en armas", de ellas extrae algunas nociones básicas que articulan su noción de la acción política. Primeramente su dialéctica "amigo-enemigo", luego la idea de "acumulación de fuerzas", tercero la idea de "organización". Dichas características, sumadas a la movilización política argentina y su menor oligarquización que la existente en la política brasileña, a una violencia sin par histórica nacional argentina, lo llevan en una posición de superioridad como en la que se encontraba, salvo a finales de la segunda presidencia, a intentar "suprimir" al adversario.

Al comienzo la forma de acción política es diametralmente opuesta entre ellos, Vargas opera durante muchos años desde el poder como un político de mediaciones entre grupos diferentes y su giro para convertirse en un líder de masas llega, hacia fines de los años treinta, en el período del Estado Novo -instaurado con el golpe de 1937 donde asume casi la totalidad del poder- y aún después puede llegar a discutirse la "centralidad" de esa operación política. El primer festejo del 1º de mayo organizado por el régimen varguista fue el de 1938, y recién en 1939 irá adosado a un acto masivo en el estadio de Vasco da Gama en Río de Janeiro, quizás influenciado por los movimientos totalitarios europeos Vargas anuncia ese día medidas a favor de los trabajadores - similar actitud a la de Mussolini-, sin embargo dichas concentraciones se realizan en lugares cerrados y no en espacios públicos abiertos.

Las apelaciones de Getulio a los "trabajadores de Brasil" aparecen recién por primera vez en la fiesta del 10 de noviembre de 1938 celebración del primer aniversario del Estado Novo y que junto al 1º de mayo y el 19 de abril -aniversario presidencial- constituían la tríada de la ritualidad varguista. Ese giro movilizacionista en gran escala es aún más tardío e impulsado por su Ministro de Trabajo -Marcondes Filho- verdadero divulgador desde la radio del otro eslogan que tendió a crear el mito Vargas "Padre de los pobres"; sin embargo dichas movilizaciones obreras son muy limitadas y realizadas a través del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) y no de las organizaciones sindicales. Podemos inferir que la voluntad de la acción política de Vargas no revela que su cosmovisión seguía anclada en el Brasil menos movilizado de la década del 30 y que en alguna medida carecía de los instrumentos conceptuales para operar un sistema político ampliado, como el sucesivo a 1945.

En cambio si bien Perón emerge como líder también de un movimiento militar muy heterogéneo -golpe de 1943-, es a partir de su seducción personal y del establecimiento de puentes entre grupos que se convierte rápidamente en un líder de masas. Una de sus convicciones más firmes era que se había ingresado irreversiblemente en la "era de masas" y que el Estado tenía mucho por hacer buscando integrarlas, para convertirlas de inorgánicas en "orgánicas"; y es a partir de esta convicción que surge el acento en la cuestión social, vista como una necesidad ineludible para lograr la "armonía social".

Luego de este somero análisis de los personajes centrales, veamos ahora ambos movimientos políticos "nacional-populares" continentales. El peronismo nace al calor de una "movilización popular", el 17 de octubre de 1945, que si bien tolerada desde el poder tenía un fuerte contenido espontáneo aunque hubieran participado activamente las estructuras sindicales - aquel contenido espontáneo estará permanentemente presente en su mitología -era un fenómeno sustancialmente al margen del Estado. Sus concentraciones del 1º de mayo, el 17 de octubre prioritariamente, y 4 de junio -día del Trabajo, de la Lealtad y asunción del mando presidencial- son sustancialmente más numerosas y en un lugar público emblemático como la Plaza de Mayo.

A estas tradicionales concentraciones -comunicación directa entre líder y pueblo- se agregaban otras en momentos juzgados trascendentes; esa impronta movilizacionista originaria seguiría siempre omnipresente en el peronismo y en su ritualidad política. Es evidente que el peronismo constituye una articulación política más fuerte que el varguismo pese a que había nacido en condiciones más apresuradas y precarias; lo es porque combina una acción de masas más amplia y una estructura política - sindical y partidocrática - más consistente.

El varguismo, no llega en cambio a constituirse en un "aparato" político unificado, dadas las diferentes características de la población brasileña, su inserción en el territorio era menos ramificada y los límites de su sindicalismo, como elemento de protesta o de consenso activo, fueron siempre evidentes. Vargas no alentó la creación de estructuras partidarias hasta muy tarde, cuando debió enfrentarse a la transición de la posguerra; hacia el final de su primera época pareció dudar entre un proyecto de partido único o el alternativo finalmente realizado de constituir dos: primero apoyó la fundación del Partido Social Democrático (PSD) a partir de los interventores estaduales -asimilables por su sistema político a Interventores Gobernadores- y luego la del Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) a partir de las estructuras sindicales existentes. Era extremadamente difícil reunir en una única fuerza a las elites regionales con el movimiento sindical más pasivo y direccionado desde el Ministerio de Trabajo, que a diferencia del argentino que tenía menores distancias entre sindicatos y partidos políticos - radicales, conservadores, socialistas - reunían un liderazgo originario de los sectores medios.

De las diferencias de estrategia entre Perón y Vargas, se debe destacar la diferencia del sistema político y sus coyunturas en los países, en Argentina el peronismo aparece en una sociedad mucho más movilizada con partidos antiguos, y con aparatos políticos construidos a lo largo de décadas y con ejercicio de participación electoral que había generado hábitos; el Brasil de Vargas tiene en dichos terrenos menos apoyos y mucho por construir de haberlo considerado importante. Los partidarios afines del varguismo intentaron conformar un partido único pero se dio en un momento de debilidad política y en el ocaso del régimen.

En este campo Argentina es todo lo contrario de Brasil, Perón construye su partido en el apogeo de su poder y lo mismo ocurre con el sindicalismo. El viejo mundo sindical argentino se pasa al peronismo, pero su existencia era previo al advenimiento de aquel, mientras que en Brasil era una construcción del Estado Novo y su conversión a fuerza política activa choca con la función para lo que fue diseñado y creado en los 30 acorde con el estilo "paternalista" clásico de Vargas; cuando la movilización obrera se incrementa en los 50, las estructuras sindicales creadas durante el primer varguismo eran inadecuadas para actuar como mediadoras entre el presidente y los trabajadores.

Esto era así también con las formaciones políticas que encuadraban esos movimientos obreros, el PTB y el laborismo, si bien en la construcción de ambos existen algunas similitudes -creación de estructuras burocráticas (Ministerio de Trabajo, Brasil; Secretaría de Trabajo y Previsión argentina ) quizás más aprovechadas por el peronismo- todo sugiere que eran más las diferencias que las similitudes. El laborismo fue mucho más autónomo y autogestionado por sus dirigentes gremiales preexistentes, y una vez en el poder el peronismo este sindicalismo mantuvo, pese a los esfuerzos oficiales, un margen importante de autonomía y de protagonismo en lo político como en las reivindicaciones laborales. Los intentos del gobierno peronista de ponerlo bajo control -primero al Laborismo y luego promoviendo una dócil conducción de la CGT (intervenciones de sindicatos rebeldes mediante)- se revelan infructuosas más allá de su propia burocratización. Las asambleas de un movimiento sindical creciente -se duplica la afiliación en el período 46-54- las comisiones internas de fábrica se convierten en focos de agitación en defensa de las condiciones laborales, los salarios obtenidos y el poder de contratación adquiridos por esa clase obrera. Las cúpulas cuidadosas de las bases no se plegaban fácilmente a los reclamos de mayor productividad o recorte de derechos adquiridos.

En el Brasil del segundo período varguista -1937- la movilización crece enormemente pero mayormente en los márgenes de dicho sistema, el malestar social afecta el liderazgo de Getulio Vargas y no así el de Perón. Estas diferentes características orientarán el desarrollo posterior de ambos movimientos nacional-populistas. El peronismo muestra -desde 1950- fuertes tentaciones uniformizadoras no presentes en el varguismo; y la voluntad de identificar al varguismo con la "nación brasileña toda" fue bloqueada durante el Estado Novo por la tecnocracia y el ejército, llegando a costar saber si estaban las ideas dominantes de Vargas.

El peronismo pareciera asemejarse en este punto más al fascismo italiano, pero el desplazamiento del eje social del mismo hacia la clase trabajadora es una distinción muy importante con aquel, que no puede ni debe resolverse apelando al facilismo de "fascismo de izquierda"; no se puede hablar de fascismo cuando el establishment integra la oposición y más cuando el líder parece interesado en incentivar la conflictividad social y cuando subsisten las elecciones. El peronismo es más fácil identificarlo por lo que no es que por lo que es. La originalidad de éste está en la identificación entre nación y peronismo acompañada de la identificación de éste con la clase trabajadora, y es esa tríada trabajadores-peronismo-Argentina la que constituye su diferencia con los demás movimientos populistas y/o totalitarios.

Nunca pudo resolver la "tensión" entre una estrategia paternalista y dirigista desde el Líder Perón y el "aparato" peronista con la autonomía y fortaleza que había adquirido el movimiento obrero. Paternalismo, populismo y obrerismo se combinan de manera compleja y conflictiva en Argentina; mientras el componente paternalista en Brasil es mucho más dominante, salvo al final del segundo gobierno de Vargas, donde sí emerge una vertiente populista, pero no obrerista. Asimismo otra diferencia sustancial radica en que el peronismo es un movimiento político que ocupa y partidiza el Estado, mientras el varguismo está bastante lejos de ese modelo en la fase del Estado Novo, y mucho más lejos aún en la nueva fase abierta en 1951 donde no puede imputarse al gobierno de Vargas de intentar alterar la administración pública o vulnerar la legalidad democrática. Esta diferencia con relación al Estado como actor político no significa que el varguismo fuere ideológicamente más estatista, sino que le daba al Estado un papel más central en su acción política. Ambos movimientos nacional-populistas -con sus diferencias y límites- tienden a coincidir en su carácter "trabalhista"; mientras Perón era el "primer trabajador", Vargas se dirigía a "los trabajadores de Brasil". Ambos apelan a los trabajadores pero mientras Perón utiliza una retórica más intimista y coloquial, menos ecuménica, Vargas adquiere un tono más impersonal y paternal al hablar en nombre propio y en el del Estado.

El discurso peronista se desdobla en aquel diferente y complementario de Perón y Evita; éste más radicalizado -apela permanentemente a "los descamisados" y ataca a la "oligarquía"-, dualidad de funciones que aparece claramente en la distinción "Perón cumple, Evita dignifica". Mientras la figura de Vargas y su relación con las masas es conceptual y prácticamente más distante y en ello influye tanto la fase del Estado Novo creando un Vargas "imaginario" desde la iconografía y la radio, antes que uno concreto, y además influye la realidad demográfica de Brasil. La relación física de Getulio con las masas es un fenómeno más concentrado en Río de Janeiro con un peso poblacional menor al de Buenos Aires. Además la retórica peronista apela a la emoción, al sentimiento, a las pasiones, mientras que la de Vargas es más neutral y contenida afectivamente; esto influye incluso en la iconografía del régimen y en las formas de presentar a Perón y Vargas. En el primer caso, existe una pluralidad de imágenes contradictorias según los distintos momentos que contrasta con la imagen unívocamente reaseguradora, conciliadora y paternal de Getulio.

Perón está más adherido al modelo de las religiones políticas, más eclesiástico, las "veinte verdades" enunciadas en 1950 o el decálogo de los "derechos del Trabajador", así como el culto a la personalidad del Líder es mucho más fuerte en el peronismo. La etapa más deliberadamente ritualizada de Vargas coincide con la declinación política del estado Novo y durante su último gobierno no había capacidad ni espacio de hacerlo. En el contenido y no en las formas del peronismo el mensaje insiste más en la ruptura revolucionaria implicado en su advenimiento y en la obra social más que en la económica del gobierno, mientras en el varguismo las apelaciones a las rupturas con relación a la República Vieja están más lejos en el tiempo y son menos insistentes.

Ambos utilizan la radio y la escuela como formas de penetración de sus idearios, más Perón que Vargas debido al casi monopolio sobre las primeras nunca alcanzado por Getulio. El criterio brasileño es mixto dándole al Estado la función fiscalizadora y reservándose ciertos espacios en un sistema privado y comercial. En los medios gráficos el varguismo tuvo prensa favorable al principio -intervención de O Estado de Sao Paulo durante el estado Novo- y muy ostil durante el último período. En la escuela el peronismo, durante la segunda presidencia, fue mucho más allá que el varguismo en el intento de imponer su liturgia partidaria y la imagen sacralizada de sus líderes; mientras que el régimen brasileño se limita a supervisar estrechamente los contenidos incrementando una forma de "religión cívica" al estilo de la Tercera República francesa. Buscaba objetivos generales ideológicos y cívicos apuntando a la cohesión nacional y a la uniformidad una forma de nacionalismo identitario -con muchas ideas del estado Novo comprendidas allí (centralización), Estado fuerte y armonía social garantizada por el régimen-.

Argentina, por tenerlo desde principios de siglo, se continúa durante los primeros años del peronismo hasta que se decide dar un salto que convierte la educación -con la resistencia feroz de muchos docentes de la clase media opositora- en una máquina de propaganda de la "doctrina peronista". Mientras el varguismo está mucho más articulado con las elites políticas tradicionales y su estilo de acción es menos pintoresco, el peronismo tiene un estilo populista más plebeyo. Ambos coinciden con consignas nacionalistas, antes que antiimperialistas, y vocación industrialista; diferenciándose que el peronismo tiene un sentimiento hostil ante el sector agrario -oligarquía- en la retórica y la práctica ("estatuto del peón"), mientras que el varguismo soslaya y no hostiliza a ese sector.

En tanto el "populismo" define no solo un estilo político sino la "centralidad" de algún o algunos actores sociales o institucionales, en el varguismo de la fase del estado Novo el principal era el Estado, en lo sucesivo es difícil identificar a alguno; en el peronismo el actor hegemónico eran los trabajadores. Ambos movimientos se "influyen" mutuamente, al principio el varguismo lo hace al naciente peronismo desde el Estado Novo y en general en el PTB y más tarde las características del justicialismo influyen especialmente al ala izquierda del varguismo. Durante la simultaneidad de los gobiernos de Vargas y Perón las relaciones son menos intensas de lo que puede suponerse. Para Getulio era un costo interno muy amplio aparecer asociado al peronismo "demonizado" por la derecha brasileña, explicando todas las hesitaciones que lo llevaron a no sumarse al ABC; asimismo en la Argentina peronista aquellas hesitaciones llevaron a tomar distancia en el discurso oficial, orientándose a contraponer negativamente al segundo Vargas con el primero.

Esto refleja las importantes diferencias en lo concepción de la colocación en la política internacional de Vargas y Perón y sus gobiernos; Vargas opta durante el Estado Novo por el alineamiento con los EEUU manteniendo esa política en la posguerra tanto con él como con Dutra - su sucesor -, la designación del canciller Joao Neves da Fonseca en su nuevo gobierno (ya había sido su canciller en 1946) refleja la búsqueda de equilibrios internos además de que no abandona su antigua perspectiva más allá de no abandonar la exigencia de mayor "reciprocidad" especialmente económica. El peronismo -por el contrario- hace de la "tercera posición" una bandera política implicando unas relación de tensiones y competencia con EEUU hija de una lógica de más largo plazo que procedía de la línea fijada anteriormente por los conservadores del año 30.

El ABC era una forma de "resistir" la hegemonía estadounidense, aunque propuesto en un momento donde las relaciones entre ambos países habían mejorado, jugando ambiciosas cartas que perseguían ambiciosos objetivos pocos compatibles entre sí. El Brasil del segundo varguismo no estaba dispuesto a avanzar en dicho camino entre otras causas por su propia debilidad, por el necesario apoyo financiero yanqui -considerado estratégico-; igualmente Perón siempre más preocupado por los equilibrios de poder mundiales seguía más interesado en la alianza político-económica con Brasil que Vargas en esa con Argentina. Además de los acuerdos económicos iniciales, se mantuvieron las tensiones ligadas a las cuestiones armamentísticas.

Brasil había logrado apoyo militar estadounidense y ello generaba competencia y conflicto con Argentina, ver acuerdo militar firmado entre ambos en 1952. Al romance inicial debemos señalar que en los hechos la Argentina de Perón y el Brasil de Vargas tuvieron una relación más de competencia que de cooperación, y ello se refleja en los foros internacionales donde mantuvieron posiciones diferentes y hasta antagónicas en varios temas -la Guatemala de Arbenz, la URSS y los Estados de Europa del Este donde Brasil rompe relaciones en 1947, la cuestión Malvinas que Brasil se niega a que se discuta en el seno de la OEA- muy importantes para los posicionamientos internacionales de ambos movimientos nacional-populistas.