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Los Movimientos Nacional-Populistas durante el siglo XX en Latinoamérica (Parte II)

Similitudes en los desenlaces. Las caídas de Vargas y Perón.
Por José Marcelino García Rozado

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 25/05/08.- A las tradicionales competencias binacionales, y a sus similitudes movimientistas veremos como hasta sus desenlaces trágicos los entrelazan. La situación de debilidad de Getulio Vargas no va a poder ser resuelta más allá de su voluntad de armonizar los opuestos y expandir su consenso; la belicosidad ejercida por la Unión Democrática Nacional (UDN) y la hostilidad de la prensa así como la creciente situación desfavorable para Vargas y para el mismo sector nacionalista del ejército, a la que se suma el manifiesto de coroneles y teniente coroneles de febrero del 54 -si bien centrado en reclamos profesionales-, revela indirectamente la situación al señalarse la "infiltración comunista" en éste y la corrupción.

Otros ataques -ahora dirigidos a Joao "Jango" Goulart- sugieren que Getulio intenta crear una "república sindicalista" según el modelo peronista argentino; aún si aceptamos que la economía no fue la causa más relevante para explicar la caída de Vargas, debemos acordar que, a diferencia del derrocamiento de Perón, en Brasil juega un rol no desdeñable. Para un retorno que había generado tanta expectativa los resultados obtenidos por Vargas eran muy decepcionantes y pudiendo existir un grado de desilusión en los sectores populares, había sí un profundo descontento en los sectores medios urbanos, a la vez que las elites económicas tenían muchos motivos de crítica.

Los importadores, así como los industriales se quejaban por los costos ocasionados por la devaluación del cruzeiro y éstos últimos además por los aumentos de los salarios mínimos; los exportadores de café, además de sufrir la crisis del precio internacional, culpaban además al propio gobierno varguista por el nivel de los precios mínimos fijados por éste. La estrategia de Getulio de remodelar el gabinete de fines de ese año 1954, produciendo el cambio del Ministro de Guerra y a "Jango" Goulart no mejora ni descomprime los acontecimientos; por lo contrario da más bríos a la oposición pasando del ataque a Jango a atacarlo directamente a él. Las sucesivas actitudes zigzagueantes terminan por complicarlo aún más.

La asunción del nuevo gabinete moderado se contrapone con una retórica radical; por lo que al presentar su discurso a las cámaras -marzo- adopta un tono aún más nacionalista, incorpora temas cepalinos -como el del deterioro de los términos de intercambio auspiciado por el argentino Raúl Prebisch- continúa con la línea desarrollada desde fines del año 1953 de nacionalismo económico y de ataque a los intereses extranjeros; consonantemente anuncia un aumento de los salarios mínimos en el acto del 1º de mayo y crea la empresa nacional de energía Eletrobrás. Contraponiéndose a la propia debilidad de Vargas, la oposición por si misma carece de la fuerza para derribarlo; y el intento de enjuiciamiento propuesto por la UDN en el Parlamento no prospera.

Es la mayoría de la propia UDN la que no se suma a aquel por encontrarse desde antes en negociaciones con sectores militares -la marina y aeronáutica eran profundamente hostiles a Vargas- para una "solución militar", se debe aclarar que desde 1953 el sector militar llamado "Cruzada Democrática" y la UDN, más los principales grupos periodísticos enfrentaban abiertamente a la dupla Vargas-Goulart. Es en este contexto, que el intento de asesinato de Carlos Lacerda -un conocido "fragotero" y desestabilizador- ordenado por el Jefe de la Guardia Presidencial, sin el conocimiento de Vargas y en el que muere un Mayor de la aeronáutica, opera como detonante que termina por acelerar los tiempos.

La oposición y la prensa redobla los ataques al entorno presidencial y al mismo presidente responsabilizándolos del atentado y de la corrupción más generalizada, durante el proceso de negociaciones con el pleno consenso del sector militar -incluido su Ministro de Guerra Zenóbio da Costa (un general nacionalista y anticomunista)- se le solicita la renuncia a Getulio Vargas el 24 de agosto de 1954; como podemos observar las similitudes con la situación de 1945 y en medio casi de un proceso electoral -a desarrollarse en octubre para renovar el Congreso- son enormes.

La mayor diferencia con aquella otra del 45 -fin del segundo mandato de Vargas (1930-1937 y 1937-1945)- es que en esta oportunidad ni siquiera existió aquel movimiento "queremista" que expresase una movilización popular a favor del presidente; vemos que el PTB no consigue organizarlo como lo hiciera en el 45 y el propio PC -Partido Comunista de Brasil- había optado, como en el caso argentino iba a suceder luego, por sumarse a la UDN denunciando a Vargas como "agente del imperialismo". Ante esta situación Vargas construye su última gran obra de arte político: su suicidio y su carta-testamento.

Son estos dos hechos, su suicidio y principalmente su carta-testamento donde denuncia sórdidas maniobras y tramas que unían a sus enemigos internos con el capitalismo extranjero para quitarle a los brasileños los beneficios concedidos a los trabajadores; y este dramático gesto final lo termina salvando al varguismo y desprestigiando a la vez que debilitaba a sus enemigos internos. La gigantesca ola de indignación popular que se desata, la movilización que no lo acompaña durante los meses precedentes lo haría en ese momento, terminando por provocar el autoexilio de Carlos Lacerda ante la hostilidad popular.

La solución de la crisis provocada fue institucional, asumiendo la presidencia el vicepresidente Café Filho del PSP cercano a la UDN, al frente de un gabinete de coalición PSD-UDN, con preponderancia de éste último. Para remarcar las similitudes con lo que ocurriría poco después en Argentina con Lonardi, el Presidente Filho aseguró que las conquistas sociales serían mantenidas; el Congreso permanece funcionando normalmente y dentro del ejército triunfa el ala legalista, centrada en el nuevo Ministro de Guerra General Enrique Teixeira Lott. Como no podía ser de otra manera, el nuevo gobierno desde su presidente hacia abajo eran de signo conservador y económicamente liberal, sin embargo los equilibrios políticos no iban a cambiar sustancialmente.

Aunque se halla hablado de este período como de un "vicariato" udenista, debemos reconocer que se trataba de otra transición indolora que llevaba hacia el futuro la resolución de las tensiones políticas generadas entre varguismo y antivarguismo; significando todo ello algo semejante a "una paz armada" ya que tanto las fuerzas políticas como las militares continuarían profundamente divididas. Con todo, lo que termina distinguiendo la situación brasileña es que mayoritariamente los grupos dirigenciales se terminar inclinando por "acordar en torno a como dirimir el conflicto".

La situación en nuestro país era diferente; más allá de la hostilidad extrema contra el peronismo que prevalece en buena parte de los sectores medios y en los partidos políticos opositores, éstos no tienen fuerza para derribar al gobierno peronista; su caída sólo podría ser resultado de la ampliación de dicho frente opositor con la incorporación de sectores formados en mayor o menor medida del mismo bloque de poder peronista. Esta es la situación de la propia Iglesia Católica, de sus organizaciones de laicos y de las fuerzas armadas; dichas instituciones tenían en común con el antiperonismo su pertenencia a los mismos sectores sociales, pero asimismo con el régimen también compartían algunas perspectivas ideológicas y extraían del mismo muchos beneficios; se confrontaban entonces la lógica social con la ideológica y la del interés.

Es con la Iglesia Católica que se acelera el enfrentamiento para fines de 1954, contribuyendo a ello la más decidida organización de la juventud secundaria UES por parte del peronismo -Unión de Estudiantes Secundarios- y la reticencia financiera así como el control doctrinario sobre la red de escuelas confesionales católicas muy extendidas en todo el país; las demostraciones de desafección de los católicos recrudecen y Perón alentado por los sectores anticlericales de su gabinete, lanza en noviembre un duro ataque contra aquella institución, denunciando, a la vez, a la Acción Católica como una organización internacional enemiga del peronismo y hasta a algunos sacerdotes. El mundo católico reacciona con una gran manifestación -solo formalmente religiosa- el día 8 de diciembre de 1954 donde se conmemoraba a la Inmaculada Concepción.

El gobierno contraataca y clausura el diario católico y promulga la sanción parlamentaria de la ley de divorcio vincular; este enfrentamiento tiene efectos colaterales sobre las fuerzas armadas, en parte influenciadas ideológicamente por aquella, especialmente dentro de ejército, pero además en los nacionalistas católicos muy influyentes en ciertos círculos militares. El conflicto termina por alejar a las clases medias y medias altas urbanas del peronismo, de cuyo seno salían la gran mayoría de la oficialidad, haciendo que la presión social sobre ellos se termine incrementando. La marina, desde sus orígenes poco afecta al peronismo, se abroquela en una posición totalmente hostil; los instrumentos de que disponía el movimiento nacional-popular para contrarrestar la situación eran una combinación de vigilancia de tipo policíaco con las prebendas, el control ferreo sobre los altos mandos y el apoyo casi unánime de la suboficialidad, pero todo ello resultó insuficiente como se verá.

Las conspiraciones se suceden una tras otra durante ese año de 1955, la primera revuelta abiertamente antigubernamental se realiza el 16 de junio cuando un complot más vasto queda reducido al alzamiento de la aviación naval y a pocas unidades de infantería de marina; la aviación naval intenta matar a Perón bombardeando cruentamente la Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno y la residencia presidencial de calle Austria -cercana a Recoleta-. El bombardeo indiscriminado de la Plaza de Mayo durante la jornada laboral genera una verdadera masacre popular, civiles, transeúntes y hasta algunos grupos peronistas que concurren masivamente a apoyar al gobierno.

Perón oscila en el curso de la acción a seguir. Al principio, presionado por el ejército renueva el gabinete y anuncia medidas de conciliación nacional; pero dicha táctica dura poco y para fines de agosto pronuncia desde la Plaza de Mayo quizás su discurso más exaltado, invitando a las masas peronistas a eliminar a sus enemigos políticos. Esa misma noche del 31 de agosto fueron incendiadas varias iglesias del centro de la ciudad de Buenos Aires - aunque no de la periferia - quizás porque emblematizaban más el carácter oligárquico atribuido a la jerarquía católica argentina. La historia oficial adjudicó los incendios a los partidarios peronistas, sin tomar en cuenta otras versiones, que endilgaban aquellas a sectores ultras del partido y hasta a sectores opositores infiltrados que azuzaron a un pueblo enardecido.

Apenas dos semanas después, el 16 de setiembre estalla una nueva revuelta militar, con eje en unidades del ejército de la ciudad de Córdoba, uno de los bastiones más antiperonista y más ortodoxamente católico, y en las unidades navales, cuya flota de mar se desplaza a Buenos Aires. Luego de enfrentamientos y negociaciones entre sublevados y la cúpula del ejército afín al presidente Perón, se acuerda derrocarlo; una junta militar integrada por generales hasta entonces afectos al peronismo intiman a Perón a abandonar el gobierno. Perón se embarca en una cañonera paraguaya amarrada en el puerto porteño e inicia así el periplo del exilio.

Dos cuestiones dominan la nueva escena: la primera era qué relación se establecía entre los mismos vencedores, en especial entre los sectores liberales y los nacionalistas; la segunda -ligada a la primera- ya que los nacionalistas eran más blandos o contemporizadores y los liberales más duros e intransigentes con el peronismo, era si podía reciclarse en la nueva era a los sectores militares y civiles que habían apoyado a Perón. El gran interrogante era ¿Se irá hacia una transición blanda o hacia un intento de desperonizar profundamente a la Argentina? Más allá de la famosa frase pronunciada por el jefe sublevado y nuevo presidente General Eduardo Lonardi de que no habrá "ni vencedores ni vencidos", incluida en el Acta de Cese de Hostilidades firmada -por pedido de la Junta Militar-, las cosas evolucionarán de una manera muy distinta.

Como era previsible, producto del odio y el resentimiento de los sectores antiperonistas enquistados dentro del sector triunfante, sumadas a los conflictos generados durante la última etapa del gobierno peronista en el seno de la sociedad y la clase media urbana, habría vencedores y vencidos. Las revanchas se vivieron en casi todos los órdenes, desde las universidades donde a los liberales se sumaron enfáticamente los comunistas, hasta dentro del mismo Estado donde radicales y socialistas realizaron una verdadera caza de brujas. En las fuerzas armadas no se respetaron los acuerdos firmados y las purgas y persecuciones estuvieron a la orden del día.

Comparativamente, la caída de ambos movimientos nacional-populares ocurren de modo muy diferente, más allá de que a ambos los derrocaron las fuerzas armadas aliados a los partidos liberales y con la connivencia de los respectivos PC. Así vemos que en Brasil fue una salida negociada más que cruenta, y en cambio en Argentina fue muy cruenta y casi no negociada, ello está reflejando las profundas diferencias sociales entre ambos países, los diferentes grados de movilización de masas y las antinomias mucho más notables en Argentina que en Brasil.

En Brasil existía una larga tradición de compromisos entre cúpulas, un nivel de movilización popular de oficialistas y opositores muy menguada respecto de Argentina, y fuerzas armadas más cohesionadas y la polarización que suscitara Vargas en la sociedad es mucho menor; por el contrario en el peronismo es casi todo muy opuesto, el poco nivel de compromiso en las elites políticas, una sociedad mucho más combativa, conflictiva y polarizada, fuerzas armadas mucho más fragmentadas y a la vez más decididas a ocupar por sí mismas el poder. En esos dos contextos tan diferentes, Perón y Vargas operaron de manera opuesta: mientras Vargas con su suicidio radicaliza y polariza la situación, Perón con su retirada inicialmente pareciera haber descomprimido aquella.

La salida brasileña, como en 1945, será ambigua y preservará a buena parte de los cuadros y dirigentes del varguismo y fundamentalmente su legado y su obra; en contraposición la drástica salida del peronismo, donde la consigna fue la de desperonizar completamente la nación terminó con muertos, presos y una resistencia popular que duró 18 años, hasta obtener el regreso de Perón en 1973 -con dos intentos frustrados, uno por el gobierno radical de Illia en el 64, y otro por la dictadura lanusista en 1972- para terminar pocos meses después asumiendo por tercera vez y a través del voto popular la presidencia de la nación. En Brasil no habría, finalmente, ni vencedores ni vencidos, pero sí los habría en la Argentina. En ésta las divididas fuerzas armadas ocuparían el poder en nombre de una revolución "Libertadora", mientras que en Brasil la solución sería mucho más institucional ya que asumiría el vicepresidente Café Filho, en un claro gesto de continuidad, no del varguismo es cierto, pero sí del Estado brasileño.

Finalmente, la gran herencia de Vargas sería el Estado por él creado; mientras que el legado de Perón sería, en cambio, más que el Estado, una sociedad más altamente movilizada y conflictiva en lo social, acreedora de derechos y que pelearía por ellos.

Las elecciones de octubre de 1954 mostraron un país prácticamente igual -en términos electorales- que los del segundo y tercer gobiernos de Vargas; con el PTB perdiendo escaños y su líder (Goulart) no logra ser elegido senador por su estado, Río Grande do Sul; pero asimismo, la UDN también retrocede mostrando la medida en que el antivarguismo no era redituable. El PSD -heterogéneo partido camaleón- creció moderadamente; todo ello sugiere que la posible coalición PSD-PTB que había apoyado a Getulio Vargas sería imbatible en las elecciones presidenciales del 55. El antigetulismo -antivarguismo- comienza a buscar desenfrenadamente un candidato de consenso nacional más allá de los partidos que lo integraban, como forma de prevenir una derrota y generar en cambio una división del PSD para que el ala varguista se aliara al UDN, esto no lo logra.

A la vez, se proferían amenazas de vetos a posibles candidatos identificados con Vargas; y la UDN, por su parte, vuelve a insistir alternativamente con la postergación de las elecciones o con una reforma política que estableciere el parlamentarismo; Carlos Lacerda iba aún mucho más allá y sostenía la necesidad de un régimen de "excepción" que llevara a cabo las reformas imprescindibles -según su visión- para establecer una "verdadera democracia".

Los getulistas del PSD moviéndose rápidamente luego de la muerte de Vargas lanzan la candidatura para presidente del gobernador de Minas Gerais, Juscelino Kubitschek, en febrero de 1955, y éste apenas lanzado inicia un acercamiento al PTB de Joao Goulart para reconstruir la vieja alianza PSD-PTB; ante semejante panorama, las presiones militares se hacen sentir ya en enero cuando el presidente Café Filho divulga un memorial de generales que se oponían a aquellos candidatos que dividían a la nación. Esto no hace otra cosa que terminar favoreciendo a Kubitschek, devenido súbitamente en candidato del "civilismo", dándose la paradoja de que la nueva situación fortalece el poder civil y a través de ello a los partidos políticos.

En la Argentina, como mostrarán los años sucesivos, el poder civil, los partidos autodenominados democráticos, no solo no se fortalecen con la caída de Perón, y por el contrario, será el poder militar el que se terminará convirtiendo en el "arbitro" decisivo de la situación durante más de treinta años. Los problemas que enfrenta en la Argentina la mal llamada "Revolución Libertadora" son enormes, primero se destaca que sus bases de apoyo son casi exclusivamente las fuerzas armadas divididas y en las que es muy difícil restablecer la jerarquía y la unidad; oleadas de purgas -especialmente en el ejército- no terminan de resolver la situación y se sucederán conspiraciones de distinto signo. La tensión se agrava por las propias divisiones entre las fuerzas armadas incrementadas por el decisivo papel de la marina en la caída de Perón.

La composición del gobierno era una búsqueda infructuosa de equilibrio; se designa un presidente del ejército -el General Eduardo Lonardi-, un vicepresidente de la marina -el almirante Isaac Francisco Rojas- y un gabinete integrado por tres ministros militares, uno por fuerza; a ese inicial conflicto interfuerzas se suma la ambigua actitud de Lonardi, él de orientación nacionalista católica, hacia las fuerzas civiles. Su gabinete, elegido más por amistad que por claridad y coherencia política, volvía a proponer la antigua división entre nacionalistas y liberales -con la forma de la vieja dicotomía fascistas y antifascistas- que termina signando el debate ideológico argentino desde los mismos tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

No es de extrañar que por ser los nacionalistas los más débiles, Lonardi es forzado a renunciar poco antes de dos meses después de su asunción. Lo sucede otro general -negociador pero mucho más cercano al mundo liberal y al antiperonismo- Eugenio Pedro Aramburu; que para asumir tiene que realizar diversas concesiones a las tres fuerzas armadas, y más allá de las luchas de poder el gobierno revolucionario -sedicioso- se termina inclinando ahora por una solución drástica hacia el peronismo; esto era inevitable, ya que al salir los nacionalistas del gobierno que eran los que tenían mayores afinidades y vínculos con el mundo peronista, y al continuar las purgas de los militares más o menos cercanos al régimen depuesto, los políticos y los funcionarios nombrados por su gobierno fueron interdictos de toda actividad política, una fuerte purga se llevó a cabo en las universidades y en todos los otros niveles de la educación. Y en todos los niveles de las administraciones nacional, provincial y municipal y hasta se prohibió a los representantes de la cultura, las artes y los deportes.

Fueron repuestos en sus cargos aquellos cesanteados durante el decenio peronista, más allá de los motivos de aquellas cesantías; se inicia una muy amplia investigación sobre supuestas corrupciones y se prohíbe toda referencia pública a Perón y a su mujer Evita fallecida. Se desandan las políticas económicas, se intervienen los sindicatos, nombrando a su frente a antiguos sindicalistas opositores anarquistas, marxistas y radicales que carecían de cualquier base de sustentación y representatividad, y se deroga la Constitución sancionada en 1949.

Un alzamiento de militares y civiles peronistas -junio de 1956- da lugar a una sangrienta represión, casi sin antecedentes en la historia contemporánea argentina; los sublevados fueron fusilados sin juicio previo, se acentuó la represión hacia las organizaciones peronistas clandestinas, en especial en los sindicatos. El gobierno militar apuesta todo su poder a erradicar el peronismo del recuerdo popular, no logrando ninguno de sus propósitos, pero por otra parte, para muchos de los políticos opositores a Perón era una gran tentación buscar apoderarse de los votos peronistas. Así el frente civil se dividía en la táctica a seguir, sobre todo el principal partido de la oposición al peronismo, la Unión Cívica Radical (UCR).

El gobierno dictatorial de Aramburu, incumpliendo la promesa de llamar a elecciones en 1957, las posterga para poder introducir modificaciones constitucionales mediante el llamado a una Convención Constituyente que derogase la Constitución Peronista del 49. Las principales modificaciones propuestas por los golpistas del 55 se centraban en atacar el fuerte presidencialismo de la Constitución liberal de 1853, las disposiciones nacionalistas y las conquistas obreras de la peronista de 1949; aquella postergación del llamado electoral provocó nuevos conflictos en el frente militar, acentuando las divisiones entre los políticos aliados, nuevas purgas de oficiales nacionalistas incluido el comandante en jefe del ejército - noviembre del 56 -, mientras en el frente civil se concretaba definitivamente la división radical entre el ala "intransigente" posteriormente vueltos a dividir y el ala "unionista".

Los intransigentes de Arturo Frondizi, inclinados a acordar con el peronismo en materia económica y social y hasta a aliarse a aquellos, y los de Ricardo Balbín, conservadora, antiperonista a ultranza y que ocupaban, muchos de ellos, importantes puestos en el gobierno de facto militar -Ministerio del Interior, intendencias, secretarías y subsecretarias de Estado nacional y provinciales- provocando enormes suspicacias en los intransigentes frondicistas. Estos dos principales partidos -UCRI y UCRP- confrontaban con otros partidos menores en torno a un sistema electoral preparado ex profeso que se asentaba en un sector mayoritario con lista incompleta (defendido por la UCRP balbinista) u otro proporcional (defendido por los partidos menores).

La estrategia del gobierno sedicioso fue un absoluto fracaso político. En el plano sindical el intento de normalizar la CGT intervenida (Congreso de 1957) muestra que el peronismo sigue siendo dominante; algo muy similar termina sucediendo en el plano político. Las elecciones Constituyentes de junio del 57 signan un panorama confuso, con un peronismo redimensionado -Perón ordena desde el exilio votar en blanco o anular el sufragio- que obtiene el 25% de votos en blanco y consolidándose como primera minoría, detrás con el 24% el antiperonismo de la UCRP y luego el frondicismo con algunos votos peronistas que no votan en blanco con el 21%. La aplicación del sistema de representación proporcional genera la atomización de la Constituyente y termina por complicar aún más su funcionamiento ante la profunda división exhibida en temas básicos.

El gobierno dictatorial de la "Libertadora" termina disolviendo aquella -se alega falta de quórum - y se termina sancionando la derogación de la Constitución Peronista del 49 e incorporando los derechos sociales, incluyendo el derecho de huelga, en un nuevo artículo (14 bis) a la Constitución de 1853. Luego de este estrepitoso fracaso el gobierno militar vuelca definitivamente su apoyo al ala antiperonista del radicalismo -UCRP- para las elecciones postergadas y a realizarse en 1958. Ante este hecho Perón desde el exilio inicia contactos secretos con Frondizi que culminan en el pacto-alianza de Perón-Frondizi; el peronismo apenas transcurridos tres años de su derrocamiento volvía al juego político del que se lo había intentado excluir definitivamente.

Vemos que los problemas que enfrentaron los gobiernos surgidos luego de las caídas de Vargas y Perón no fueron solo políticos sino además económicos; en Brasil, el gobierno de Café Filho intenta desandar el camino trazado por Vargas especialmente en los aspectos nacionalistas e industrialistas, con la designación de Eugenio Gudin -antiguo adversario de Simonsen- todo un símbolo del cambio de rumbo que se buscaba. Impulsaba un programa ortodoxo de estabilización buscando reducir la inflación, mediante la reducción de la oferta monetaria, restricción brutal del crédito, su encarecimiento sustancial y recortes significativos en los gastos públicos. Se busca a la vez alentar las inversiones del exterior otorgando licencias sin seguro de cambio para la importación de bienes de capital por extranjeros o locales (instrucción 113 Superintendencia de la Moneda y del Crédito - SUMOC -), programa muy similar al que apelaría en Argentina Raúl Prebisch.

El programa brasileño buscaba -en lo formal- equiparar a las empresas extranjeras con las nacionales, pero aquellas se hallaban en una situación claramente ventajosa mediante estas reglas, esperando vanamente el apoyo norteamericano para salvar la angustiante carencia de divisas; este programa no dejó de suscitar muchas hostilidades de todos los sectores, los exportadores seguían descontentos por la política que llamaban de "confiscación" ya que se podía liquidar solo un 20% de sus exportaciones en el mercado libre; los industriales paulistas con enorme capacidad de presión hostilizaban la política de apertura al capital extranjero y la falta de crédito. Las polémicas entre economistas nacionalistas y liberales se acentuaban.

El conglomerado de intereses económicos y tecnocráticos del varguismo, mientras tanto, resistía en este terreno también, las presiones sobre el presidente para que modificase la política crediticia y cambiaria a través de Janio Quadros -gobernador de Sao Paulo- obtienen éxito. Gundin presenta su renuncia y con él se retiran otras figuras ortodoxas (Presidente del Banco de Brasil y el director de SUMOC), la designación de José María Whitaker que abandona la política de estabilización intentando una política de favoritismo a los exportadores y en menor medida a los industriales, pero no puede imponer ciertas medidas muy ambiciosas, en línea con las propuestas del FMI como combatir el modelo de sustitución de importaciones, y renuncia. La situación del gobierno de "transición" fue caótica, aunque intentara repetir la alternacia de los dos gobiernos precedentes, en especial la secuencia del de Dutra -tras la renuncia de Vargas al 2º período iniciado en 1937- con intentos de estabilización frustrados seguidos de programas expansionistas o viceversa.

En Argentina, Prebisch por encargo de Lonardi realiza un diagnóstico económico muy negativo teñido de su animadversión política al peronismo -distorsionándola para convertir la realidad en algo sombrío- del decenio precedente (45-55); pero la economía no estaba mal y menos luego del plan de estabilización. Propone resolver las dificultades del sector externo, desarrollar las industrias básicas y concentrar las inversiones en energía y transporte; paralelamente surgen ideas más tradicionales como incentivar el agro mediante transferencias de ingresos del sector urbano -arbitrando los precios relativos a través del tipo de cambio- y reducir prioritariamente la inflación, mediante medidas ortodoxas, controlar la emisión monetaria y el déficit fiscal, privatizar empresas públicas, reducir el empleo estatal y abrir la economía al capital extranjero.

Este desandar el camino recorrido por el peronismo entre 1946 y 1952, retrajo el avance industrialista argentino al período prerrevolucionario del 43. Estas recomendaciones de Prebisch son seguidas hasta donde la situación lo permite, estableciéndose vínculos con el FMI, se devalúa el peso -trasfiriendo ingresos hacia el sector agropecuario- , se unifican los distintos tipos de cambio peronistas (preferenciales y no preferenciales) en un solo tipo de cambio oficial y se crea un mercado libre de divisas que termina beneficiando a los exportadores. La política monetaria no puede ser colocada bajo control, por la voluntad del gobierno militar de no desarmar drásticamente el aparato estatal creado por el peronismo y no afectar a los asalariados, ya muy perjudicados por la devaluación. Del 50% de participación de los asalariados en el PBI durante el peronismo se cae casi a la mitad.

La combinación de emisión monetaria y devaluación genera un proceso inflacionario que se intenta paliar infructuosamente con aumentos salariales; la situación externa no ayuda, siguen cayendo los términos de intercambio y las exportaciones no crecen pese a los estímulos. El mayor problema, sin embargo, sigue siendo político y lleva a repetidos cambios de ministro, sucediéndose cuatro en los tres años de gobierno de facto. El balance, en 1958, da un PBI argentino de U$S 114 mil millones -de 1990- contra U$S 139 mil millones de Brasil, un PBI por cápita de U$S 5.698 en Argentina contra U$S 2.111 de Brasil.

Los fracasos rotundos del antivarguismo y del antiperonismo en materia económica y política son incuestionables. En Brasil, la coalición PSD-PTB se reconstruye rápidamente detrás de la fórmula Kubitschek-Goulart y aunque la alianza contiene algunos puntos programáticos conflictivos -requisito de reforma agraria exigido por el PTB-, permite la alianza de un partido fuerte nacional muy especialmente en el sector rural, con otro muy influyente en los sectores urbanos y especialmente entre los trabajadores donde era casi excluyente. Cualesquiera fuesen sus contradicciones ideológicas internas y pese a la competencia que representa en las áreas urbanas el populista Adhemar de Barros, la alianza se lanza a la carrera por la presidencia.

En la Argentina Arturo Frondizi, asesorado por su eminencia gris Rogelio Frigerio, intenta crear un frente lo más amplio posible incorporando además del peronismo a sectores de clase media progresista; Frigerio buscaba articular un bloque social o "movimiento nacional" que promoviese una fuerte industrialización que pudiera competir con el sector preponderante del agro. El discurso frondicista parecía no tener límites en la búsqueda de interlocutores, apela al peronismo, la izquierda no partidaria, los comunistas, trata de ganar el voto católico disconforme con la Libertadora, a los nacionalistas católicos -purgados con Lonardi- y con el "desarrollismo" como bandera se dirige a izquierdas y derechas, a la Iglesia y a los anticlericales, a los peronistas y a los antiperonistas. Su bandera instrumental era la oposición a la Revolución Libertadora.