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ARGENTINA

O corregimos el modelo lavagnista del 2002, o volvemos a una crisis peor a la de 2001 con el cavallodelaruismo

Inflación desbocada vs. Crecimiento sustentable.
Por José Marcelino García Rozado

Fecha original del escrito: 29/04/08

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 28/05/08.- No existen alternativas, si el gobierno no corrige su accionar la actual gestión arrancará muerta. La sociedad puede convivir con la agresividad de los discursos oficialistas del poder, pero los efectos de la inflación son otra cosa, atacan los salarios y las posibilidades de inversiones genuinas. Avanzamos hacia un precipicio corriendo alegremente.

Enfriar o no la economía; crecer moderadamente durante un largo período, o hacerlo como ahora con inflación. El Gobierno tiene que empezar, primero y ya, por sincerar el grave problema de las cifras del INDEC en términos realistas, no existen alternativas. Crecer con una economía enferma nos arrastra hacia un precipicio similar al de la crisis del 2001; debemos comenzar por reconocer que existe un problema, y desde ahí comenzar a recorrer el camino de la "corrección" del modelo aplicado por la dupla lavagnista-duhaldista desde el 2002.

Aquel "modelo", por llamarlo de alguna manera ya que es más un plan que un verdadero modelo, implicaba una moneda subvaluada para mejorar drásticamente la competitividad y permitir las exportaciones, a la vez que frenar las importaciones e iniciar el camino de la sustitución de importaciones, con la consiguiente generación de puestos laborales y generación de mano de obra ocupada, generación de superávit fiscales y comerciales, renegociación de la deuda externa e interna, ahorro interno e inversiones genuinas. Todo ello funcionó durante un período, permitiéndonos salir de la crisis y crecer a tasas chinas -de cerca del 9% anual- pero tal como sucediera con la "convertibilidad" de los 90 que nos permitió salir de la hiperinflacion, el amarrarnos al modelo/plan -por enamoramiento de los resultados- nos volverá a conducir a un desfiladero que termina en un precipicio.

No existen "fórmulas mágicas" para bajar la inflación, pero el primer paso para intentar salir del atolladero es "empezar por reconocerla" tal como lo señala el senador UCR Gerardo Morales, terminar con el patoterismo y el apriete, que de nada sirve, de Moreno y los Kirchner y empezar por tomar medidas tales como consolidar el frente fiscal, terminar con las políticas de subsidios indiscriminados y para todo, achicar el gasto público de despilfarro que suele aplicarse para cooptar o subordinar voluntades, reconocer la crisis energéticas que nos impiden inversiones y desarrollos, reformular la política impositiva regresiva e inequitativa, exigir del sistema financiero apoyo real y franco a la inversión productiva de las pymes con tasas acordes y no confiscatorias, direccional a la banca pública para acompañar un verdadero proceso de reinversión, capitalización y ahorro interno dirigido a financiar inversión productiva interna , tanto como hacia la expansión hacia el ámbito de América del Sur.

Todos los argentinos queremos que la economía y la Patria crezcan al "máximo potencial", pero debemos hacerlo sin provocar la aceleración de la tasa inflacionaria, ya que ella atenta y afecta el potencial de crecimiento y la redistribución de la riqueza genuina, el primero por descompaginar el camino de la asignación de recursos y la segunda porque ataca y destruye la capacidad del salario. El programa sensato a aplicar, en el que la coherencia entre metas fiscales, monetarias y las políticas de ingresos, sean el resultado de un "verdadero estudio" de una muy profunda reforma impositiva que termine con el actual sistema regresivo, inequitativo e injusto y se lo reemplace por uno donde la progresividad ataque realmente a las clases ricas y no castigue a las clases medias, donde se imponga tributos a la especulación tanto monetaria como financiera, donde se premie la inversión y reinversión de ganancias y se castigue la no producción, la renta excesiva, y el abandono de productividad tanto en el agro como en la industria, las finanzas, los servicios y el comercio.

No existe la contradicción impulsada desde el gobierno entre enfriar o calentar la economía, es una falacia y una contradicción falsa ya que se puede mantener y generar un proceso de crecimiento y desarrollo sostenido y sustentable sin bajar el consumo interno, motor fundamental del plan hasta ahora aplicado; como primera medida el gobierno debe "bajar la tensión política" y luego de sincerar las crisis existentes "generar tranquilidad en el pueblo", marcando un camino a recorrer tanto para los que ofertan como para los que demandan.

Para atender en la presente coyuntura a los sectores crecientes de pobres e indigentes debe crearse una estructura estatal de "seguridad alimentaria y sanitaria", que garantice dignificar a aquellos sectores, que han vuelto a crecer en el último año por culpa del proceso inflacionario desatado, incorporándolos a la estructura alimentaria y sanitaria mediante un nuevo régimen de ayuda directa -canasta de 40 productos básicos por una "tarjeta alimentaria y sanitaria"- cuya contraprestación sea efectiva y real, mediante la incorporación de los jefes de hogar a las empresas reestatizadas (ferrocarriles, energía, reciclado de residuos urbanos, etc.).

La idea de "bajar un cambio" aplicando medidas y programas "correctivos" serios a la actual coyuntura económica, como ya vimos no pasa por enfriar o ralentizar el crecimiento sino por repensar las "armas" del actual programa; la "fuga hacia delante" del modelo debe implicar aquellas correcciones que no frenando el ritmo de crecimiento bajo ningún concepto, nos cure radicalmente de la enfermedad inflacionaria actual, y de las falencias energéticas, así como de los tumores generados por las inequidades impositivas que gravan salarios, mientras desgravan o no gravan las rentas y los fideicomisos financieros.

Cuando la inflación real ha superado el 20% anual -2007- y se encamina a un 30% para el presente año generándose un "efecto espejo" con períodos pasados que terminaron en hiperinflaciones, es casi ridículo aceptar el argumento oficial de que aquella "se irá moderando en el segundo semestre". La política cambiaria de mantenimiento de un "dólar quieto" más allá del efecto de apreciación por el proceso inflacionario desatado, no alcanza para frenar el proceso desatado; la estrategia monetaria de que el M2 -efectivo + depósitos a vista- crezca menos que el PBI nominal, tampoco es suficiente; la "promesa presidencial" de moderación del gasto es incompatible con un tipo de gestión que impulsa el mismo como sistema de subordinación de voluntades políticas, por lo que suele incumplirse hasta con lo preprogramado; y por fin la cuarta variable, o sea, la de los salarios no sólo no están acotados al precepto moyanista de techo, sino que se vislumbra una clara "espiralización" en el segundo semestre como consecuencia del mismo proceso inflacionario.

Debemos referirnos también a que por estos momentos algunos consultores han empezado a descubrir "signos de desaceleración" con ralentización en los datos de ventas de supermercados y shoppings, también en servicios públicos; lo mismo empezó a notarse con la recaudación, la industria y el comercio exterior, que algunos indican como coyunturales.

Otro síntoma preocupante -no reconocido por el oficialismo gubernamental- es que volvemos a tener un 30,6% de pobreza y un 10% de indigencia retrotrayéndonos a porcentajes anteriores a 2006; durante el año 2007 se aumentó en 1,5 millones el número de pobres a los que debemos sumar otros 500 mil en el primer trimestre del 2008 producto de la suba de precios de los alimentos básicos por sobre los ingresos del pueblo. O sea que ya hay más de 11 millones de pobres cuando en 2006 apenas se llegaba a los 9,7 millones, y cerca de 3,5 millones entraron en la categoría de indigentes quebrando con la tendencia de disminución de pobreza e indigencia que arrancara en el 2002.

Como señala Salvia, el crecimiento de la pobreza además de deberse a la inflación se le suma "el menor ritmo de creación de empleo"; con lo que ciertos sectores definidos como "población no pobre vulnerable" -o sea que había logrado emerger, aunque estaban cerca- han vuelto a integrarse al sector de pobres. Lo vergonzoso es que el INDEC ha dejado de difundir los datos de pobreza del segundo semestre del 2007 y no se sabe si lo realizarán.

Más allá de los deseos oficiales, la inflación se convirtió en el principal escollo que encuentra el modelo económico lavagnista, aplicado desde el 2002, para seguir marchando; los precios además de golpear los bolsillos populares comienzan a generar cierto grado de retracción en el consumo interno. No se trata de una cuestión circunstancial, y mucho menos es obra de alguna conspiración de ningún sector social, simplemente las políticas aplicadas de contención de precios han fallado comenzando a socavar las bases mismas del modelo económico.

Tal como señalan algunos economistas todavía no hay riesgo inminente, pero se está entrando a las puertas de una crisis que puede ser profunda al estilo de las de los 70, 80, 90 o la de principios de siglo XXI, cuando además de los problemas económicos se le agregaron serias conmociones políticas. Al proceso de aumento sostenido y permanente de los precios internos, se le suman a una carestía internacional en alimentos y energía y además incide que la principal economía mundial se halla entrando en recesión. Si a esto se le suma el incremento incesante del gasto público y los subsidios mayoritariamente innecesarios e incomprensibles, se termina abriendo un escenario por lo menos preocupante.

Las "patas" del modelo heredado son: el tipo de cambio nominal alto, un fuerte impulso al consumo interno, superávit comercial en comercio exterior y superávit del frente fiscal. Es lo más parecido a un círculo virtuoso de crecimiento económico que hayamos vivido en los últimos veinticinco años de historia nacional -luego del decenio 45/55- obteniendo resultados asombrosos de crecimiento al 8% anual, mejora en la ocupación y superávits gemelos sin flaquezas; con consumo interno creciendo como hacía muchos años atrás, y las obras públicas -más allá de su discrecionalidad e incumplimientos reiterados- transformada en un motor de la demanda.

El escenario sería casi "ideal" si no fuera porque la inflación amenaza el "piso" del modelo a través de atacar el tipo de cambio, "corazón" del mismo, los índices de pobreza creciendo y las negadas crisis de energía y combustibles fogoneando el gasto oficial; este desbalance se transmite desde allí al resto de las variables, atacando el consumo interno y a los superávits gemelos.

Ciertas señales equívocas sobre la salud financiera del país, la escalada que adquirió el conflicto con el campo, el aumento de la indigencia y la pobreza, el envión inflacionario casi descontrolado, y los ruidos que meten algunos movimientos del propio gobierno, todo fogonea la presión sobre el mercado financiero y cambiario, el riesgo país -que ha vuelto a tomar importancia-, e incluso la especulación.

El Gobierno se enfrentó, por primera vez desde su asunción en el 2003, con algo más que corridas y ventas del Banco Central para frenar la trepada del dólar, mientras dicha moneda se desvaloriza mundialmente y nos arrastra. Pero además asistimos a un "nuevo fenómeno" consecuencia del manejo discrecional de parte de los funcionarios de las "reservas" que podría atentar contra el concepto de independencia del BCRA y sus "reservas" dándole argumentos a los bonistas que pleitean contra la Argentina para obtener embargos sobre aquellas en los Tribunales estadounidenses e internacionales. Repetir el método con la financiación de las obras públicas, como algunos funcionarios proponen, significaría sumar un precedente muy riesgoso, además de que ese argumento siembra dudas sobre la fortaleza misma de las mencionadas reservas.

Atizar el tipo de cambio, superando los 3,20 pesos por dólar, aumenta las expectativas inflacionarias a la vez que acentúa los temblores de los últimos días. Lo mismo ocurre con el meneado "canje de deuda anticipado" de aquella a vencer en el 2009 y 2010, ya que se percibe en el exterior como una clara señal de "debilidad financiera del país", generando corridas y fugas de divisas y capitales invertidos. Si a ello le sumamos aquellas acciones gubernamentales que "restan" y se proyectan en el horizonte, como las acciones e inacciones del Gobierno, la gestión misma del poder respecto de pobreza, conflictividad social, inseguridad entre otras terminan por complicar aún más el panorama no muy claro.

El parate generado por el increíble conflicto agrario atenta directamente contra la recaudación que pretendieron incrementar; al retenerse las cosechas, y no iniciar las siembras tal como estaba programado, o hacerlo sin abonar las tierras, al desistir de la compra de agroquímicos, semillas, maquinaria agrícola arremeten contra aquella; se achican las ofertas de divisas en el mercado diario - faltan cerca de 160 millones de dólares diarios - y al invertir la ecuación obliga a vender divisas en lugar de comprar achicando el superávit y las reservas del BCRA.

Y como bien señala Joseph Stiglitz "… no se puede esperar que este nivel de crecimiento continúe indefiniblemente, y es cierto que hay una inflación que está aumentando en todo el mundo… originado por la suba de los precios de los alimentos y de la energía. De manera que hay que poner la inflación de la Argentina en un contexto mundial de suba de precios". Pero lo que no se dice es que los alimentos y dicho aumento ayudaron y ayudan a la "recaudación record" obtenida por el Gobierno, sin que por ello el Estado haya tomado los recaudos necesarios para atender la demanda alimentaria de las clases sumergidas; y respecto de la energía es un elemento que complica el ya muy complicado sector interno al no autoabastecernos y depender de la importación energética a valores internacionales mientras internamente se subsidian incomprensiblemente a los sectores altos y medio altos.

Seguimos sufriendo como país, al igual que la gran mayoría de Latinoamérica, las consecuencias del Consenso de Washington lo que produce que el país siga "subinvertido", pero el Gobierno no ataca estas causales, y dilapida el crecimiento producido en estos seis años al no atacar francamente las desviaciones al modelo, generadas interna y exteriormente por especuladores y negocios corruptos, a la vez que se niega a realizar las correcciones imprescindibles para consolidar el modelo de desarrollo y crecimiento sostenido y sustentable.

Es imprescindible que se entienda desde las esferas gubernamentales que es fundamental atacar el problema de infraestructura, el déficit energético, el nivel educativo general y el universitario en forma particular -incentivando aquellas carreras y áreas requeridas por el desarrollo nacional- , y fundamentalmente la innovación tecnológica. Dejar de lado los gastos improductivos y las obras faraónicas, atendiendo imperiosamente las obras de infraestructura básica y el crédito interno atado al desarrollo productivo de las pymes, solucionar el fantasma de la inflación desbocada y corregir el modelo desde la base misma del sistema impositivo regresivo y confiscatorio para pasar a uno al servicio del crecimiento, la equidad y la justicia sectorial y social. La presidente debe desmentir el concepto del subcomandante Marcos que la definiera al señalarla diciendo: "es la prueba de la política como fenómeno mediático. Ella representa la imagen que quieren los de arriba para el gobierno de toda América Latina".