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ARGENTINA

El peronismo huele "sangre", y tras el síndrome de la derrota abre la pelea interna para dirimir el "liderazgo vacante"

Por primera vez en tres años -desde octubre de 2005- Néstor enfrenta una real disidencia interna, perdiendo el hegemonismo acumulado, y con apenas 90 días desde su asunción en el Partido ha perdido realmente el poder.
Por José Marcelino García Rozado

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 29/07/08.- Así como debió abandonar aquel febril sueño de creación del "tercer movimiento histórico" mediante la tan meneada "transversalidad" hace ya un tiempo, ahora tras la votación de Julio Cleto Cobos se terminó de demostrar lo inservible de la "concertación", algo que Néstor debe haber avizorado hace ya un tiempo atrás, y que lo compeliera a volver su mirada hacia el tan vilipendiado Partido Justicialista, el mismo que él despectivamente denominara como el "viejo pejotismo"; ahora ese mismo partido comenzó a darle "señales inequívocas" de desobediencia, desgajando aún más un poder no ya hegemónico, apenas transcurridos 90 días de su ilegítima asunción junto a un Concejo partidario integrado por lo más granado del kirchnerismo obsecuente y prebendario. Unas "autoridades" (sic) que se integran con "no peronistas", ex radicales conversos, ex marxistas patoteriles cuando no terroristas, y compañeros que por aprete o prebendas decidieron sumarse a un órgano bastardeado y desprestigiado.

El detonante de todas estas nuevas realidades -el conflicto agrario- despertaron a la pareja de los sueños hegemónicos construidos con ahinco durante el pasado quinquenio, el batifondo generado por las desobediencias y el desgajamiento en el peronismo y las divisiones durante el tratamiento en el Congreso terminaron por revelarles que el "regreso" a Perón fue una estrategia fallida. La conducción de Néstor en el PJ terminó siendo mucho más efímera de lo que se hubiera podido imaginar hace apenas 90 días atrás, cuando rodeado de todo el "aparato" del poder kirchnerista asumiera en el Partido de Perón y realizara un típico discurso de confrontación, guerreando contra aquellos que no lo acompañaban en sus disquisiciones. Una conducción hoy muy cuestionada por sectores hasta ayer fieles acompañantes, clima levantisco dentro y fuera de su otrora propia estructura; gobernadores, senadores, diputados nacionales, intendentes y dirigentes partidarios que hoy cuestionan casi todas aquellas cuestiones antes obsecuentemente acompañadas.

Curiosamente, la principal herramienta política con la que se armó Néstor Kirchner para intentar apuntalar el gobierno de su consorte y que fuera, como lo terminó admitiendo, la razón primera y final de su inédita decisión de "liderar" el partido peronista -despreciado y desprestigiado durante casi todo su mandato y antes también- se le termina revelando ahora como un instrumento muy poco "confiable" para el hoy ex presidente. El malestar y la bronca de una gran cantidad de dirigentes peronistas, por las actitudes, los discursos y el pensamiento del presidente partidario, todavía no han encauzado ni están gravitando en el desarrollo de un Gobierno que no termina de encontrar el rumbo -luego de este profundo descarrilamiento- y por lo tanto terminan siendo una nueva incógnita a ser develada.

Pero las aparentes razones que terminaron alejando a Alberto Fernández del Gobierno no son radicalmente opuestas a la gran mayoría de los cuestionamientos que se vienen escuchando desde dentro y fuera del gobierno y la oposición interna del PJ, ¿estará el Alberto F intentando pegar un salto doble mortal para volver a caer parado?, o realmente piensa lo que expresa y por lo tanto critica "una forma de gobernar" soberbia, autista y basada en descalificaciones y ataques humillantes para con aquellos que no responden a la obsecuencia o el "pensamiento único" impuesto por Néstor y Cristina. Si esto fuera cierto y él pensase que se debe cambiar profundamente esa forma de ejercer el poder, detenta un cargo partidario muy importante y trascendente desde donde ejercer una importante presión -es secretario general del PJ-.

Como siempre se dijo y muy sabiamente recuerda Juan Carlos Torre "en el peronismo se vuelve de todo salvo de la derrota"; y más allá de desconocer cuál terminará siendo el desenlace de la actual y muy profunda crisis de autoridad generada a raíz principalmente -no exclusivamente- de la lucha campesina de los pasados 130 días, pero lo que cada vez está más claro es que Néstor nunca logró consolidar su apetencia de conducir el peronismo, aún cuando logró disciplinar a muchos caciques provinciales y como remarca Torre "a la vista del estado de deliberación, puede decirse que ha sido efímero: un esplendor de sólo 90 días … lo que tenemos es incierto: está en eclipse el peronismo de Kirchner, un peronismo exótico que se sostiene sobre la base de los que se fueron de la Plaza de Perón. Asistimos a la revancha de los que se quedaron en la Plaza", termina remarcando una verdad difícil de visualizar apenas seis meses atrás, cuando luego de las elecciones, que si bien se ganaron por un muy amplio margen escondieron prolijamente una verdad incontrastable que si tomamos las cifras reales del voto por Cristina sobre el total del padrón de votantes -sin contar las maniobras semi delictivas ocurridas en muchos distritos- los votos oficialistas alcanzaron al 29 % del total del padrón de votantes, y muy lejos de las cifras triunfalistas publicitadas del 45%, no lograron consolidar a Néstor dentro del peronismo más allá de haber logrado cooptar el partido al tomarlo casi ilegalmente.

El poder omnímodo que logró construir en base a dinero y prebendas -y que es posible que Cristina pueda reconstruir por las mismas causales- no alcanzó para hegemonizar el poder interno del peronismo, desgajado no desde el comienzo del problema agrario, sino desde hace ya más de un año cuando comenzaron a notarse ciertos movimientos de indisciplina con la aparición de los primeros díscolos en el Congreso -fallido- de Potrero de los Funes y más tarde con la presentación de candidaturas opositoras en octubre pasado -Alberto Rodríguez Saá y Roberto Lavagna- por fuera del PJ y muy enfrentados al Frente para la Victoria y la Concertación oficialista.

Las desproporcionadas declaraciones de la pareja K sobre "golpe institucional" lanzadas durante la crisis agropecuaria demostró al aplacarse aquella, carecer de todo sentido y haber sido otra de las tantas desmesuras de la incontinencia verbal ejercida por el oficialismo durante 120 días y como bien acota Torre "el 2001 está presente y la gente aprendió. Los alemanes hablan de voto de confianza constructivo en el Parlamento: para quitarle la confianza al primer ministro tiene que estar preparado el otro. Y aquí todavía no lo está", si bien están apareciendo las primeras señales "serias" de aparición de una "nueva figura" -el otro de Torre- es cierto que todavía aquella tampoco está claramente identificada y por lo tanto todavía es apresurado pensar en un "voto negativo de confianza" popular.

Es ya vox populi que el liderazgo de Néstor -y por arrastre el de Cristina- ha quedado muy afectado y dañado, tanto dentro del PJ como ante la sociedad argentina en general, y como bien sabemos los peronistas, ante situaciones de este tipo la misma orgánica peroniana terminará por condicionar abruptamente la conducción y el liderazgo. Como bien aclara Ollier (María Matilde) "el liderazgo en el justicialismo ha quedado afectado, está debilitada la jefatura de Kirchner, es un jefe que perdió en un conflicto que involucró al conjunto de la sociedad argentina. Kirchner quedó en manos del Partido Justicialista, que le va a poner muchos condicionamientos y le planteará quién conduce a quién, en el peronismo ya se desató la carrera sucesoria". Remarca con la sabiduría propia de quienes lo estudian sociológicamente, aquello que otros menos letrados pero igual de compenetrados con el sentir definen como "en el peronismo cuando se huele a sangre se desatan las batallas por el liderzazo" y es cuando el peronismo suele despertarse de los períodos de aletargamiento, modorra y apatía propios de sentirse detentando el poder y se pasa a la etapa de lucha y reproducción y como lo remarca Ollier "se han abierto las puertas a la pelea interna".

"El desdoblamiento de la imbricación histórica entre presidente de la Nación y jefe del peronismo debilitó a la Presidente y el liderazgo partidario. El conflicto con el campo no hubiera escalado como lo hizo si el Presidente seguía siendo Kirchner" sostiene con un criterio muy propio de ella, ya que parece no recordar que nunca el General Perón quiso concentrar los cargos de presidente de la Nación y jefe partidario, y lo hacía con la sabiduría propia de un estadista que afirmaba que era el partido quien debía ser el controlador del ejecutivo y legislativo, y que además era el depositario de la doctrina y quien debía velar por el fiel cumplimiento de aquella por parte de las autoridades electas popularmente. En la etapa post peronista, aquella iniciada por el partido con los gobiernos ejercidos por "afiliados peronistas" que por lo general desconocieron muy profundamente el legado de Perón y su doctrina, amparados en el aggiornamiento -que decían era imprescindible- y que terminó ocultando traiciones y desviaciones varias se terminó adoptando la "imbricación entre presidente y jefe partidario", y que como nos mostró la realidad no fue beneficiosa para la Patria y el Pueblo.

Aquel problema -equivocación mediante, solamente- fácilmente reparable terminó por la incapacidad y la obcecación gubernamental disparando una "crisis" que como señala Horowitz (Alejandro) "en la Argentina esto equivale a decir que abrió una crisis para todos" y acordando con Torre, Ollier y muchos de nosotros el "síndrome de la derrota empuja el desplazamiento de Néstor Kirchner del peronismo" y aclara aún más "el proyecto de Kirchner así definido fue derrotado porque Kirchner no tiene proyecto." Si bien Horowitz está ubicado en una postura distinta y con la que no coincido, puedo aceptar que "los peronistas tienen hoy un sentido de las proporciones y no arriesgarían a que el peronismo termine comiéndose a Kirchner porque una catástrofe kirchnerista es una catástrofe peronista. Actúa como un límite para ellos y para los demás" pero equivoca parte importante del discurso pues es cierto lo del sentido de las proporciones y de que es muy probable que si no se comienza a distinguir entre kirchnerismo y peronismo, Néstor arrastrará al peronismo al abismo tal cual De la Rúa lo hizo con el radicalismo. Pero el "límite" está justamente en provocar la diferenciación neta y clara en el Pueblo peronista y en la ciudadanía en general.

La oposición no peronista, y sus pensadores -Ricardo Sidicaro incluído más allá de su afiliación-, no saben distinguir entre peronistas y dirigentes "que dicen ser" peronistas, y por lo tanto termina por realizar juicios de valor tan equivocados y faltos de realidad como decir "prefiero hablar de peronistas y no de peronismo, porque el peronismo ya no existe" tomando la fotografía equivocada que termina congelando los períodos liberales y socialiberales encaramados en los gobiernos asumidos a través del voto peronista, como gobiernos de signo peronista que lo terminan conduciendo a tales falacias y errores. Es muy cierto que "la realidad de la confederación de los caudillos peronistas, pragmática, calculadora, con escasa ideología trascendente…" tan criticada por todos nosotros, como factor de disgregación permisiva de los profundos valores legados en la filosofía peronista y la doctrina termina por hacer realidad que "lo que va a primar de aquí en adelante es el cálculo."

Verdad que termina por coronarse de no existir un profundo replanteo y una clara diferenciación entre kirchneristas y peronistas hoy, como en la década del 90 sucediere entre menemismo y peronismo. Porque "desde dentro Kirchner no podía desconocer el modus operandi del peronismo. Y cabría decir que no debía operar del mismo modo. El desarrolló una política de intercambios económicos, presupuestarios, con esos caudillos. Es una política que funciona fácil si no hay costos. Aunque el modelo de Kirchner era el único que se podía aplicar, ahora vemos que se sueltan las ataduras" , aquello planteado como lo "único que se podía aplicar" es un concepto simplista y falto de realidad, que termina encubriendo una forma de hacer política y acumular poder muy enanista y humillante, propia de quien no cuenta con capacidades morales e intelectuales para trascender las fronteras del mando asentadas en el acuerdo, el diálogo y el convencimiento.

Como nos enseñara nuestro Líder y Conductor, el mando se ejerce por convencimiento y convicción y el poder se obtiene por delegación de un pueblo convencido de acompañar al conductor, y no porque se imponga aquél a través de la prebenda, la cooptación, el apriete o la violencia. Cuando el que debiera conducir no lo realiza, y a cambio intenta imponerse por metodologías rayanas con la sumisión y la humillación es muy factible que se terminen "soltando las ataduras" y sólo aquellos que mamamos peronismo vamos a entender que el Pueblo acompaña al conductor cuando se siente verdaderamente "conducido" por éste. El kirchnerismo tras la elección de octubre 2007 leyó aquella como un punto de inflexión que mostraba que la contradicción seguía siendo peronismo-antiperonismo, cuando en verdad era simplemente un pasaje desde un gobierno, que asentado en el "rebote" económico producido por el plan-modelo aplicado desde 2002 por Duhalde basado en la sustitución de importaciones, dólar alto, crecimiento sostenido, superávits gemelos importantes e inclusión social, hacia otro que debía mejorar la institucionalidad y cambiar una metodología de gobierno asentada en la soberbia, el autismo y la confrontación permanente.

En cambio, Néstor y Cristina creyeron que el plan-modelo era algo permanente, y obviando las correcciones y los ajustes imprescindibles desde el mismo 2006 se aferraron al crecimiento, y desecharon el "desarrollo", así como primero desecharan el "transversalismo" y hace poco lo hicieran con la "concertación" intentando cooptar al peronismo. Se equivocaron feo al abandonar el desarrollo, y lo hicieron mucho peor al querer cooptar el peronismo y como dice Sidicaro "este momento es la constatación de que fracasó la política del acercamiento -dice él, cooptación y asalto debería decirse- al PJ, después de que el kirchnerismo ya había fracasado en su intento de sumar la modernidad, las grandes ciudades, a su proyecto".

No entienden al peronismo, ni lo conocen. Es cierto que desde que se fueron de la Plaza de Perón, lo hicieron porque no lo sentían, ni lo entendían. No ya a Perón, sino al mismo Pueblo peronista, ni tampoco al Pueblo de la Patria; para ellos aún está la antinomia de la lucha de clases tan alejada del peronismo como de la realidad argentina desde la llegada de Juan Perón y Eva Perón. Están estancados en los setenta, como los antiperonistas lo estaban en el 55; buscan la revancha de aquella Plaza como los fusiladotes del 56 buscaban aquella otra de las prebendas perdidas con la ascensión del Pueblo en 1945. Dice Mustapic (Ana María) "hay un problema de confianza en el peronismo (y en la concertación) y como le sucediera a Menem en la derrota de 1997, este revés del Congreso rompió la línea de alternancia prevista por el kirchnerismo y se presenta ahora el escenario clásico del peronismo … la interna se ha desatado" , creyendo descubrir algo totalmente descubierto por aquellos díscolos que hace ya más de 12 meses plantearan la construcción de una verdadera "alternativa peronista" a este ensayo socialiberal impuesto desde 2003.

Coincidiendo parcialmente con Casullo (Nicolás) cuando dice que Néstor "asume la jefatura partidaria a causa de una correlación de fuerza que responde a los logros de su gobierno, pero también a sus debilidades en relación al conjunto peronista. Tendrá que reformular su estrategia de conducción, porque en el peronismo se abrieron discusiones de un aparato de poder de vieja data y con experiencia en redituarse: Declina o no en relación a como se conserva una ecuación entre idea de un proyecto y capacidad de incluir sobre todo a lo diferente" porque si bien esto puede decirse que, es cierto parcialmente, no responde del todo a un serio análisis de lo que acontece. El abandono del "desarrollo" al comprar el "crecimiento" termina generando mucha más debilidad y lo aleja otro poco del Pueblo y del peronismo; el modelo socialiberal implementado abiertamente desde el 2006 es lo que empieza a generar el debate, la discusión ideológica y la necesidad de revisar profundamente la doctrina y el legado de Perón.

El forzamiento partidario kirchnerista terminó recalentando la dimensión del justicialismo y hasta su propia interna, actos y movilizaciones consecutivos exigieron demasiado de intendentes, gobernadores y sindicatos; una excesiva "peronización" de un gobierno que hasta muy poco tiempo antes recorría otros senderos -transversalismo, concertación- y que no había sido pensado de esa manera, trasuntaba una necesidad nueva e imperiosa resultado de los fracasos estrepitosos de sus anteriores armados. Cristina había prometido un "modelo distinto" asentado en alianzas, concertación, diálogo, socialdemocratización para un peronismo a ir siendo dejado atrás, para "una nueva edad democrática popular como partido más institucional que movilizado" y más acorde con el modelo kirchnerista de fuerzas de centro izquierda vs. centro derecha. La historia resultó ser, como se ve, muy otra.

La creación emanada de aquella intención de Néstor y Cristina de crear dos fuerzas, una "posperonista", que articulase una construcción de la política distinta -dice Casullo-, participativa, abierta, inclusora; que según éste se define "lo original del kirchnerismo es que planteó esto desde la Casa Rosada. Y tuvo que pelear un programa mínimo que diera fe a sus propósitos. Eso lo obligó a ser más cerrado, desconfiado, resistente que las políticas de izquierda que le exigían la transversalidad. Consideró equivocadamente que encerrarse sobre sí mismo lo fortalecía. Esta perspectiva de centroizquierda está en tránsito hacia una nueva figura. Casi todo acontece en lares de un peronismo desasosegado. No era el proyecto, ni en lo que respecta al partido ni al gobierno" termina aclarando para correr el velo de las verdaderas intenciones de quienes intentan volver a escudarse en el peronismo para construir algo tan alejado del peronismo como lo fuera en los noventa el liberalismo.

El problema no descubierto por Néstor está en la propia historia del peronismo, en el conflicto entre ideología y los pragmatismos mal propuestos antes por Menem y ahora por él; porque si bien Perón era esencialmente un pragmático profundo, asentaba su pragmatismo en un concepto ideológico y en un profundo conocimiento del mundo en el que le tocaba actuar y moverse, en ese mundo presente y fundamentalmente en el por venir, o sea en el futuro, ese tan bien leído y con tanta anticipación. Ese pragmatismo que le permitió modificar su postura entre el 45 y el 50 y entre éste y el 73 pero sin abandonar su ideología y su permanente lucha contra los imperialismos, el nacionalismo-populista es la línea y su relación directa con las masas su mecánica de interrelación; el modelo de industrialización y sustitución de importaciones, con desarrollo agropecuario, asentado en un profundo plan energético con matrices muy claras y definidas y la explotación de la minería y la hidroelectricidad dieron lugar a un crecimiento y desarrollo muy profundo.

El kirchnerismo no supo leer el modelo recibido y entró en crisis, falló al intentar realizar y crear un partido hegemónico, y volverá a ser derrotado por la inflación, que va a erosionar la atracción de los sectores populares que aún no lo abandonaron. La oposición no va a venir ni de la derecha, ni del progresismo, ni de la centroderecha no radicalizada, y menos aún de la izquierda ni la centroizquierda, va a llegar desde dentro mismo del peronismo, como antes llegara para enfrentar el neoliberalismo. Los intelectuales progresistas que soñaron con un Néstor populista ideológicamente hablando y pragmático se equivocaron, como se equivocan al creer que Cristina se terminará separando, al estilo del mito de que Evita era la izquierda, pues ellos son una sociedad y si les va mal, les va mal a los dos, y existen uno en función del otro.

El desarrollo de la crisis del campo dejó varias cosas positivas, entre ellas las principales son: separó el peronismo del kirchnerismo, impidió la construcción del hegemonismo, fracturó el movimiento obrero entre peronistas y kirchneristas acomodaticios, y unió al peronismo con el campo y con ciertos sectores urbanos antes antagónicos, novedades coyunturales, que pueden convertirse en alternativa.

El único peligro existente es que Néstor entienda lo que pasa y logre sobreponerse a su propio pensamiento y accionar.