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ARGENTINA

Halcones y palomas, prepotentes patoteros y funcionarios serviles

Entre una Presidente autista, un marido omnipresente y una corte que no logra rehacerse tras la derrota ante el campo; Aerolíneas otro traspié en puerta, y van…
Por José Marcelino García Rozado

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 05/08/08.- "No me arrepiento de nada de lo que hice", Guillermo Moreno seguirá en su puesto, ni Néstor ni Cristina se dan por enterados del cambio producido por la sociedad argentina, luego de los indicios -desmentidos por la pareja- de su posible partida en las horas desvariadas en que ambos pensaron en abandonar el poder después de la dura derrota en el Senado, apenas unos pocos cambios para maquillar el Gobierno y vuelta a empezar con las prácticas consabidas con tono heroico y ese vaho a erudición militar que destilan los ademanes y palabras de Néstor -el indiscutido y omnipresente jefe político- y el discurso admonitorio de directora de escuela que dice y repite lo ya sabido, sin contestar casi nunca aquello que el pueblo quisiera conocer.

Los halcones, prepotentes patoteros, se terminaron consolidando ahora a siete meses del Gobierno cristinista -De Vido, Moreno, Jaime- la tríada está mucho más firme de lo que estaba el pasado febrero; y si bien es cierto que ninguno de ellos estaban "realmente convencidos" de convertir a ella en Presidente, trastocaron aquella inicial vacilación en un férreo anillo entornando a aquella contando con la inestimable mano de Néstor, y encontrando finalmente sus lugares. De aquellos incipientes intereses de Cristina por munirse de propuestas alternativas que pudieren reformular aspectos de la política energética, consecuencia de tomar conciencia -la hizo pública en varias ocasiones- del déficit que arrastra la nación en la materia, y que achacaba prioritariamente a aquel trío del que desconfiaba, y hasta de llegar a pensar en la necesidad de darle un sesgo distinto; ahora a pasado a recostarse definitivamente en ellos tras la derrota, no bien intervino el ex presidente.

Massa, al igual que Randazzo responden a Néstor y si bien no pertenecen al "núcleo duro" no se hallan enfrentados a los halcones, ni fueron nombrados para equilibrar sectores de pertenencia -Néstor o Cristina- como lo fuera Martín Lousteau. Este fue entronizado a modo de canje para "soportar" aquella tríada que nunca terminó de convencerla, si bien ni Jaime, ni mucho menos aún Moreno, dependen de De Vido ya que ellos al igual que Sergio Massa y el ministro del interior lo hacen de Néstor, aquellos nunca reportaron a Cristina, mientras estos últimos tienen una mejor sintonía con ella. Luego de estallado el conflicto agropecuario la Presidente varió su opinión y empezó entregando a Martín Lousteau, luego renunció a De Urquiza, terminando por separar al Alberto. Cristina parece ahora tan convencida como Néstor de las bondades políticas que representan De Vido, Jaime y Moreno; ya que hace apenas unos días los elogió en público -acto por Aerolíneas y conferencia de prensa- dándole razón a aquellos que leyeron la realidad presidencial y le achacaron a Alberto Fernández "mal cálculo" cuando supuso que renunciando desbalancearía el Gabinete obligando a la pareja a realizar una cirugía profunda.

Néstor, con la aquiescencia de Cristina, construyó durante estos cinco años una realidad de la cual se han "enamorado" y a la que no le descubren ningún defecto, por lo que aquel problema del Jefe de Gabinete saliente, aunque en una dimensión diferente, lo hereda el entrante quien llegó a dudar pensando que el salto enorme que estaba dando era desproporcionado e imprudente, pero su propia juventud y soberbia lo llevó a dejar de lado esas prevenciones terminando por aceptar, pero si éste soñó con integrar un Gobierno renovado deberá ver por el momento, al menos, postergada esa ambición y aceptar que el desquicio gubernamental sea apenas maquillado. Ellos al igual que muchos de los funcionarios más obsecuentes creen a rajatabla en la inflación de Moreno y endilgan todas las críticas y objeciones a simple intencionalidad política; creencias similares destilan respecto de aquellas encuestas que muestran descensos muy notorios de la imagen de ambos, como consecuencia de la pelea con el campo. Descreen de aquellos datos que muestran que se terminó afectando el nivel productivo de la economía aunque haya provincias y ciudades que, a simple golpe de vista, exhiban un efecto realmente devastador.

Llegan a tal grado de autismo que se han creído que el país posee un flujo importante de inversiones productivas directas -ver discurso ante los empresarios argentino-brasileños- y confían ciegamente en su "amigo" Hugo Chávez y sus permanentes e incumplidas promesas de gigantescas inversiones, aunque la realidad muestra que en el tema inversiones directas se está muy por debajo de Brasil, Chile, Colombia, Perú y Méjico; descreen o no quieren reparar en que se tiene un "riesgo país" tres veces mas alto que Brasil y ya no como consecuencia de ninguna amenaza de default sino, sencilla y únicamente, como consecuencia de las incertidumbres que el poder -de ellos emanado- desparrama por el mundo.

Se han autoconvencido, y lo contagiaron a sus acólitos, que detrás de la rebeldía del campo se agazapó una confabulación popular, generada por la clase media y una oposición que solo ellos han descubierto; pero a la misma vez descreen en el cambio del humor social. Esta profunda contradicción, imposible de procesar racionalmente, los lleva a devorar encuestas con números y proyecciones que no sólo no concuerdan, sino que terminan distando profundamente con aquellos otros que circulan fuera del Gobierno y hasta con aquellas encargadas por medios y gobiernos extranjeros. Entre unas y otras el único punto de contacto entre ambas realidades tan opuestas es que en todas la oposición no capitaliza la declinación oficialista.

Lo único verdaderamente peligroso en el horizonte próximo es la incipiente rebeldía surgida dentro del peronismo, el desgajamiento de importantes sectores populares ante el incumplimiento de las promesas electorales, y de dirigentes -gobernadores e intendentes- que ven peligrar, como consecuencia del presente accionar kirchnerista, sus propias continuidades en los ámbitos regionales. Aquello que, durante casi todo el período de Néstor como gobernante, fuera el contrapeso del "mundo embelesado" de la pareja y los consabidos obsecuentes de turno, había perdido capacidad de persuasión y ésta se terminó transformando en franco desacuerdo logrando lo que parecía imposible, catapultando a Alberto Fernández del Gobierno K.

Lo que comenzó siendo apenas una ausencia a los partidos de futbol del fin de semana en Olivos -exclusividad del grupo más selecto-, y donde Néstor había convertido el "tercer tiempo" en un permanente banco de pruebas e intrigas entre los presentes, terminó por entronizar a quien comenzó a verse "sobresalir" dentro del grupo, Sergio Massa se catapultó a lo más alto; y el conflicto campesino transformó aquel inicial distanciamiento en un verdadero abismo aprovechado sabiamente por la tríada de los halcones. Mientras el ex jefe de Gabinete disentía con la épica confrontativa que los Kirchner le daban al disenso agropecuario "fue todo una locura … fueron horas insólitas" se lo llegó a escuchar, y con la forma en que la enorme mayoría de los halcones trasladaban -de muy mala manera- la política a las calles y las plazas, exacerbada por aquellos y por la propia pareja en el acto de la Plaza del Congreso donde terminaron por aparecer públicamente las peores versiones de Néstor, sus "enemigos internos" aprestaban las armas para terminar de encaramarse en lo más alto del poder, lo que terminó por suceder.

Creer, sin embargo, que el Alberto no coincidía en lo más profundo con la política y con la forma de llevarla a cabo, que ejercían Néstor y Cristina, es desconocer realmente la cúspide del poder K. Sólo diferencias metodológicas los separaban, pues halcones y palomas coincidían en su profundo desprecio por el Pueblo y si disintieron con los jefes aquella noche aciaga cuando la pareja despechada amagaba con dejar el poder, no lo hacían por cuestiones de alta política, sino simplemente por el temor a sentirse desprotegidos y en el llano, luego de tantas desmesuras, atropellos y corruptelas. Tanto Néstor como Cristina atesoran dentro de su cuidada realidad un concepto singular de democracia y de responsabilidad institucional, lo que los llevara aquella noche a decir "gobierna el que gana. Nosotros acabamos de perder. Tenemos que irnos". Vociferaba Néstor mientras despertaba a una Presidente que dormía increíblemente en aquella trascendente noche, más allá de que no había sucedido otra cosa que el haber perdido una "pulseada" parlamentaria como tantas otras veces sucediera aquí y en el exterior con tantos y tantos mandatarios.

¡Kirchner parece concebir sólo la democracia del triunfo!

Por lo que aquel simple traspié, le despertó el convencimiento de que "el peronismo huele sangre y se prepara para la gran batalla", lo que le avecinaba un horizonte a él y a Cristina de un peronismo levantisco y disgregado, generando desde adentro una oposición envalentonada, con un Congreso donde cada proyecto oficial podrá tener un curso tortuoso en adelante. Todo muy diferente a la costumbre patagónica de gobernar desde la homogeneidad y el estilo principesco, empezar a probar el gobernar desde la adversidad, se instaló el paradigma del "fin de mandato".

Néstor tomó distancia del Alberto, y no entendió ni aceptó la llegada de Lousteau, pero la canjeó por la permanencia de sus fieles y fogoneó, casi abiertamente, las críticas y los ataques de Mario Das Neves.

Echó a rodar al ex piquetero Luis D'Elía, aceptó gustoso las descalificaciones como negociador del ex Jefe de Gabinete, tanto de los dirigentes agrarios como de la oposición, y por el contrario se molestó y mucho del afán componedor tanto de aquel, como del que al inicio del conflicto desarrollara la propia Cristina al recibir durante tres horas a la Mesa de Enlace. Ahora, logrado su objetivo, luego de entronizar a Massa desparramará su sombra e influencia sobre el novel, acotando la geografía e invadiendo su espacio, imponiendo su omnipresencia y disgustándose cuando aquel no diga lo que él pretende que se diga. Ya se molestó con las primeras opiniones públicas del Jefe de Gabinete sobre el INDEC. Cristina, luego de intentar reponerse del mazazo legislativo, vuelve a mostrar abiertamente a su esposo como "la esencia" del poder.

Los halcones convirtieron la crisis en una fiesta, pues al lograr el despido de su enemigo interno, se sienten dueños absolutos del poder; ese mimetismo retardado de los años 70 donde mezclaban sentidos festivos con victorias pírricas ha vuelto a aparecer en el horizonte gubernamental. "Alberto se ha convertido en el Paladino de este tiempo" chicanean comparándolo con quien tramara la construcción de una alternativa neoperonista, de un peronismo sin Perón, y con la desproporción de comparar a Néstor con el mismísimo General. Un verdadero despropósito sazonado de una muy profunda ignorancia.

La entronización definitiva de los halcones está regando de dudas e incertidumbres a otros sectores del Gobierno y de la sociedad misma. El remanido latiguillo de que Cristina llegaba para ampliar la base de discusión y pensamiento, de que la concertación era un echo fundacional está muy descascarado. Néstor y Cristina enamorados de su propia política, se aíslan aún mucho más, nadie sabe por estas horas si tienen conciencia del ánimo que impera en el mismo peronismo. La primera prueba está a la vuelta de la esquina con el proceso parlamentario de la estatización de Aerolíneas Argentinas, una quimera de difícil tránsito, por lo muy poco transparente.

Los Kirchner transitaron en estos aciagos años por la transversalidad, la concertación, y el progresismo siempre acompañados por una mayoría indiscutida dentro de Partido Justicialista; pero ahora comienzan un tránsito apenas cobijados por el sistema más duro del kirchnerismo más puro y algunos "barones" del conurbano. Y es por eso mismo que casi cotidianamente concurren a zambullirse entre la gente para intentar -vanamente- recuperar el calor perdido, en medio de una diáspora, ya que importantes intendentes han empezado a sacarle el cuerpo a esos repetidos desafíos, u otros se animan a decir en su presencia aquello que callaban apenas hace unos pocos meses.

Esta predisposición propia de un peronismo muy acostumbrado a no perdonar las derrotas y menos aún a los comandantes de aquellas, podría abatir definitivamente a la pareja presidencial en la más absoluta soledad sin remedio alguno.