Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
ARGENTINA

El plan kirchnerista, dividir al gremialismo peronista y así terminar con el último bastión de resistencia peronista a la izquierda gramsciana

La generación de tensiones internas y la muy compleja vinculación con la dirigencia peronista disidente por un lado y con la cúpula del "aparato" pejotista.
Por José Marcelino García Rozado

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 06/08/08.- Desde su asunción al poder en el 2003, Néstor y Cristina vienen pergeñando y llevando a cabo un metódico plan de cooptación y destrucción del gremialismo peronista, último bastión de resistencia del peronismo ortodoxo y combativo. Este plan que se logra consolidar gracias a los muy buenos oficios del secretario general de la CGT y líder del gremio de camioneros, con la connivencia de amplios sectores enrolados en esa central obrera -salvo muy dignas y elogiables excepciones- termina por lograr la fractura del movimiento obrero en el Congreso de la CGT realizado el último 8 de julio de 2008.

Aquello que intentaran infructuosamente durante el pasado siglo XX los fusiladores del 55, luego intentado por los diversos golpes militares del 66 y los genocidas del 76, y más acá por el alfonsinismo al inicio de su mandato -Ley Mucci-, el menemismo cooptando a la dirigencia corrupta mediante las obras sociales sindicales, está siendo coronado en el presente siglo XXI con un impensado éxito por la pareja socialiberal gobernante en éste primer paso, que se terminará de ejecutar el día -cada vez más próximo- que terminen por otorgar la personería jurídica a la CTA, algo prometido desde el mismo momento de la campaña electoral del 2003 y pospuesto tras el supremo designio de no interferir en la cooptación de aquellos sectores que permitieran fracturar al sector mayoritario del sindicalismo peronista.

Aquel plan pergeñado en los albores de la década del 70, cuando imbuidos de la prédica de los progresistas aleccionados en la existencialista europa, decidieron infiltrar al último y más importante movimiento de masas obreras del mundo, el movimiento obrero argentino, peronista por elección popular y muy odiado y vilipendiado por aquellos jóvenes cooptados por el marxismo internacional y aleccionados por las técnicas gramscianas, puestas muy en práctica tras los sucesos del mayo francés del 68 y divulgadas por pensadores como Regis Debray y sus acólitos sudamericanos -el Che Guevara a la cabeza- y argentinos; muchos de ellos ideólogos de las facciones armadas ERP, FAP, FAR y Montoneros y que con el correr de los años terminaron como empleados calificados de los Servicios de Inteligencia nacionales y extranjeros latinoamericanos.

Aquellos mismos que se fueron de la Plaza de Perón, el 1º de Mayo de 1974, cuando luego de enfrentar al General lograran que el viejo caudillo popular los apostrofara como "estúpidos, imberbes y traidores al servicio de los imperialismos", y que terminaron por dar los motivos necesitados por los personeros de los intereses antinacionales para a través de unas Fuerzas Armadas gorilas y antipopulares terminar derrocando al gobierno constitucional de la viuda del General en aquellas aciagas horas del 24 de marzo de 1976. Esos mismos que lograron la victoria intelectual de persuadir al pueblo todo que "ellos" habían puesto los mártires, cuando la verdad histórica es que fue el pueblo obrero y peronista el que terminó entregando a sus hijos en el martirologio provocado por aquellos civiles y militares genocidas.

Mientras los golpistas destruían el aparato productivo nacional, sembrando de cadáveres obreros el territorio nacional, los jóvenes iluminados colaboraban en esa destrucción o entregaban a los perejiles de sus bases combatientes, mientras disfrutaban de los dineros obtenidos por secuestros o traiciones en México, Paris, Oslo, Roma y Madrid. Pero seguían adelante con la planificación de la infiltración del Movimiento Nacional Peronista, y es así que logran incorporar a una gran cantidad de cuadros erpianos y montoneros en las dos fuerzas políticas mayoritarias de la Patria. Estos comienzan a ocupar puestos directivos municipales, provinciales y nacionales con la restauración democrática del 83, y desde allí y como objetivo prioritario inician el ataque sobre "la columna vertebral" del peronismo, primero con el fallido intento de la Ley de Asociaciones Gremiales -Ley Mucci-, luego colocando conducciones no peronistas en aquellos gremios recién normalizados que duraron en ellas muy cortos períodos debido a la lucha de las bases justicialistas de esos sindicatos.

Con el menemato instalado en el poder, aquellos infiltrados secesionan la CGT y crean una central sindical antiperonista, o como mínimo, imbuida de pensamiento progresista e intentan el reconocimiento jurídico para aquella (CTA). Caracterizados dirigentes montoneros son nombrados funcionarios, legisladores, gobernadores, intendentes, concejales constituyéndose en la avanzada del desembarco y en cabecera de playa de la invasión preconcebida durante todos aquellos años de ostracismo y traiciones internas, hasta lograr desembozadamente el poder con la asunción de Néstor Kirchner el 25 de Mayo de 2003; cuando acababan de cumplirse veintinueve (29) años de aquel abandono y huída de la histórica plaza.

El resto es historia reciente y sobre-conocida, las promesas aún no cumplidas a sus socios del 2003 de reconocimiento de la CTA, la cooptación de la mayoría de los gremios del MTA y de los "independientes" con medidas populistas y demagógicas, que se realizaban para tapar el desmanejo -desde casi el mismo inicio de la gestión K- de la inflación y los atrasos de los sueldos, mediante negociaciones salariales tripartitas, las convocatorias al Consejo del salario Mínimo, Vital y Móvil, y los reacomodamientos de las jubilaciones y pensiones aunque achatando la histórica pirámide de aquellas, mediante los aumentos de las mínimas segregando a las medias y las más altas.

Entronizan a Hugo Moyano, potenciando su figura mediante aquellas medidas, y consolidan una alianza impensada durante las luchas ideológicas de los 70 entre ellos y los sindicalistas peronistas. Claro ejemplo de ello es el abrazo fraterno entre Moyano y el diputado Carlos Kunkel, copartícipe e instigador del asesinato de José Ignacio Rucci aquel 23 de setiembre de 1973. Y así como durante el período menemista, los "gordos" son cooptados por el neoliberalismo y entronizan a Rodolfo Daer apañando desde la CGT las privatizaciones, la desnacionalización de la economía, y la terminación de la destrucción del aparato productivo iniciado durante la dictadura genocida con el Plan de Convertibilidad cavallo-menemista; hoy son los enemigos de entonces, en la interna gremial, los que terminan apañando esta nueva traición al pueblo trabajador y peronista.

Desde el mismo retorno a la democracia en 1958, todas las uniones y confederaciones reafirman plenamente, y siempre -más allá de las divisiones internas- su pertenencia a la CGT "en general", constituyendo una categoría político-sindical casi abstracta y lo suficientemente flexible para favorecer convergencias sindicales permanentes o hasta temporales. Más allá de las divisiones ideológicas o propias del internismo sindical -los 25, la CGT de los Argentinos, la CGT Brasil, el MTA, etc.- la historia refuerza aquel concepto básico, que permitió mantener fortalecida la estructura sindical argentina ante los ataques políticos, económicos y hasta gremiales.

Pero así como en los 90, aquella desviación y cooptación tuvo como anticuerpos internos al sector del MTA que supo luchar, presentando batalla desde el más ortodoxo pensamiento nacional y peronista al enajenamiento de la economía y el patrimonio nacional dirigido desde el sector más liberal y apátrida conocido, luego de aquellos otros del 55 y 76, hoy encontramos dirigentes y gremios aislados que hacen primar el dogma y la Doctrina peronista sobre el mal llamado "pragmatismo", que no es otra cosa que la más llana y absoluta traición a los valores nacionales y populares legados por Perón y Evita.

Recién aparece un primer intento de enfrentamiento al sector entreguista, superador de aquellos intentos individuales y aislados, y copartícipe de la destrucción montonero-kirchnerista implementada desde los albores mismos de la actual gestión del matrimonio presidencial. Ese primer intento se genera con la constitución de la CGT Azul y Blanca, que viene a sumarse a la solitaria lucha iniciada por la UATRE como consecuencia del conflicto agrario de marzo del presente año. La toma del Partido Justicialista por parte de Néstor, al asumir como presidente del mismo, intenta ser usada como justificativo de parte de muchos dirigentes gremiales, para allanarse a la estrategia de Néstor y Cristina y en aras de la "institucionalización" y la aplicación de políticas públicas emanadas desde el poder, hacer la vista gorda -como otros lo hicieran en los 90- al presente plagado de confrontaciones, enfrentamientos populares, desgobierno y abandono de un modelo nacionalista-industrialista iniciado por el ex presidente Eduardo Duhalde tras la crisis del 2001.

La Argentina de los Kirchner propone los enfrentamientos entre sectores productivos -campo vs. industria-, la lucha de clases ahistórica y perimida desde hace más de 60 años con la llegada del peronismo, el enfrentamiento entre gremios agrarios y gremios industriales, la pelea de pobres contra excluidos, la de pueblo contra militares, la de gobierno vs. Iglesia Católica, en fin, un modelo de confrontación permanente, lo más abarcativa posible y contra todos para hacer de la disolución nacional la metodología de dominación gramsciana, pergeñada entre sus ideólogos allá por los 70.

Sin embargo estos meses de resistencia popular -chacareros y citadinos- han terminado de lograr lo que parecía una quimera apenas unos meses atrás, erosionaron y deshilacharon políticamente al matrimonio, y como consecuencia lógica al Gobierno y a la conducción del PJ. Esta erosión y desgajamiento han permitido y posibilitado la unificación coyuntural -al menos- de una parte importante del peronismo y, como no podía ser de otro modo, de los gremios comenzando a rebelarse contra el liderazgo omnipresente y hegemónico de Néstor y por consecuencia de la Presidente Cristina. Este sector peronista rebelde oscila, todavía, entre sumarse -liderándolo- a un eventual frente opositor u organizarse como corriente peronista diferenciada de la socialiberal representada por el kirchnerismo dentro del PJ, o bien ambas a la vez.

Es la nueva situación política partidaria lo que ha terminado de empujar al "barrionuevismo" a adoptar la posición de no participar del Congreso sindical, y marcar abiertamente la diferenciación ideológica, antes marcada clara y públicamente por Gerónimo Venegas y por otros dirigentes desde el of de record; si bien aún ésta postura es minoritaria entre las grandes uniones y confederaciones podría en muy corto plazo, o ante nuevos conflictos y confrontaciones -muy propias de la pareja gubernamental- incorporar a algunos, varios o todos los sindicalistas "gordos" nunca totalmente identificados con el kirchnerismo. Este sector siempre desconfió de la capacidad política de Néstor para "refundar" al PJ, prefirieron y prefieren preservar su autonomía, en un presente nacional que ven políticamente en redefinición.

No quieren a Moyano y sus acólitos, y además sospechan de la cultura montonera-progresista que intuyen -con acierto- desvaloriza el papel de los sindicatos, más allá que consideran necesario que la CGT mantenga el ideario ideológico emanado del peronismo, que no es otro que el de un nacionalismo neodesarrollista, o nacional-populista-industrialista. Ideario abandonado por el kirchnerismo desde los comienzos de 2006 cuando definitivamente abrazan el ideario socialiberal neomarxista de un progresismo confundido.

El Pueblo Argentino, producto de la crisis del campo, ha re-aprendido mucho sobre la necesidad de direccionar positivamente las profundas transformaciones productivas agrarias, así como incorporar a la producción agroalimenticia como componente esencial de un modelo económico agro-industrial integrado; las tensiones vividas está anunciando originales y profundos cambios políticos en el país y el sindicalismo peronista vivió y vive también esa tensión, además de ser impulsado al torbellino de los acontecimientos que deberán definir el perfil de país para las próximas décadas, mal que le pese a Néstor y Cristina.

Y así como los anticuerpos se comenzaron a formar en la sociedad, en el PJ, invariablemente lo harán en el sindicalismo peronista, por eso la división política iniciada el 8 de Julio -en forma abierta, ya que antes existían (UATRE)- que marcan la posibilidad de elegir entre un modelo populista y subordinado a intereses antinacionales y otro modelo ya implementado por el peronismo en el 46 y el 73 del siglo pasado y en el 2002, bipolaridades que están naciendo y que deberán terminar de enfrentarse para bien del peronismo y del pueblo todo. Bipolaridad que debe repetirse con la reconstrucción de un radicalismo que ayudará a dar, junto a la del peronismo clarificado, estabilidad a la democracia representativa y hoy tan vilipendiada y bastardeada en nuestra Patria Argentina.