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Las invasiones inglesas de 1806/1807, como una verdera invasión e intento de colonización

Lo oculto por la historia "oficial" mitrista. Nos acostumbraron a creer que aquellas invasiones habían sido apenas unos conatos tontos, llevados a cabo por trasnochados al margen de los designios de "La Corona".
Por José Marcelino García Rozado

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 18/09/08.- Históricamente, la historia oficial mitrista, ha intentado presentar las, mal llamadas, invasiones inglesas al Virreinato del Río de la Plata como una trasnochada aventura del Comodoro Sir Home Popham, quien además de participar mucho antes de 1806 de la elaboración de los planes del Imperio Británico para incursionar y de ser posible colonizar la América del Sur, era un importante almirante y agente del Gobierno.

A la independencia de las colonias británicas de América del Norte ocurridas en 1776, la Corona Británica comienza a pensar en expandirse, y compensar aquella pérdida territorial, sobre la India, Filipinas y la América del Sur. Sir Home Popham se entera que Buenos Aires está muy desprotegida y que, de tomar la ciudad, además de apropiarse de caudales muy importantes, puede dominar territorialmente las comarcas del virreinato del Río de la Plata, y por consiguiente poner un pie inicial sobre los territorios españoles de la América del Sur, en momentos en que España y su Corona no pasaban por una etapa de esplendor.

Si bien es cierto, de que es él quien toma por las suyas y sin una orden específica del gobierno imperial, el desvío de las tropas del contingente británico a su cargo, y entregadas por la Corona para tomar y ocupar la Colonia del Cabo, y marchar hacia Buenos Aires; no es menos cierto que la política imperial de la corona británica nunca había visto con malos ojos las excursiones y tropelías de los capitanes bucaneros ingleses, y mucho menos de las expediciones y ocupaciones por parte de aquellos, o por otros expedicionarios.

Es muy claro, para muchos investigadores, que la visión oficialista de que las invasiones británicas de 1806 y 1807, como expediciones precipitadas por decisiones personales de un jefe por ambición de saqueo, no tienen asidero y muy por el contrario ellos y yo pensamos que las mismas formaron parte de un plan estratégico elaborado de largo plazo. Es muy posible que como piensa Rosendo Fraga aquella historia fue inicialmente una necesidad de no crear antagonismos entre nuestro país y la Gran Bretaña durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando aquella era nuestro principal y más importante socio comercial y económico.

Pero aquella intención inicial, se trastocó al inicio del siglo XX en la más burda patraña elaborada por las clases dirigentes y dominantes argentinas para tapar aquel intento de colonización por las armas, primer atisbo de lo que más luego llevarían a cabo a través de los amanuenses y traidores surgidos de aquella clase social.

Es así que se tratara de explicar, que aquellas invasiones se trataron en realidad de circunstancias, cuando en realidad eran parte de un plan perfectamente orquestado y planificado por la corona británica y que contaba con la aquiescencia de una parte de la burguesía comercial de la colonia. Sector que venía realizando muy buenos negocios con los británicos mediante el contrabando de importaciones y exportaciones desde el puerto bonaerense.

Hasta Vicente Fidel López en "Compilación de documentos relativos a los sucesos del Río de la Plata desde 1806 a 1807", realizada en 1851 en Río de Janeiro así lo explica e interpreta, mientras que otros historiadores contemporáneos como Miguel A. Cárcano buscan atribuirle a la muerte del primer ministro William Pitt en 1805, la "circunstancia" que termina permitiendo la aventura de Popham, ya que según él si hubiera vivido Pitt no lo hubiere permitido.

No debemos olvidar que Cárcano, fuera embajador argentino ante Gran Bretaña durante la 2ª Gran Guerra Mundial, y que a él le preocupan los conflictos internos de aquella entre tories y whigs y las internas a las que les adjudica las marchas y contra-marchas de la empresa de Popham; pero contradiciendo este pensamiento y mucho más ajustado a la realidad encontramos a José L. Speroni quien fundamenta precisamente el plan a largo plazo de la Corona para las incursiones en la América del Sur.

En agosto de 1904, una escuadrilla británica ataca a cuatro buques españoles provenientes del Río de la Plata hundiendo la fragata Mercedes, muriendo en ese episodio la madre y los hermanos de Carlos María de Alvear, salvándose éste y su padre al viajar en otro de las naves, las que son capturadas, apoderándose de 4 millones de pesos plata. Cuando Beresford toma los caudales de Buenos Aires en la invasión de 1806 el botín capturado asciende apenas a 1,2 millones de pesos plata, lo que nos permite suponer que Beresford muy posiblemente pone proa al Río de la Plata al enterarse del episodio de la fragata Mercedes, pero sin desatender el plan británico de ampliar los territorios coloniales en América, ahora del Sur.

Si bien aquel suceso de 1804 puede tener cierta importancia, lo realmente importante para el imperio inglés era la captura del Río de la Plata, no sólo por su riquezas sino por ser la llave maestra de la navegabilidad de los ríos interiores sudamericanos. Adquiriendo las empresas de Popham y Beresford un "interés nacional" de aquel gobierno. El espionaje británico informaba ya en 1773 la indefensión de la ciudad de Buenos Aires y de Montevideo; los informes de la Real Compañía del Asiento de Negros de aquellos últimos años del siglo XVIII preceden con amplitud el último conocido, previo al suceso de la fragata Mercedes, y data también de 1804 cuando James Florence Burke -agente imperialista- luego de desembarcar en la capital virreinal, se relaciona con los criollos entre quienes estaba Juan José Castelli, y termina permaneciendo en ésta hasta la llegada de Popham.

Volverá en otra misión, luego de las invasiones, en 1808 pero esta vez escudado en la excusa del apoyo político de la sublevación nativa contra España, subordinando indiscutiblemente aquella estrategia a los claros intereses de la política británica; remarcando con claridad meridiana la "visión de largo plazo" y la "política nacional" del gobierno británico respecto del Río de la Plata, que terminará culminando cuando logra décadas después la independencia de la Banda Oriental y por consiguiente la navegabilidad internacional de los ríos Uruguay y Paraná.

El Times de Londres, titula el 25 de setiembre de 1806 "Tal es la fertilidad del suelo, que Buenos Aires, en poco tiempo, será probablemente el granero de Sudamérica", a los 13 días de recibir la noticia de la caída de esa plaza en manos propias. Ya desde los inicios del siglo XVIII los británicos elaboraban planes para avanzar sobre los territorios del Imperio Español en América Central, el Caribe y del Sur, tardando un siglo en intentar seriamente aquellos planes.

En 1711 el conde de Oxford-Fulles presenta a la Reina Ana un plan para establecer una colonia en el estuario del Plata, siendo el plan de Popham de 1803 quien junto a Francisco de Miranda proponen organizar una expedición desde Irlanda con un contingente inicial de 3 mil hombres, quienes apoyarían a Miranda en su incursión en Venezuela -territorio del Virreinato de Nueva Granada-. Asimismo otra tropa de idéntica cantidad de hombres actuarían al unísono sobre el Río de la Plata, haciendo escala en la isla Mauricio o en el Cabo de Buena Esperanza, éste es el lugar elegido luego para la invasión de 1806 y la de 1807, e incorporando un número marginal de criollos sudamericanos.

Este mismo plan consideraba como alternativa un ataque sobre la costa del Pacífico, atacando y tomando de ser posible Valparaíso y algún otro puerto de la Capitanía General de Chile, siguiendo los pasos de un plan anterior de la corona de 1801. Pero recién tres años después -1806- es llevado a cabo por Popham y Beresford quienes zarpan de la ciudad de El Cabo el 31 de agosto de 1805, separándose del intento de Miranda de buscar independizar Venezuela quien zarpa el 2 de setiembre de ese mismo año. La coincidencia de fechas entre ambas expediciones es por demás sugerente.

Pero estos hechos desmienten las interpretaciones históricas, que le achacan a la batalla de Trafalgar -21de octubre de 1805- donde Nelson derrota a la escuadra combinada hispano-francesa, dándole a Londres la supremacía de los mares, y a Austerlitz dónde Napoleón derrota a Austríacos y Rusos, adquiriendo el dominio continental europeo, una importancia superlativa sobre los planes de largo plazo del Imperio Británico hacia la expansión territorial en América.

Aquellas expediciones de Popham, con Beresford y Miranda, desautorizan las interpretaciones de la importancia de Trafalgar y Austerlitz, reforzando la idea del "plan de largo plazo" de la conquista inglesa a expensas del Imperio Español de un año después. Aquellas expediciones parten de ciudad de El Cabo 50 y 52 días antes de que sucediera Trafalgar, y si bien Nelson buscaba desde mucho antes el combate es muy cierto que la flota franco-española pudieron haberlo evadido durante bastante más tiempo.

Es el mando francés quien fuerza a los españoles a salir a mar abierto y presentar batalla, pero si bien es el Almirante Nelson quien termina triunfando, este resultado no estaba en los planes de ninguna de dichas potencias, ya que la flota inglesa era muy inferior en poder de fuego. Pero además la victoria napoleónica en Austerlitz, sucede más de 120 días después de aquellas comentadas zarpadas, y el bloqueo continental de Napoleón logra imponerlo recién a principios de 1807.

Si bien la expedición al mando naval de Popham y militar del general Baird, cuya finalidad inicial era reconquistar de manos holandesas el Cabo de Buena Esperanza -extremo sur de Africa- anteriormente territorio británico, tenía como destino final, y fijado como prioritario con mucha anticipación aunque no aparecieran en las órdenes reales, el marchar sobre las plazas de Montevideo y Buenos Aires. El mismo Rey visita el buque insignia del jefe naval a la zarpada de aquel, probándole el irrestricto respaldo a la expedición.

Al ser derrotado Popham en 1806 en su intento de tomar Buenos Aires, es relevado y sometido a Consejo de Guerra imputándosele el "haber actuado sin órdenes del almirantazgo", pero como era previsible es absuelto al argumentar que actuaba en "función de un plan preexistente". Coincidentemente Francisco de Miranda incursiona en Venezuela entre febrero y setiembre de 1806, y cuenta con el apoyo naval británico de la flota estacionada en el Caribe a las órdenes de Lord Cochrane, y que dependía del Almirante Beresford, jefe supremo de la Royal Navy en el caribe y hermano del general invasor de Buenos Aires, durante la primera invasión británica.

Es sumamente interesante observar que el 24 de junio -4 días antes del ataque a Buenos Aires- el Gabinete Británico informado de que Popham marchaba hacia el Río de la Plata, decide preparar una expedición de casi 4 mil hombres a las órdenes del general Auchmuty, para reforzar a aquel y además en julio se ordena preparar otra expedición de 3 mil hombres para tomar Valparaíso y otros puertos chilenos del Pacífico a las órdenes del general Crawford, todas ellas desde Irlanda. Recién casi 75 días después se reciben las informaciones de la toma de Buenos Aires.

Todos estos hechos refuerzan considerablemente la teoría -ya casi asegurada- de que Gran Bretaña estaba llevando a cabo el plan elaborado durante 1803 de conquista militar y comercial de las tierras españolas de América del Sur; si bien se diferencia el pragmatismo y la flexibilidad británica frente a la rigidez de la planificación alemana y el industrialismo de las acciones estadounidense, las invasiones al Río de la Plata de 1806 y 1807 muestran un plan típicamente británico.

Así como la toma y conquista del Cabo de Buena Esperanza de 1806 reinicia la posesión colonial inglesa en el Sur de Africa, y que luego se irá corriendo hacia el norte del continente negro y perdurará por más de un siglo y medio; y que desde 1757 habían comenzado su colonización y penetración sobre la India, o sea 20 años antes de perder sus posesiones en América del Norte, el expansionismo militar y comercial se consolida cuando en 1836 atacan y toman Hong Kong donde terminarán permaneciendo hasta fines del siglo XX. Dentro de este marco el intento militar realizado sobre Buenos Aires, como parte de un plan específicamente desarrollado e implementado resulta mucho más que lógico.

Ante el rotundo fracaso de la primera invasión de 1806, Gran Bretaña no ceja en su intento de consolidarse militar y comercialmente en el extremo sur del continente americano; y es así que prepara una fuerza expedicionaria de más de 12 mil hombres al mando del general Whitelocke, que se componían de casi 8 mil enviados desde Ciudad del Cabo y desde Londres, que se agregan a los 4 mil hombres a las órdenes del general Crawford cuyo destino inicial era tomar Valparaíso en el Pacífico y que cambian de destino para reforzar esta nueva incursión.

Whitelocke llega a inicios de 1807 y toma el mando total de las tropas británicas que ocupaban Maldonado, Montevideo y Colonia del Sacramento, dominando la costa oriental del estuario del Río de la Plata. Salvo un patriótico intento de resistencia realizado por las tropas de la "división Buenos Aires" que integraba Cornelio Saavedra, que intentan defender Montevideo para que no cayere y donde utilizara toda la artillería depositada por el ex virrey Ceballos en Colonia del Sacramento desde 1763, aquellas plazas caen con suma facilidad. Es así como el general inglés despacha 8.600 hombres para intentar la reconquista de la plaza de Buenos Aires, conquistada y perdida en 1806.

Derrota a Santiago de Liniers el 2 de julio de 1807 en los Corrales de Miserere, donde en una batalla librada en campo abierto prima la superioridad técnica y de equipamiento de las tropas expedicionarias británicas, más allá de la instrucción, el equipamiento y la organización dada luego de la primera invasión a las tropas de los cuerpos de Buenos Aires. Ambos bandos estaban equilibrados numéricamente, pero la formación inglesa contaba con una experiencia combativa de la que adolecía la nativa. Rodolfo de Alzaga asume la defensa de la plaza, organiza a los dispersos de la batalla de los Corrales de Miserere, hace cavar trincheras en las calles de la ciudad y la prepara para su defensa mientras Liniers marchaba al encuentro de las tropas invasoras.

Whitelocke comete un imperdonable error militar, al no avanzar en forma inmediata sobre la ciudad luego de derrotar a Liniers, dando tiempo a la organización de la defensa y permitiendo la recuperación anímica tanto de Liniers como de los combatientes inicialmente desbandados. Tres días demora el general inglés en avanzar sobre la ciudad, permitiéndole a Alzaga consolidar la plaza. Pero además el británico suma otros errores producto de su impericia y sus erróneas apreciaciones políticas, al considerar que los criollos aprovecharían su llegada para rebelarse contra la autoridad virreinal española, y lo terminan llevando a una derrota catastrófica.

La historia "oficial" mitrista se basa en las "Memorias" de Cornelio Saavedra donde éste intentando ensalsar la imagen de Liniers, minimiza la derrota inicial e ignora casi totalmente el importante rol de Alzaga en la defensa de la ciudad de Buenos Aires.

Buenos Aires tenía entonces 40 mil habitantes, muy pocos realmente para defender una plaza de un ataque militar de más de 8 mil hombres, integrantes de un ejército de más de 12 mil asentados en las riberas del Río de la Plata, a la que pocos días después de la derrota de Whitelocke se le suman con el desembarco en Montevideo 1.834 hombres al mando del general Auckland.

Esgrimir como han querido hacernos creer los historiadores oficiales, que las invasiones británicas de 1806 y 1807 fueron simples circunstancias de un plan inconsulto de mentes afiebradas que incitados por la rapiña de las posibles riquezas del Río de la Plata, y sin conocimiento ni apoyo del Gobierno de la Corona Británica, es muy poco serio y creíble. Luego de verificar todas y cada una de las acciones imperialistas inglesas previas, así como las acciones posteriores llevadas a cabo, no se puede dudar y confirma que los planes de la Gran Bretaña siempre tuvieron como meta apropiarse de los virreinatos de América del Sur para usufructuar sus riquezas.

Tanto de cierto tienen estas afirmaciones, que luego de la derrota de la segunda invasión inglesa a Buenos Aires, y además de desarrollar planes para entregar apoyo militar y logístico a la independencia de las colonias españolas, que permitieran establecer asentamientos comerciales británicos en el subcontinente, Wellington, asesorado por Francisco Miranda y basándose en las experiencias de Beresford, propone el 8 de febrero de 1808 enviar nuevas expediciones militares mucho más fuertes que las iniciales, para ocupar inicialmente Venezuela, después Méjico impidiéndole a los franceses adelantarse en esa plaza.

Wellington propone reunir en Jamaica -posesión inglesa desde fines del siglo XVII- tres regimientos ingleses de caballería con 2.370 hombres, dos regimientos de caballería alemana con 1.575 hombres, y varias divisiones de infantería con más de 9 mil hombres; a las que se acoplarán unidades de africanos -haitianos franceses afro, entrenados por los franceses, por ser colonia de esa nación e incitados a independizarse, cosa que sucede convirtiéndose en el primer país liberto e independiente en América Latina- con 3.375 hombres. Reuniendo a tales fines un ejército de más de 16 mil hombres, que intentaría convertir en uno de 20 mil como suma ideal.

La propuesta de Wellington es aceptada y se comienza a organizar la expedición en Irlanda. Apenas tres semanas antes de la presentación del plan de Wellington, Beresford, desde la Isla de Madeira envía a Londres un detallado análisis de la situación de Buenos Aires proponiendo como corolario organizar una tercera expedición de 10 mil hombres para "independizar el virreinato", que zarpe el 1º de junio para llegar alrededor del 15 de agosto, sitiando la ciudad y construir un recinto fortificado para alojar la guarnición británica a la vez que se forma el "gobierno independiente".

Speroni define las invasiones británicas al Río de la Plata como "estratégicas" para el Imperio, afirmando Enrique de Gandía en el prólogo que el motín de Aranjuez y su resultado es un grave error de quien luego sería Fernando VII, ya que España y Francia hubieren mantenido su alianza y Napoleón terminaría por derrotar a Gran Bretaña desarticulando la política inglesa de desmembrar las posesiones españolas en América Latina.

Conocido el motín de Aranjuez, Wellington el 15 de mayo de 1808 envía un memorandum al gobierno inglés proponiendo que la expedición que se organiza para apoyar la independencia hispanoamericana pase previamente por Gibraltar para respaldar el levantamiento español contra Napoleón y recién después siga hacia América. Es más el 1º de junio propone que los 20 mil hombres dispuestos en Jamaica para desembarcar en Méjico, se repartan por mitades y se envíen a Venezuela y al Río de la Plata, tal como lo había planteado Beresford desde la Isla de Madeira.

La importancia que Inglaterra asigna, más de un año después de la segunda derrota británica en el Río de la plata, y casi un mes después del motín de Aranjuez, es una muy clara y definitiva pauta de la "prioridad" en la estrategia inglesa respecto de la necesidad de mantener y consolidar la conquista, que inicialmente se pensó militar, y luego realizaría comercialmente.

Gran Bretaña ante la imposibilidad de conquistar militarmente el Río de la Plata adoptará la técnica de la conquista indirecta apoyando los movimientos independentistas de las colonias españolas para "abrirlas al libre comercio", haciendo lo mismo con el Brasil -ex colonia portuguesa- al trasladar al Rey Juan VI a Río de Janeiro ante el avance napoleónico, logrando que el monarca abra también su mercado al comercio británico.

La importancia que destina Inglaterra a América está dada por las posesiones que mantiene en dicho territorio, a saber: Bélice en América Central, Guyana y Malvinas en América del Sur y diversas posesiones insulares en el Caribe.

Las invasiones inglesas terminan constituyendo para los criollos del Río de la Plata el "punto de partida del proceso de emancipación" que se terminaría formalizando diez años después, dándole voluntad política a Buenos Aires en aquel proceso emancipatorio, dotándola además a Buenos Aires de poder militar que le permite extender sus fronteras hasta donde llegaron sus armas, más allá de las defecciones de muchos de los que la historia oficial mitrista nos muestra como prohombres, que permitieron o alentaron por acción u omisión el desmembramiento del territorio heredado del anterior virreinato.

Nota:

Bibliografía: Speroni, José Luis "La real dimensión de una agresión." Bs. As. Círculo Militar - López, Vicente F. "Compilación de documentos relativos a los sucesos del Río de la Plata desde 1806 a 1807" Río de Janeiro. - C. Saavedra "Memorias" Bs. As. Museo Histórico Nacional - R. Fraga "¿Qué hubiera pasado si …?

(*) Integrantes de la Mesa Político Sindical José Ignacio Rucci.