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MESA POLÍTICO SINDICAL JOSÉ IGNACIO RUCCI

La campaña electoral, sin ideas y con todas las distorsiones

Como consecuencia del permanente intervencionismo y la práctica confrontacional, el oficialismo impuso una campaña donde abundan las distorsiones y faltan las ideas y propuestas; a este perverso sistema se han sumado las demás fuerzas políticas terminando por convertir las elecciones del 28 de junio en un verdadero chiquero.
Por José Marcelino García Rozado, Secretario General Político

Artículos de José Marcelino García Rozado editados en Rebanadas:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 09/06/09.- Si un observador no demasiado familiarizado con la vida política argentina intentara determinar cuales son las ideas y proyectos políticos o los posibles programas económicos de la totalidad de los candidatos involucrados en la presente campaña política electoral, se encontraría en muy serias dificultades para hacerse una idea, ni afinada ni siquiera aproximada, del tema.

Podría establecer claramente quienes son oficialistas y quienes opositores, quienes están con el gobierno y quienes en contra, quizás conocer algunas muy grandes divisorias en temas de macroeconomía o sociales -verdaderamente muy genéricos y pobres-, pero con seguridad no mucho más.

Esto es debido a que, como viene sucediendo en las últimas campañas -más precisamente desde el mismo inicio del siglo XXI-, los tópicos de las mismas no son justamente las ideas y las propuestas, las ideologías o los proyectos de cada fuerza política, sino que cada vez más se ha personalizado en los candidatos despartidizándose aquellas y entrándose peligrosamente en disputas de naturaleza incierta, llegándose en esta despolitización a vincularse la puja electoral con el "puesto" de cada aspirante en las boletas electorales.

La postergación de las ideas termina por despolitizar el propio proceso eleccionario, ya que éste debería basarse en la presentación de ideologías y programas para que el pueblo -ciudadanos- decida su voto y elección en función de aquellas y no por identificarse con tal o cual figura mediática; así es que llegamos nuevamente a farandulizar las elecciones como se hiciera durante la década menemista de los 90 del siglo XX.

El gran problema que nos conduce a ésta realidad actual parte de la premisa básica de que nuevamente el peronismo dirime su interna en una campaña electoral nacional, por volver a saltearse la imprescindible interna partidaria. Cuando el mayor partido nacional abandona su tradicional historia democrática, legada por el General Perón al exigirle su organización y la separación entre autoridades partidarias y autoridades de los ejecutivos, y vuelve a las prácticas del dedismo y las componendas a espalda de sus afiliados, se retrotrae la historia y se termina por convertir la elección nacional en una interna partidaria más.

Otro problema en la falta de ideas e ideologías en juego es que no se respeta el mandato de determinar las candidaturas democráticamente en todos los partidos o agrupaciones contendientes. Aquella práctica del contubernio y el dedismo impuesto en el peronismo se traslada linealmente al resto de las fuerzas intervinientes, y así aquel requerimiento de internas abiertas y simultáneas, pensado como un sistema de confrontación de ideas y candidatos amplio y plural, termina por archivarse en pos de asentar definitivamente un sistema donde los partidos políticos estructurados pasaron a la historia.

Esta perversidad, que se inicia con la elección de 2003 -producto de no respetarse los plazos por el "adelantamiento" tras los desbordes del Puente Pueyrredón- se consolida en la elección del 2005, donde el ex Presidente designa a dedo a su mujer candidata de un distrito ajeno a su historia militante, y se profundiza en 2007 cuando aquél se convierte en el "Gran Elector" por sobre las estructuras partidarias.

Si la crisis de 2001 arrasó con el radicalismo, el intervencionismo y el espíritu confrontativo y cuasi dictatorial de Néstor está arrasando con el peronismo; generando esta desarticulación fuerzas atomizadas localizadas regionalmente y perdiéndose el concepto de "partido político nacional". La actual atomización de las corrientes políticas argentinas genera que cualquier ciudadano se considere con derecho legítimo para conformar una agrupación política, más allá de su verdadera representación ciudadana e ideológica.

Es fundamentalmente la dirigencia, la verdadera responsable de esta situación, ya que no demuestra ningún interés en buscar alternativas para implementar verdaderas compulsas populares que aún dentro de esta atomización logren expresar el sentir del pueblo. Este accionar termina por afectar la calidad de la representación republicana y se termina de profundizar la distancia entre pueblo común y "la política", afectándose en forma cuasi terminal la calidad democrática e institucional.

Otro tema es el de las candidaturas de personas que ocupan cargos públicos y que la enorme mayoría de la ciudadanía descuenta que no piensan abandonar, esta multiplicidad de cargos entre los ejercidos, los suspendidos por "licencias" o los que se proponen pero no se piensan ejercer, terminan por banalizar y degradar aún más la calidad democrática que debe emerger de un acto electoral. Además de ser una defraudación al electorado que los elija, esta práctica perfecciona aún más la inequidad de las "listas sábanas" que terminan escondiendo entre sus pliegues a personas o personajes en el mejor de los casos ilustres desconocidos, cuando no a ciertos dirigentes sumamente cuestionados por sus propios vecinos y conciudadanos.

Esta nueva manipulación termina por desprestigiar a la política misma.

Si a todo esto, se le suma el tono apocalíptico de oficialistas y opositores augurando escenarios de crisis terminales sin reparar en el futuro que ineludiblemente se deberá transitar al cabo del mismo hasta terminar con el período presidencial actual; o se agrega la suciedad de un tipo de campaña que se asienta en denuncias judiciales de dudosa legitimidad, pero que intentan influir en el electorado, nos encontramos con efectos verdaderamente negativos que terminan causando en la sociedad un "cansancio" que ya revelan las encuestas más serias.

El efecto causado a las instituciones es cuasi demoledor. Se está terminando de instalar en el pueblo de la república el convencimiento de que el sistema democrático es "tan" flexible como para absorber avances o retrocesos de cualquier parcialidad tanto en los partidos como en los poderes estatales -Legislativo, Ejecutivo y hasta el Judicial-. Comenzándose a notar un grado de apatía y disconformismo realmente alarmante.

Si la dirigencia política, social, sindical y judicial no asumen sus verdaderas responsabilidades interviniendo para obligar a un repliegue profundo de estas deleznables prácticas, sino a su desaparición, el futuro de la Patria enfrenta un futuro realmente muy poco promisorio, y como nos enseñara nuestro Conductor, es muy factible "que el Pueblo haga tronar el escarmiento".

La práctica de la descalificación artera y grosera, impuesta como regla básica por el ex Presidente y actual candidato a diputado superan las más elementales normas y prácticas de la política, alimentando, como no podía ser de otra forma, actitudes agresivas y descalificadoras que no hacen otra cosa que empañar aún más, el ya muy empañado proceso.

Si sumamos la violencia social producto de la exclusión, el hambre y la pobreza, a la generada por el desinterés de nuestras autoridades en subsanar los efectos de violencia social y delictiva producidas por la inserción de las drogas entre nuestra niñez y adolescencia, a las prácticas patoteriles y los escarches de los punteros oficialistas -Moreno, D'Elía, Etchegaray, etc.- apañadas desde las más altas esferas oficiales a los hachos generados por ciertos sectores opositores, estamos terminando de generar una sociedad muy próxima al "estallido social" con visos de alzamiento y sedición.

Este calamitoso porvenir está a la vuelta de la esquina, por lo que sería realmente sano que aquellos históricos dirigentes democráticos asuman el protagonismo que el Pueblo Argentino todo les está reclamando y reviertan este presente de crisis, huracanes y tormenta. Si recordamos la máxima peronista de que primero esta la Patria, luego el Movimiento y por último los Hombres, y la ponemos en práctica apartidariamente votaremos con la conciencia de que es imprescindible "revertir" este estado de guerra interna, crispación y confrontación permanente para definitivamente asumirnos como una sociedad y un Pueblo absolutamente "normal".

La postergación de las ideas y las ideologías, generadoras de programas que sirvan para enfrentar los desafíos que se nos generan en medio de ésta crisis internacional, y que le permitan al Pueblo Argentino elegir -y no optar- verdaderos representantes, ya que en esta instancia no es otro el fin, implica una despolitización que afectará irremediablemente a la democracia.

Terminado este proceso, el 29 de junio se inicia irremediablemente el tiempo de las "internas partidarias" que verdaderamente normalicen a nivel nacional, provincial y metropolitano el Partido Justicialista deslegitimados por la falta de aquellas en unos, o por los resultados conseguidos en otro. El peronismo se merece y se debe, decirle basta a la imposición de candidaturas y candidatos, negarse a ser conducidos por autoridades que nadie eligió o que habiendo sido electas defeccionaron cobardemente a representar a sus afiliados por seguidismo ante el Poder de turno y la Caja.