| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
| OPINIÓN - ARGENTINA | |||||||
| Reflexiones sobre el concepto de "Archipiélago político argentino" | |||||||
| Por Julio Godio, Director del Instituto Mundo del Trabajo | |||||||
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Fechado original: 30/01/09 |
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 10/02/09.-
1. Un archipiélago político en constitución Por esas paradojas de la política argentina, se podría afirmar que tanto el peronismo-kirchnerismo como las fuerzas políticas de la oposición comparten el diseño -por lo menos temporal- de un nuevo sistema que podríamos denominar "archipiélago político". ¿Cuál sería la base de este diseño original de Archipiélago? Su base sociopolítica estaría determinada por el hecho de que, dada la imposibilidad de constituir un sistema de partidos clásico, basado en reglas fijas de convivencia y negociación entre los partidos, se preferiría la coexistencia de varias coaliciones político-electorales "flexibles", que controlen provincias claves (por ejemplo, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Capital Federal, y otras capitales estratégicas). Estas coaliciones, algunas ubicadas en el oficialismo y otras en la oposición, negociarían con el poder central, aceptando su preeminencia. Obviamente el kirchnerismo cree que conservará la mayoría pero lo mismo cree la oposición Se establecería como ámbito de acuerdos ( o disensos) políticos, el Congreso Nacional. Así, podría llegar a establecerse un nuevo balance entre esas coaliciones políticas, garantizando el funcionamiento de la democracia. ¿Cómo estaríamos llegando a esta inédita solución política? Porque está en reformulación el sistema de político institucional en la Argentina. La larga confrontación durante la llamada crisis del campo (mayo-julio 2008) desembocó en la pérdida parcial del poder por parte del peronismo-kirchnerismo. Este debe afrontar con éxito nuevas turbulencias para poder continuar con su estrategia (desde 2003) de mantener su constante "ofensiva política" o " revolución desde arriba" frente a las fuerzas dispersas de la llamada oposición. Kirchner controla al P.J. Pero dejó pasar a principios del 2008 la posibilidad de recrearlo, convocando a un congreso de convergencia de las corrientes kirchneristas, a través del cual habría consolidado su autoridad reformadora, al tiempo que el P.J. habría recuperado prestigio. Kirchner tiene la mayoría en el partido, pero este muestra fisuras entre los peronistas, al tiempo que la Concertación Plural se ha dividido. Ya no basta con el poder ejercido por el control kirchnerista de los recursos del estado nacional, para conservar a centralidad política. Como hemos escrito en varios libros y artículos, el peronismo-kirchnerismo llegó al gobierno en 2003 expresando la necesidad de realizar una especie de "revolución desde arriba". Contaba con el control del Poder Ejecutivo, con la disposición de la sociedad para acompañarlo en su decisión correcta de sustituir el modelo neoliberal conservador (vigente en 1990-2001) por un modelo nacionalista-neodesarrollista liderado por el Estado, y, por último, con la dispersión y confusión de las fuerzas políticas no-peronistas, duramente golpeadas por la crisis global de diciembre de 2001. El peronismo-kirchnerismo triunfó holgadamente en las elecciones presidenciales de octubre de 2007. La fórmula del FPV-PJ y la Concertación Plural, compuesta por Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y Julio Cobos, expresó el éxito político del equipo liderado por Néstor Kirchner. Era la fórmula de la continuidad y adaptación a 2007-2011 del kirchnerismo. Pero al mismo tiempo, su gran desafío consistía en lograr garantizar la capacidad del nuevo gobierno para abordar la difícil tarea de garantizar que los mercados, ahora estabilizados, funcionasen positivamente para hacer avanzar el modelo nacionalista-neodesarrollista de economía de mercado integrada. Dicho de otro modo, había terminado la etapa en la que "desde el Estado" se impulsaba la re-industrialización, se controlaba el endeudamiento externo, se promovían las negociaciones tripartitas para mejorar los salarios y aumentar el consumo y se restablecía el rol dirigente del Estado. Ahora, es decir, entre 2008 y 2011, la tarea sería impulsar a los mercados sectoriales, mediante acuerdos entre empresas o sectores estratégicos, como el campo o las finanzas, a acordar establecer reglas y métodos para lograr mayor productividad, mejorar los salarios y condiciones de trabajo y consolidar las relaciones entre empresarios, sindicatos y el Estado. Esta nueva estrategia kirchnerista fue definida por CFK en febrero de 2008 como Pacto Social Sectorial. En el fondo, consistía en organizar mercados estratégicos en sectores económicos seleccionados, para transformarlos en los nuevos "motores" del desarrollo sustentable neodesarrollista, meta que se facilitaba por el proceso de integración sudamericano producido por la eclosión de gobiernos progresistas en América del Sur (Venezuela, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Bolivia y Chile). Ahora bien, cuando CFK plantea la iniciativa de establecer el nuevo Pacto Social Sectorial las condiciones internas e internacionales eran muy diferentes a las actuales. Por un lado, todavía no había estallado la crisis en el campo, y se habían logrado acuerdos laborales sectoriales positivos para aumentar los salarios. Por otro lado, los síntomas de la crisis financiera mundial en curso no eran todavía perceptibles fácilmente, y la crisis recién estallaría en octubre de 2008. 2, La crisis del campo y su impacto político |
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Sin embargo, a poco de plantearse el conflicto del campo- comos dicho- se observó que el gobierno carecía de una fuerza político-partidaria con eje en un peronismo reformulado para movilizar al pueblo, que mayoritariamente seguía sosteniendo al gobierno. Este se aferraría a lograr la sanción de la Resolución 125, sobre retenciones para el campo, pero sin lograr el apoyo de la mayoría de los productores agrícolas. Aunque mayoritariamente apoyaba al kirchnerismo, el PJ demostraría que no era una fuerza política apta para movilizar a las bases sociales kirchneristas frente a la ofensiva de la oposición de centro-derecha y centro-izquierda liberal antiperonista, que rápidamente se había identificado con los intereses rurales. Pero además, la crisis del campo explicitó que dentro del PJ existían sectores críticos, que ahora se animaban a expresarse públicamente, diferenciándose del gobierno. La crisis mostró una realidad no deseada: la rápida convergencia en el Congreso Nacional de diferentes corrientes peronistas -duhaldismo, lavagnismo, y corrientes provinciales, como el saaísmo- que se sumaron a la oposición para votar contra la Resolución 125. Se formó, de hecho, un amplio bloque opositor, en el que participaron sectores peronistas, que generó una primera y fuerte derrota al gobierno nacional. En este contexto, la heterogénea oposición logró recuperarse, cobijada en las entidades rurales. Lograron nuevos espacios fuerzas como la Coalición Cívica, de Elisa Carrió, y el PRO de Mauricio Macri, la UCR "oficial", así como el Partido Socialista. El vicepresidente Julio Cobos- ahora crítico del kirchnerismo- podría constituirse en una figura clave para unificar a la oposición al kirchnerismo. La oposición de centro liberal (Coalición Cívica) y de centro-derecha (PRO), y otros sectores, apoyados por los medios de comunicación de masas, y con periodistas formadores de opinión política como Mariano Grondona o Joaquín Morales Solá, comenzaron en abril de 2008 a esbozar una estrategia política destinada a impedir que el peronismo-kirchnerismo pudiese establecerse como fuerza hegemónica de larga duración en el país. El objetivo de la oposición no-peronista, en la que confluyen vertientes de la derecha tradicional antiperonista con sectores de la UCR oficial, el socialismo antikirchnerista y la Coalición Cívica, era pergeñar una estrategia destinada a derrotar al kirchnerismo en las elecciones de noviembre de 2009, para renovación parcial de las Cámaras del Congreso Nacional. Este objetivo fue también bien visto por la oposición al kirchnerismo dentro del PJ. ¿En qué consistía este objetivo? En lograr que el mapa político-electoral resultante de esas elecciones mostrase la existencia de una variedad de coaliciones políticas que diesen como resultado que el kirchnerismo ya no fuera la fuerza hegemónica. Así que el nuevo mapa político-electoral debería mostrar que el kirchnerismo retrocedía en 2009, del 45% de 2007 a un 30-35%, siendo ahora sólo la primera fuerza electoral; que la Coalición Cívica lograría un 30%; el PRO un 20% y el peronismo tradicional un 15%. Este resultado sería suficiente al heterogéneo frente opositor para proclamar el fin del proyecto hegemónico kirchnerista. No se necesitaría que compitiesen todavía grandes coaliciones, cómo sí lo sería en las elecciones presidenciales de 2011; sólo bastaría en 2009 con lograr que el kirchnerismo retrocediera a un 30-35% de los votos. Esta es la idea principal que la oposición tiene sobre el Archipiélago Político. Sobre esta base, y teniendo en cuenta que cuenta con el apoyo del Vicepresidente en ejercicio, Julio Cobos, la oposición no descarta que en el contexto de este Archipiélago, con un peronismo-kirchnerismo en retroceso, se pueda avanzar en el forzamiento de la renuncia de CFK y la llegada al gobierno de Julio Cobos como presidente provisional, manteniendo la democracia formal. 3. La paradoja kirchnerista |
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Resulta aparentemente paradójico, aunque en realidad sería explicable, que el kirchnerismo parezca resignarse a aceptar la táctica de la oposición sobre el eventual cuadro de situación, que hemos caracterizado como "archipiélago político". Claro, el kirchnerismo confía que en este Archipiélago conservará la mayoría en las Cámaras, manteniendo la iniciativa política. En tanto producto de una "revolución desde arriba", el kirchnerismo confía que el Archipiélago no sería tan costoso si el poder central conserva su capacidad de alinear a la mayoría de los gobernadores (peronistas y radicales K) e intendentes afines. El ex-presidente Kirchner cree que conservará su control sobre el PJ, que la CGT (y sectores de la CTA) lo apoyarán, lo mismo que el empresariado nucleado en la Unión Industrial Argentina (UIA). Kirchner parece creer que cuenta con fuerzas político-sociales suficientes para garantizarle la continuidad de su modelo político-económico, que ahora descansaría en dos sustentos básicos: conservación del consumo y mayor incidencia de las exportaciones dentro del PBI. El ex-presidente tampoco parece estar demasiado preocupado por el hecho de que el Archipiélago le pueda ser peligroso, dado que el sistema político resultante de las elecciones de 2009 deberá ajustarse al hecho de que el PJ-FPV y sus aliados conservarán su calidad de primera fuerza en las Cámaras de Diputados y Senadores. Así las cosas, el ex-presidente parecería confiar en que, si bien el Congreso ha recuperado capacidades de decisión política, luego de la derrota del gobierno en la batalla por la Resolución 125, no será posible formar mayorías antikirchneristas estables. Kirchner confía en que las líneas de fuerza pro-kirchneristas generadas desde 2003 por el nuevo modelo son suficientes para impedir a la oposición política unirse a corto plazo bajo un proyecto estratégico común. 4. Conclusiones |
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Se ha iniciado el año político 2009. Este será un año políticamente turbulento. La Argentina está hoy mucho más fuerte que en 2002 para resistir el impacto de la recesión mundial sobre la economía nacional. El gobierno ha logrado recuperar la iniciativa política con la estatización de los fondos privados de pensiones, con nuevas políticas para preservar la centralidad del trabajo y la producción y mantener, si bien con restricciones, tanto el superávit fiscal como el comercial. Se han aprobado, como hemos dicho, paquetes financieros para apoyar a la industria y fomentar el consumo. Pero habrá limitaciones para el gasto público productivo y social. También es previsible que se generen dificultades para preservar los altos niveles de empleo y la capacidad adquisitiva de los salarios. El peligro inflacionario está controlado, pero continuará una inflación soportable. En este contexto, se produciría esta extraña convergencia entre versiones objetivamente diferentes y en confrontación sobre el Archipiélago. El gobierno actual necesita contar con mayor sustentabilidad institucional, en particular fortaleciendo la cooperación entre el PJ y sus fuerzas aliadas. La oposición parece decidida a intentar bloquear al kirchnerismo, operación que no excluye provocar una crisis institucional. Quizás sea históricamente inevitable la constitución del Archipiélago Político. Por eso son entendibles las paradojas analizadas en este artículo. Pero también es necesario alertar que si la confrontación política se torna "insoportable", y se ahonda la tendencia a crear un sistema político laxo de tipo parlamentario, entraríamos en un escenario de desorden político peligroso. Argentina ha jugado con fuego muchas veces en su historia reciente. El resultado ha sido provocar serios retrocesos económicos, político-institucionales y sociales. Es posiblemente cierto que el Archipiélago podría significar una etapa de tránsito hacia un nuevo sistema de partidos. Pero también podría incluir el peligro de recaer en polarizaciones irracionales. Se podrían crear condiciones así para la emergencia de nuevos actores sociopolíticos violentos. Una nueva frustración nacional significaría el inicio de una etapa de decadencia irreversible, para un país que está en condiciones de transformarse en una gran economía agrícola-industrial a nivel mundial. De lo que se trata es de fortalecer la democracia y aportar al éxito del programa nacionalista-industrialista en curso, pero ampliando sus bases políticas de sustentación. |