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¿Un PT como en Brasil en Argentina? Reflexiones sobre una iniciativa audaz e interesante

Por Julio Godio
Los vertiginosos acontecimientos que vive Argentina, llevan al Instituto del Mundo del Trabajo, a ubicarse como un ámbito de análisis, reflexión y elaboración de alternativas, que puedan ayudar a guiarnos en la confusión de la hora y a afianzarnos como protagonistas.
Mediante los Boletines de Coyuntura el IMT pretende generar un medio de intercambio de opinión, abierto a todos los análisis serios y rigurosos, cualquiera sean las ideas que profesen sus autores.
1. Un fantasma político en Argentina

Rebanadas de Realidad - Instituto del Mundo del Trabajo, Boletín de Coyuntura Nº 5, 9/9/02.- La idea de fundar un Partido de los Trabajadores (PT), al estilo del brasileño, en Argentina, es una idea compleja pero interesante. Está presente en debates políticos desde hace una década. Por cierto que el fantasma del PT se ha instalado con simpatías manifiestas en diversas organizaciones políticas y sociales en este país. La crisis global que experimenta la Argentina, con la consiguiente "crisis de hegemonía político-cultural", potencia la imaginación política. Hay "petistas" confesos en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), en el partido Argentinos por una República de Iguales (ARI), en el Partido Socialista, dentro del Partido Justicialista (PJ), en sectores políticos y sindicales que perciben que la política tradicional vive un "fin de época" y buscan un "nuevo laborismo" peronista, en periodistas independientes influyentes en los medios de comunicación, en centros de nucleamiento de la intelligentsia (no sólo economistas, sociólogos o politólogos, sino también en las ciencias "duras"), en los militantes de la Federación Universitaria Argentina (FUA), etc.

Donde se observan resistencias a la idea del PT "a la argentina" es en las izquierdas históricas. El Partido Comunista (PC), el Partido Comunista Revolucionario (PCR), el Partido Obrero (PO), consideran que la idea sería un retroceso, dado que el petismo es considerado una variante "socialdemócrata".

Es importante observar que el "espíritu" del PT y otras formas de movilización ciudadana también está presente como forma de pensar la política en muchos debates en las asambleas barriales que se han generado en el país después de los sucesos del 20-21 de diciembre del año pasado. No se habla de crear un PT, pero la idea de construir colectivamente una nueva cultura de izquierda se parece en mucho al proceso que dio lugar a la fundación del PT hace dos décadas atrás.

Es comprensible que en las asambleas o reuniones se piense en el PT, pero no se lo mencione explícitamente. En las asambleas se rechaza a los partidos, y ello engloba cualquier intento descabellado de hablar de crear otro, más cuando está vinculado a una experiencia extranjera. Lo que no es comprensible es que muchos dirigentes políticos, sindicales, de movimientos ecologistas y asociacionistas, algunos sacerdotes católicos de base, etc., que dicen ser favorables a crear al PT "a la argentina", no hayan tomado nunca la iniciativa de crear, por ejemplo, una Junta Promotora para organizarlo. ¿Por qué, entonces, la creación de un tipo de partido que se corresponde con el "espíritu de la época" de Argentina, no se encuentra con sur referencia política y su agenda de constitución?

2. EL PT brasileño: sus peculiaridades

Muchos militantes creen en este país que un PT sería deseable pero que no es posible, porque no se dan las "condiciones objetivas" que existían en Brasil a principios de la década de los ochenta. Es cierto que en Brasil existieron ciertas condiciones particulares que favorecieron la formación de un nuevo partido y una nueva central sindical, y estimularon movimientos políticos regionales y de campesinos. Esas condiciones particulares eran, principalmente, las siguientes:

  • El proceso de industrialización y modernización económica impulsado por la dictadura militar instaurado en los ochenta. Este proceso dio lugar a la formación de una nueva clase obrera industrial, con centro en el ABC paulista, y una extensa capa de profesionales y técnicos en empresas de producción y servicios modernos y en el aparato estatal. Los "nuevos obreros" calificados no encontraban referencias en los viejos sindicatos d rama dirigidos por un sindicalismo pragmático, anacrónico y desorientado ideológicamente, el "peleguismo". De este medio proviene Luiz Ignacio "Lula" da Silva
  • El nuevo Brasil industrial y moderno que nacía no tenía referentes históricos político-culturales populistas importantes. El nacionalismo populista de Vargas fue industrialista, pero el "Estado novo" no aspiró a incorporar políticamente a los trabajadores. Así, el varguismo envejeció al margen de los trabajadores. No fue capaz de asimilar el cambio productivo y cultural producido por la dictadura militar. Surgen nuevos cuadros políticos y sociales jóvenes en las regiones postergadas, atraídos por el impulso histórico del nuevo sindicalismo y los movimientos sociales y culturales en San Pablo y el sur del Brasil
  • El viejo PC brasileño pro-soviético agotó muy pronto su impulso histórico insurreccional en la década del treinta, al quedar subordinado ideológicamente al varguismo primero y a variantes del post-varguismo después. Además, sufrió rupturas (movimientos guerrilleros de tipo "guevarista" y sectores maoístas en los sesenta y setenta). Cuando terminaba la dictadura militar ya había varios "comunismos" en Brasil, todos aislados de la sociedad y con débiles inserciones en el "sindicalismo pelego" y casi nula en los intelectuales y medios académicos.
  • Durante los sesenta y setenta muchos intelectuales de origen marxista debieron exiliarse. Se agruparon principalmente en centros de investigación en Chile (hasta 1973), en Europa Occidental y en México. Comenzó un rico y pluralista debate intelectual entre los exiliados brasileños, chilenos, argentinos, etc. Cada uno dejo el "sayo" en la puerta (llámese marxismo, leninismo, trotzkismo, guevarismo o maoísmo) y así pudieron dialogar sin prejuicios (por cierto, Fernando Henrique Cardoso fue uno de estos intelectuales). Los intelectuales brasileños que cofundaron al PT y ayudaron a desarrollar la Central Unica de Trabajadores (CUT) volvieron a Brasil al final de la dictadura con "cabezas gramscianas". Pensaban "con Marx", pero no se preocupaban mucho para reconocer sus identidades en el marxismo.
  • Durante los sesenta y setenta un sector de sacerdotes católicos, que había abrevado en el temple de Monseñor Helder Cámara y en la Teología de la Liberación, estaba presto para sumarse a una iniciativa como fue organizar un nuevo Partido de los Trabajadores. Aportaron no sólo su sabiduría teológica y política, sino también el conocimiento de las formas de relación entre religiosidad popular y rebelión contra la opresión capitalista. La alta jerarquía de la Iglesia, salvo excepciones, no apoyó a estos sacerdotes, pero tampoco los persiguió. En la Iglesia Católica brasileña predominó la tolerancia hacia los petistas.

Así, la combinación de estos elementos centrales, a saber, los jóvenes dirigentes sindicales del ABC, los intelectuales "gramscianos" y los sacerdotes de izquierda, dio lugar a ese fenómeno original de la alquimia política: el nacimiento del PT. El nuevo partido tuvo en el ABC paulista sindicalizado su principal base de apoyo, pero simultáneamente comenzó a vincularse con las organizaciones campesinas (de las cuales nacerá el autónomo Movimiento de los Sin Tierra, MST). Su cultura socialista moderna y pluralista facilitaron la difusión de las nuevas ideas en los trabajadores industriales del sector público en movimientos de género y en las universidades y centros de investigación. A mediados de los ochenta comienza la implantación progresiva del PT en legislaturas y municipios. En los noventa será mayoría en ciudades estratégicas (San Pablo, Porto Alegre, y otras).

El PT eludió de entrada la falsa opción organizativa entre el "centralismo democrático" y el impulso asambleístico inevitable de toda fundación. Se estructura como partido a través de diversas formas de organizaciones partidarias según los lugares de trabajo, de vida social y de participación en las instituciones políticas estaduales. Es un partido abierto a las ciudadanas y ciudadanos, pero con impronta obrera y sindical. En este contexto partidario se consolida el liderazgo de Lula, líder sindical carismático que es el producto de la síntesis entre una cultura sindical anticapitalista con los valores de un "socialismo pluralista". Coexiste en el PT, lo mismo que en la CUT, una fuerte minoría de izquierda marxista ortodoxa, en la que confluyen diversa corrientes provenientes del viejo marxismo. También influye la experiencia cubana, pero subsumida y acotada por el escenario político en un país gigante, con diversidades de regiones y subculturas; un país de 150 millones de personas.

3. Perfil ideológico, político y organizativo del PT brasileño

El PT se construye como una unidad dialéctica entre cultura socialista, cultura industrial y democracia, formas organizativas flexibles disciplinadas por la férrea adhesión al principio de mayorías y minorías. Explora y desarrolla permanente de todas las formas de acción política en la joven democracia que le permitan ir conquistando -como diría Gramsci- casamatas y trincheras en la sociedad civil y la sociedad política. A dos décadas de su fundación, el PT se ha convertido en partido nacional. Es un partido con la necesaria dosis de voluntad política para demostrar que puede liderar un nuevo gobierno. Está cerca de triunfar en las elecciones previstas para octubre de 2002.

Al costado del PT, como fuerza autónoma pero con vínculos políticos fuertes con aquél, se encuentra la CUT. ¿Cómo nace la CUT? Nació como expresión sindical petista. Pero vinculada a un partido que por la peculiar interacción entre dirigentes sindicales, políticos e intelectuales de distintas disciplinas con una visión amplia del "mundo del trabajo", entendido éste como la unidad dialéctica entre modernización y eficiencia de las empresas, calificaciones profesionales de los trabajadores y derechos de los asalariados y sus sindicatos implantados en las unidades productivas.

La CUT es una fuerza sindical cuyo núcleo fundador está en el ABC industrial. Pero su desarrollo inicial se produce en el seno de una entidad sindical creada también a principios de los ochenta que se denomino CONCLAT. Fue una gran asamblea sindical democrática en la que se discutió "todo" y participaron los nuevos sindicatos de empresas, ramas y localidades con las viejas estructuras sindicales "peleguistas". Los temas centrales eran la ubicación sindical frente a los cambios en la economía y las empresas por el impacto de la modernización entre 1960 y 1970; la relación entre unidad de clase y pluralismo ideológico y organizacional; la relación entre los sindicatos y los partidos políticos afines a los sindicatos; la relación entre sindicatos y movimientos sindicales.

Fueron reuniones vitales, porque compitieron en ideas sobre diferentes formas de sindicalismo para ser parte de un país "diferente". En esos debates se perfilaron y organizaron centrales sindicales -la CUT y la Confederación General del Trabajo (CGT)-. Pocos años después se formaría Força Sindical (FS), y otras menores. La CUT creó "departamentos" (por ejemplo, automotriz, alimentación, sector público, etc.) para implantarse en las empresas y localidades y desarrollar sus federaciones nacionales de actividad y ramas. La estructura del sindicalismo "pelego", pese a que contaba con el recurso financiero del impuesto sindical y con grandes federaciones y confederaciones de rama y sector, no pudo impedir la progresiva creación de nuevas estructuras sindicales cutistas. La libertad sindical y el pluralismo -según los principios del Convenio 87 de OIT- fueron aplicados y respetados por las distintas centrales.

La CUT se transformó en poco tiempo en una central sindical socio-política, con fuertes vínculos con las centrales sindicales europeas y la Confederación Sindical de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL). Se afilió a la CIOSL-ORIT, lo mismo que la CGT y FS. Las tres forman parte y conviven armónicamente en la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur. El Secretario General Adjunto de la CIOSL es hoy un dirigente histórico de la CUT.

El PT y la CUT han sobrevivido preservando los equilibrios entre corrientes internas. Se han hecho fuertes en un país modernizado y al mismo tiempo socialmente excluyente, porque se articularon sobre valores e ideas comunes (socialismo pluralista, sindicalismo socio-político, etc.). Pero ante todo porque supieron vincular sus posiciones progresistas y clasistas con una visión democrática y de cambios estructurales de la tradicional cosmovisión popular de Brasil como "o melhor pais do mundo". El nacionalismo brasileño también es un componente de articulación en el PT y en la CUT. Los dirigentes del PT saben, y lo han dicho, que no podrán gobernar solos, y están constituyendo un tramado de alianzas con fuerzas de centro políticas y empresarias. Han elaborado un perfil industrial integrado para un país que ocupa el 7° lugar en el mundo de la globalización. El futuro presentará nuevos desafíos y dificultades al PT y a la CUT, especialmente si el PT llega al poder. Pero esta es otra historia, que todavía no ha sido escrita.

4. ¿Es posible un PT en Argentina?: la respuesta es un No o un Sí, según la "forma de pensar"

¿Es posible construir un PT en Argentina? La pregunta tiene una respuesta aparentemente enigmática pero precisa. Parafraseando a Mao Tse Tung, se podría afirmar simultáneamente un No y un Sí.

Si se pretende crear un PT al estilo y semejanza del PT brasileño, eso es imposible, no porque no se reproduzcan las "condiciones", sino porque en ningún país del mundo se reproducen con éxito duradero copias. Cada país es diferente. Cada país es una formación económico-social particular, con historias, instituciones políticas, culturas, símbolos y lenguaje políticos específicos. Pretender formar un PT "argentino" copiando su programa, sus prácticas políticas y organizativas, es una ilusión "reaccionaria" (porque se termina chocando con la realidad nacional, no se crea nada y se estafa así al grueso de los militantes). Obviamente, la estafa es aún mayor y dolorosa cuando se ofrece crear un PT para "contener" a las bases, sabiendo que se trata de una maniobra de corto vuelo. Esta táctica de "doble discurso", lamentablemente, es practicada en este país por algunos dirigentes políticos. Hace poco tiempo, el propio Carlos "Chacho" Alvarez, luego de la catástrofe de la Alianza y en su retiro de la política, insinuó alegremente que un "error" del Frente Grande había sido no transformarse en un PT.

En consecuencia, ¿es posible construir en este país un PT a la imagen y semejanza del PT brasileño? La respuesta es que No. Lo que sí es posible es pensar como "petistas". El Si debe comenzar por localizar los obstáculos por los que en este país no se puede fácilmente pensar como "petistas".

Comencemos por las prácticas políticas de la izquierda argentina. Son incompatibles con el modo de construir la política "petista". Son prácticas políticas que están asociados a la "vieja política", mientras que los petistas y los cutistas estaban maduros en los ochenta para pensar sin atavismos la nueva realidad política que emergía de las transformaciones económicas, sociales y culturales experimentadas por Brasil. Aquí todavía predomina un extraño collage de viejas ideas de izquierda y populistas-caudillistas.

La izquierda tradicional es abnegada pero está inhabilitada para hacer aportes serios, por haber sido "disecada" culturalmente por la fatídica combinación entre la expulsión de los valores tradicionales del socialismo del imaginario colectivo obrero y popular con la formación del peronismo por un lado, y la inevitable tendencia a autoprotegerse en "iconos ideológicos" (marxismo, leninismo, trotzkismo, marxismo-leninismo, maoísmo, guevarismo, cartismo, socialismo democrático, etc.) por otro. Esos íconos ideológicos protegen, pero aíslan. Potencian la lucha ideológica y política intermitente entre pequeños partidos. Reproducen como comedia trágica los desencuentros históricos que llevaron a divisiones políticas en el movimiento obrero en el siglo pasado que luego derivaron en conflictos vinculados a la naturaleza de estados y sistemas de estados (especialmente en el interior del comunismo, antes de su colapso).

Son polémicas viejas, que no interesan ni movilizan a los trabajadores argentinos. Estos construyeron una nueva identidad a partir de 1945: "somos peronistas". Es una identidad nacional popular, hoy erosionada por el impacto sobre el peronismo de la crisis global que vive la Argentina, pero subyace como "idea-fuerza" en la cultura popular. Lo dicho no significa que los partidos de izquierda marxistas no hayan logrado en los últimos años grados importantes de inserción política a través de la organización de movimientos de desocupados. La Corriente Clasista y Combativa (CCC) vinculada al PCR; el Polo Obrero (sector del Bloque Piquetero), que es una parte del PO, el Movimiento Territorial de Liberación, vinculado al PC, la Aníbal Verón, con afinidades con el Grupo Quebracho, han logrado inserción social. Pero su base social es inestable. No han podido instalarse en los trabajadores del llamado sector formal de la economía, controlado por los sindicatos peronistas. No tienen capacidad de incidencia sobre el mundo del trabajo, dado que al carecer de base sindical en la industria, los servicios y el sector de comercio, tampoco pueden participar en los sistemas de negociaciones entre empresarios y trabajadores. Sólo están presentes políticamente en algunas de las 100 empresas rehabilitadas y autogestionadas por trabajadores en la Capital Federal, el Gran Buenos Aires y otras provincias. Veinte años de democracia política y tan escasa participación en las legislaturas nacionales, provinciales y en los municipios dan cuenta de la extrema debilidad política de las distintas formaciones de la izquierda marxista clásica que aceptan participar en las instituciones parlamentarias.

5. Progresismo argentino y "doble discurso"

Como hemos dicho, en el interior de la llamada "centro-izquierda" se escuchan voces de políticos e intelectuales y existen tendencias espontáneas hacia la constitución de un PT. Estas ya se manifestaban entre 1996 y 1999 en el Frente Grande. Ahora se manifiestan especialmente dentro del ARI, también en una minoría en el Polo Social, y en políticas y políticos sin partido. Se trata de fenómenos ideológicos positivos en un entorno donde es hegemónica la regresiva teoría de la "tercera vía" y las prácticas políticas centralizadas en clanes organizados alrededor de líderes. La mayoría de estos dirigentes piensan la política desde el mundo parlamentario, del cual son parte.

El Frente Grande ayer, el ARI, son organizaciones territoriales estructuradas alrededor de "círculos concéntricos" jerárquicos pero conectados transversalmente. Es el modelo de partido de opinión del Partido Demócrata de los EE.UU., en versión argentina: existe un primer círculo informal, compuesto por los principales dirigentes, que decide sobre las cuestiones políticas de fondo; un segundo círculo concéntrico más amplio, que incluye los "referentes territoriales" y algunos responsables de arcos de trabajo estratégicos (por ejemplo, finanzas, relaciones con movimientos sociales, etc.); un tercer círculo concéntrico compuesto por los llamados técnicos que suelen agruparse en alguna Fundación de Estudios o "think tank", pero que también son tributarios de algunos de los grandes referentes políticos; y un cuarto gran círculo en el que deambulan los militantes "de a pie", realizando una variedad de tareas prácticas.

Los principales líderes del ARI priorizan su presencia en medios de comunicación como el principal vehículo para cohesionar políticamente a los miembros y a los eventuales votantes de sus propias fuerzas. No existen estructuras partidarias que permitan la circulación de ideas fluidamente. Este tipo de partidos "concéntricos" descansa su peso en el candidato presidencial, que asume a su vez el rol de madre o padre protector de todos los miembros, incluyendo a altos dirigentes.

Esta estructura partidaria impide la circulación democrática y sistemática de las ideas. El militante de a pie se acostumbra a funcionar en organismos inestables, y termina por no saber como incidir y participar en la vida partidaria. Quien expresa confusamente esta preocupación del "militante de a pie" es Luis Zamora, que reiteradamente reconoce que su movimiento Autodeterminación y Libertad sólo canaliza y expresa las ideas y opiniones que surgen de la sociedad. Zamora, persona transparente pero poco interesada en cuestiones teóricas, funge así como concreción vernácula gramsciana, en tanto Gramsci escribió que todos los hombres son filósofos, y sólo algunos (los dirigentes) especialistas.

La estructura partidaria "concéntrica" tiene el atractivo de ser "abierta" y de permitir el encuentro de militantes que proceden de experiencias diferentes. Pero a la larga, lo mutila. Favorece que broten como hongos dirigentes que sólo aspiran a hacer carera como legisladores, asesores, etc. Se trata de una estructura partidaria apta para tiempos de estabilidad política, pero difícilmente utilizable en tiempos políticos tumultuosos y cambiantes de "crisis de hegemonía" como los que hoy experimenta la Argentina.

Una fuerza política para ser abierta pero consistente debe organizarse a través de una pirámide de estructuras (en los lugares de trabajo, locales, provinciales, nacionales), que permitan a los militantes participar en organizaciones partidarias decisorias y al mismo tiempo vinculadas con la diversidad de instituciones de la sociedad civil y la sociedad política. Es el modelo no sólo del PT, sino de todos los partidos políticos progresistas y democráticos. Los militantes petistas son, en su mayoría, líderes en movimientos sociales autónomos (por ejemplo, la propia CUT). Los politólogos argentinos han dedicado sus esfuerzos durante los ochenta y noventa a elaborar ideas y propuestas para consolidar el sistema político democrático. Han sido intelectuales orgánicos de la democracia política. Pero sin mayores preocupaciones por vincular la política (institucional y partidaria) con el complejo del mundo del trabajo (que es también el mundo de la ciencia y la tecnología aplicadas a los procesos y productos). Necesitan ahora reformular sus ideas si aspiran a aportar a una salida de la crisis a través de cambios de estructuras no sólo políticas sino también en la economía y en las empresas.

En el ARI (y en las otras formaciones políticas mencionadas) domina una visión progresiva de la Nación y la sociedad. Elisa Carrió es partidaria de un capitalismo productivo con rostro humano. Este es un componente esencial de una economía mixta dinámica. Pero el ARI carece de una visión del mundo del trabajo como tuvo el PT. No se plantea organizar una fuerza política representativa de la "nueva empresa" (privada, cooperativa, pública, etc.) que se necesita para articular intereses sociales favorables a la reindustrialización integrada. El ARI se ha aliado con el Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO). Pero el FRENAPO es un frente social y político heterogéneo, dentro del cual se pueden formular ideas antagónicas sobre la empresa sin que ello afecte a la coalición frentista. Por ejemplo, las organizaciones PyMES pueden afirmar sus legítimos intereses sectoriales sin incluir participación de los trabajadores (gran parte en negro) en la gestión. También pueden manifestarse sin costos políticos mayores sectores sindicales que pretenden eliminar por ley la precarización del empleo sin asociar a los trabajadores al esfuerzo de hacer eficientes a las empresas.Es muy difícil construir una fuerza política sólida si se permite alegremente el "doble discurso" sobre los temas del mundo del trabajo, más aún cuando lo que se requiere es hacer en el mundo de las empresas en todos los niveles un corte quirúrgico para separar la lógica del capital productivo de la lógica retardatario del capital financiero rentístico.

6. El espíritu petista y la CTA

Donde el espíritu del PT ronda con mayor autenticidad es en la CTA. Es cierto que la CTA está todavía lejos de haberse trazado una línea correcta para las transformaciones de empresas productivas y de servicios. Los indicios de una concepción moderna en relación al mundo del trabajo se localizan en grandes uniones afiliadas a las CGT (por ejemplo, en el sector automotriz, en empresas de servicios privatizadas, en grupos económicos de capital nacional, etc.). Pero la CTA, fundada hace una década como "movimiento de trabajadores" en disputa con el sindicalismo peronista tradicional, ha sido capaz de abordar el desafío de organizar a través de una batería de propuestas políticas y organizativas al heterogéneo "mundo de los trabajadores" asalariados (empleados estables y precarios, subempleados, desempleados y discriminados por género, y otras exclusiones). El FRENAPO organizó en diciembre del 2001, en el contexto de la crisis global, un exitoso plebiscito a favor del ingreso social básico y universal y contra el desempleo. Ha organizado una parte importante de los desocupados a través del movimiento. Tiene expresión minoritaria también dentro del Bloque Piquetero. Está presente en las multisectoriales que se han organizado en todo el país. Tiene relaciones fluidas con la estructura del ARI, dado que varias diputadas y diputados que fueron en su momento avalados por la CTA para incorporarse al Frente Grande, ahora están en el ARI.

Si excluimos al sector importante pero minoritario que dentro de la CTA se opone a la creación de un PT por contar ya con partidos propios (el caso del PC, por ejemplo), en la fuerza hegemónica en la CTA (que se parece a su homóloga "Articulaçao" en la CUT), liderada por Víctor de Gennaro, el tema del PT es moneda corriente. Surge espontáneamente porque la CTA es una central de trabajadores. Penetra por distintos canales sindicales, dadas las fluidas relaciones entre la CTA y la CUT. De Gennaro ha elaborado un discurso interesante sobre el tema del PT: afirma que la CTA es autónoma de los partidos, afirma que la prioridad es construir el FRENAPO y cuando se le pregunta sobre si existe un proyecto de crear un PT contesta que el tema no está excluido de la agenda de la CTA, pero que es una opción posible a largo plazo.

Entonces, ¿qué piensa realmente De Gennaro sobre el PT?: creo que piensa que algo comparable con el PT sería el resultado natural de una CTA más fuerte, una CTA que logra conquistar la centralidad en el sistema sindical y en la política argentina. Creo que De Gennaro piensa n la construcción de un liderazgo político-social más cercano a Perón: como crisol de convergencia de diversas fuerzas sociales y políticas aglutinadas por el núcleo duro de una CTA más poderosa. De Gennaro es un dirigente político-sindical con fuertes raíces en la sociedad argentina, y por eso es sensible a captar las tendencias socio-políticas endógenas que podrían desembocar en la creación de un PT "a la argentina". Además, De Gennaro no es ni ha sido marxista. Es un hombre -como lo era Germán Abdala- en el que se sintetizan tradiciones peronistas y socialcristianas. Pero que ha convocado a intelectuales de formación marxista para fundar lo que la CTA llama "el nuevo pensamiento". El peligro es que la estrategia de De Gennaro quede aprisionada y limitada por las fronteras sindicales y las alianzas coyunturales con fuerzas políticas de centro-izquierda, ayer el Frente Grande, hoy el ARI. Algunas diputadas y diputados impulsados a la política desde su militancia en la CTA hoy se han vuelto especialistas parlamentarios con poco interés en hacer el esfuerzo de construir un nuevo partido o movimiento político renovador. Lula y sus compañeros, en cambio, eligieron construir simultáneamente la CUT y el PT.

7. El espíritu del PT exige un lugar para desplegar su potencialidad

El destino de la idea de un PT "a la argentina" es algo todavía a dilucidar. Karl Marx, reformulando a Feuerbach, escribió que la práctica es el único criterio de verdad. Si esto es cierto, lo único que se puede afirmar hoy es que la idea del PT existe como dialéctica de la negatividad (en el sentido de Habermas): la idea está junto con su imposibilidad. Sólo demostraría que se ha iniciado en serio su concreción, por ejemplo, la formación de un Núcleo Promotor de la creación de una fuerza política-social afín a la idea. En este núcleo promotor estarían sindicalistas, políticos, científicos de diferentes disciplinas, sacerdotes y personas representativas de diversos movimientos sociales, etc.La formación de un núcleo promotor es la primera condición del SI es posible. El SI, sin embargo, no es viable sin tres condiciones. La primera es que el núcleo promotor debe ser capaz de pensar como lo pudieron hacer los primeros petistas, "abriendo la cabeza al mundo" en plena transformación como resultado de la "autorrevolución del capital" y la segunda ola de mundialización de la economía y la política. Sólo una "revolución copernicana" en la mente de dirigentes audaces puede generar las herramientas teóricas para ordenar y procesar las ideas y las pasiones transformadoras que los trabajadores y el pueblo argentino en general instalan en la sociedad y en la política desde el inicio de la crisis global (económica, política, social y cultural) que comenzó y persiste desde diciembre de 2001.

La segunda condición es pensar en una nueva forma de acción política, que se corresponda con las nuevas ideas-fuerza del Foro Social de Porto Alegre frente a la globalización neoliberal, sintetizadas en la fórmula "otro mundo es posible". De paso sea dicho, esta nueva forma de hacer política nos acercaría a un PT que en Brasil está cercano a alcanzar el poder en un país clave del Mercosur + Chile.

La tercera condición es que no se puede anclar en la sociedad una nueva forma de hacer política si se carece una estratégica y una táctica adecuada para superar la crisis global. La estrategia se debe basar en resolver positivamente el dilema histórico de la Argentina que es "la Australia que no fue". Ese dilema, resumido en esa frase, contiene una serie de contradicciones (económicas, políticas, sociales y nacional-culturales) no resueltas. Este país necesita ser un país agroindustrial, minero, energético y competitivo en "conocimiento aplicado", la base para consolidar la democracia y transformarla en una democracia económica, política y social. Es una tarea histórica que debemos realizar desde dentro de la segunda ola de mundialización y desde el Mercosur y en lucha contra los intereses rentísticos del "Imperio" y sus socios locales (en el sentido de Antonio Negri). Sin aceptar la metáfora "la Australia que no fue" como guía estratégica, será difícil entender la "especificidad argentina".

La táctica -esquemáticamente- se resume hoy en la necesidad de luchar por un gobierno "cohesionado y fuerte" democrático. Es lo que el pueblo reflexiona y reclama. Las fuerzas que no escuchen este reclamo popular están destinadas a ser fuerzas secundarias. Se trata de un gobierno de coalición de progreso, de reformas de estructuras duras (reindustrialización integrada, reforma política organizando un sistema de representación mixta con listas partidarias y representación uninominales, cooperación entre el Estado y la sociedad para instalar una economía de mercado productiva, creación de empresas y trabajo para todos, etc.). Una Asamblea Constituyente puede favorecer el desarrollo de la táctica, pero no es la prioridad. Se requiere una acción valiente para abordar la participación en la "refundación del país" de las Fuerzas Armadas, que están culturalmente y peligrosamente aisladas de la sociedad y en pleno debate sobre opciones estratégicas a seguir, situación que aprovecha la derecha para fomentar entre sus filas el militarismo conservador.

La forma de pensar "como petistas" argentinos supone profundizar la dialéctica entre socialismo plural y las tradiciones culturales del peronismo, del radicalismo y de las distintas regiones. Este país, a diferencia de Brasil, cuenta con tradiciones políticas culturalmente hegemónicas que subsisten en el pueblo. Esas tradiciones son fuerzas políticas que dejaron su impronta en la historia argentina contemporánea, sea como liberalismo popular (UCR), o como refundación nacional-popular del Estado en el período 1944-1946. Este es un país con fuertes instituciones sindicales y sociales, hijas de los períodos de crecimiento económico y bienestar social, y sin ellas es imposible crear y transformar productivamente a las empresas. El destino no realizado de la "Australia que no fue" reproduce constantemente la demanda de modernizar integralmente a este país, tarea para la cual la vieja y la nueva derecha no están capacitadas ni interesar.

Pensar como "petistas" significa sólo (y ya es mucho) pensar como lo que intuye nuestro pueblo: que es necesario defender y refundar una Nación hoy acorralada. Esta Nación puede ser desarticulada, desmembrada y deglutida por el Imperio, cuyo núcleo duro se localiza en la derecha expansionista norteamericana.

El presente artículo se publica por gentileza del Instituto del Mundo del Trabajo.

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