Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
OPINIÓN- ARGENTINA
Kirchnerismo y progresismo
Por Julio Godio, Director del Instituto Mundo del Trabajo

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 06/04/10.-

1. La corta vida del nuevo progresismo (1983-2001)

La democracia argentina, establecida en 1983 sobre la base del republicanismo democrático, ha tenido que sortear muchos escollos desde entonces, derivados algunos de las resistencias activas de grupos cívico-militares conservadores y autoritarios, y otros de las dificultades y limitaciones de los principales partidos para promover cambios económico-sociales, acordes con la necesidad de proteger e integrar al país al sistema-mundo de la globalización.

Pero, pese a las resistencias reaccionarias y falencias de los partidos peronista y radical, la democracia se consolidó y logró encontrar caminos para superar momentos difíciles, especialmente en 2001, cuando una crisis global (económica, política, social y cultural) provocó una salida abrupta del régimen de convertibilidad y arrastró al descrédito al régimen de representación y a los partidos tradicionales.

Argentina se debate desde años en un dilema histórico, que se resume en un frase: ¿cómo proteger los pisos civilizatorios alcanzados al construir una economía de industrialización intermedia con una fuerte sociedad salarial, una amplia cobertura de salud y educación y fuerte movilidad social, y al mismo tiempo encarar las reformas necesarias para insertarse activamente en el mundo posterior a la Guerra Fría?

Ese dilema no pudo ser resuelto por los partidos tradicionales y el sistema democrático. La Argentina es una especie de "Australia que fue. Se pudo instalar en el imaginario popular el neoliberalismo conservador en los noventa. Pero la conciencia popular ("saber popular") se negaba a aceptar que fuera inevitable la constitución de una sociedad de mercado y la dualización del sistema económico. Desde sectores progresistas de los partidos, desde los sindicatos y organizaciones empresarias identificadas con los valores de la producción y el trabajo, desde el mundo intelectual comprometido con el desarrollo técnico-científico y la revitalización de la cultura nacional, se resistió al menemismo y también a las incrustaciones neoliberales en los partidos populares.

Cuando en 1995-96 se percibió claramente que el curso económico impreso por la convertibilidad conducía a la desindustrialización, el endeudamiento y el desempleo masivo, fenómenos que eran incompatibles con la profundización de la democracia, una mayoría social comenzó rápidamente a dar la espalda al menemismo.

Así las cosas, frente a un peronismo paralizado por su subordinación al menemismo y a una UCR debilitada por su colapso político en 1989, comienza a mediados de los '90 a producirse el primer intento de constitución de un original conglomerado político progresista de centro-izquierda pluralista, que se plantea realizar en forma plena el republicanismo democrático, incorporando los valores de la igualdad y la transparencia, y jerarquizando la autonomía de la política en relación a los intereses del capital concentrado.

El "progresismo" pensó la política como un gran sistema que de poderes y contrapoderes ("representación y participación") y funcionó como un movimiento que renovó notablemente la cultura política al favorecer la entrada de nuevos actores, como los relacionados con las cuestiones del medio ambiente, género, orientaciones sexuales, contra la corrupción, entre otras preocupaciones aportadas por las nuevas generaciones Pero el primer progresismo, influenciado por el Consenso Washington, ,se resistió a inbricarse con la lógica del mundo trabajo.

Pero ese progresismo fue arrastrado por la crisis global de diciembre de 2001. Había expresado con consecuencia las bondades y los límites del republicanismo democrático. El peronismo se mantuvo en pie, fuertemente asociado con los valores de la sociedad salarial, pero también dividido y debilitado por las prácticas clientelares y el seguidismo de gran parte del peronismo al menemismo. Durante varias semanas el destino del país fue incierto. Distintos factores de poder pugnaron por imponer las más variadas salidas: desde la radicalización del neoliberalismo mediante la dolarización, hasta la fragmentación del país en tres áreas gobernadas por las Naciones Unidas. Finalmente el país salió en forma abrupta y traumática del régimen de convertibilidad con el default y devaluación. Al mismo tiempo, se inició un notable viraje de política económica hacia una variante moderna del desarrollismo industrialista, que confluyó con una ola de cambio político-social que extendió desde el Mercosur hacía toda América Latina.

2. La entrada en escena del neodesarrollismo aggiornado

Lo que se preanunciaba a fines de 2002, cuando el país comenzó a estabilizarse, era la posibilidad de que, con el apoyo mayoritario de la sociedad y en el marco de un proceso de cambio continental, se constituyese un gobierno capaz de iniciar una "revolución nacionalista neodesarrollista desde arriba", esto es impulsada desde el Estado-nación. Esta línea de fuerza fue la que encarnó Kirchner y un núcleo de dirigentes, la mayoría proveniente del peronismo, que asumieron el poder en mayo de 2003.

Era lo que la aplastante mayoría de la ciudadanía deseaba que ocurriese y por eso apuntaló al nuevo gobierno, pese a que éste carecía de sustento partidario organizado. Frente al kirchnerismo, el progresismo originario de la Alianza se dividió. Algunos grupos decidieron cobijarse en el socialismo, el ARI o la vida académica. Pero el grupo principal del progresismo se sumo al naciente kirchnerismo. El grueso de la militancia del Frepaso perteneciente al Frente Grande y sectores radicales, socialistas, del PI, la DC e independientes se sumaron, aportando cuadros políticos que dan su primera materialidad a la fórmula de Kirchner de hacer converger al peronismo con las corrientes "transversales".

El progresismo había aprendido la dura lección de que no se puede escindir la política del mundo del trabajo en un país sometido a la dominación del capital financiero internacional y a la destrucción del aparato productivo. La fórmula política kirchnerista fue exitosa porque este gobierno transformaba en voluntad política las coincidencias espontáneas de una enorme mayoría, que expresó un claro apoyo al naciente "nacionalismo neodesarrollista" y al liderazgo de Néstor Kirchner.

3. El anclaje político del kirchnerismo y la cuestión del "partido de Kirchner"

La "revolución desde arriba" se consolida a través de políticas de Estado exitosas y el persistente apoyo popular, y se hace evidente que la realidad está madura para resolver el gran problema político-institucional heredado de la crisis de 2001: la creación de un nuevo tipo de representación política y de fuerzas político-sociales que sustituyan al obsoleto bipartidismo y puedan canalizar políticamente los anhelos y demandas actuales de la población.

La "revolución desde arriba", en un punto, necesitaba fundirse con las clases y capas sociales que le dan sustento, si pretende pasar del estadio de poder constituyente a poder constituido. Desde arriba se constituye un "nuevo" país, pero sólo desde abajo se garantiza que ese país se consolide. Las mayorías populares ya no se sienten motivadas sólo por votar sino también por participar políticamente y en forma organizada y permanente para bloquear la resistencia de las derechas y garantizar la aplicación de las políticas de desarrollo..En 2007 triunfa en la elecciones presidenciales ( siendo presidente para el período 2007-2011 CFK ) nuevamente el bloque P.J.-FPV, ahora con participación de fuerzas transversales.

Está claro que se necesita una nuevo tipo de organización política que, debido a lo novedoso del proceso todavía es incompleta. Falta lo que la sabiduría del lenguaje popular ha bautizado como "el partido de Kirchner y CFK". Esa nueva organización política se está desarrollando como parte del proceso electoral y a partir de los realineamientos sociales y generacionales que se están produciendo en la base de la sociedad. Pero es una creación relativamente autónoma del proceso electoral. El progresismo debe insertarse como afluente político-cultural de esa nueva organización política en proceso de formación, a través de dos grandes mecanismos de acción orgánica: una, concentrada en unir la voluntad política de esa vertiente a través de un centro de coordinación, y otra, concentrada en la vinculación transversal del progresismo en todos los niveles de la nueva organización político-social y la nueva base social y generacional que está impulsando la experiencia nacionalista-neodesarrollista con el fin de sintetizar sus anhelos y demandas en un nuevo ideario político de progreso para el siglo XXI.

El "partido de Kirchner" está en formación. El viejo PJ no se restablecerá pero deberá ser reformado. Lo decisivo es el liderazgo del ex Presidente y de las iniciativas políticas destinadas a ir dando formas organizativas al nuevo partido dentro de un formato nacional-federal. La nueva organización política o red de organizaciones políticas y sociales, debería de sumar a las nuevas corrientes sindicales que indican cambios importantes en los liderazgos sindicales; las capas medias "productivistas, a los diferentes movimientos sociales de desocupados, ambientalistas, de género, juveniles, cooperativistas y, obviamente, de derechos humanos, y a los intelectuales orgánicos de Carta Abierta

Cuando planteamos el tema del partido nos estamos refiriendo a un gran movimiento político-social que sintetice las tradiciones, instituciones y mundo simbólicos que en otros momentos históricos fueron marcas de iniciativas sociopolíticas aglutinadoras del pueblo-nación. Pero la constitución de una nueva concepción nacional-popular, esto es, el llamado kirchnerismo, no es la suma de estos "antecedentes". Es la fundación de una nueva centralidad político-cultural que recupere y reformule los pisos civilizatorios del pasado para organizar a un nuevo bloque histórico, cuyo proyecto tiene como objetivo implementar un programa nacionalista-industrialista y una sociedad de trabajo decente, reinstalar en papel del Estado-nación como organizador de los mercados y garantizar la autonomía del país para continuar practicando el multilateralismo, fortalecer el Mercosur y ser parte activa de la integración sudamericana (Unasur). Para fundirse en una sola voluntad política con el kirchnerismo no bastan las declaraciones sino aceptar al peronismo tal como es: CGT, gobernadores, barones kichneristas del conunrbano bonaerense, etc.

Ahora bien, el "progresismo de hoy" debería proponerse con audacia una matriz apta para explicar y procesar esas nuevas formas de hacer política que están en desarrollo. El progresismo argentino solo podrá ser legítimo en tanto logre representar un estadio superior a los anteriores, participando activamente en la aplicación de las políticas publicas económicas, sociales y laborales del gobierno, en estrecha asociación con la meta estratégica de construir una sociedad de trabajo decente, inclusiva y dinámica.

4. El progresismo y su lugar en las iniciativas político-organizativas kirchneristas

Es evidente que cuando hablamos del progresismo kirchnerista hoy nos referimos centralmente a una línea de fuerza político cultural que recorre a los actores sociales y conserva vitalidad en la política nacional. La vertiente principal del progresismo se manifiesta principalmente dentro del kirchnerismo. También existen en el socialismo prokirchnerista, el socialcristianismo progresista genérico en el sabatelismo, ex ARI y otras fuerzas sociopolíticas autónomas. La naturaleza transformadora del kirchnerismo es lo que debería asegurar el éxito de la empresa. Pero ello depende de la capacidad de un grupo de políticos, dirigentes sociales e intelectuales de izquierda de reconocerse como parte de una gran construcción política kirchnerista.

El progresismo hoy debería pensar la política de acuerdo al principio que es el "movimiento real" que generan las prácticas del kirchnerismo, lo que definirá las estructuras orgánicas de un gran movimiento nacionalista y popular en marcha. Pero el progresismo sería vacuo sino avanza en formular propuestas que habiliten la militancia concreta de sus miembros, aunque esas propuestas sean todavía insuficientes y mecanicistas, dada la variedad de situaciones y de velocidades en el proceso de constitución del kirchnerismo que se registran dentro del "movimiento real" en las provincias y localidades. Estas líneas sobre el tema de las iniciativas político-organizativas no pueden escapar las peculiaridades mencionadas.

Pero lo que es prioritario fortalecer es el FPV estructurado predominantemente sobre compromisos entre corrientes kirchnerista de orígenes en el peronismo pero también en partidos del ex-Frepaso y otras fuerzas transversales identificadas con el kirchnerismo. El FPV no es un partido político clásico ni su futuro es sólo ser una herramienta electoral. Tampoco ser un lábil "partido de opinión". La tendencia que es posible entrever de su trayectoria es la de transformarse en el núcleo duro de una gran organización político-social cuyo sujeto principal es el peronismo.

En las formas de organización nacientes dentro del FPV debería apoyarse el progresismo para desarrollar sus capacidades para incidir no sólo en el estado, sino también en las instituciones de la sociedad civil. Como tal, el progresismo debe confiar en el hecho que, como corriente político-cultural, su fuerza radicará en su capacidad para constituirse desde el FPV en el centro de una gran red organizativa, cuidando de ubicar sus cuadros en el desarrollo del kirchnerismo en los sindicatos, movimientos sociales y barriales, centros educativos, científicos y culturales.

El FPV debería conformar un "sistemas de organizaciones en red", fenómeno que no responde solo a que esta modalidad es propia de una época en la que las estrategias organizacionales están imbricadas con la informática, sino ante todo porque las formas de organización del kirchnerismo son muy variadas en tanto expresan al proceso semi-espontáneo de afincamiento del kirchnerismo en antiguas y nuevas instituciones y expresiones sociopolíticas.

Así las cosas, quizás la modalidad organizativa principal podría girar sobre la idea política de fundar con criterios flexibles lo que provisoriamente denominamos "Organizaciones de base del P.J-FPV" en todo el país, funcionando de acuerdo a reglas democráticas, y que estas organizaciones garanticen la necesaria cohesión interna para actuar como fuerza de canalización y ordenamiento, en un país federal donde todavía reina cierto desorden político y una interesante pero desmesurada territorialización de la política.

La clave para que el "progresismo de hoy" sea algo sólido y no coyuntural dependerá en última instancia de plantearse la política como representación de clases y capas sociales objetivamente interesadas en el éxito del proyecto democrático nacionalista-industrialista y subjetivamente decididas a apoyar al kirchnerismo. Estos intereses sociales "duros" son los que articulan a los trabajadores/as asalariados, las capas medias innovadoras y sectores empresarios productivos y los sectores de la intelligentsia identificados con el ideario nacionalista-industrialista. Son sectores sociales con capacidad para atraer e influenciar con políticas concretas a trabajadores/as de las capas más pobres de la población, de baja calificación profesional.

Pero no basta con el "anclaje de clase" para asegurar la solidez del progresismo. Esta dependerá de su capacidad para ofrecer alternativas a otras formas de anclaje social, entre las que se destacan las identidades creadas por la compleja cuestión del género y por la cuestiones generacionales, especialmente válidas estas últimas para los jóvenes de ambos sexos que hoy están masivamente descreídos y alejados de la política, pero activos a través de su participación en movimientos sociales, sindicales culturales ,etc..

El "progresismo de hoy", en gran medida orientado desde Carta Abierta, es una fuerza cultural y política con vigencia y futuro. Intenta formular ideas y sin esquemas rígidos para estimular los debates sobre temas políticos y organizativos que son centrales en la actual etapa político-electoral, que gira sobre la gran tarea de profundizar el curso original y renovador que significa el kirchnerismo para la defensa de la democracia y la fortaleza del Estado Nación..