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Argentina: un llamado de atención sobre la crisis

Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 20/06/04.-

1. Reflexiones incompletas
Notas de Godio editadas en Rebanadas
Reflexiones sobre la situación política y los sindicatos en América Latina en el primer semestre 2004
Se aceleran las negociaciones entre la UE y el Mercosur para firmar el Acuerdo de Asociación en 2004
La recuperación de empresas por los trabajadores en Argentina
La estrategia de transversalidad del Presidente Kirchner
Posición del gobierno argentino en la VIII Reunión Ministerial de Comercio del ALCA y repercusiones en el país
Los movimientos piqueteros ante una seria disyuntiva política
Otros materiales del autor

Quizás sea necesario volver sobre los sucesos que en 19-20 de diciembre de 2001 provocaron la caída del gobierno de la Alianza y del Presidente Fernando De la Rúa. Esos sucesos se producen en una nación que experimenta una crisis global (económica, política, social y cultural). Una crisis global es un acontecimiento que no sólo anuda diversas crisis sectoriales (del funcionamiento del sistema económico, de las estructuras del trabajo y el empleo, del sistema político, de los patrones culturales, etc.). La crisis global se manifiesta a través de la profundidad de la eclosión social, y significa un fin de época: la exigencia es refundar un sistema económico-social nuevo.

Desde enero de 2002 hasta la fecha se han sucedido hechos políticos positivos que muestran la decisión de fuerzas económicas, políticas y sociales del centro de decisiones, excluidas durante el menemismo. La llegada al gobierno en mayo de 2003 de un sector peronista -el kirchnerismo- expresa la convergencia espontánea de distintas líneas de fuerzas existentes en la sociedad, agrupadas a través de un proyecto político de tipo desarrollista que debería permitir resolver los graves problemas económico-sociales derivados de la crisis global.

La paradoja de un presidente -Néstor Kirchner- que no cuenta con el control de su propio partido, pero sí con una adhesión popular muy alta (70% del electorado) sólo puede explicarse por esa demanda objetiva de la sociedad argentina de salir por la vía democrática de la recesión e iniciar una etapa de desarrollo económico-social sostenido.

2. La crisis no ha terminado

Pero lo peor que podría ocurrirle a los núcleos dirigentes de la política, los sindicatos y los empresarios es creer que ya hemos salido de la crisis global. Esta persiste, pese a los indicadores que muestran una evidente mejoría económica y cierta reanimación de la vida política. Pero la crisis global persiste, y por lo tanto se expresa en la percepción popular, que registra y vivencia el fin de época. Son los datos básicos sobre los cuales debe basarse cualquier análisis político serio sobre el estado de esta nación.

La sociedad argentina cayó desde principios de 2001 en una especie de "agujero negro". Campeaban las peores calamidades: el desempleo y la pobreza masivas, la succión de los ahorros familiares, la inflación, el quiebre del sistema bancario, el gigantesco endeudamiento externo y el bloqueo a todas las modalidades de movilidad social. Para la sociedad argentina la crisis global se asemeja a un infierno. Súbitamente, queda claro que el viejo mito movilizador de la Argentina que podía renacer una y otra vez de la crisis (como en otros momentos difíciles del pasado) desapareció del imaginario popular.

3. Mirar la verdad de frente

Es muy importante mirar la verdad de frente, y desechar cualquier interpretación autocomplaciente sobre la situación socio-política actual. Subestimar la gravedad de la crisis global puede ser fatal si efectivamente estamos decididos a preservar la democracia, construir una economía productiva eficiente, crear una sociedad de trabajo y recrear los sistemas de bienestar y cohesión social.

Los argentinos/as, en su mayoría, perciben que la decadencia argentina es una larga historia: distintos procesos colectivos de reflexión (en los partidos, en asambleas populares, en sindicatos y movimientos de desocupados, en centros de estudios, en la Iglesia católica, etc.) están desembocando en la idea general de que la Argentina comenzó a perder el rumbo en el momento en que perdió sus capacidades de ser un país dinámico en el sistema-mundo, es decir, desde finales de la década de los años '20 del siglo pasado. La sociedad política argentina fue incapaz en los '30 de plantearse el desafío de pasar de una economía y sociedad "estanciera" a una economía y sociedad articulada como sociedad agraria-industrial. La Argentina pasó a ser "la Australia que no fue".

La predominancia del capital financiero rentístico sobre todas las modalidades del capital ha sido la causa principal de esta tragedia histórica. El grado de responsabilidad política de esta tragedia es más grande en los núcleos políticos y militares que garantizaron los intereses financiero-rentísticos. Pero la responsabilidad se extiende a diferentes corrientes políticas, que aunque enfrentadas formalmente con las clases rentísticas, no fueron capaces de liderar el pasaje de un país agrario a un país agro-industrial integrado. El "facilismo", las culturas no-productivas, las prácticas políticas caudillistas, el doble discurso, el pseudo-federalismo y otros males permitieron la dominación del capital financiero rentístico. La última dictadura militar (1976-1983) y el menemismo son momentos emblemáticos de la tragedia argentina, pero no son los únicos. La cultura rentística extendió sus tentáculos sobre importantes segmentos del mundo del trabajo.

La sociedad argentina está hoy atemorizada, y vive en la incertidumbre. Pero el temor no se genera sólo por la gravedad de la crisis. Se genera ante todo por la percepción de que están cristalizando dentro de la unidad nacional dos sociedades con intereses antagónicos, y que ese antagonismo puede conducir a enfrentamientos sociales y políticos (por momentos abiertos, por momentos ocultos). La constitución de una enorme "sociedad de pobres" es un dato central del "fin de época". Se percibe que la inseguridad y el crimen organizado podrían abrir las puertas a la "colombización" de este país.

Para mantener el optimismo en un contexto de tantas dificultades, es necesario conocer a fondo el estado de ánimo social y proceder a aplicar políticas para superar la crisis. Sin duda que esto exigirá una relación más fuerte entre el actual gobierno y las fuerzas representativas del mundo del trabajo y las diversas organizaciones de la sociedad civil. Los partidos políticos tendrán rápidamente que ponerse a la altura de los acontecimientos. Apoyar los progresos económicos y sociales alcanzados en medio de la crisis es condición para establecer pisos que permitan avanzar y salvar a esta nación.

Es dentro de este contexto que se debe ubicar la incapacidad de la política argentina para establecer un consenso nacional amplio y duradero para acelerar la salida de la crisis y construir una economía productiva y un nuevo estándar de cohesión social. El enfrentamiento político actual en el interior del PJ entre el Presidente Kirchner y el ex-presidente Duhalde resulta preocupante. Lo mismo la persistencia del canibalismo político entre los distintos partidos. Sin duda, es perentoria una reforma política que reformule el sistema de representación y estimule la participación de los electores/as. Toda crisis contiene su solución. Está abierta la posibilidad de que esa solución sea aceptar resignadamente un revival de los patrones conservadores y elitistas de la "sociedad estanciera". Tal opción retrógrada debe ser impedida.

(*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo.
El presente material se publica por gentileza del Estudio Cuartango.
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