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Argentina: ¿porqué está ausente un "proyecto nacional"?

Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 25/06/04.-

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1. Es un clásico de la literatura política argentina la cuestión de la "ausencia de un proyecto nacional". Es cierto que cuando se debate políticamente sobre este tema se ofrecen diversos tipos de proyectos nacionales, sean de izquierda, de centro-izquierda, de centro o de derecha. Entre los diferentes proyectos nacionales suelen encontrarse puntos de coincidencia entre las posiciones de izquierda y centro-izquierda, del mismo modo que aparecen posiciones irreconciliables entre esas fuerzas y la derecha conservadora.

Lo interesante no consiste en referirse a los contenidos de cada proyecto, que globalmente son proyectos socialistas, variedades de desarrollismos o simplemente neoliberales. Cada uno contiene un enfoque sobre las relaciones entre la Nación y los mercados internacionales, en particular sobre el Mercosur, y alternativas sobre el sistema-mundo. Lo interesante consiste en reflexionar por qué la supuesta ausencia de un "proyecto nacional" es lanzada en debates y programas televisivos. Suele ocurrir que el entrevistado/a súbitamente dice: "el problema es que carecemos de un proyecto nacional".

También es interesante observar que, en general, el entrevistado/a no avanza mucho en la explicación de por qué de tal ausencia de proyecto. Más bien la pregunta suele dejar flotando la idea de que se necesita que se produzca algún acto mágico en el seno del pueblo para que una gran mayoría adhiera a alguno de los proyectos nacionales planteados.

2. ¿Es cierto que la Argentina carece de un proyecto nacional? Si se observa el curso de la política argentina en los últimos sesenta años, sucesivos gobiernos han aplicado programas económicos diferentes, y también han sido diferentes las políticas internacionales. Por mencionar algunos, se pueden recordar el proteccionismo espontáneo (1935-1943), el nacionalismo industrialista (1945-1955), el liberalismo económico heterodoxo (1955-1958), el desarrollismo (1958-1962), el retorno al liberalismo heterodoxo (1963-1973), el desarrollismo peronista (1973-1976), el liberalismo económico ortodoxo (1976-1983), el desarrollismo heterodoxo radical (1983-1989), el neoliberalismo ortodoxo (1989-2001) y, desde 2002, está vigente nuevamente un neodesarrollismo en las difíciles condiciones del endeudamiento y la depresión.

También cada programa económico tuvo enfoques diferentes sobre los sistemas de relaciones laborales, sobre las políticas de empleo y protección social, oscilando desde una visión de Estado de Bienestar a una visión de "Estado mínimo", desrregulaciones laborales y privatización de los bienes sociales. De modo que si hablamos de proyectos y programas económicos, no podemos afirmar que hayan faltado.

El problema radica en que el país lo que necesita es liberar y organizar fuerzas económicas, laborales y sociales que desde hace años están sometidas a experimentar momentos de auge y momentos de represión. Argentina es un país con altas capacidades productivas, con una población formada profesionalmente; cuenta con instituciones que representan a un amplio tejido de empresas y cadenas de valor; a los trabajadores asalariados y los centros de generación de ciencia y tecnología. Es decir, Argentina es una sociedad industrial, constituida por valores de justicia social, solidaridad y movilidad social.

3. El problema del país consiste en que el capitalismo argentino es débil. Esto significa que el aparato productivo es insuficiente para la extensión geográfica del país, un país con desequilibrios demográficos graves. El aparato productivo está por debajo de los niveles de demanda efectiva necesarios. Al mismo tiempo, aunque es un gran exportador de commodities, exporta sólo el 10% del Producto Bruto Interno (PBI). Aunque rige una economía "abierta" y forma parte del Mercosur, de hecho sigue siendo una economía semi-autárquica.

Entonces, ¿qué significa "tener un proyecto nacional"? Significa contar con herramientas políticas para liberar las líneas de fuerza que no pueden desplegar su potencial productivo, y que expresan esta imposibilidad como frustraciones e incertidumbres. Pero para liberar esas energías (o líneas de fuerza) se requiere desmontar un sistema de dominación política y económica que impide que el excedente económico funcione como lubricante del aparato productivo, y estimule las iniciativas creativas de la sociedad: ese sistema perverso es el capitalismo rentístico, y las instituciones financieras, políticas y culturales que lo sostienen.

Se necesita convocar a la sociedad, a partidos políticos, a organizaciones de la sociedad civil, etc., a la acción común contra todas las formas económicas y prácticas sociales que sirven al capital financiero rentístico. Dentro de esta batalla general es necesario acotar al máximo los compromisos del país con los acreedores privados, internos y externos. Es la condición para viabilizar y garantizar las políticas públicas del actual gobierno destinadas a favorecer la producción y la creación de empleo y trabajo. Es la guía para incorporar progresivamente al trabajo a los desempleados, en particular a jóvenes y mujeres.

4. Digamos, entonces, que el país necesita un "shock cultural-productivo". Los medios de comunicación deberían hacer de este tema el eje de sus programas. El gobierno tendría que convocar a las diferentes fuerzas políticas y sociales identificadas con ese "shock". El sistema impositivo debería garantizar que se paguen un impuesto a la riqueza para financiar el primer impulso del programa de inversiones y creación de empresas privadas, cooperativas, sociales y públicas.

La propuesta que se hace en esta nota no es "idílica". Se desarrollaría, como en toda sociedad, en medio de intereses sociales corporativos. Se necesitarán negociaciones duras para equilibrar esos intereses corporativos. Se producirán convulsiones sociales (como hoy se expresan en las movilizaciones piqueteras las que exigen la disminución de la criminalidad, en especial sus formas más aberrantes, como los secuestros). Pero la sociedad se aglutinará atrás de ese programa. El aglutinamiento dará sentido al debate vacuo y estéril sobre la supuesta ausencia de un proyecto nacional. El optimismo histórico perdido hace muchos años podría así renacer.

(*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo.
El presente material se publica por gentileza del Estudio Cuartango.
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