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ARGENTINA

La UCR: comentarios sobre el estado del partido y las luchas internas

Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 08/09/04.-

1. Un partido centenario en crisis
Un acuerdo social tripartito positivo: el aumento del salario mínimo, vital y móvil Por J. Godio

La Unión Cívica Radical (UCR) es un partido centenario que experimenta actualmente la crisis más profunda de su historia. Este partido comienza a constituirse durante la Revolución de 1890, dentro de un conglomerado de fuerzas que dieron origen a la entonces Unión Cívica. Esta fuerza jugó un papel importante entonces en el desalojo del gobierno de una fracción conservadora (liderada por el derrocado presidente Juárez Celman), que había perdido consenso dentro del propio partido dominante, el llamado Partido Autonomista Nacional (PAN). En un contexto de crisis financiera del país, de emergencia de la clase media urbana y de agitaciones obreras, se forma un bloque socio-político heterogéneo, cuyo objetivo central era restablecer el papel del Estado nacional y sus capacidades para controlar la crisis económico-social.

Tres años después de la Revolución del '90 se constituye la UCR, liderada por Leandro Alem. Se trata de un partido popular, en el cual coexisten sectores populares pobres marginales, fuertes núcleos de la clase media en formación y sectores de terratenientes excluidos del núcleo duro de la clase latifundista argentina. La UCR es en sus orígenes un partido liberal-popular "federalista". El epicentro de la actividad del partido se ubica en la Capital Federal y en las provincias de Buenos Aires y Córdoba. La UCR es, junto con el Partido Socialista, una formación política que surge como "fuerza democratizadora", representativa de nuevas clases y capas sociales constituidas como consecuencias políticas del vertiginoso proceso de modernización y crecimiento económico que experimenta el país entre 1880 y 1914.

En 1916, como resultado de la reforma democrática del sistema de representación política (Ley Sáenz Peña de voto universal, 1912), la UCR llega al gobierno. Gobernará entre 1916 y 1930, cuando será desalojada del poder por un golpe cívico-militar conservador. Entre 1900 y 1930 la UCR se transforma en un partido nacional, asentado en provincias y pueblos. En la cúpula partidaria predominan abogados y estancieros, pero su base es un complejo sistema de articulaciones de intereses policlasistas. La UCR, castigada primero por el golpe de 1930, y luego erosionada por el proceso de sustitución de importaciones y la emergencia del peronismo, perderá su cualidad de principal partido de oposición al conservadorismo y al militarismo. También quedará en debilidad frente al peronismo, la nueva fuerza nacional-popular representativa del mundo del trabajo generada por el proceso de industrialización y por la nueva sociedad industrial-salarial promovida por el Estado, que emerge a partir de 1945.

La UCR, desde el ángulo organizativo, es un "partido de ciudadanos". A diferencia del Partido Justicialista (PJ), organizado según estamentos (sindical, político, jóvenes, mujeres, etc.), la UCR es un partido "territorial" de ciudadanos/as, con predominancia de estratos sociales medios, urbanos y rurales. Es un clásico partido social-liberal que a partir de 1995 se define oficialmente como liberal-socialista. Es miembro de la Internacional Socialista.

Como es sabido, bajo el liderazgo de Raúl Alfonsín la UCR logró vencer en 1983 en las primeras elecciones democráticas luego de la última dictadura militar (1976-1983). Pero aferrada a un programa económico de viejo estilo keynesiano, incapaz de transformarse en un partido socialdemócrata moderno, sin contar con bases sindicales y enfrentado al poderoso peronismo, la UCR terminó arrastrada y desgastada por el impacto reestructurador en Argentina de la globalización económica mundial. Tuvo, sí, la valiente decisión de iniciar el proceso de enjuiciamiento a las cúpulas militares de la dictadura, el establecimiento de la institucionalidad democrática y la instauración de un régimen de partidos pluralista.

A fines de 1999 la UCR, aliada al Frepaso en la Alianza, regresa al gobierno. El peronismo menemista, fuertemente cuestionado por la sociedad por los resultados sociales negativos del programa de "ajuste estructural", pierde las elecciones. Pero la UCR y su aliado, el Frepaso, son fuerzas políticas incapaces de enfrentar la depresión económica en curso, lo que exigía sacar al país del régimen de "convertibilidad".

Entre 1999 y 2001, una profunda crisis económica, social y política arrastra a la Argentina: endeudamiento interno y externo del 100% del PBI en dólares, desempleo del 18% de la Población Económicamente Activa, subempleo del 40% de la fuerza laboral, cesación de pagos, quiebras de bancos y un millón de pequeños y medianos ahorristas pierden parte de sus depósitos, inflación del 50% anual en 2001, etc., etc., terminan por provocar los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Así, una "pueblada" con epicentro en la Capital Federal, pero extendida a todas las capitales de provincias, termina por expulsar a la Alianza del gobierno.

Son dos frustraciones sucesivas en una década (1989 y 2001) para el radicalismo. La UCR entra en un anárquico debate interno. El Frepaso desaparece de la escena política. La democracia política subsiste, por la combinación de la decisión popular de no regresar a regímenes autoritarios, por la presión del contexto internacional a favor de la democracia argentina, y ante todo, por la capacidad del PJ de formar nuevo gobierno desde fines de diciembre de 2001. La Argentina vive un "fin de época" con fuertes rasgos de decadencia. Las reformas de los '90, que abrieron el camino necesario a una economía necesaria, terminan sepultadas por la hegemonía política del exacerbado neoliberalismo dominante desde 1995 a 2001. La UCR es arrastrada por la crisis, y en las elecciones presidenciales de abril de 2003 se reduce al 10% de los votantes.

2. La UCR durante la transición y en el inicio del gobierno e Néstor Kirchner

Es fundamental recordar que la UCR reaccionó rápidamente ante la crisis de diciembre de 2001, y decidió apoyar institucionalmente al peronismo. Ese apoyo, prestado principalmente desde el Congreso Nacional, pero también desde el partido y desde los gobiernos provinciales y municipales radicales, fue decisivo para apuntalar al gobierno de transición presidido por Eduardo Duhalde (enero 2002 - mayo 2003). Pese a la crisis, la UCR, con el impulso de varios altos dirigentes, pero especialmente del ex-presidente Raúl Alfonsín, prestó sostén al nuevo gobierno. Durante toda la transición, el gobierno peronista gobernó a través de decretos-leyes que fueron apoyados por las bancadas de diputados y senadores de la UCR. (1)

Pero, como dice el refrán, "la procesión iba por dentro". Un elemental sentido del compromiso con la democracia insta a la UCR a apoyar la transición política, pero la crisis ya había producido en la UCR en 2001 una importante división interna, con la constitución del ARI, liderado por "Lilita" Carrió, una formación política que nace con postulados de centro-izquierda y de crítica al neoliberalismo practicado por la Alianza, pero con fuertes vínculos con el Departamento de Estado de EE.UU. En 2001 se produce otra ruptura, de centro, que da lugar al partido Recrear, liderado por el ex-ministro de Defensa y Economía de la Alianza, Ricardo López Murphy. Así, se producen dos escisiones, políticamente diferentes, en el interior de la UCR. Estas nuevas corrientes concentran sus críticas en el liderazgo político del partido, en especial al ex-presidente Raúl Alfonsín. Pero al mismo tiempo tratan de diferenciarse desde el centro-izquierda (Carrió) y el centro-derecha (López Murphy) frente al nuevo gobierno peronista-desarrollista presidido por Néstor Kirchner.

3. Las diferencias y confrontaciones políticas en el interior de la UCR en 2004

La UCR carece hoy de un liderazgo político reconocido y aceptado por la mayoría de sus afiliados/as. Es un partido anarquizado políticamente. Cada dirigente nacional emite sus propias declaraciones políticas. En las reuniones del Comité Nacional (órgano dirigente nacional de la UCR, elegido por el Congreso Partidario) se plantean posiciones diferentes y se acuerdan compromisos inestables. Las diferencias políticas se reproducen en cada provincia. Se registran "rebeliones" de algunos intendentes importantes, especialmente en la provincia de Buenos Aires. El único dato real favorable a la unidad del partido es el comportamiento políticamente homogéneo de las bancadas de diputados y senadores, de apoyo o de "crítica constructiva" a las políticas nacionales o internacionales del gobierno de Kirchner. Pero aún así es un dato débil, porque nada indica que parte de esas bancadas no pudiera pasar en un futuro a la oposición abierta al gobierno actual.

Entonces, ¿cómo localizar las verdaderas diferencias en el interior de la UCR? El único método fiable es primero ubicar las diferencias en función de la gran opción política de colocarse como "aliado condicional" del kirchnerismo o como oposición dura, de izquierda o de derecha, y segundo intentar establecer los nexos que existen entre esas opciones y los intereses particulares de los estratos dirigentes del partido.

Analicemos la "gran opción política". Es evidente que un núcleo pequeño pero con gran peso político se orienta a colocar a la UCR como aliado "condicional", pero firme, del actual gobierno. Esta línea se expresa en Raúl Alfonsín y en el presidente del Comité de la provincia de Buenos Aires, Leopoldo Moreau. Es una línea que se remonta al período de transición. Se hace evidente con la "revaloración positiva" de Eduardo Duhalde por parte de Alfonsín y Moreau; continúa con la identificación "programática" de esos dirigentes radicales con el kirchnerismo; se fortalece con las actitudes de Kirchner de designar a Alfonsín como vocero informal del gobierno frente al chavismo y al mismo tiempo con la oposición política en Venezuela.

La línea Alfonsín-Moreau considera que es necesario apoyar al kirchnerismo, no sólo por razones tácticas (defensa de la democracia, negociaciones con el FMI, etc.) sino estratégicas. Para Alfonsín, la UCR sólo podrá recuperarse estratégicamente si al gobierno de Kirchner "le va bien" y la sociedad reconoce que la UCR aportó su apoyo a un gobierno exitoso en la tarea de sacar al país de la crisis. Esta posición estratégica no significa que la UCR se "diluirá" en el kirchnerismo; por el contrario, el tándem Alfonsín-Moreau considera que al mismo tiempo que apoyar, es fundamental exigir a Kirchner y a su gobierno apertura y consultas permanentes con la UCR. Instan a Kirchner a profundizar sus acuerdos con el duhaldismo y fortalecer a las instancias de concertación con las organizaciones empresarias y sindicales.

Lo que defienden Alfonsín y Duhalde es la reconstitución del sistema político basado en negociaciones institucionales. No es casual que en 1994, durante la reforma constitucional a nivel nacional y de la provincia de Buenos Aires, fueran Alfonsín y Moreau quienes dirigieran las exitosas negociaciones de la UCR con el entonces gobierno menemista y con el gobierno provincial duhaldista. Debe también recordarse que el 29 de julio de este año, en la ciudad de La Plata, la UCR realizó un acto para recordar los 100 años del nacimiento de Ricardo Balbín (líder de la UCR durante las décadas de los '50 hasta los '80), y que en ese acto hablaron juntos Moreau, Alfonsín y Kirchner. La reunión de los tres dirigentes se asoció con el recuerdo de las reuniones entre Perón y Balbín para intenta garantizar la gobernabilidad del país en los tumultuosos y violentos años 1972-74.*

En la "vereda de enfrente" del tándem Alfonsín-Moreau se ubican dirigentes claves de la UCR. Entre ellos los principales son: Angel Rozas, presidente del Comité Nacional del partido, ex-gobernador de la provincia del Chaco; Horacio Pernasetti, jefe del bloque de diputados, Roberto Iglesias, presidente del Comité de la UCR en la provincia de Mendoza, y Federico Storani, diputado nacional y algo dirigente de la provincia de Buenos Aires. Estos dirigentes sostienen que la estrategia de Alfonsín lleva a la UCR a perder su "perfil opositor". Para estos dirigentes el apoyo institucional al gobierno es necesaria pero no debe confundirse con "acoplamiento" político. No desean romper abiertamente con el ARI y su dirigente, Elisa Carrió, una fuerza con la que tienen simpatía.

Dichos dirigentes piensan que el gobierno de Kirchner sufrirá fuertes desgastes entre 2004 y 2006, y que el peronismo (ya dividido por a actitud autónoma del menemismo) terminará de dividirse por as diferencias entre Kirchner por un lado, y el "duhaldismo" y otras corrientes provinciales por el otro. Como síntesis, este heterogéneo agrupamiento de altos dirigentes radicales prefiere potenciar la identidad política de la UCR frente al actual gobierno, mientras que Alfonsín y Moreau aumentan su apuesta por el apoyo a Kirchner. Alfonsín, el 28/8/04, alertó sobre un posible "golpe de mercado" del establishment contra el gobierno, para marzo de 2005, y convocó a repudiarlo. (2)

Era inevitable que la orientación neo-desarrollista y la toma de distancia del gobierno peronista argentino frente a los EE.UU. respecto a la iniciativa del ALCA, al conflicto Bush-Chávez, etc., aceleraría el debate interno en la UCR. La "gran opción política" se plantea entonces entre sumarse al gobierno sin perder autonomía partidaria (Alfonsín-Moreau) o mantener el perfil opositor sin entrar en colisión con el gobierno. Así está planteada la primera gran división política en la UCR. Sin embargo, las diferencias político-estratégicas no son nítidas, y ambos sectores podrían en el futuro reubicarse y redefinir posiciones según la performance del gobierno sea buena, regular o mala.

Una segunda división, que amenaza con provocar escisiones en el partido, se origina en la decisión de algunos importantes intendentes municipales de la provincia de Buenos Aires de organizar una alianza extra-partidaria para las elecciones de renovación parcial del Congreso Nacional, a fines de 2005. Han constituido el llamado "Grupo Olavarría". Lo lideran actualmente el intendente de Vicente López, Enrique García, de San Isidro, Gustavo Posse, de Pergamino, Héctor Gutiérrez y de Junín, Mario Meoni. Participan también otros altos dirigentes políticos como Juan Manuel Casella y Pascual Capelleri.

¿Cuál es el motivo principal que ha dado lugar a la formación del Grupo Olavarría? Sin duda que sus miembros están motivados por constituir alianzas políticas locales que les permitan conservar los gobiernos de las intendencias. Estos intendentes, por un lado, no desean ser arrastrados por la crisis del partido, y por otro necesitan actuar pragmáticamente para ganar las elecciones y renovar sus mandatos; por lo tanto, no están dispuestos a ser "furgones de cola" del kirchnerismo. El problema es que, en la medida en que actúan pragmáticamente para poder vencer al peronismo u a otras fuerzas políticas ocasionales, esto puede incluir alianzas con el Movimiento Recrear de López Murphy o con el ARI de Carrió, o con ambos a la vez y otras fuerzas menores.

No escapa a los líderes nacionales de la UCR que las alianzas puntuales con Recrear o con ARI podrían desembocar en alternativas políticas favorables a la reunificación de la UCR y el regreso al partido de algunas de las fuerzas disidentes mencionadas, si ven que sus aspiraciones de reelección son contempladas. Pero el problema es que la "rebelión de los intendentes" invalidaría la discusión política en curso en el Comité Nacional entre Alfonsín-Moreau y sus adversarios. Como expresó Moreau: "buscan hacer alianzas de cualquier tipo, con tal de conservar el poder".

Así las cosas, los intendentes rebeldes son una "caja de pandora" de la que puede salir cualquier producto político. El Grupo Olavarría es un resultado más de la desorganización política de la UCR. Como hemos visto, de extenderse podría provocar una crisis de magnitud, dado que de algún modo recoge las preocupaciones de muchos dirigentes radicales que ocupan posiciones en los distintos órganos políticos del Estado.

Hasta ahora, los debates políticos en la UCR se circunscriben orgánicamente a los miembros del Comité Nacional y de las estructuras partidarias y en la provincia de Buenos Aires. Pero no puede excluirse que la doble crisis de la UCR pudiese extenderse a otras provincias. Como es sabido, la UCR controla actualmente cinco provincias (Catamarca, Chaco, Corrientes, Mendoza y Río Negro). Además, gobierna con mayoría o en alianzas en aproximadamente 500 municipios. Por lo tanto, es fundamental dar seguimiento a los debates, tensiones y confrontaciones internas.

4. Conclusiones

Nunca se debe perder de vista que la UCR, si bien se asienta en una estructura territorial de ciudadanos/as, los agrupa según una compleja pirámide de "punteros" locales, provinciales y nacionales. Los punteros o pequeños "caudillos" son el eslabón entre los militantes de base y los grandes caudillos provinciales y nacionales. Cada caudillo local controla la distribución de planes de Jefas y Jefes de Hogar y otras formas de asistencialismo, canalizan la incorporación de militantes al empleo público, prestan apoyo a los militantes para acceder al crédito, etc. Las células básicas del partido son los comités barriales y distritales, donde se procesan ideas pero también intereses materiales. Una laxa cultura política liberal-socialdemócrata, aceptada pasivamente por los militantes (dado que no existen organizaciones estables de capacitación política, ni tampoco se promueve la discusión política sistemática sobre el ideario socialdemócrata) parece hoy insuficiente para cohesionar a este centenario partido, nacido originariamente como movimiento liberal-popular a fines del siglo XIX. (3)

La crisis ideológico-política recorre a este partido de aproximadamente 800.000 militantes, localizados en todo el territorio nacional. No se trata de un partido más. Sería deseable para la salud del sistema de partidos una pronta recuperación de la centralidad política de la UCR, pero todo indica que persistirán las diferencias de enfoque político, combinadas con prácticas políticas homologables a los tradicionales "caciquismos" de gran parte de los partidos liberal-populares existentes en América Latina, muchos de los cuales, como la UCR, son miembros de la Internacional Socialista.

Notas:
(1)Julio Godio, Argentina: luces y sombras en el primer año de la transición, Buenos Aires, Biblos, 2003.
* Ver nota adjunta a este artículo.
(2)"UCR: debate por la denuncia de Alfonsín", Clarín, 3/9/04.
(3)La UCR se afilia a la Internacional Socialista a mediados de los '90, por decisión de Alfonsín. Pero el partido nunca realizó un Congreso Partidario para ratificar esa decisión política. Hubo algunos altos dirigentes que se opusieron a la decisión de Alfonsín, como Storani y el actual senador Rodolfo Terragno.
 
5. Nota adjunta

En 1972, al regresar al país el ex-presidente Juan Domingo Perón, el entonces presidente de la UCR, Ricardo Balbín, impulsó un cambio sustancial en la línea política de su partido, al promover la reconciliación entre peronistas y radicales. Fue un paso de gran importancia política, porque desde 1945 hasta esa fecha el país estaba dividido entre peronistas y antiperonistas. Esa división favorecía que las Fuerzas Armadas pudiesen jugar el papel de árbitro político, lo que había dado lugar a tres golpes de Estado, seguidos por dictaduras militares (1955-58, 1962-63 y 1966-73). El primer golpe (1955), derrocó al peronismo, el segundo (1962) a un sector radical que había llegado inicialmente al poder con apoyo peronista (la Unión Cívica Radical Intransigente, UCRI), y el tercero al gobierno minoritario de la UCR (1966).

En 1972 la dictadura militar retrocedía en un contexto de divisiones políticas: inicio de las fuerzas insurgentes (Montoneros y Ejército Revolucionario de Pueblo, ERP), desarrollo de sublevaciones urbanas en las principales ciudades y creciente actividad de los partidos políticos. Argentina era un polvorín. Se necesitaba un acuerdo político de base entre los principales partidos políticos para dar sustento a la salida democrática, que efectivamente se produjo con las elecciones de marzo de 1973, en las que triunfa el PJ. Luego, un mes después, el flamante presidente Héctor Cámpora renunciará, y el ya entonces Teniente General J.D. Perón, en fórmula con su esposa, Isabel Perón, vencerá con el 60% de los sufragios en nuevas elecciones, y asumirá el gobierno.

El contexto político argentino era sumamente inestable a principios de los '70. Es cierto que el anciano presidente Perón contaba con la fuerte adhesión popular. Pero la guerrilla urbana (pese a que Montoneros era peronista) seguía activa, y se desarrollaban numerosas huelgas fabriles por aumento de salarios y otras reivindicaciones laborales. Se producen asesinatos de parte de la guerrilla contra militares, políticos, sindicalistas, etc.; de fuerzas peronistas de derecha contra guerrilleros; las FF.AA se preparan para un nuevo golpe de Estado.

La muerte de Perón (1974) produce un gran vacío político. Asume un nuevo gobierno, presidido por Isabel Perón, que es incapaz de restablecer el orden político. En un contexto regional de predominio de la Doctrina de la Seguridad Nacional, las FF.AA. toman el poder el 24/3/76. La posición adoptada por Balbín quedó sepultada por el fracaso del gobierno peronista. La conmemoración por el 100º aniversario de su muerte, que hemos comentado, tiene un significado político actual, lo que explica la presencia de Kirchner en el acto junto con Alfonsín y Moreau: fortalecer el acuerdo entre el kirchnerismo y un sector de la UCR.

(*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo.
El presente material se publica por gentileza del Estudio Cuartango.
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