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El vínculo civilizatorio entre "política" y "mundo del trabajo": razones  para el triunfo del PT en Brasil y la crisis de los partidos políticos en Argentina

Por Julio Godio
 
1. El PT llegó al gobierno
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Rebanadas de Realidad - Revista Pistas Nº 8, diciembre de 2002.- El Partido de los Trabajadores (PT), liderado por el socialista Luiz Inacio "Lula" da Silva, y en alianza con el Partido Liberal (PL), de orientación industrialista, y apoyado por un amplio arco de fuerzas sociales y políticas, ha vencido el 27 de octubre en la segunda vuelta de las elecciones sobre el Partido Socialdemócrata del Brasil (PSDB), y su candidato José Serra. El resultado ha sido: PT 61,4%, PSDB 38,6%. El padrón electoral era de 115 millones, logrando el PT 51 millones de votos positivos, y el PSDB 32 millones. La abstención llegó al 20,1% del padrón.*

El resultado ha sancionado el vertiginoso proceso de adhesiones políticas y del mundo económico que el PT venía sumando desde que triunfó en la primera vuelta de las elecciones, el 6 del corriente. Los apoyos de las fuerzas de centro-izquierda del Frente Brasil Esperanza (FBE), liderado por Anthony Garotinho, y del Frente Trabalhista (FT), liderado por Ciro Gomes (ambas fuerzas derrotadas el 6 de octubre) fueron decisivos. Todos los comentarios coinciden que el punto de convergencia del electorado policlasista reunido en torno a Lula y el PT ha castigado al gobierno de PSDB y su presidente Fernando H. Cardoso por su incapacidad de ofrecer crecimiento económico y empleo. La opción no era entre estabilidad y reforma, sino entre estancamiento vs. desarrollo y crecimiento con mejor distribución del ingreso. Brasil es la 10ª potencia industrial, es un país "continental", y genera el 40% del PBI de América Latina.

El PT llega al gobierno a 22 años de su fundación, y luego de tres intentos fallidos por lograrlo (1989, 1994 y 1998). Es un partido socialista hegemonizado por una corriente socialdemócrata "dura", denominada ahora "Campo Mayoritario", y hasta hace poco Articulación ("Articulaçao"). A ella pertenecen el 70% de sus adherentes. En el 30% restante conviven corrientes marxistas que definen hacia la izquierda (Democracia Socialista, Articulación de Izquierda, Fuerza Socialista y El Trabajo). Algo es seguro: el PT puede triunfar o fracasar, pero no recorrerá el tragicómico destino de la Alianza y su presidente De la Rúa en Argentina. El PT es un partido socialista y su líder es un socialista, a diferencia de la Alianza, que era un conglomerado liberal-populista y su candidato a presidente un radical conservador. La llegada al gobierno del PT en Brasil abre una nueva etapa histórica en América Latina.

Sin duda que los nuevos tiempos serán en Brasil turbulentos. El PT y Lula (que deberá ahora pasar de político a "estadista") tendrán que mantener la brújula dentro de la tensión que se genera entre las demandas populares y las demandas empresarias, en un contexto de economía de mercado y de necesidad de rápido crecimiento económico.

 2. Un fantasma político en Argentina

Desde hace varios años, rondaba en Argentina la idea de crear un partido "parecido" al PT. Ahora esa idea seguramente se potenciará. Pero sin duda que lo primero con lo que es necesario contar es con una idea clara de lo que es este partido brasileño en el que hoy descansa el futuro político no sólo del Brasil, sino en parte también de toda la región.

Es interesante observar que el "espíritu" del PT y otras formas de movilización ciudadana también está presente como forma de pensar la política en muchas de las nuevas formas de hacer política que se han generado en el país después de los sucesos del 20-21 de diciembre del año pasado que terminaron con caída de de la Rúa. La idea de construir colectivamente una nueva cultura de izquierda se parece en mucho al proceso que dio lugar a la fundación del PT hace dos décadas atrás.

¿Por qué, entonces, la creación de un tipo de partido que se corresponde con el "espíritu de la época" de Argentina, no se encuentra con su referencia política y su agenda de constitución?

 3. El PT brasileño: sus peculiaridades

En Brasil existieron ciertas condiciones particulares que favorecieron la formación de un nuevo partido y una nueva central sindical, y estimularon movimientos políticos regionales y de campesinos.

Una combinación de elementos centrales, a saber, jóvenes dirigentes sindicales del ABC paulista, intelectuales "gramscianos" y sacerdotes de izquierda, un contexto de industrialización y modernización llevado adelante por la dictadura militar, dio lugar a ese fenómeno original de la alquimia política: el nacimiento del PT. El nuevo partido tuvo en el ABC paulista sindicalizado su principal base de apoyo, pero simultáneamente comenzó a vincularse con las organizaciones campesinas (de las cuales nacerá el autónomo Movimiento de los Sin Tierra, MST). Su cultura socialista moderna y pluralista facilitaron la difusión de las nuevas ideas en los trabajadores industriales del sector público en movimientos de género y en las universidades y centros de investigación. A mediados de los ochenta comienza la implantación progresiva del PT en legislaturas y municipios. En los noventa será mayoría en ciudades estratégicas (San Pablo, Porto Alegre, y otras).

El PT eludió de entrada la falsa opción organizativa entre el "centralismo democrático" y el impulso asambleístico inevitable de toda fundación. Se estructura como partido a través de diversas formas de organizaciones partidarias según los lugares de trabajo, de vida social y de participación en las instituciones políticas estaduales. Es un partido abierto a las ciudadanas y ciudadanos, pero con impronta obrera y sindical. En este contexto partidario se consolida el liderazgo de Lula, líder sindical carismático que es el producto de la síntesis entre una cultura sindical anticapitalista con los valores de un "socialismo pluralista". Coexiste en el PT, lo mismo que en la CUT, una fuerte minoría de izquierda marxista ortodoxa, en la que confluyen diversa corrientes provenientes del viejo marxismo. También influye la experiencia cubana, pero subsumida y acotada por el escenario político en un país gigante, con diversidades de regiones y subculturas; un país de 150 millones de personas.

Hay que señalar un mito bastante difundido en Argentina: que el PT ha sido un partido constituido al margen y contra las tradiciones políticas preexistentes. Es cierto, como veremos, que sólo pudo constituirse por la férrea decisión del núcleo sindical liderado por Lula de organizar una nueva cultura política y una nueva organización política. Los petistas producirán una "revolución copernicana" en las formas de pensar la política brasileña. Pero este proceso se desarrolla asimilando y reelaborando experiencias históricas (por ej., la agotada experiencia comunista) y en debate fraternal con corrientes políticas vinculadas al liberalismo progresista.

Por ejemplo, es necesario señalar que los nuevos sindicalistas debaten a fines de los setenta con Fernando Henrique Cardoso y otros políticas la opción de crear un "partido popular", como quería Cardoso, ya dirigente del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) o crear un PT. También es necesario destacar que ingresarán al PT sectores políticos del MDB. La táctica política del PT a principios de los ochenta incluía como aspecto central terminar con el partido de la dictadura (la Alianza Revolucionaria Nacional, ARENA), y por eso en 1984 da apoyo a la candidatura de Tancredo Neves, candidato a presidente por el recién creado PMDB y el Frente Liberal.

También es central destacar la dialéctica que se genera entre los "petistas" y diferentes movimientos sociales. En primer lugar, a través de la participación de los movimientos por la amnistía activos desde principios de los setenta; en segundo lugar en el Movimiento Contra la Carestía fundado en 1973 (del cual surgirán muchas dirigentes femeninas del PT, lo que facilitará la estructuración de la identidad de género con el trabajo y la lucha contra la pobreza); en tercer lugar el apoyo junto a otras fuerzas de izquierda a la reorganización de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE). De esta dialéctica entre petistas y movimientos sociales y populares surgirá la expresión "articulação" (articulación) que terminará por identificarse con las corrientes hegemónicas en el PT y la CNT.

Como resultado de la articulação entre partidos y movimientos populares, cimentados por las prácticas sindicales socio-políticas, se termina por construir un auténtico partido nacional de masas de los trabajadores: el PT. Surge una identidad socialista genérica; con hegemonía de articulación, y presencia de fuertes minorías marxistas ortodoxas o socialdemócratas.

4. Perfil ideológico, político y organizativo del PT brasileño

El PT se construye como una unidad dialéctica entre cultura socialista, cultura industrial y democracia, formas organizativas flexibles disciplinadas por la férrea adhesión al principio de mayorías y minorías. Explora y desarrolla permanente de todas las formas de acción política en la joven democracia que le permitan ir conquistando —como diría Gramsci— casamatas y trincheras en la sociedad civil y la sociedad política. Hemos comentado que el PT se organiza a través de núcleos. Pero estos núcleos se organizan inicialmente en ciudades estratégicas (Sao Paulo, Porto Alegre, Rio, Fortaleza, Vitoria, Belo Horizonte, Bahía, y otras). La mirada política está puesta en asociar esos núcleos con la conquista del control político por el PT en ciudades y demostrar a través de la administración de ellas que es posible otra "forma" de gobernar.

Al costado del PT, como fuerza autónoma pero con vínculos políticos fuertes con aquél, se encuentra la CUT. ¿Cómo nace la CUT? Nació como expresión sindical petista. Pero vinculada a un partido que por la peculiar interacción entre dirigentes sindicales, políticos e intelectuales de distintas disciplinas con una visión amplia del "mundo del trabajo", entendido éste como la unidad dialéctica entre modernización y eficiencia de las empresas, calificaciones profesionales de los trabajadores y derechos de los asalariados y sus sindicatos implantados en las unidades productivas.

La CUT es una fuerza sindical cuyo núcleo fundador está en el ABC industrial. Pero su desarrollo inicial se produce en el seno de una entidad sindical creada también a principios de los ochenta que se denomino CONCLAT. Fue una gran asamblea sindical democrática en la que se discutió "todo" y participaron los nuevos sindicatos de empresas, ramas y localidades con las viejas estructuras sindicales "peleguistas". Los temas centrales eran la ubicación sindical frente a los cambios en la economía y las empresas por el impacto de la modernización entre 1960 y 1970; la relación entre unidad de clase y pluralismo ideológico y organizacional; la relación entre los sindicatos y los partidos políticos afines a los sindicatos; la relación entre sindicatos y movimientos sindicales.

En esos debates se perfilaron y organizaron centrales sindicales —la CUT y la Confederación General del Trabajo (CGT)—. Pocos años después se formaría Força Sindical (FS), y otras menores. La libertad sindical y el pluralismo —según los principios del Convenio 87 de OIT— fueron aplicados y respetados por las distintas centrales. En los 80, la CUT recibió un espaldarazo con la campaña de la Conferencia Nacional de Obispos "Solidarios en la Dignidad y el Trabajo".

La CUT se transformó en poco tiempo en una central sindical socio-política, con fuertes vínculos con las centrales sindicales europeas y la Confederación Sindical de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL). Se afilió a la CIOSL-ORIT, lo mismo que la CGT y FS. Las tres forman parte y conviven armónicamente en la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur. El Secretario General Adjunto de la CIOSL es hoy un dirigente histórico de la CUT.

Existe en Brasil otra institución sociolaboral que será clave en los próximos años: se trata del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST), más conocido como "Sem Terra". El PT tiene vínculos con este movimiento, creado en 1984, y lo ha impulsado desde sus primeros años. Pero se trata de un movimiento de "boi frias", o trabajadores rurales, autónomo de los partidos, y que tiene sus principales bases de acción en el centro y sur del Brasil,, concentrando su acción en la ocupación de tierras para los trabajadores rurales. Recoge las tradiciones de las "ligas campesinas" formadas en la década de los sesenta y destruidas por la dictadura militar. Moviliza a centenares de miles de trabajadores rurales, que sufren persistentemente represión de bandas armadas de terratenientes, policiales y militares. La Iglesia católica ha apoyado a los Sin Tierra y otros movimientos de campesinos, desde la Comisión Pastoral de la Tierra.

Es necesario destacar, sin embargo, que la CUT ha creado sus propias organizaciones sindicales rurales, y que existen otras organizaciones rurales, entre ellas, la antes poderosa Confederación Nacional de Sindicatos Rurales (CONTAG). Seguramente si el PT triunfa en las elecciones, las relaciones entre el nuevo gobierno y el MST no estarán exentas de tensiones, dado que el tema de la tierra es central y el latifundio se ha consolidado.

El PT y la CUT, hegemonizados por la articulação, han sobrevivido preservando los equilibrios entre corrientes internas. Se han hecho fuertes en un país modernizado y al mismo tiempo socialmente excluyente, porque se articularon sobre valores e ideas comunes (socialismo pluralista, sindicalismo socio-político, etc.). Pero ante todo porque supieron vincular sus posiciones progresistas y clasistas con una visión democrática y de cambios estructurales de la tradicional cosmovisión popular de Brasil como "o melhor pais do mundo".

El nacionalismo brasileño también es un componente de articulación en el PT y en la CUT. Los dirigentes del PT saben, y lo han dicho, que no podrán gobernar solos, y están constituyendo un tramado de alianzas con fuerzas de centro políticas y empresarias. Han elaborado un perfil industrial integrado para un país que ocupa el 7° lugar en el mundo de la globalización. El futuro presentará nuevos desafíos y dificultades al PT y a la CUT. Pero esta es otra historia, que todavía no ha sido escrita.

Por último, es importante hacer otra aclaración. El PT ha constituido una coalición con el Partido Liberal para las elecciones de octubre de 2002. Pero en realidad, el PT siempre ha hecho alianzas. Así, en 1989 con la primera campaña "Lula Presidente", se formó el Frente Brasil Popular (PT, PCdB, PSB), y que en la segunda vuelta contra Collor de Mello recibió el apoyo del PDT (socialdemócrata) y de sectores del PMDB). Ahora, trece años después y cerca del poder, el PT ha ampliado sus alianzas. Además del PL (partido con fuerte implantación empresaria), ha recibido apoyo de sectores de grandes empresarios, especialmente ubicados dentro de la poderosa CNTI paulista.

La situación económica del Brasil es complicada (la deuda pública interna y externa asciende a 300 mil millones de dólares en 2002), y la única salida es combinar la profundización y ampliación de la modernización económica con una progresiva redistribución del ingreso para eliminar el bloqueo al desarrollo de las fuerzas productivas y a la cohesión y renovación social que suponen los 50 millones de brasileños que viven en pobreza extrema. El PT, lógicamente, corre el riesgo de ser fagocitado por una operación de pinzas entre el FMI y la administración norteamericana y un bloque conservador de latifundistas y grandes capitalistas brasileños. Lula puede terminar como Salvador Allende. Pero este final no es inevitable. Ante todo no lo es, porque Brasil necesita al PT para preservarse como nación y Estado y consolidar al Mercosur. Pero ello dependerá de que el PT repotencie aquella consigna que le dio impulso histórico en los ochenta: "la lucha precede al partido y al sindicato".

5. Argentina: la impotencia de los partidos políticos actuales

En Argentina están madurando rápidamente las condiciones para la formación de un nuevo tipo de partido político. La crisis global que experimenta el país (económica, política, social y cultural) se manifiesta como crisis de las instituciones y las formas de representación de los argentinos como ciudadanos y como "productores". La crisis institucional, que es global, produce diversas formas de desarticulación de liderazgos tradicionales, entre ellos los liderazgos partidarios. En el escenario político es clara la crisis de hegemonía.

En la crisis global no se ha podido organizar todavía una opción partidaria de centro-derecha con base de masas que simbolice la continuidad de la etapa menemista. La resistencia popular a la derecha es espontánea, y se nutre, lógicamente, en la memoria histórica, en la persistencia cultural y organizativa de los antiguos populismos, de los sindicatos, la intelligentsia universitaria, etc. Al mismo tiempo, los partidos políticos policlasistas populares —el peronismo y el radicalismo— no solo están en crisis, sino que, se encuentran afectados por el convencimiento de que, es debido a la forma en la que se encuentran organizados, que se constituyeron en el mecanismo que permitió a la derecha neoliberal controlarlos y gobernar Argentina entre 1989 y 2001.

El movimientismo peronista no puede cobijar hoy una variedad de intereses sociales como la que logró en el pasado. La UCR, por su parte, se reduce rápidamente en número de afiliados, al tiempo que las corrientes internas formales se vuelven cada vez más "fracciones" incapaces de generar una nueva centralidad política, y por ende poner en pie al partido. Tampoco emerge una formación política sólida de centro-izquierda ni de izquierda, afectados principalmente en Argentina por su escaso contacto con el mundo del trabajo y en particular con el movimiento sindical.

Los partidos políticos populares argentinos iniciaron sus crisis en 1989, al momento de producirse la hiperinflación. La UCR fue la primera víctima, porque estaba en el gobierno al iniciarse la crisis económico-financiera. El PJ, unido en la fórmula Menem-Duhalde, logró reemplazar en el gobierno al radicalismo, pero conservó el poder al precio de mutar su composición socio-política al aplicar una política neoconservadora: el menemismo pasó a ser la corriente hegemónica sobre la base de una alianza entre la alta burguesía local y las capas sociales urbanas pobres. La clase obrera industrial, desarticulada por la desindustrialización, y los trabajadores asalariados de servicios y comerciales de ingresos medios, continuaron apoyando al PJ en tanto conservaron la "doble lealtad" sindical y partidaria con el peronismo. Pero perdieron la capacidad socio-política de condicionar el comportamiento del PJ. Este fenómeno se expresa en el marginamiento creciente de los sindicatos del poder en el partido, fenómeno que se conoce como crisis y debilitamiento de la "columna vertebral sindical".

Lo dominante es la "crisis de hegemonía política". La sociedad prioriza el "tumulto" sobre el sistema de representación política. Por eso es fuerte la resistencia popular a reconocer la legitimidad de los partidos tradicionales. En diciembre de 2002, el 50% del electorado todavía persiste en votar en blanco, nulo o abstenerse. Las elecciones presidenciales, previstas para el 27 de febrero de 2003, no motivan a una sociedad que desconfía o directamente repudia a los candidatos de los partidos. El clima de incertidumbre política persiste. En ese contexto, se registra una demanda común de la sociedad: la necesidad de "nuevas formas de hacer política", fenómeno que el ciudadano/a de a pie simboliza en la fase de "no aparecen nuevos líderes". Por eso subsiste todavía a fines de 2002 la consigna de diciembre de 2001: "que se vayan todos".

6. ¿Es posible un PT en Argentina?: la respuesta es un No o un Sí, según la "forma de pensar"

Si se pretende crear un PT al estilo y semejanza del PT brasileño, eso es imposible, no porque no se reproduzcan las "condiciones", sino porque en ningún país del mundo se reproducen copias con éxito duradero.

Cada país es diferente. Cada país es una formación económico-social particular, con historias, instituciones políticas, culturas, símbolos y lenguaje políticos específicos, de los cuales surgen las expresiones peculiares que caracterizan a cada pueblo. En Argentina, la eventualidad de una nueva formación política, no podrá surgir de otro lado, que de las culturas nacionales y populares argentinas.

Pretender formar un PT "argentino" copiando su programa, sus prácticas políticas y organizativas, es una ilusión "reaccionaria" (porque termina chocando con la realidad nacional, no crea nada y se estafa la esperanza de quienes decidieron sumar su esfuerzo para la aparición de un nuevo fenómeno político). Ese "doble discurso" no ha sido ajeno a la experiencia catastrófica del FREPASO y la Alianza, en gran medida responsable del rechazo de la política por parte de la ciudadanía.

Lo que sí es posible en Argentina es pensar como lo hacen los "petistas" en Brasil. Y para ello hay que comenzar por localizar los obstáculos por los que en este país no se puede fácilmente pensar como "petistas".

En general, las nuevas expresiones políticas que se han desarrollado en Argentina, en la última década, no han desarrollado estructuras partidarias amplias que permitan la circulación de ideas fluidamente, y el peso de su accionar se orienta hacia el candidato presidencial, que asume a su vez el rol de madre o padre protector de todos los miembros, incluyendo a altos dirigentes, y priorizan su presencia en los medios de comunicación como el principal vehículo para cohesionar políticamente a los miembros y a los eventuales votantes. Por las mismas razones, sus vínculos con el mundo del trabajo real (sindicatos y empresas) es débil y fragmentario.

Una fuerza política para ser abierta pero consistente debiera organizarse a través de una pirámide de estructuras (en los lugares de trabajo, locales, provinciales, nacionales), para permitir a los militantes participar en organizaciones partidarias decisorias y al mismo tiempo vinculadas con la diversidad de instituciones del mundo del trabajo, la sociedad civil y la sociedad política. Es el modelo no sólo del PT, sino de todos los partidos políticos progresistas y democráticos.

Por su parte, los politólogos argentinos, se han caracterizado, durante los ochenta y noventa, por elaborar ideas y propuestas para consolidar el sistema político democrático. Han sido intelectuales orgánicos de la democracia política. Pero sin mayores preocupaciones por vincular la política (institucional y partidaria) con el complejo del mundo del trabajo (que es también el mundo de la ciencia y la tecnología aplicadas a los procesos y productos). Necesitan ahora reformular sus ideas, si aspiran a aportar a una salida de la crisis a través de cambios de estructuras no sólo políticas sino también en la economía y en las empresas.

La forma de pensar "como petistas" en Argentina, supone profundizar la dialéctica entre socialismo plural y las tradiciones culturales del peronismo, del radicalismo y de las distintas regiones. Este país, a diferencia de Brasil, cuenta con tradiciones políticas y sindicales culturalmente hegemónicas que subsisten en el pueblo. Esas tradiciones constituyen fuerzas activas que dejaron su impronta en la historia argentina contemporánea, sea como liberalismo popular (UCR), o como refundación nacional-popular del Estado en el período 1944-1946. Este es un país con fuertes instituciones sindicales y sociales, hijas de los períodos de crecimiento económico y bienestar social, y sin ellas es imposible crear y transformar productivamente a las empresas.

En Argentina ha colapsado un capitalismo articulado sobre la valoración financiera rentística del capital, y la crisis global empuja objetivamente hacia una resolución favorable a la construcción de una nueva economía productiva de propiedad mixta. Lógicamente, esta última alternativa, que es la de dotar de base material a la democracia política, económica y social, puede ser abortada por la derecha política y militar tradicional, en el caso de que el "tumulto" no se transforme en una voluntad popular coherente. La opción de la derecha conduce a que Argentina sea un país subdesarrollado, una semicolonia de EE.UU. Esta aventura derechista puede acelerar el peligro latente de una guerra civil "confusa" de larga duración y de costos morales e intelectuales gravísimos para la Nación y la sociedad.

Lo que irrita a la población argentina y se manifiesta en el subconsciente colectivo como frustración, pero al mismo tiempo funciona como cemento de esta sociedad, es la creciente percepción colectiva de que este país es "la Australia que no fue". Las nuevas formas de hacer política se consolidarán si dan formato programático preciso a esa demanda de la sociedad argentina.

Pero ese formato programático sólo será viable si incluye una clara ubicación del modo de apropiación del excedente económico por el poder económico que ha conducido a este país a la crisis global. El poder económico tiene su base en la alta concentración del capital, bajo diversas modalidades de propiedad (grandes propietarios de tierras, asociaciones entre capitales locales y transnacionales, industriales y de servicios, conglomerados financieros, empresas multinacionales y bancos extranjeros y nacionales). Pero la forma del capital articuladora del poder económico es la apropiación del excedente económico por medio de la renta financiera especulativa y las ganancias extraordinarias, centro generativo de la "cultura de renta" que predomina en Argentina. El "poder económico" tiene su núcleo duro en el 10% de la población rica que se apropia del 45% de la renta nacional.

Es necesario distinguir con claridad la diferencia existente entre los intereses productivos del capital, que coexisten y se interpenetran mutuamente, con los intereses rentísticos del capital, para impulsar una división del poder económico, para que sea posible romper el dominio de la cultura de renta en Argentina. La "cultura de renta" dominante en Argentina, es el generador de fondo que impulsa y alimenta permanentemente, el desarrollo de formas políticas desvinculadas y poco interesadas en un compromiso real con los desafíos y problemas del mundo del trabajo.

Como respuesta ¿qué formas de partido político de nuevo tipo es posible en Argentina para establecer una nueva hegemonía nacional-popular en un contexto de fin de época para este país? En mi opinión, ese "partido" —cualesquiera sean su denominación y formas de articulación entre la sociedad y la política— no puede eludir varios desafíos prioritarios, a saber:

  • Ser un partido afincado en el mundo del trabajo en el sentido amplio. Es decir un partido basado en sindicatos reestructurados que asocien los derechos de los trabajadores con la performance de las empresas; en dirigentes empresarios que piensen a la empresa como "comunidad de trabajo" y en científicos y técnicos que creen productos tecnológicos adaptables a una economía de industrialización intermedia. El núcleo fundamental del mundo del trabajo son los trabajadores ocupados, a los cuales se les deben garantizar los derechos de huelga, negociación colectiva y de asociación autónoma. La empresa sólo puede ser una comunidad de trabajo si existen comités laborales de empresa y delegados de los trabajadores. Los comités laborales agrupan a todos los trabajadores, característica que puede asumir el cuerpo de delegados. Dentro del comité desarrollan sus actividades los sindicatos de rama propios a las centrales sindicales.
  • Ser un partido que conciba sus relaciones con los medios de comunicación como parte de la apropiación popular de la sociedad de la información. Esta es una sociedad en red interconectada, que debe ser utilizada para llevar el mensaje del partido a la sociedad, pero al mismo tiempo, para organizar al partido como una gran red participativa de sus miembros. En este tipo de partido habrá poco lugar para dirigirlo a través de "pequeños círculos profesionales". La información fluye por todos sus poros. La centralidad del partido se logra a través de la pirámide organizativa a edificar desde las empresas, el territorio y las instituciones sociales. Debe ser un partido federal. El núcleo dirigente central se mueve en dos direcciones para cohesionar políticamente a las estructuras partidarias: debe vincularse con el mundo del trabajo y las instituciones específicamente partidarias. En este tipo de partido como lo es en el PT brasileño, según sus estatutos— hay líderes, pero estos saben que el "poder" no sea alcanza en los programas televisivos en que participen, sino según el impacto que el partido logre a través de la participación de sus líderes en esos medios de comunicación, que no es lo mismo.
  • Aceptar como premisa que el futuro de un partido del pueblo se decide en el mundo de los trabajadores asalariados ocupados y demás categorías del mundo del trabajo. Los movimientos de desocupados —en un contexto de alta desocupación y pobreza y de conmoción político-cultural en la sociedad por esos hechos— son decisivos para resolver los problemas inmediatos de las familias y proteger la vida de niños y ancianos a través de promover el asociacionismo y el cooperativismo (empresas rehabilitadas, comedores vecinales, huertas familiares, etc.). Estimulan la solidaridad y la acción común con los trabajadores ocupados en los territorios donde operan, pero no pueden sustituir a la acción sindical ni pueden garantizar su propia cohesión organizativa ante la presión del asistencialismo clásico sobre las familias desocupadas menos politizadas. En Argentina es necesario no perder de vista que hay mas de 8 millones de asalariados ocupados, más de dos veces el número de trabajadores desocupados. Los trabajadores ocupados, aunque la mitad trabajan en negro, colocan como prioridad conservar su puesto de trabajo, y se movilizan cuando ese valor laboral es amenazado por la caída brutal del valor adquisitivo del salario, cierre de empresas, etc.
  • Por último, un partido de izquierda popular de reformas de estructuras duras requiere que en todas sus estructuras políticas se cristalice la cooperación armoniosa entre dirigentes sindicales, intelectuales, activistas femeninos y representantes de los cultos religiosos y los movimientos culturales. Se trata de considerar a todos estos dirigentes/as—en todos los niveles de la organización partidaria— como "intelectuales orgánicos", según la definición de Gramsci. Son intelectuales orgánicos, porque organizan y dan direccionalidad a las demandas provenientes de la sociedad de cambios productivos, sociales y laborales, y la movilizan organizativamente.

Un nuevo tipo de partido político acaba de llegar al gobierno en Brasil. ¿Será posible que la crisis global sea la antesala y el estímulo al mismo tiempo para desarrollar las nuevas formas de hacer política, y dotar de legitimidad un sistema de representación política democrático, en Argentina? Es una posibilidad.

 
El presente artículo se publica por gentileza del Instituto del Mundo del Trabajo.

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