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Tres acontecimientos,
aparentemente disociados entre sí, están prefigurando “líneas de fuerza”
que pueden convertirse en determinantes de la situación política en Argentina.
Esos tres acontecimientos son:
a)El conflicto
que se ha abierto entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires,
Felipe Solá, y el ex-presidente Eduardo Duhalde, jefe del peronismo
en ese distrito.
b)La tragedia
producida el 30/12/04 en la Capital Federal, cuando una discoteca -“República
de Cromagnon”- se incendió durante un recital musical, con 191 jóvenes
muertos. La figura del Jefe de Gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra,
que gobierna montado en un equilibrio político inestable, ha sido duramente
cuestionada por la sociedad y también desde las dos fuerzas políticas
que lo apoyan: el gobierno nacional y una coalición de ibarristas y
kirchneristas constituida en la Legislatura de la Ciudad.
c)Un nuevo
enfrentamiento entre el Presidente Kirchner y el Ministro de Economía
Lavagna a propósito de una renegociación de tarifas e inversiones en
una empresas de servicios públicos controlada por capitales franceses.
Este enfrentamiento se produjo durante una visita del presidente argentino
a Francia, en la tercera semana de enero.
Los tres acontecimientos
parecerían no estar vinculados entre sí, pero lo están. Porque
los tres inciden directamente sobe la estructura del poder político en
este país. Es necesario recordar que el gobierno ha iniciado la difícil
tarea de llegar en febrero próximo a un acuerdo con los acreedores privados
y superar el default. También que esos acontecimientos se producen en
una sociedad descreída de la política tradicional y de las instituciones
públicas, y dentro de la cual emerge como nuevo polo de protesta social
las movilizaciones de trabajadores sindicalizados por la exigencia de
aumentos salariales y estabilidad laboral.
En otras palabras,
los tres acontecimientos se han desarrollado en un país que todavía
vive una crisis global (económica, política, social y cultural), y
en el cual las instituciones políticas tienen baja credibilidad.
- El nuevo conflicto
entre Felipe Solá y Eduardo Duhalde surge cuando la Legislatura de la
Provincia no aprueba y reelabora el Presupuesto 2005, enviado por el
gobierno provincial. El gobernador Solá pretendía que la Legislatura
lo autorizase para relocalizar partidas. La Legislatura, controlada
por el Partido Justicialista (de hegemonía duhaldista) y con el apoyo
de la Unión Cívica Radical (UCR), resolvió limitar las atribuciones
redistribucionistas del gobernador.
Desde hace más
de un año, el gobernador Solá ha adoptado una posición que puede resumirse
así: acompañamiento al gobierno nacional, esto es, al kirchnerismo,
y creación de una fuerza política “propia” dentro del PJ provincial.
Solá apoya para las elecciones nacionales de octubre de 2005 a la
candidatura a Senadora, en la primera posición de la lista, de la
esposa del Presidente, la actual Senadora por la provincia de Santa
Cruz, Cristina Kirchner. El gobernador Solá ha reiterado que no es
furgón de cola del duhaldismo, y ha vetado el presupuesto con el siguiente
argumento: “La gente quiere gobernadores con autoridad, y no títeres
manejados desde algún otro lado”.
Como se observa,
el conflicto Solá-Duhalde no sólo afecta a la provincia de Buenos
Aires, sino al propio Presidente de la Nación. Este se encuentra ubicado
en una difícil situación: por un lado, tiene que apoyar a Solá, pero
al mismo tiempo teme que este conflicto lo aleje “demasiado pronto”
de Eduardo Duhalde (con quien piensa dirimir quien controla el poder
del PJ recién después de las elecciones de octubre de este año), que
hasta ahora mantiene su apoyo al gobierno nacional. Como hemos
analizado en detalle en otro artículo, el poder del PJ se ha polarizado
entre kirchneristas y duhaldistas, con la coexistencia de corrientes
menores provinciales y del menemismo. El PJ es hoy una “confederación”
de corrientes internas y caudillos políticos. De modo que una confrontación
prematura puede producir una crisis política en el PJ y en el propio
gobierno de gran magnitud. El Presidente Kirchner intenta ahora colocarse
por encima de la confrontación y lograr un acuerdo político en la
provincia de Buenos Aires sobre el nuevo presupuesto. Ha estimulado
nuevas negociaciones entre Solá y Duhalde para proteger a Solá pero
evitar una confrontación indeseada con el duhaldismo.
- La tragedia de
la República de Cromagnon ha catapultado cambios políticos en el poder
político de la Capital Federal que también inciden sobre el gobierno
nacional. En efecto, pasada la primera ola de conmoción y dolor, en
un contexto de irritación popular por un hecho que es producto de la
corrupción institucional (la ausencia de control público de la seguridad
del lugar, facilitada por “coimas” que van a parar a “cajas” políticas)
y la existencia de empresarios aventureros e inescrupulosos; el gobierno
porteño logró eludir la interpelación que impulsó en la Legislatura
el fuerte sector de centro-derecha liderado por Mauricio Macri. Para
impedir la interpelación, Ibarra logró el apoyo del Presidente Kirchner.
Este ha quedado “indirectamente” vinculado con el luctuoso suceso.
Pero Ibarra -que
trata desesperadamente de mantener la difícil posición de gobernar
con una fuerza no peronista y ser al mismo tiempo aliado de Kirchner-ha
salido duramente golpeado por el terrible suceso. Ha tenido que nombrar
a Juan José Alvarez (ex Secretario de Seguridad nacional durante el
gobierno de Duhalde) como Secretario de Seguridad, con lo cual abre
las compuertas al peronismo duhaldista en el Gobierno de la Ciudad.
Ibarra aparecía hasta ahora vinculado a la erosionada “transversalidad”
de Kirchner y como crítico del duhaldismo. Ahora sus capacidades políticas
disminuyen. El polo de centro-derecha “macrista” se fortalece. Por
su parte, Duhalde dice apoyar a Ibarra, pero al mismo tiempo alienta
al “macrismo”.
El “ibarrismo”
se desgrana. Ibarra ha sido procesado por la justicia. En la Legislatura
capitalina hay más de 20 bloques. El kirchnerismo comienza a pensar
en fortalecer una “opción política peronista” en 2005, sin todavía
abandonar a Ibarra a su suerte. Dada la importancia político-económica
de la Capital Federal en relación al país, es evidente que en 2005
esta ciudad experimentará tensiones políticas confusas entre las fuerzas
políticas involucradas.
- El enfrentamiento
entre Kirchner y Lavagna, como se ha dicho, se produjo durante la visita
gubernamental a Francia, los días 21 y 22 de enero. El hecho que dio
lugar al entredicho se origina cuando el Ministro Lavagna, en una entrevista
telefónica y en relación a una tensa negociación entre el gobierno argentino
y la empresa Aguas Argentinas (cuya empresa madre es la francesa Suez),
afirmó que se aceptaría un aumento de tarifas del 16% para lograr
de la empresa inversiones por 250 millones de dólares y llegar hasta
400 millones. Kirchner, y especialmente el Ministro de Planificación,
Julio de Vido (a cargo de la negociación), se sintieron “avasallados”
por la actitud de Lavagna de informar sobre la “táctica” del gobierno
en medio de las negociaciones. Kirchner -en un rapto de cólera generado
por su preocupación por llevar a buen camino la negociación con Aguas
Argentinas- increpó a Lavagna. Es ya corriente que el Presidente se
violente con sus ministros. Pero Lavagna es también una personalidad
fuerte. El entredicho llegó a la prensa. Fue confirmado por varios de
los miembros de la delegación argentina.
¿Por qué Lavagna
decidió interferir en la negociación? Se trata de un ministro con
fuerza propia, pero sumamente cauteloso. Por lo tanto es deducible
que Lavagna se sintió no sólo marginado de la negociación, sino ante
todo porque no comparte el estilo del Presidente y de De Vido de “chantajear”
a las empresas privatizadas. Lavagna piensa que son “tácticas inútiles”,
que se puede lograr el objetivo sin provocar conflictos y que se puede
ser “firme” sin recurrir a actitudes “tontas” que son “anti-estratégicas”.
Todos estos adjetivos fueron utilizados por la prensa argentina para
ilustrar su interpretación de la actitud de Lavagna. Es evidente que
-como lo mostró en varias ocasiones anteriores, al participar en negociaciones
con el FMI y las propias empresas privatizadas- Lavagna cuida mucho
las formas y no acepta el recurso de amenazar con “renacionalizaciones”.
En el clima conspirativo existente en el gabinete presidencial, también
resulta “normal” que las recientes críticas de Kirchner al Viceministro
de Economía, Guillermo Nielsen, por pedir disculpas en Roma a los
ahorristas italianos por el default, formen parte de la resistencia
presidencial al estilo de negociaciones del propio Lavagna.
Más allá del
“papelón” que significa el entredicho público entre el Presidente
y su Ministro de Economía, el hecho es preocupante, porque demuestra
que entre ambos personajes no existe confianza mutua. Es cierto que
uno y otro se necesitan. Pero Kirchner está convencido de que pasará
a la historia si es capaz de actuar con una clara política neodesarrollista
y nacionalista para acelerar la salida a la crisis que aherroja a
este país. Lavagna, en cambio, de formación “europea”, siendo desarrollista,
es partidario de actuar con los países del G-7 y los acreedores externos
con firmeza pero con moderación.
Desde ya que lo
que decidirá el futuro de ambos personajes será el curso exitoso o
no de la economía y la política argentina, para ambos o por separado
para cada uno. Pero no se puede simplificar el análisis teniendo en
cuenta que se trata de entredichos entre personalidades fuertes. No
es descartable que Lavagna utilice algunos de estos “entredichos”
para alejarse del gobierno si es que pierde el control sobre las negociaciones
financieras o por resistencia a medidas de política económica (por
ejemplo, aumentos salariales) que considere lesivos para su estrategia
económica.
2.
Conclusiones
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La lectura de los
tres acontecimientos comentados, producidos entre diciembre de 2004 y
enero de 2005, y su vinculación en un contexto político-económico que
sigue complicado, permite extraer algunas conclusiones generales.
En primer lugar,
los tres acontecimientos dan cuenta de un contexto socio-político vulnerable.
El hecho de que un accidente como el ocurrido en República Cromagnon empalme
con disturbios políticos en las alturas del poder político, como son el
conflicto Solá-Dualde y el producido entre Kirchner y Lavagna, genera
en la sociedad simultáneamente indignación e incertidumbre. La combinación
de estos elementos en el imaginario popular da lugar a actitudes de desmoralización
social que opacan los logros objetivos económicos y sociales del gobierno.
En segundo lugar,
si bien son fenómenos disímiles, todos juntos impactan negativamente sobre
la estabilidad política. La valoración de la sociedad del accidente -téngase
en cuenta que encuestas realizadas afirman que para el 70% de los encuestados,
dada la corrupción, casos similares “volverán a suceder”- indican un descreimiento
popular sobre la capacidad del Estado para prevenir futuras catástrofes.
La valoración social de los conflictos en el seno del poder (incluido
el desorden en el gobierno y en la Legislatura de la Capital Federal)
afirman la idea de que el gobierno, el PJ y sus aliados son “poderes
feudales” incapaces de unirse y garantizar la cohesión política y
social.
En tercer lugar
el Presidente Kirchner se ve obligado por las circunstancias a “jugar
fuerte” (en el caso de Solá, apoyándolo a costa de Duhalde) o recurrir
a la agresión pública al ministro clave de su gabinete. Kirchner -pese
a su coraje político- está viviendo momentos políticos fundamentales,
porque para fortalecer su poder se ve obligado a recurrir a medidas
peligrosas. Es necesario recordar que Kirchner necesita del PJ y de
Lavagna para llega a las elecciones de octubre de este año con un bloque
socio-político sólido. La debacle de Ibarra también puede desfavorecer
a Kirchner, si se anarquiza el endeble frente político de ex-frepasistas
y kirchneristas que hoy sustentan al gobierno de la Capital Federal. El
doble juego de Duhalde en esta ciudad -incrustar personal propio en el
gobierno y mantener sus relaciones con el macrismo- apunta también a limitar
el poder del Presidente.
En cuarto lugar
el Presidente necesita imperiosamente resolver satisfactoriamente en los
próximos meses la crisis del default y al mismo tiempo llegar aun compromiso
racional con las empresas de servicios públicos privatizadas. El affaire
Aguas Argentinas necesita ser acotado, aunque el resultado de las negociaciones
sea todavía incierto. Está claro que el Estado necesita modificar las
reglas de juego con el FMI y los inversores para favorecer el actual curso
económico del país. Pero ello exige tanto la firmeza como la ductilidad
para encontrar soluciones aceptables para las partes.
En quinto lugar,
si el gobierno no logra mantener en equilibrio las tensiones sociales
y políticas, es posible que el heterogéneo centro-derecha avance. Menem
ha vuelto al ruedo político, ahora aliado con Adolfo Rodríguez Saa
dentro del PJ, pero esto no le impediría llegar a acuerdos tácticos con
Macri, López Murphy o con Sobisch. Ahora exige elecciones internas en
el PJ, cuya dirección está “acéfala”. El duhaldismo también puede alejarse
del kirchnerismo, si éste se ve obligado a confrontarlo. En este contexto
tampoco el centro-derecha tendría suficientes fuerzas para llegar al poder,
pero se creará un clima de diáspora y desorden político, con incapacidad
del poder político para garantizar la cohesión en un contexto en el que
persiste el descreimiento popular hacia los partidos e instituciones fundamentales
del Estado (los poderes legislativos y judicial).
Nadie cree en Argentina
que los tres acontecimientos comentados sean el preludio de un “apocalipsis”
político. El país está mucho mejor que hace tres años. Pero los
tres acontecimientos dan cuenta de que fuertes obstáculos institucionales
siguen presentes en el escenario político argentino.
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