| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
| ARGENTINA | |||
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Kirchner: un año y medio de gobierno. Un primer balance |
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Por
Julio Godio (*)
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Fecha
original de publicación: 10/12/04
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 04/02/05.- |
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| 1. Primeras batallas en los frentes político y militar | |||
En un extenso artículo titulado “Kirchner, una revolución desde arriba”, escrito en junio de 2003, desarrollo lo que creo es el “núcleo duro” del proyecto político del Presidente: fundar desde las alturas del poder político (gobierno nacional) y con alto consenso en la sociedad (entre un 60% y un 70% de la población confía todavía en la nueva gestión institucional kirchnerista) una nueva hegemonía política, basada en un modelo económico-social “neodesarrollista” y una política exterior multi-bilateralista, dentro de las limitaciones de una economía altamente endeudada. El neodesarrollismo kirchnerista-peronista es reacción y la contracara del modelo neoliberal que fue dominante durante los gobiernos de Carlos Menem (1989-1999) y Fernando de la Rúa (12999-2001). No se trata de un proyecto político aislado en la región, puesto que proyectos similares se desarrollan según las condiciones nacionales en Chile, Brasil, Uruguay y Venezuela. El kirchnerismo es una “revolución desde arriba” en tanto se planteó profundizar y reformular el programa de emergencia del presidente provisional Eduardo Duhalde (2002-2003), pero sin contar con un bloque de apoyo socio-político cohesionado. El propio partido político del presidente -el Partido Justicialista (PJ)- permitió el acceso al poder de Kirchner (que en elecciones incompletas había logrado sólo el 22% de los votos), pero sin adherirse incondicionalmente al nuevo gobierno. Kirchner comenzó a gobernar a mediados de 2003 sin contar con una fuerza política propia y sin control sobre los poderes legislativo y judicial. Pero sumaba a su favor que el Ministro de Economía, Roberto Lavagna, garantizaba la continuidad de las políticas neodesarrollistas y de renegociación de la deuda externa practicadas durante el período de emergencia. Para consolidar su poder en las alturas, Kirchner se vio obligado por el contexto de crisis política a fortalecer su principal herramienta política: el Poder Ejecutivo Nacional (PEN). Debió por eso iniciar su gestión con dos hechos importantes: el primero, en junio de 2003, fue ubicar a un oficial de su confianza -el Gral. Roberto Bendini- en la cúpula del Ejército, y pasar a retiro a 27 generales, 13 almirantes y 12 brigadieres. Dejó afuera a 10 comisarios generales y en septiembre de 2003 al flamante jefe de la Policía Federal, Roberto Giacomino (acusado de corrupción). Kirchner también introducirá cambios en la Policía de la Provincia de Buenos Aires y en Gendarmería. Los cambios en las FF.AA. sirvieron al nuevo gobierno para desplegar su política de reinstalación del tema de los derechos humanos y la represión masiva estatal durante la década de los setenta. Kirchner pertenece a una generación diezmada durante los años de la “guerra sucia”. El segundo hecho, también en junio de 2003, fue exigir al Congreso Nacional el inicio de juicios políticos a los miembros “menemistas” de la Corte Suprema de Justicia. Como resultado de esta iniciativa política renunciará el titular de la Corte, Julio Nazareno, y se irán Gustavo López y Adolfo Vázquez. En su lugar serán designados, entre 2003 y 2004, Eugenio Zaffaroni, Elena Highton y Carmen Argibay. En la segunda mitad de 2003 Kirchner realizará tres viajes al exterior: el primero a Brasil, donde anudará sus relaciones con el Presidente Lula da Silva y acordará fortalecer al Mercosur; el segundo a EE.UU., donde se reunirá con el Presidente Bush (en un contexto de crisis en el interior del FMI por los resultados negativos de sus políticas de “ajuste estructural”) y recibirá el consejo del presidente norteamericano de “pelear (con los acreedores) hasta la última moneda”; el tercer será a España, donde defenderá la pesificación y la renegociación de los contratos con las empresas de servicios privatizadas frente a los empresarios españoles. Sintiéndose seguro por su despliegue político interno y externo, a principios de 2004 el Presidente Kirchner se lanza en su estrategia de “transversalidad” (esto es, crear una fuerza afín al kirchnerismo por fuera del PJ). Esto se traduce en el apoyo del gobierno nacional a la reelección de Aníbal Ibarra (ex-Alianza) en la Capital Federal. Ibarra, apoyado por una coalición de kirchneristas y centro-izquierda, es reelecto, triunfando sobre el candidato de centro-derecha Mauricio Macri (que tuvo apoyo del menemismo y de sectores del duhaldismo). Sin embargo, en mayo de 2004, el Presidente Kirchner -que depende en el Congreso nacional del apoyo del duhaldismo- comenzará a “reequilibrar” su táctica político-partidaria, buscando un acuerdo con el duhaldismo y con los gobernadores peronistas. Sólo pelea fuerte contra Menem, autoexiliado en Chile, y los restos del menemismo, abroquelados en las Cámaras de Diputados y Senadores. Kirchner declara que el enemigo es la derecha, en la que engloba al partido Recrear (López Murphy), Compromiso para el Cambio (Macri), el Movimiento Popular Neuquino (Sobisch) y el menemismo. 2. Las cuestiones de la economía |
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Las perspectivas de la economía son buenas. Se prevé que Argentina crecerá este año un 8,5% (en 2003 creció el 8,8%). El crecimiento es impulsado por la industria y la construcción, y por la mejoría en los precios de exportación de granos y petróleo. El Banco Central establece controles para estabilizar un dólar alto (3 pesos por dólar). Pero ya en septiembre de 2003 el gobierno nacional había iniciado la operación para renegociar y resolver la cuestión de la deuda externa en default (87 mil millones de dólares). Para ello protege el flanco FMI, continuando los pagos a este organismo. Pero simultáneamente lanza en Dubai, en septiembre (asamblea del FMI), la propuesta a los bonistas privados de una quita del 75% sobre el valor nominal de la deuda. El gobierno accederá luego a “mejorarla”, y acuerda con las AFJP (fondos de pensiones argentinas) por un monto de 30 mil millones de dólares. Pero los bonistas extranjeros -con epicentro en Italia, Alemania y EE.UU.- se niegan a aceptar la quita propuesta. El gobierno de Kirchner -pese al rechazo de los bonistas extranjeros- logra la benevolencia del FMI (en plena reconversión “ideológica” y autocrítica por su rol en la década de los ’90). Argentina paga en 2004 5 mil millones de dólares al FMI por intereses sobre la deuda con esta institución financiera mundial. Al mismo tiempo, en junio de 2004 muestra un logro importante: un superávit fiscal del 4% del PBI, que llegaría en diciembre al 6%. En el primer semestre de 2004, si bien las relaciones con las empresas de servicios privatizadas mejoraron, al colocarse “en el freezer” la renegociación de los contratos, el clima siguió siendo tenso. En particular debe recordarse que en marzo de 2004 estalló una crisis energética por recortes al suministro eléctrico, que las empresas atribuyen a sus dificultades para reinvertir recursos por la falta de ajuste de tarifas. El gobierno compra fuel oil a Venezuela (dando lugar a relaciones de cooperación económicas y políticas con el gobierno del Presidente Chávez), y suspende temporalmente las exportaciones de gas a Chile. En síntesis, en el contexto de las dificultades por el endeudamiento externo que hemos comentado y de mutua desconfianza entre el gobierno y las empresas de servicios, sin embargo, el Presidente Kirchner logra mostrar éxitos importantes en el comportamiento de la economía argentina. El 9 de diciembre el gobierno ha firmado dos decretos que autorizan la realización del canje de la deuda. El primero autoriza la indexación de algunos de los nuevo bonos según la inflacción.El segundo permite el canje. Pero no ha difundido los detalles de la propuesta, ni tampoco hace ninguna mención a la fecha de lanzamiento por demora en la nominación del banco o bancos que operaran como fiduciario y agente de cambio. 3. Las cuestiones social y de seguridad |
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Pese a los logros económicos, en 2004 el gobierno de Kirchner seguirá presionado por dos fenómenos sociales adversos, ambos heredados de los últimos quince años. Un fenómeno es la gravedad de la cuestión social, cuyo epicentro es el deslizamiento a situaciones de pobreza del 50% de la población argentina y al desempleo, subempleo y trabajo en negro (que afectan al 60% de la población económicamente activa). Dada la existencia de los activos “movimientos piqueteros” (que representan al 10% de los beneficiarios de subsidios al desempleo, y agrupan a 300.00 personas y sus familias) era previsible que se sucedieran serios enfrentamientos entre los movimientos piqueteros “duros” y el gobierno nacional y de algunos provincias. Durante 2004 los movimientos piqueteros -divididos internamente, erosionados por la creciente preocupación en sus bases de generar instituciones cooperativas que les garanticen servicios sociales y trabajo y crecientemente aislados (y contrapuestos con la sociedad) fueron perdiendo vitalidad política. Surgen en el interior de esos movimientos posiciones afines con el gobierno de Kirchner (por ej., la fuerte Federación de Tierra y Vivienda, que se autodefine como kirchnerista). Sin embargo, en el mes de julio de 2004, una confluencia de movimientos piqueteros y partidos de izquierda que atacan y producen destrozos en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, da lugar a una crisis en el interior del gobierno, produciéndose la renuncia obligada del Ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Béliz (vinculado al Opus Dei). Así, se produce la primera crisis importante en el gabinete nacional. El otro fenómeno es la creciente inseguridad social (secuestros extorsivos, robos, violaciones, etc.) que crece rápidamente en el Gran Buenos Aires y en la Capital Federal. Los gobiernos nacional y de la provincia de Buenos Aires son desbordados por la criminalidad. Aumenta el consumo de drogas. En este contexto de degradación social y de inseguridad ciudadana surge el fenómeno Juan Carlos Blumberg, empresario, padre de un joven secuestrado y asesinado, que asume el liderazgo de amplios sectores de la población que reclaman “mano dura” contra la criminalidad. Blumberg moviliza en abril a decenas de miles de ciudadanos/as, especialmente de clase media. El gobierno acusa a Blumberg de favorecer a la oposición de derecha y centro-derecha. La doble crisis -social y de seguridad- da lugar a fines de junio a un enfrentamiento abierto entre Kirchner y Duhalde. Este acusa al gobierno de asumir una “postura blanda” frente a los piqueteros y la criminalidad. La confrontación interna en el peronismo da cuenta de la lucha por el poder dentro del PJ, lucha que no ha finalizado, pese a que a partir de agosto tiende a disminuir. Duhalde se posesiona de la presidencia de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, y se dedica a organizar la recientemente creada Unión Sudamericana, tratando de no quedar atrapado en conflictos internos del PJ. 4. El gobierno intenta recuperar la iniciativa política: los aumentos de salarios e ingresos |
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El gobierno de Kirchner ha logrado establecer relaciones doe convivencia con los sindicatos. Por un lado, el Presidente y varios de sus ministros (Aníbal Fernández, Jefe de Gabinete, y Carlos Tomada, de Trabajo) tienen afinidad ideológica con la Central de Trabajadores Argentinos, CTA (central peronista social-cristiana minoritaria, pero sumamente activa). También el Presidente y su Ministro de Trabajo han establecido buenas relaciones con la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT), que agrupa al 80% de los grandes sindicatos nacionales por rama de actividad. Pero el kirchnerismo, como corriente política, es débil en el mundo de los sindicatos argentinos. En agosto de 2004 se reunió, por primera vez en 11 años, el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Empresarios y sindicalistas acuerdan con la propuesta del gobierno de subir el salario mínimo de 350 a 400 pesos. Luego, en noviembre, aumentarán las “asignaciones familiares” (por hijos, maternidad, etc.). El gobierno ha había aumentado en dos oportunidades (2003 y 2004) los salarios y sueldos en los sectores privado y público. Los acuerdos del gobierno con los sindicatos dan cuenta de la búsqueda de modalidades de cooperación entre ambos. Pero estas medidas de mejoras salariales y de ingresos podrían al mismo tiempo estimular a los trabajadores ocupados a movilizarse para exigir nuevos aumentos salariales. La inflación en 2004 será de sólo el 6%., pero la pobreza sigue siendo un “karma” que afecta al gobierno y frena la ampliación del mercado interno. Si bien la pobreza cayó en 2004 a un 44,3%, y la indigencia pasó del 20,5% a un 17%, la insatisfacción en la sociedad por los bajos salarios es alta. En 2004 se firmaron -entre enero y septiembre- 238 acuerdos y convenios colectivos. Es un reinicio de las negociaciones colectivas. En noviembre y diciembre se produjeron huelgas por aumentos de salarios y recalificaciones en telefónicos, maestros, petroleros, camioneros, transporte urbano, etc.). La negociación colectiva continúa a través de 149 paritarias en diciembre, entre las que se destacan químicos, petroquímicos, pesca y alimentación (por empresas y ramas de actividad). En respuesta a la necesidades de mejorar los niveles de ingresos, y, al mismo tiempo, aminorar la conflictividad laboral, el gobierno ha decretado el 10 de diciembre un aumento salarial de $100 para todas las categorías de trabajadores/as de los sectores público y privados. Para el sector público el aumento alcanza hasta los empleados con $ 1.250. Este aumento general de sueldos y salarios ha sido recibido con beneplácito por los sindicatos, aunque ha originado malestar en el seno de la Unión Industrial Argentina. 5. Avances y retrocesos de Argentina en el sistema-mundo |
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El gobierno del Presidente Kirchner ha logrado éxitos importantes durante 20043 y 2004 en política exterior. Pero también se registran dificultades. Como hemos dicho, la política exterior argentina -representada por el Ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Bielsa- puede ser definida como una estrategia de múltiples acuerdos para garantizar la ubicación del país como partidario del multilateralismo activo. Para Argentina, el Mercosur es el primer “círculo concéntrico” de protección e inserción en la economía global. Pero se trata de una estrategia política internacional limitada por su ubicación geopolítica en un área bajo el control de los EE.UU., por el enorme endeudamiento externo y por su débil participación en el comercio mundial. Los logros más importantes en materia de política exterior son los siguientes:
Sin embargo, esos logros -con metas a alcanzar durante 2005-2009- se ven opacados por la desconfianza latente entre el gobierno de Kirchner y la administración Bush. Argentina recela de los EE.UU., por su posición neoliberal sobre el ALCA, por el sustento norteamericano al FMI, por el proteccionismo agrícola y por las presiones que recibe para involucrarse en algunas operaciones contra el terrorismo internacional (Plan Colombia, apoyo a la oposición al gobierno venezolano, etc.). El gobierno argentino sospecha la existencia en el país de redes de cooperación informales entre la CIA y el FBI con sectores políticos, militares y policiales argentinos. Kirchner cree que, a la larga, EE.UU. apoyará una “solución política” de centro-derecha en Argentina, y que trabaja diariamente para lograr ese objetivo. Las relaciones entre Argentina y EE.UU. siguen en un terreno de dificultades. 6. Conclusiones |
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El gobierno de Kirchner ha logrado en el año y medio que hemos comentado importantes logros político-institucionales internos (remoción de altos mandos militares, reestructuración de la Corte Suprema de Justicia, acompañamiento del Congreso Nacional a la política económica y a la descentralización efectiva del poder con la prórroga de las leyes de Emergencia Económica y “superpoderes” al Jefe de Gabinete, etc.), ha logrado preservar la relación mediática positiva entre el Presidente y la sociedad, y ha recuperado áreas para la política exterior del país. El neodesarrollismo kirchnerista local empalma con las políticas de los gobiernos de Brasil, Chile (en menor grado), Venezuela y Uruguay. Pero el kirchnerismo no ha logrado transformarse todavía en la corriente hegemónica en el PJ, ni tampoco construir un acompañamiento “transversal” sólido de apoyo a su gobierno. Ha mejorado su posicionamiento con los gobiernos provinciales peronistas, pero en base a acuerdos con los caudillos provinciales. A fines de 2005 se realizarán elecciones nacionales y provinciales de renovación parcial de las cámaras y de cargos ejecutivos. El kirchnerismo tendrá que acordar listas únicas con otras corrientes peronistas, en especial con el “duhaldismo” (en la Capital Federal y en la poderosa Provincia de Buenos Aires). Kirchner es un político audaz y decidido. Practica una metodología de alta concentración y control del poder político (hasta el límite de no haber reunido al gabinete nacional desde su asunción). Pero no puede eludir el hecho de que sólo puede gobernar conviviendo con la diáspora peronista. El presidente ha mejorado sustancialmente sus relaciones y negociaciones con los sindicatos y con las organizaciones empresarias. El gobierno influye en el “mundo del trabajo y la producción”, pero carece de fuerzas políticas sindicales y empresarias propias. Gran parte de la estrategia del gobierno frente a las empresas depende de los logros de la política económica y del mantenimiento de la alianza entre el Presidente y su Ministro de Economía Lavagna (entre quienes saltan de vez en cuando “chisporrotazos”, hasta hoy controlables). Sin duda, el curso económico dependerá del éxito o fracaso de las negociaciones con el FMI y la solución negociada de la deuda externa en default. En 2005 puede también aumentar la conflictividad laboral, y continuarán presentes los movimientos piqueteros. Para enfrentar los desafíos políticos y económicos no basta con la “relación mediática” entre el Presidente y la sociedad, que sigue siento alta, a pesar de que se registren algunos altibajos. La sociedad confía mayoritariamente en el Presidente, pero no ha firmado un “cheque en blanco” al gobierno, dado que todavía la crisis global producida a fines de 2001 persiste, aunque más atenuadamente. Sin duda el gobierno deberá impulsar una reforma política que satisfaga el reclamo popular de elegir representantes sin “listas sábana” y eventualmente encontrar una solución con un nuevo régimen electoral “mixto” de partidos, al estilo alemán o parecido. Ni a la izquierda ni a la derecha le surgen al gobierno enemigos poderosos. Pero no debe descartarse que se vaya constituyendo un espacio de convergencia entre Recrear, Compromiso para el Cambio y el propio ARI, con el objetivo de instalar un frente opositor bajo el triple lema de luchar contra el autoritarismo presidencial por un “republicanismo ético” y una “económica capitalista de libre mercado”. Existen condiciones potenciales para tal tipo de coalición de centro-derecha (con inclusión o compromisos con el ARI) si se frena el impulso renovador del actual gobierno. La política exterior del gobierno de instalarse simultáneamente en diversos mercados y en las regiones que van dando perfil a un sistema mundo multipolar se corresponde con la política neodesarrollista. La estrategia de considerar al Mercosur como primer “círculo concéntrico” de protección e inserción es necesaria. Pero es básico aceptar que el multilateralismo no será del agrado de los EE.UU., que podrá aceptarlo mientras no exceda los límites del comercio y las inversiones, pero que seguramente será cuestionado si incluye acuerdos políticos externos que afecten los intereses “imperiales” básicos de la actual administración norteamericana. |
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| (*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo. | |||