| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
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Posibilidades y límites del bolivarismo chavista en Argentina |
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Por
Julio Godio (*)
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Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 05/03/05.- |
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| 1. El fenómeno chavista a nivel regional. Primera aproximación a la Argentina | |||
La irrupción en Venezuela, a fines de los años '80 del siglo pasado, del movimiento militar socio-político liderado por el coronel Hugo Chávez (conocido como "movimiento bolivariano") surge para establecer una nueva relación entre el Estado y la sociedad en Venezuela. La descomposición de los partidos políticos populares (Acción Democrática, socialdemócrata, y COPEI, socialcristiano) y el quiebre del bipartidismo, en un contexto de crisis del modelo económico petrolero, había generado un peligroso "vacío de poder". La democracia política venezolana, que no fue incluyente para un enorme sector de pobreza y marginalidad (50% de la población), colapsó en los '90. El recurso simbólico e ideológico utilizado por Chávez y otros altos militares, con el apoyo de políticos e intelectuales de izquierda, fue asociar al flamante Movimiento V República con las tradiciones político-cuturales nacionalistas y continentalistas bolivarianas. Como es conocido, Simón Bolívar fue un gran líder político y militar durante las guerras independentistas de principios del siglo XIX. Bolívar planteaba la constitución de una especie de confederación de nuevos estados nacionales entre lo que pronto serán las repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú, con posibilidades de incluir a otros países de América del Sur. El bolivarismo es una cultura revolucionaria con un horizonte político supranacional. La historia concreta de los jóvenes estados latinoamericanos (categoría de orígenes franceses, ingleses y norteamericanos) siguió un curso diferente al planteado por Bolívar. Pero la propuesta bolivariana subsistió como "cemente cultural" en el imaginario de los pueblos mestizos, y también en los núcleos de las aristocracias criollas nacionales dominantes. En Venezuela, Bolívar es el héroe nacional por excelencia. Todas las ciudades y pueblos pequeños venezolanos tienen en su plaza principal una estatua del Libertador Bolívar. Chávez -militar- asumió al personaje histórico y cohesionó "emocionalmente" a su movimiento político en su lucha contra los EE.UU. y contra sectores del establishment venezolano y el bipartidismo. Como era previsible, la llegada al poder político del Movimiento V República iba a impactar sobre movimientos políticos nacionalistas y de izquierda en América del Sur y -en menor grado- en América Central y el Caribe. Así, por ejemplo, las FARC en Colombia comenzaron a fines de los '90 a agregar el aditamento de "bolivarianas". El chavismo bolivariano se convirtió en sinónimo de oposición al neoliberalismo conservador en auge en ALC, sumando a fuerzas políticas de izquierda y a intelectuales. La penetración del chavismo pronto llegó a países del Cono Sur. Pero aquí se encontró con dificultades para lograr ser reconocido como corriente ideológica y cultural regional, por varias razones. La primera es que las tradiciones políticas del poderoso Brasil no incluyen el componente bolivariano. La segunda es que en Argentina, Chile, Perú (en parte), Paraguay, Uruguay y Bolivia (en parte), el proceso de independencia fue liderado por la vertiente sanmartiniana (por el general José de San Martín y por otros líderes locales) o por culturas indígenas fuertes (como es el caso en Paraguay o Bolivia). Los países y pueblos de América del Sur, en particular, consideran a Bolívar como líder de un grupo de países. Esta limitación también afecta al chavismo. Esta es una zona refractaria a hacer suyos a fenómenos revolucionarios "extrazona". Esto explica, en parte, que si bien la simpatía con Cuba ha sido constante en los últimos casi cincuenta años, el "castrismo-guevarismo" nunca ha alcanzado el status de mito movilizador en la sociedad, salvo entre segmentos juveniles en los años '60 y '70 del siglo pasado, dando lugar a movimientos de guerrilla urbano (pronto fracasados). 2. El chavismo en Argentina: análisis y conclusiones |
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¿Es posible que el chavismo bolivariano pueda instalarse en la sociedad y en la política "semi-europeas" de Argentina? Sí, pero limitadamente y con características políticas especiales, según las percepciones sobre este movimiento político en diferentes segmentos sociales, y según actitudes políticas también diferentes de las organizaciones políticas de centro, centro-izquierda e izquierda tradicionales. Comencemos por decir que el chavismo es atractivo para un heterogéneo espacio socio-político argentino de centro y centro-izquierda, identificado con posiciones críticas de las políticas de EE.UU., el FMI y el Banco Mundial, favorables a los "ajustes estructurales" de primera y segunda generación aplicados a la economía nacional durante los años '90. Se ha desembocado en el país, por tales políticas negativas, en la "crisis global" (económica, política y social) y los sucesos de 2001. El "resquemor" contra el gobierno republicano norteamericano es grande en amplios sectores populares medios y bajos. Pero tampoco ningún sector social popular importante aprueba hoy una aventura militar-populista en Argentina, después de la experiencia de la última dictadura militar (1976-1983). El chavismo bolivariano, en síntesis, es visto como un hecho político atrayente por distintos sectores políticos moderados locales. Pero con distintas interpretaciones y valoraciones políticas. Así las cosas, es necesario diferenciar y analizar pos separados esos comportamientos políticos. Existe una actitud de simpatía-atracción por el chavismo en corrientes de los partidos políticos tradicionales (PJ y UCR), en el ARI y en el Partido Socialista. Esa simpatía es muy sentimental en el PJ -y en especial dentro del kirchnerismo- por la afinidad simbólica entre las figuras de Perón y Chávez. Pero ante todo, se analiza en este grupo de partidos al chavismo como un fenómeno político inevitable para Venezuela, dada la crisis del bipartidismo. Se califica al chavismo como movimiento político que afecta al hegemonismo norteamericano. Obviamente, también se piensa en políticas de complementariedad económica, acuerdos políticos y emprendimientos conjuntos especiales con la Venezuela bolivariana (por ejemplo en mass-media) y en la asociación de Venezuela al Mercosur. Pero ninguna corriente importante de esos partidos políticos piensa en proponer una solución chavista en Argentina. En esos partidos hay también fuertes corrientes antichavistas (antes refractarias al "castro-guevarismo), como el alfonsinismo en la UCR, el duhaldismo y el menemismo en el PJ, la propia líder del ARI Lilita Carrió (profundamente liberal), etc. En el gobierno argentino hay simpatías moderadas con el chavismo. Kirchner no desea ningún conflicto innecesario con EE.UU. Naturalmente, el centro-derecha argentino (Macri, López Murphy, Sobisch) es ajeno al bolivarismo, y más aún al chavismo. Un párrafo especial merecen las Fuerzas Armadas (FF.AA) y los medios de comunicación. Las FF.AA. han sido siempre fuertemente anticomunistas y con creciente cooperación con el Pentágono. No se detectan corrientes militares prochavistas. Pero las FF.AA. también expresan posiciones nacionalistas. Se podría generar algún tipo de chavismo militar si el curso económico colapsase y se desarrollasen fuertes fenómenos de protestas sociales. Es un tema a seguir con atención. En relación con los mass-media, los principales canales televisivos son privados y están alineados (como ocurre en Venezuela) en posturas antichavistas. Pero en el canal 7, oficial, se registran programas favorables a Chávez. Donde el chavismo "puro" es fuerte y también está presente el componente cultural bolivariano es en sectores intelectuales y estudiantiles de izquierdas en las universidades nacionales. También en los partidos de izquierda, como el Partido Comunista, el Partido Comunista Revolucionario, el Partido Obrero, y otros, y en los movimientos piqueteros. En este escenario las simpatías por el chavismo son grandes. Pero los partidos de izquierda y los movimientos piqueteros son minoritarios, y con casi nula influencia en el sistema político-institucional de representación: gobiernos nacional, provinciales y municipales. Luego, a modo de conclusión, la matriz simbólico-ideológica bolivariana existe, pero limitadamente. Difícilmente se podrá instalar en la sociedad: las fuerzas políticas de centro y centro-izquierda muestran posiciones favorables al chavismo, pero son sumamente pragmáticas y moderadas, y en el interior de esas fuerzas existen fuertes posiciones antichavistas. La adhesión al chavismo sólo es coherente en los pequeños, pero activos, partidos de izquierda, y en los movimientos piqueteros y los medios estudiantiles e intelectuales. Las FF.AA. parecen hoy inmunes al chavismo, y la mayoría de los mass-media son críticos al chavismo. |
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| (*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo. | |||