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Los sindicatos deben recordar a Keynes

Por Julio Godio (*)
Notas de Julio Godio editadas en Rebanadas de Realidad

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 28/03/05.- El 27-3-05 el Diario El País de España publicó un interesante artículo del ex-diputado socialista español Mario Trinidad titulado " Huérfanos de Keynes". Se trata de un artículo muy sugerente y que debería interesar a los sindicatos, hoy escindidos ideologicamente entre el recuerdo inevitable y el olvido inducido de Keynes por efecto de la combinación coyuntural entre el cambio en el mundo y la ofensiva antikeynesiana neoliberal. Resumidamente, el mencionado artículo plantea lo siguiente:

A diferencia de la derecha, que reivindica una y otra vez las glorias de sus antepasados, la izquierda y centro-izquierda se han entregado con pasión en los últimos tiempos a la tarea de sepultar y olvidar a sus padres espirituales. Los sindicatos, aunque deben utilizar constantemente en sus prácticas sociolaborales al keneysianismo , también han jugado de sepultureros. La lista de los repudiados por partidos y sindicatos, desde Marx en adelante, es larga, pero, tal vez por su mayor cercanía a nosotros, el vacío que más se hace notar es el de John Maynard Keynes. Y eso que sólo era un padre adoptivo, puesto que, como es sabido, el gran economista inglés no era socialista, sino un liberal heterodoxo cuyos remedios contra la depresión y el desempleo abrazó la izquierda con entusiasmo después de la II Guerra Mundial.

Aunque una gran depresión como la que azotó a Europa en tiempos de Keynes parece cosa del pasado, gracias entre otras cosas a los instrumentos keynesianos de manejo de la economía, el fenómeno del desempleo sigue castigando nuestras sociedades, y aunque sólo fuera por eso deberíamos negarnos a pasar la página del maestro de Cambridge.

¿Cuáles fueron las razones del éxito de Keynes después de 1945 y cuáles las de su marginación en las dos últimas décadas?

En cuanto a las primeras, podemos hacer nuestras las palabras del historiador británico Donald Sassoon: "La generalizada aceptación de Keynes en la posguerra se debió en gran medida a que, para los socialdemócratas, representaba la posibilidad de regular el capitalismo en beneficio de objetivos sociales, y para los conservadores moderados, la seguridad de que el capitalismo podría sobrevivir y lograr un alto grado de apoyo social". Las políticas públicas laborales y sindicales tuvieron la impronta keynesiana.

Respecto a las razones de su marginación en nuestros días existe una abundante literatura que es imposible resumir aquí, pero hay ciertos factores de tipo político y económico, obviamente entrelazados, que por su importancia es imposible dejar de mencionar. Los de carácter político remiten al desplazamiento, en el influyente campo de la derecha anglosajona, de los conservadores moderados por los radicales, liderados por Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Éstos -cuyo legado pervive a través de influyentes sucesores, como es el caso del actual presidente norteamericano- asumieron como bandera lo que podríamos definir como el programa máximo del liberalismo, tanto a nivel interno (quebrar el poder de los sindicatos, cuestionar los gastos sociales y, en general, el papel del Estado en la economía) como en el plano internacional.

Ha sido precisamente el notable éxito alcanzado por la agenda liberal en el plano internacional, con la liberalización de los intercambios comerciales y la aún más avanzada de los movimientos internacionales de capital, el que más ha contribuido a socavar el prestigio del keynesianismo. Porque en una economía abierta o globalizada, algunas de las recetas keynesianas más características, y en particular las políticas gubernamentales de estímulo de la demanda como medio de combatir la depresión y el desempleo, pueden muy bien producir sus efectos (en forma de una reactivación de la economía), pero fuera de las fronteras del Estado que las ponga en práctica. Ahora, en el inicio del ocaso del neoliberalismo, los partidos populares, los sindicatos y los movimientos sociales, necesitan volver sobre Keynes, para garantizar que la segunda ola de mundialización de la economía (la globalización) incluya la construcción de sociedades de trabajo y auténticas democracias económicas, sociales y políticas, como fundamento de sus agendas y programas. Una visión de progreso que no duda en recurrir también a la autoridad de los padres fundadores de la Economía Política, como Adam Smith , David RDavid Ricardo y Karl Marx (a pesar de lo que ha llovido desde que éstos pasaron a mejor vida) para garantizar el buen funcionamiento de economías de mercado integradas.

(*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo.
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