| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
|
El plebiscito de Kirchner |
|||
| Por Julio Godio (*) | |||
Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 02/06/05.- Sumario
1. El plebiscito: objetivos de Kirchner y realidades político-electorales El Presidente Kirchner a planteado con claridad su objetivo en las elecciones nacionales de octubre próximo, de renovación parcial de los poderes legislativos nacionales, provinciales y nacionales. Su objetivo es lograr que, a dos años y medio de su gobierno, el resultado electoral sea un triunfo del Parido Justicialista (PJ) y alianzas/acuerdos con fuerzas políticas no peronistas, pero afines a su gobierno. Kirchner, obviamente, confía a que su prestigio y poder sean el motor y el catalizador político del eventual triunfo electoral. (1) Kirchner aspira a que el kirchnerismo sintetice y represente la corriente hegemónica en el PJ, y que al mismo tiempo cristalice como una nueva cultura política articuladora de una gran convergencia político-electoral entre el peronismo y segmentos de la sociedad no peronistas, pero identificados con su modelo "neodesarrollista democrático". En otras palabras, Kirchner -que cuenta con un alto grado de adhesión popular- aspira a encolumnar bajo su liderazgo a la mayoría que seguramente lo habría votado en la fallida segunda vuelta de las elecciones de 2003. El "plebiscito" es para Kirchner una estación importante en su camino para establecer una hegemonía político-partidaria y lograr su reelección presidencial en 2007. Como ha escrito con inteligencia el periodista Joaquín Morales Solá en su columna editorial del diario La Nación, se trata de un plebiscito muy particular. En efecto, un plebiscito clásico supone que por lo menos un 51% de los votos debería votar formalmente a favor de aprobar la gestión presidencial. (2) Pero lo planteado por Kirchner es un plebiscito político singular, porque si bien dará como resultado una aprobación o un rechazo a su gestión presidencial, estas alternativas se plantean a través de una elección convocada para renovar los poderes legislativos. No se votará formalmente por al aprobación o rechazo de la gestión presidencial (o por una iniciativa puntual planteada desde el gobierno o la oposición). Luego, como adelantamos anteriormente, el plebiscito de Kirchner le dará un resultado positivo sólo si el PJ triunfa y las alianzas con otras fuerzas también son exitosas dentro del paraguas común de la figura presidencial. Dicho de otro modo, como el Presidente Kirchner simbólica a una forma de "revolución desde arriba", el plebiscito le será favorable si logra que el ciudadano votante se identifique mayoritariamente con su proyecto político peronista neodesarrollista, si los candidatos/as electos se identifican con ese proyecto político y sise consolidan dentro y fuera del PJ estructuras y liderazgos políticos afines con el gobierno actual. Si se producen estos hechos políticos, entonces, el Presidente habrá logrado su objetivo y se institucionalizará su liderazgo político, real, pero aún demasiado "mediático". En el interior del PJ, solo la figura del Ministro de Economía, Roberto Lavagna, podría convertirse en 2007 en una opción fuerte a Kirchner como candidato presidencial para 2007. Pero hasta ahora, esta candidatura sólo es una opción potencial. Es necesario concluir que Kirchner no tiene otra alternativa mejor para transformar sus poderes, reales pero todavía difusos, en una voluntad política popular organizada y mayoritariamente en el interior de la sociedad argentina. Su decisión política al proclamar que las elecciones de octubre serán un plebiscito es audaz y viable. Sin esa audacia no habría podido conservar el poder en un país que ha experimentado desde 2001, y todavía experimenta, los dolores y sufrimientos de una "crisis global", una "crisis de época" Kirchner puede coronar con éxito su estrategia plebiscitaria. Montado sobre la ola "peronista-desarrollista", tiene hoy asegurada la concreción de su meta de fortalecer su liderazgo en octubre. Pero cuando se analiza en concreto la cuestión del plebiscito, se plantean varios problemas políticos. En primer lugar, el mapa político de los caudillos-líderes que articulan al PJ como partido político le sigue siendo desfavorable. La pretensión de Kirchner de subordinar las estructuras partidarias en la formación de "movimientos" Frente para la Victoria (u homólogos según provincias) es, hasta ahora, resistida por caudillos-líderes clave: Duhalde en la provincia de Buenos Aires, Obeid-Reutemann en Santa Fe, De la Sota en Córdoba, Puerta en Misiones y en otras provincias. En estas provincias, claves electoralmente, la línea peronista dominante es participar en las elecciones con la sigla PJ o, eventualmente, con siglas diseñadas por los jefes políticos mencionados. El caso de la provincia de Buenos Aires es muy particular: Duhalde, ex-presidente, con posiciones clave en la estructura del poder en la Legislatura Provincial y con fuerte adhesión en el sindicalismo, se resiste a aceptar una fuerte presencia en las listas de un eventual bloque kirchnerista-"solaista". La candidatura de la primera dama, Cristina Kirchner, es fuerte, pero resistida por el duhaldismo. Por último, por lo menos dos caudillos-líderes, Menem en La Rioja y Rodríguez Saa en San Juan, amenazan con presentarse por fuera del eventual acuerdo general que represente al peronismo. Menem y Rodríguez Saa hacen "guiños" favorables a la flamante coalición de centro-derecha. Kirchner aspira a limitar el poder de los caudillos provinciales a través de la presión del gobierno central (principalmente con la distribución de Aportes del Tesoro Nacional, ATN). Pero simultáneamente persigue el objetivo de sumar intendentes peronistas. La red de intendentes es organizada por el asesor presidencial Carlos Mazzon y el intendente de Florencio Varela (en la provincia de Buenos Aires), Julio Pereyra. Se prevé una convocatoria nacional de unos intendentes "kirchneristas" en septiembre próximo. (3) En segundo lugar, si bien el PJ terminará alineándose tras el liderazgo presidencial, será una alineación limitada y traumática, dado que los caudillos-líderes provinciales y sus grupos político-partidarios resistirán y tratarán de colocar a dirigentes propios en posiciones clave. El kirchnerismo, que como hemos dicho, es todavía una "revolución desde arriba", carece de estructuras partidarias (o "transversales") sólidas, y escasean los dirigentes realmente identificados con el kirchnerismo, en particular a nivel de distrito y municipio. El Presidente -como hemos comentado en otro artículo- (4) pretende que varios de sus ministros encabecen las listas partidarias, pero esta operación no será sencilla, salvo que el poder político central cuente con suficientes recursos económicos para presionar sobre los peronismos locales. En tercer lugar, el Presidente se arriesga a perder las elecciones en la estratégica Capital Federal. En efecto, las encuestas le dan un alto nivel de aceptación en el electorado capitalino, pero cuando se analiza la cuestión a nivel partidario, el cuadro electoral dice que el ARI y Compromiso para el Cambio se colocan levemente sobre el PJ, que, aunque reconstruido, no ha logrado captar al importante "voto independiente" afín al kirchnerismo. El PJ -aunque se presente como Frente para la Victoria- no logra traccionar votos que se han desplazado hacia Carrió y Macri. Necesita construir además de un PJ "renovado", un polo duro político transversal que apoye a Kirchner, pero que dé seguridades a un electorado volátil y predominantemente no peronista, con capacidad de criticar al gobierno nacional si no se avanza en la resolución de temas como empleo, pobreza y seguridad en la Capital Federal. Este electorado fue el que votó a Miguel Bonasso, firme aliado de Kirchner, en las elecciones celebradas en 2003, y ahora busca como expresarse políticamente. Además varios partidos de izquierda (Libertad y Autodeterminación, Partido Comunista, Partido Obrero, y otros), fuertemente críticos del Presidente, podrían sumar un 10-12% de los votos. En cuarto lugar, faltan cinco meses para las elecciones y el gobierno sabe que necesita avanzar en forma sostenida en tres frentes: llevar el nivel de desocupación a un dígito (sin los planes de subsidios al desempleo), consolidar el crecimiento económico (en un país altamente endeudado) y reducir los índices de pobreza (que afectan al 40% de la población). Es sumamente positivo que este gobierno puede mostrar logros importantes en dos años de gestión en estas tres áreas. (5) Pero de escaparse la inflación, acentuarse las desavenencias cuasi-públicas en el gabinete (choques entre los ministros Lavagna y De Vido) y de demostrarse la existencia de "tráfico de influencias", etc., el Presidente podría perder parte de la actual adhesión popular. Es importante destacar que este año está mostrando una creciente conflictividad laboral (por aumentos salariales) que si bien no necesariamente deberá incidir en el resultado electoral, puede sin embargo generar nuevos enfoques y diferencias políticas en el interior del gabinete nacional. Es cierto que el Presidente -con su audacia y ambición de poder, y sin encontrar resistencias importantes en las fuerzas de oposición- cuenta con la capacidad para ser la locomotora de un peronismo triunfante. La sociedad aspira mayoritariamente a que Kirchner sea un presidente fuerte, que garantice el éxito del desarrollismo en curso. Pero es un Presidente que todavía no ha sido reconocido en el PJ como el caudillo orgánico y hegemónico del peronismo. Es seguro que el PJ y sus aliados triunfarán, pero todavía en gran medida como un "frente electoral" de partidos peronistas provinciales. Entonces, el plebiscito se transformará sólo en un crecimiento relativo del kirchnerismo, dentro de un gran espacio político partidario-movimientista con fuertes intereses sectoriales de grupos provinciales peronistas. El plebiscito pensado sería diluido en parte por el resultado político de la elección, esto es como suma de aportes electorales distritales. En el caso de que persistiese la alta proporción de la abstención electoral (32% en el ciclo electoral de 2003), no sólo el PJ sino todo el sistema de partidos resultará erosionado y se agudizará la presión para una auténtica reforma política que gire sobre el sistema de representación (posible sistema mixto de listas y de candidatos por distritos sin listas sábana). 2. La formación de un frente de partidos de centro-derecha: potencialidades y obstáculos En un artículo anterior nos hemos referido al reciente impulso "frentista" de varios partidos y organizaciones políticas de centro-derecha. (6) Con retraso histórico, pero con legitimidad política, parecería que, por fin, la diáspora política del centro-derecha argentina, ahora aggiornada, comienza a edificar un espacio de unificación política. El 25 de mayo ha sido organizado un frente o acuerdo electoral entre partidos de centro-derecha de cara a las elecciones de octubre. Este frente o acuerdo electoral cuenta con un núcleo duro fundador compuesto por el partido Recrear (Ricardo López Murphy) y Compromiso para el Cambio (CPC), de Mauricio Macri. Se han adherido ya varias estructuras provinciales de la UCeDe, intendentes radicales del Grupo Olavarría, dirigentes peronistas menemistas y el Movimiento Vecinalista. Es previsible que en pocas semanas se sumen el Partido Conservador de Mendoza, el Partido Demócrata Progresista y otros. Como el objetivo estratégico es constituir un gran frente político de centro derecha nacional para las elecciones presidenciales en el 2007, el núcleo fundador aspira a incorporar en corto plazo al Movimiento Popular Neuquino (MPN) y al gobernador neuquino Sobisch. También están en negociación las incorporaciones, quizás ya en 2006, de las siguientes corrientes internas en el Partido Justicialista: menemismo, saadaismo y romeristas. El flamante centro-derecha cuenta con apoyo firme en el establishment empresario local y de empresas multinacionales. El centro-derecha argentino afirma contar con fuerzas suficientes para terminar con el imperio del peronismo en el sistema de partidos. Se plantea sustituir a la UCR como alternativa garante del bipartidismo frente al peronismo. Pero sabe que deberá coexistir durante largo tiempo con un peronismo hegemónico Así las cosas, en las elecciones de octubre de este año tendríamos un peronismo mayoritario con mayor incidencia del kirchnerismo, pero con la competencia de una coalición política de centro-derecha, lo que constituye un hecho inédito en la reciente historia política argentina (que, como hemos dicho, hasta 2001 seguía dentro de la bipolaridad entre peronismo y radicalismo). El eventual triunfo peronista estaría asociado con el fortalecimiento del Presidente, pero al mismo tiempo lo obligaría a éste a acelerar el control y la " autorreforma" del PJ, para contar con una herramienta partidaria funcional a su proyecto democrático neodesarrollista y con capacidades para limitar la influencia del centro-derecha. El fenómeno inédito de un centro-derecha unificado a nivel nacional es uno de resultados del impacto favorable en una parte de la sociedad (un 25%) de las políticas de los gobiernos neo-conservadores del presidente Menem a favor del libre mercado y la constitución de una sociedad de mercado. Este segmento social, con ingresos medios y altos, busca una nueva representación política. Existe, por eso, la posibilidad cierta de que el Frente Cívico cuaje en este país. Pero será trabajosa la construcción de una cultura política común del nuevo espacio del centro-derecha y su instalación a nivel nacional. El propio núcleo duro político fundador es ideológicamente heterogéneo. Se suman, una corriente político-empresarial al estilo de Berlusconi en Italia (el Compromiso para el Cambio) y una corriente liberal-radical (Recrear). El hecho de que este acuerdo haya sido posible en la medida en que Macri sea candidato a diputado por Capital Federal, y López Murphy candidato a senador por la provincia de Buenos Aires, también deja abierta la posibilidad de que el Frente pudiese terminar desembocando en una coalición política "ad-hoc" para permitir aspiraciones individuales (fenómeno bastante corriente en efímeras formaciones de derecha y pseudo-socialdemócratas que se han sucedido en la reciente y desaparecido en historia política argentina contemporánea). También debe señalarse que se trata de un frente sin denominación común y sin un comando unificado de campaña (por lo menos hasta ahora). En la Capital Federal mantendrá el nombre de Compromiso para el Cambio (Macri), en la Provincia de Buenos Aires adoptará la sigla de Frente Cívico por la Libertad y la Justicia Social. Por último, no será fácil a este frente elegir el candidato presidencial para 2007 entre Macri, López Murphy y, eventualmente, Sobisch. Las diferencias ideológicas y las divisiones políticas en la derecha comenzaron a manifestarse a principios del siglo XX, pese a que fue un partido conservador (el Partido Autonomista Nacional) quien organiza entre 1880-1910 la Argentina moderna. Fueron el resultado de una derecha conservadora argentina que se autoinmoló como fuerza política (entre 1912 y 1930) al perder su voluntad política para crear un partido de masas, y eligió el camino de asociarse con el militarismo y las soluciones golpistas. La derecha argentina, al tiempo que agotó su impulso histórico como fuerza fundadora del liberalismo político, se fraccionó según intereses particulares. Concentró sus esfuerzos en negociar el poder con el poder militar y sectores ultramontanos de la Iglesia Católica. Por eso, la derecha no pudo construir un partido conservador con base popular. La derecha conservadora fue por eso golpista en 1930, 1955, 1962, 1966 y 1976. Ahora, en 2005, con un sistema político democrático ajustado a la Constitución Nacional establecido en las últimas dos décadas, y luego de las transformaciones económicas, sociales y culturales hacia una economía de libre mercado (menemismo), con crisis de la UCR, con la existencia de fuertes alas conservadoras en el peronismo, y con la hegemonía neoliberal de la globalización, el centro-derecha puede intentar unificarse políticamente pese a sus profundas y complejas diferencias ideológicas internas. Las tradiciones caudillescas pueden dificultar acuerdos estables entre Macri y López Murphy (y eventualmente el MPN, el menemismo y el saadaismo, ubicados en la frontera con el PJ). Pero las condiciones objetivas mencionadas -que estimulan la convergencia del centro-derecha, al existir un electorado afecto a tal convergencia- son favorables e impulsan la formación de un amplio polo opositor al gobierno. Este polo de centro-derecha será fuerte si demuestra a la parte de la sociedad que es afín, que es serio y por lo tanto políticamente confiable. Se perfilan como banderas unificadoras de la oposición de centro derecha cuatro "ideas-fuerzas": vigencia del Estado de Derecho y transparencia de los actos gubernamentales, funcionamiento real de la economía de libre mercado, políticas de empleo y seguridad ciudadana. Estas "ideas-fuerza" articulan el documento fundador titulado " Bases para el desarrollo y la unidad nacional". El flamante frente o acuerdo electoral se propone impedir que el PJ se transforme en una versión del PRI mexicano, colocando como símbolo fundamental la necesidad de destruir el hegemonismo peronista y "garantizar" el pluralismo político y la "transparencia" de las instituciones del Estado. El centro-derecha -si logra controlar las eventuales disgregadoras en su interior- puede convertirse en fuerza de oposición, representando intereses de amplios sectores del empresariado y sectores medios. Lo importante es si este frente electoral esta dispuesto a abandonar las prácticas autoritarias que el conservadurismo ejerció en el pasado y se identifica con la democracia política. En este caso, la constitución del centro-derecha debería significar un paso positivo dentro de la democracia argentina. 3. El papel del ARI: su discurso político, implantación territorial y función objetiva en el sistema de partidos El ARI es una formación política de filiación ideológica liberal-progresista. Su origen se remonta a principios del año 2002, como escisión formal de la Alianza que llevó al gobierno al ex-presidente Fernando de la Rúa. Es una suma de dirigentes con orígenes en la UCR y en sectores del ex- Frente Grande, es decir, de las dos fuerzas constitutivas de la Alianza. Su líder indiscutido es "Lilita" Carrió, abogada y ex-militante de la UCR. En 2002 registraba 2.748 afiliados y en 2005 llegan a 40.000 (muy lejos de los declarados 2.800.000 de la hoy en crisis UCR). En los puestos de dirección del ARI predominan las mujeres. Podría desembocar en el futuro en una formación política muy asociada con la problemática política de la "cuestión de género". La estrategia del ARI, fijada por Carrió, es conformar una fuerza política opuesta a lo que califica como "régimen". Este "régimen" es una red transversal de intereses políticos que se extiende en el interior de los grandes partidos (PJ, UCR), en organizaciones empresarias y sindicales. La base social del régimen es un "capitalismo prebendario" y "corrupto", basado en el tráfico de influencias entre el poder político y los grandes grupos económicos. (7) El perfil ideológico y político del ARI es coincidente con el Partido Demócrata norteamericano. Carrió se cuida mucho de involucrarse en críticas al gobierno de EE.UU. Cuando se refiere a los "intereses reaccionarios" en ese país, lo hace ha sea para criticar a algunos grandes bancos o a lobbies empresarios estadounidenses, asociados según el ARI con la corrupción y el tráfico de influencias en este país. El eje del ARI es la propuesta de un "contrato moral" ciudadano. Este partido se ha convertido en un crítico acérrimo "anticorrupción" del gobierno de Kirchner, en particular a la figura del Presidente y a su Ministro de Planificación Julio de Vido, a quienes acusa públicamente del "tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito". El ARI no se inmiscuye en temas de política económica sensibles (por ej., mostró silencio durante las negociaciones concretadas de a deuda externa este año). Tampoco se manifiesta sobre los conflictos sociales y laborales puntuales (como movilizaciones piqueteras o huelgas obreras). En lo sociolaboral, no va más lejos de plantear consignas generales (por ej., "redistribución de la riqueza"). Sin embargo este partido, que se define de centro-izquierda democrático, puede llegar a vencer en las elecciones de octubre en la Capital Federal. Puede convertirse en la primer fuerza y triunfar, si alcanza el 35% de los votos sobre el centro-derecha y el peronismo. El "discurso-denuncia" de Carrió suena bien entre empleados, empresarios, profesionales, técnicos y especialmente mujeres de clase media en la Capital Federal. Pero se trata de una fuerza política con escasa presencia territorial, esto es en las provincias. Es un partido fuerte sólo en la Capital Federal. Cuenta con un exiguo bloque de diputados nacionales (5), y sobre 1.800 municipios, sólo gobierna en 10. Es interesante comentar la táctica frente a un sector del centro-derecha en formación. El ARI en la Capital Federal, compite con Compromiso para el Cambio. Por lo tanto ataca a Macri. Pero no ataca a López Murphy. Lilita Carrió suele hablar positivamente de López Murphy, con quien comparte su origen común en la UCR y una vaga coincidencia ideológica en el marco ideológico del liberalismo económico y político. La función objetiva del ARI, como partido político liberal progresista, es erosionar desde centro izquierda no peronista al "régimen" kirchnerista (que también se autotitula de centro-izquierda), y al peronismo en general. En el imaginario político del ARI no se descarta algún tipo de acuerdo y compromisos para asegurar la gobernabilidad con sectores del centro derecha, sobre la base de valores y políticas de base liberal. El ARI necesita la extinción de la UCR, de donde provienen hasta ahora parte de sus principales cuadros y gran parte de sus votos. El ARI se alimenta todavía principalmente de la sangría de la UCR, que aunque todavía gobierna en 6 provincias y cuenta con una importante representación en las legislaturas, no puede superar las tendencias disgregadoras internas que se dividen en a) oposición útil (alfonsinismo), b) oposición de centro liberal (Rozas), oposición de centro-izquierda social-liberal y de unidad con otras fuerzas de izquierda (Stolbizer, etc.). El ARI aspira a suceder, desde la izquierda, a la UCR como partido de la "causa" yrigoyenista de los años 1900-1916 del siglo pasado (hoy versión liberal-popular aggiornada) frente al "régimen". 4. Conclusiones. Avance kirchnerista con mayoría peronista y emergencia del centro-derecha: los equilibrios inestables en el interior del PJ y en el sistema de partidos En el artículo comentado, titulado "Se perfila una polarización en las elecciones de octubre", hemos planteado que las elecciones internas de los partidos, a celebrarse el 7 de agosto en todo el país (que sólo excluye los partidos con listas únicas), de celebrarse "normalmente" (dado que nada es seguro en este país, y todavía podrían suspenderse), indicarán los alineamientos y estrategias de los partidos nacionales (y de partidos provinciales, municipales, etc.) para las elecciones de octubre. Si las condiciones económico-sociales se mantienen constantes y mejoran progresivamente, es indudable que Kirchner logrará el objetivo "plebiscitario" y avanzará en el disciplinamiento político del PJ. Como hemos señalado en diversos artículos, el kirchnerismo es una construcción política que se ajusta a la línea de fuerza dominante producida por la crisis política, económica y social de diciembre de 2001 y las movilizaciones populares que le siguieron. La oposición al kirchnerismo de centro-derecha, centro y centro-izquierda no puede competir con el peronismo kirchnerista, porque siguen estando "subordinados" al dominio peronista sobre el sistema de partidos. Por eso y por sus actos políticos, Kirchner mantiene una alta imagen en una sociedad mayoritariamente esperanzada con su figura. (8) El kirchnerismo fue el resultado en 2003 de una impasse interna del PJ: se creó un carril partidario de renovación y desarrollismo que ocupó el kirchnerismo y que terminó arrastrando a todo el partido. Pero hoy el PJ es, más que un partido unido, el resultado de un acuerdo con equilibrios inestables entre corrientes que responden a caudillos provinciales, salvo el duhaldismo (que es nacional). Kirchner no confía en el PJ, pero está obligado a transformarlo y reformarlo para conservar el poder. Por eso en las elecciones de octubre no sólo triunfará el kirchnerismo, sino también un conjunto de estructuras y liderazgos internos que se identifican más con la ortodoxia peronista y los intereses locales (provinciales y regionales). El kirchnerismo mantendrá la línea de buscar acuerdos con fuerzas opositoras afines, especialmente en las provincias gobernadas por la UCR. Alentará la formación de estructuras peronistas y transversales no peronistas en varias provincias, siempre que esta táctica no choque con el PJ oficial identificado con el poder central Trataré de que la sigla dominante sea el Frente para la Victoria". En algunas provincias donde el PJ oficial parecería estar controlado por sectores peronistas de centro-derecha (La Rioja, Salta, San Luis, etc.), que podrían sumarse después de la elección a la oposición al centro-derecha, el kirchnerismo apoyará la creación de Frentes para la Victoria u otras fórmulas afines. La incógnita principal es si habrá en la provincia de Buenos Aires una lista única en el PJ. Un riesgo grande para Kirchner sería que el PJ saliese tercero en la Capital Federal. Por último, buscará mantener relaciones amistosas con el alfonsinismo, el Partido Socialista (sector Binner) y otras fuerzas políticas no peronistas cercanas al kirchnerismo. . El PJ unido vencerá. Aumentará su representación en las legislaturas, especialmente en el Congreso Nacional. El kirchnerismo aumentará su nivel de representación "propia" (como corriente peronista-desarrollista) en todo el país. Pero es seguro que si la flamante coalición de centro-derecha liberal-empresaria se consolida y amplía en los próximos meses, tendremos la novedad de contar con un polo político conservador-reformista. Este polo tendrá fuerte implantación en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Neuquén, Mendoza, Corrientes, Misiones y en la Capital Federal. Es previsible que este polo de centro-derecha supere las tendencias disgregadoras internas y, de mantenerse política e ideológicamente cohesionado, atraiga quizás a un 25-30% del electorado. El menemismo y otras corrientes peronistas de centro-derecha populistas se mantendrían separadas hasta octubre próximo del polo de centro-derecha liberal-empresarial, pero con la perspectiva de converger en un solo frente electoral común en 2007. Así las cosas, tendríamos como resultado de las elecciones de octubre una "polaridad asimétrica" entre el PJ y el peronismo, que sería mayoritario. La UCR parece continuar su debacle (aunque conserva estructuras sólidas en muchas provincias), y perderá su condición de fuerza de representación en el sistema bipartidista (reemplazada por el centro-derecha). El ARI mejorará sus niveles de representación provinciales y municipales, pero disputando con la UCR el lugar de tercera fuerza. Sólo podría ser el ARI la "gran sorpresa" en la Capital Federal. La izquierda, que seguirá política e ideológicamente fraccionada, no llegará a sumar un 10% del electorado a nivel nacional. Una incógnita es qué pasará con el abstencionismo, que hoy parecería retroceder pero que podría mantenerse en un nivel importante si persistiese la tendencia que se registró en las elecciones de 2003. |
|||
|
Fecha
original de publicación: 27/05/05
|
|||
| Notas: | |||
| [1] "Diálogo con el Presidente, a dos años de su mandato", Página/12, 20/5/05. | |||
| [2] Joaquín Morales Solá, "El plebiscito podría resultar una trampa", La Nación, 22/5/05. | |||
| [3] "Buscan crear una liga de intendentes kirchnerista", Clarín, 24/5/05. | |||
| [4] Julio Godio, "Primeros movimientos tácticos de Kirchner hacia las elecciones", mimeo, 4/4/05. Leer artículo | |||
| [5] Paola Juárez, "Como será la nueva etapa del gobierno", La Nación, 23/5/05. | |||
| [6] Julio Godio, "Se perfila una polarización en las elecciones de octubre", mimeo, 27/4/05. Leer artículo | |||
| [7] "Carrió, al ataque: 'Chiche y Cristina son el régimen'", Clarín, 22/5/05. | |||
| [8] "Kirchner mantiene su imagen muy alta", Clarín, 22/5/05. | |||
| (*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo. | |||