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El paradigma de la "sociedad de trabajo"
Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 03/06/05.-

Sumario

  • 1. Autorrevolución del capital y desarticulación de la sociedad industrial: la "revolución conservadora"
  • 2. Apropiación por el neoliberalismo de la categoría mercado: el "libre mercado"
  • 3. Se inicia la resistencia socio-política: la consigna "otro mundo es posible"
  • 4. El retorno de Keynes: planificación y economía de mercado
  • 5. La sociedad de trabajo: premisa del desarrollo sustentable
  • 6. La sociedad de trabajo no es una utopía: rasgos generales
  • 7. A modo de conclusión: la sociedad de trabajo, un objetivo socio-político

1. Autorrevolución del capital y desarticulación de la sociedad industrial: la "revolución conservadora"

En el XVI Congreso Continental de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (CIOSL-ORIT), celebrado este año por la central sindical internacional más importante del continente americano, se aprobó como documento programático la Plataforma Socio-política 2005-2009, dentro de la cual se destaca la propuesta de luchar por la construcción de "sociedades de trabajo".

Se trata de un paradigma sociolaboral hoy novedoso. Pero corrientes dentro de la sociología del trabajo francesa -de inspiración socialcristiana o marxista- hacen referencia a él desde hace tres décadas. Es un paradigma todavía no verificado en la historia, porque las fuerzas político-laborales representativas a de los trabajadores se movían hasta hacía dos décadas con el paradigma sociolaboral de la "sociedad industrial democratizada" a través de las instituciones del estado de bienestar. Hasta la década de los ochenta del siglo pasado todavía se daba por sentado que la sociedad industrial ampliaría constantemente sus estructuras productivas, aumentaría la extensión de la "sociedad salarial", y la acción sindical garantizaría la profundización de la humanización del trabajo y el bienestar de las sociedades.

Pero, el paradigma de la sociedad industrial democratizada comienza a erosionarse objetivamente por el impacto de la "autorrevolución del capital" que, a través de la aplicación de las nuevas tecnologías sobre procesos y productos del trabajo, logra producir fuertes aumentos en la productividad del trabajo. Se pasa del fordismo al toyotismo y a la empresa de "variedad". Nace la "nueva economía" con eje en la informática. Se amplia la terciarización de procesos de trabajo. Se generaliza la empresa en estrella. Se agotan los yacimientos de trabajo fordistas. El desempleo y el subempleo se vuelven estructurales en países altamente desarrollados y de desarrollo intermedio. El capitalismo liberal - vencedor sobre el keynesianismo dentro de su propio sistema y sin competidores y vencedor en la lucha histórica entre " dos sistemas" a nivel mundial por la desaparición por obsolescencia histórica de la URSS y los países del socialismo real en Europa y el viraje de la República Popular China a la economía de mercado- impulsa y direcciona sin dificultades la segunda ola de mundialización de la economía .El capitalismo se torna plenamente mundial o " global" .Los sindicatos, tanto por la necesidad de adaptar sus políticas y practicas sociolaborales a las nuevas realidades del mundo del trabajo, como por la asimilación de estudios científicos sobre el nuevo escenario sociolaboral mundial, comienzan a revisar desde principios de los ochenta del siglo pasado sus plataformas de acción socio-políticas para defender los intereses del los antiguos y "nuevos" trabajadores asalariados y ampliar su radio de influencia sobre contingentes de trabajadores ubicados en empresas y subsistemas económicos informales. El nuevo enfoque sindical refuerza al papel internacional del sindicato en la "economía global".

La autorrevolución del capital no fue neutral. Desde su comienzo se observa que el capital financiero es quien motoriza las operaciones empresarias, favoreciendo a las grandes empresas multinacionales de los países altamente industrializados. No existe la voluntad de utilizar a las nuevas tecnologías para promover la modernización de las economías en escala global, sino para favorecer una gigantesca concentración capitalista. La herramienta política es la teoría económica neoclásica sustentada por la "revolución conservadora" (con epicentro en EE.UU. y Gran Bretaña), que establece como objetivo central garantizar la prioridad absoluta de la oferta del capital (rentabilidad empresaria) sobre la demanda.

La revolución conservadora (luego conocida como "neoliberalismo") se imagina y promueve un tipo de "nueva sociedad" funcional al predominio de la teoría de la oferta: es la "sociedad de mercado". Se debe aceptar que el progreso económico exige mercados de trabajo "desregulados" y aceptar que existirán grupos sociales "vencedores" y grupos sociales "perdedores" (revival del " darwinismo social"). El neoliberalismo avanza aún más para rediseñar al mundo del trabajo al anunciar que de ahora en adelante el " trabajo será escaso", que descenderá el número absoluto de trabajadores asalariados y que es necesario acostumbrase a la existencia de sociedades duales" con un tercio, por lo menos, de desocupados y trabajadores informales de bajos ingresos sujetos del "asistencialismo". El anunció neoliberal es explicado en el libro de J. Rifkin "El fin del trabajo".

El neoliberalismo se instala fuertemente en los países altamente desarrollados del G-7. Su objetivo es mundial. Necesita para ello contar la participación activa de los organismos multi-bilaterales de crédito (FMI, Banco Mundial y otros), partidos políticos, multimedias, centros académicos, sectores de las Iglesias, etc., etc. Se trata de una batalla cultural y política del neoliberalismo para derrotar los eventuales bolsones de resistencia en los sindicatos, partidos políticos progresistas y de izquierda, en organizaciones del empresariado favorables el estado de bienestar, sobre corrientes culturales y científicas opuestas al neoconservadurismo. El objetivo político-cultural de la revolución conservadora es construir una nueva hegemonía y ello exige decretar la erradicación definitiva en los imaginarios sociales no solo de toda variedad de socialismos, sino también y especialmente, la erradicación de las tradiciones keynesianas.

2. Apropiación por el neoliberalismo de la categoría mercado: el "libre mercado"

El neoliberalismo se apropia -en el contexto político de la segunda mundialización de la economía en curso- de la categoría mercado, y la reformula como "libre mercado" (que sólo existe en el imaginario propio de "el capital"). Las sociedades necesitaron un tiempo para descubrir por sus resultados la operación de subsumir la categoría de mercado en el "libre mercado". No fue sencillo el proceso de descubrir que existía una contradicción sustancial entre ambos términos, porque la persistente ofensiva ideológica neoconservadora se legitimaba con sus capacidades para direccionar la fantástica tercer revolución tecnológica y el despliegue de la segunda ola de mundialización de la economía.

Se había producido a partir de los años '70 una "autorrevolución del capital" en el interior del capitalismo liberal. Pero por sus resultados sobre las sociedades, con sus secuelas de desempleo, subempleo y pobreza, fue posible a para ciertas instituciones (en especial sindicatos y núcleos de intelectuales y políticas progresistas) constatar que el supuesto "libre mercado" se construía en gran medida a costa de la pauperización relativa de importantes segmentos de trabajadores asalariados (incluso en los países de la OCEDE) y la consolidación de la pobreza y los empleos de baja calidad entre los trabajadores de la economía informal y las economías campesinas familiares (especialmente en los países periféricos).

A fines de los '90 se hizo evidente que, en las condiciones de hegemonía de los países del G-7 y sus brazos financieros operativos (FMI, Banco Mundial -B. M.), grandes corporaciones financieras privadas, etc.) y de la capacidad unilateral del imperio norteamericano, el capitalismo liberal desarticulaba los mercados y los incapacitaban para promover el desarrollo sustentable. Las políticas públicas laborales neoliberales, promovidas con métodos coercitivos por el B. M. y el FMI, se fundaban en la premisa "malthusiana" de que "lamentablemente", para garantizar el crecimiento económico global, era "inevitable, por un periodo histórico, la exclusión del trabajo productivo y decente de mas o menos la mitad de la población mundial. Lo que estaba en curso era una gigantesca concentración y centralización del capital: 200 grandes empresas multinacionales controlaban en el año 2000 el 70% del comercio y las inversiones a escala mundial. Ese proceso de concentración y centralización era acelerado por el capital financiero rentístico, que se había constituido en una especie de "variable independiente" de realización del capital (ganancias financieras especulativas) a escala mundial.

3. Se inicia la resistencia socio-política: la consigna "otro mundo es posible"

Fue la resistencia de los sindicatos, de empresarios desplazados y condenados a la ruina, de movimientos sociales antiguos (por ej., los campesinos) y "nuevos" (ecologistas, asociacionistas, de género, minorías étnicas) los que organizaron las acciones espontáneas de resistencia al neoliberalismo. La mayoría de los partidos políticos asociados en el pasado con el mundo del trabajo (con contadas excepciones) quedaron "shockeados" por el neoliberalismo y tardaron (o no pudieron) en reaccionar. Lo "social" solidario se constituyó entonces en la gran matriz de resistencia y convocatoria. De allí el alto prestigio del Foro Social Mundial de Porto Alegre y su consigna "Otro mundo es posible".

En el interior del heterogéneo pero vital escenario sociopolítico de resistencia al capitalismo liberal, se van perfilando posiciones políticas, económicas y laborales que se constituyen en contratendencias al neoliberalismo, y que tienen como denominador común reinstalar el rol del Estado como "organizador" de los mercados y las políticas públicas de desarrollo como sus herramientas principales. Las contratendencias son legítimas. Por eso penetran en el interior de las "grandes burocracias" del FMI y BM, y provocan divisiones de doctrina y políticas. J. Stiglitz ha sido el gran testigo y ha dejado su testimonio del desconcierto inicial en las organizaciones multi-bilaterales de crédito y de la filtración de tibias ideas neokeynesianas en esos organismos, ahora sometidos a críticas abiertas por sus responsabilidades en las grandes "crisis de la deuda" que recorrieron a países periféricos desde la primera crisis mexicana (1991) hasta la crisis argentina (2001).

4. El retorno de Keynes: planificación y economía de mercado

Súbitamente "resucita" el keynesianismo. Ahora sin rivales a la izquierda (por el desplome de la URSS) y por lo tanto con el prestigio de haber sido el precursor de la idea de que es posible planificar en la economía de mercado. Nace un "nuevo keynesianismo". El caso más espectacular de versión neokeynesiana -en gran medida por haber sido capaz de demostrar la posibilidad de planificar en los mercados sin abjurar del curso socialista (que fundó en 1949 un país moderno) es el de la República Popular China, que pasa del régimen de planificación central burocrático a una "economía socialista" de mercado. Pero el "revival" keynesiano está presente en otras áreas clave del mundo. Ante todo, en la Unión Europea (UE), donde la mitad de los habitantes rechaza el curso neoliberal socio-laboral (mezclado con temores étnicos y otros temas) que se pretende legitimar con el ambivalente Tratado Constitucional, hoy en debate y rechazado en Francia y Holanda. También con los intentos de países nucleados en el Grupo de los 20 de convertir a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en un ámbito de equilibrios comerciales y exigir un retorno del FMI y el BM a las funciones monetarias y financieras previstas en Bretton Woods. Por último, con la emergencia de países en Asia, en Medio Oriente y en América Latina (gobiernos "neodesarrollistas" en Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Uruguay) que tratan de modificar a la lógica económicas con la aplicación políticas públicas desarrollistas("neodesarrollismo" genérico de "inspiración" keynesiana).

¿Qué significa organizar y planificar en los mercados? Resumidamente, significa que el Estado democrático se "reforma" para ejercer su poder y asegurar modos de producción y distribución nacionales y supranacionales funcionales a la inversión productiva y el consumo popular. Para ello, se debe planificar una distribución del excedente económico en función de la mejora constante y equilibrada de la productividad media de la economía, tres de cuyos componentes centrales son el "pleno empleo" (entendido como "trabajo para todos"), la capacitación continua y la entrada a los mercados de trabajo de jóvenes y mujeres. Esto requiere de redes y estructuras productivas asociadas con la tercer revolución tecnológica, y con sistemas de normas laborales ("dimensión social") que protejan a los trabajadores asalariados y a categorías no asalariadas propias de las "nuevas formas" de trabajar.

Se trata de economías de mercado, y por lo tanto concurren a su organización diversas formas de propiedad (privada, pública, cooperativas) que dan forma a economías de "propiedad mixta". Se puede denominar a las economías de mercado como "economía social de mercado", como "economía socialista de mercado" u otra fórmula especial. Pueden existir diferencias entre ellas, pero serán secundarias si se tiene claro que el capital no tiene por qué realizarse exclusivamente con el capitalismo liberal, y que el denominador común es la organización de los mercados no sólo por el Estado, sino también por la acción concertada del Estado con las empresas, sindicatos y otras organizaciones de la sociedad civil.

5. La sociedad de trabajo: premisa del desarrollo sustentable

No puede aceptarse- en nuestra época - un modo de producción sustentable sin instituciones socio-políticas que garanticen la igualdad de oportunidades. Esta se garantiza, ante todo, con una distribución positiva de los ingresos, pero incluye también la distribución masiva de una variedad de bienes sociales (educación, salud, vivienda, etc.). Estructuras sociales solidarias y generadoras de bienestar social son imprescindibles para alcanzar las metas del desarrollo sustentable democrático. Esta demanda, presente con formas histórica específica en la evolución de las sociedades, adopta hoy la forma concreta de "sociedades de trabajo".La sociedad de trabajo revindica como valor esencial que el trabajo es la "substancia fundante" de toda la historia de la humanidad.

Ya tenemos una visión "general" de la sociedad del trabajo. Esta se apoya en teorías y prácticas sociales precedentes que son sus "pisos civilizatorios": Las instituciones y prácticas socio-políticas que sustentan la entrada en la historia de la sociedad del trabajo son aquellas que han dado lugar a la creación de empleo productivo y decente de la "historia del capital y de la organización autónoma de trabajadores asalariados". Concurren como "pisos civilizatorios" la acción de los sindicatos, las diferentes modalidades del "Estado social", las organizaciones políticas afines al mundo del trabajo "en particular los sindicatos", el soporte de corrientes religiosas progresistas, la cooperación institucional entre los intelectuales y el mundo del trabajo para humanizar y mejorar la calidad del trabajo, etc. Las normas internacionales del trabajo y el tripartismo promovidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han jugado un papel central para construir mercados de trabajo nacionales y supranacionales con regulados a través de normas laboral que favorecen la humanización del trabajo y la solidaridad social. Esto se conoce como "dimensión social de la globalización".

La primera razón de la legitimidad de la sociedad del trabajo consiste en que se confronta teóricamente con la categoría de "sociedad de mercado". Esta última categoría se corresponde con los intereses de un sector de las sociedades identificados con las capacidades dinámicas pero al mismo tiempo también "darwinistas" de "el capital", cuando no existen regulaciones. El curso real de la "revolución conservadora", que a través de la apropiación dominantemente privada del excedente económico, genera segmentación en las estructuras productivas y de ingresos, y bloquea la expansión del trabajo productivo en sus diversas modalidades salariales y no salariales. Por eso el neoliberalismo no es aceptable para las sociedades. Se recalca que con el neoliberalismo los mercados -incluidos los mercados de trabajo- se dualizan por el fuerte carácter rentístico-financiero de la acumulación, por la concentración de las riquezas y el poder.

6. La sociedad de trabajo no es una utopía: rasgos generales

La categoría "sociedad de trabajo" podría permanecer en el reino de las utopías si no logra constituirse como "estructura autónoma" (modelo sociolaboral) que debe ser pensada simultáneamente como componente de la economía política de desarrollo .La sociedad de trabajo es el instituto sociolaboral específico dentro de modos de producción y distribución "superiores" a los que ha generado la presente autorrevolución del capital en los marcos del capitalismo liberal. Si nos movemos con el concepto de buscar el crecimiento de la "economía real", terminaríamos pensando que la sociedad de trabajo es un revival de la sociedad industrial y del keynesianismo clásico. Bastaría con agregar un poco de "demanda efectiva" al modo de producción capitalista liberal. Pero de lo que se trata es de pugnar dentro de la economía de mercado para convertir en dominantes a nuevos modos de producción sustentables (desarrollo) según regiones y países, con capacidades políticas y técnicas para "apropiarse" y "utilizar" los logros tecnológicos y productivos de la autorrevolución del capital. Esto solo será posible a través de la democratización de las formas de propiedad y la participación de los trabajadores en la gestión empresaria. Los nuevos modos de producción y distribución basados en la economía política de desarrollo pueden - como hemos dicho- ser denominados "economía social de mercado", "economía mixta de mercado" o "economía socialista de mercado", entre otras expresiones.

Utilizando las ideas de Jean-Paul Fitoussi (1), esos nuevos modos de producción y distribución -en el nivel (sistema) sociolaboral- deberán reunir tres condiciones básicas: reunificación del espacio físico (eliminación de las segregaciones urbanas y rurales), reunificación en el espacio social (integración de las sociedades mediante diversas formas de trabajo productivo y predomino de la economía productiva sobre la economía rentístico-financiera) y reunificación en el tiempo (garantizando la vinculación a través de la de la estabilidad laboral y la capacitación continua de mujeres y jóvenes).

La fórmula sociolaboral de Fitoussi parece a primera vista sencilla. Pero se trata de una fórmula muy compleja. Supone ante, en el nivel del sistema económico, eludir el recurso simplista de "estatización el capital". Se trata de economías de mercado de propiedad mixta. Por eso, el poder político democrático , debe identificarse con las metas concentradas en lograr una distribución justas del ingreso, con la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, el despliegue de emprendimientos privados y públicos basados en diversas formas de asociacionismo (por ejemplo, redes productivas y de pequeños y medianos industriales, de servicios agrícolas, etc.).

Estamos pensando en economías nacionales de "apertura selectiva" que para ser eficientes deben realizar en los mercados subregionales, regionales y mundial un 20-30% del Producto Bruto Interno (PBI). ¿Qué significa organizar los mercados? Significa que el Estado en todos los niveles debe contar con herramientas de política económica para que la demanda efectiva (consumo + inversión) y las políticas públicas de distribución del excedente económica direccionen el comportamiento de todas las variables económicas según un patrón común de industrialización de todos los sectores económicos .A su vez, las reglas de la economía integrada deben estimular las inversiones extranjeras, localizándolas en los sectores productivos estratégicos que movilicen al conjunto del aparato económico, bloqueando las incursiones depredadoras del capital financiero rentístico y estimulando a que las empresas multinacionales y grandes empresas locales funcionen como generadoras de empleo (ubicando en el centro de las empresas estrellas y cadenas de valor) y generadoras de divisas (exportaciones). En la economía global, es donde, en definitiva, se demostrará la vitalidad histórica de la economía política del desarrollo.

La esquemática formulación de un modo de producción apto para dotar a las economías de mercado de "direccionalidad de sustentabilidad programada" con" trabajo para todos" (ensamblaje este último de diversas formas productivas de trabajar asalariadas y no asalariadas) requiere de instrumentos econométricos, y por lo tanto de la gestión de instituciones públicas y especialistas capacitados para localizar y programar las demandas laborales de los mercados de trabajo. Por lo tanto, la categoría abstracta de sociedad de trabajo logra transformarse en categoría concreta (operativa) si se cuenta con herramientas institucionales para la garantizar formación continua de trabajadores , empresarios y técnicos requeridos por la economía real , y si logra la identificación ideológica de los sujetos del mundo del trabajo(trabajadores, sindicatos ,organizaciones empresarias , asociacionistas y centros generadores de tecnologías aplicadas) con los objetivos y prioridades de plan de generación de empleos productivos.

Como la planificación opera en los mercados, es fundamental que se generen sistemas de capacitación continua de trabajadores, empresarios y gerentes según las demandas de las empresas y los merados laborales nacionales y escala regional. Esos sistemas de capacitación se fundan en la cooperación entre las instituciones especializadas del Estado, las organizaciones empresarias y los sindicatos. Ejemplos de este tipo de "planificación" para incorporar trabajadores al mercado laboral ya existen, y han demostrado su eficiencia: por ejemplo, los sistemas de capacitación duales para los jóvenes trabajadores en Alemania, países escandinavos, etc. El gran desafío mundial es, sin duda, concentrar los esfuerzos para incorporar a los mercados de trabajo a través de sistemas de capacitación duales a las mujeres y los jóvenes.

7. A modo de conclusión: la sociedad de trabajo, un objetivo socio-político

La sociedad de trabajo es sinónimo de sociedad que genera empleos decentes. Pero si bien la calidad de los empleos depende, en última instancia, de la productividad media alta de una economía, ninguna economía puede funcionar adecuadamente si los patrones de distribución del ingreso se ajustan a la actual y creciente polarización social. En una sociedad del trabajo existen las desigualdades, pero esas desigualdades serán acotadas. Las escalas salariales, cuando son superiores a un diferencia del ingreso mayor de 1 a 10, impiden el crecimiento económico sostenido. Por eso la sociedad de trabajo incluye políticas impositivas que gravan fuertemente la riqueza.

La viabilidad de la sociedad de trabajo se decidirá en escala mundial. En otros términos, la sociedad de trabajo forma parte de un diseño del sistema-mundo sustentado en políticas supranacionales y nacionales destinadas a favorecer los intereses de los pueblos y restrictivas del poder discrecional de las empresas multinacionales y del sistema financiero internacional. La sociedad de trabajo debería ser un núcleo de sustentación del objetivo del Milenio para erradicar la pobreza a sociedad de trabajo sólo es sustentable en escala mundial si se articula en la base de las sociedades nacionales como cooperación entre municipios (u homólogos) y empresas gestionadas por empresarios y trabajadores. Así, por ejemplo, la existencia legal de los comités o cuerpos de delegados en las empresas la participación democrática de los ciudadanos/as en las instituciones públicas que regulan la vida cotidiana (como hemos dicho, la protección del medio ambiente, los sistemas de salud y de seguridad social públicos, etc.) son prácticas sociales clave para la construcción de sociedades de trabajo.

Los paradigmas de la sociedad post-industrial o de la "sociedad de la información" prefiguran, ciertamente, los nuevos modos de vivir y trabajar. Pero esos modelos serán incompletos (y por lo tanto, también utilizados para legitimar la exclusión social y considerar a la "guerra de civilizaciones" como necesidad del Occidente "superior" para obligar a "evolucionar" al resto del mundo) si está ausente la meta de construcción de sociedades de trabajo. Por último, la sociedad de trabajo es un instituto clave para dotar de vitalidad a la democracia representativa (teniendo en cuenta que sólo el 30% de la población mundial la considera como valor en sí mismo), porque como meta histórica que se realiza todos los días al funcionar como guía" de las luchas sociales (en la lucha por la realización de la democracia económica, política y social) fortalece a los sectores sociales y políticos identificados con esa gran consigna democrática del Foro Social Mundial que hemos mencionado en este artículo: "Otro mundo es posible". La democracia política es creíble y defendible cuando los excluidos y explotados perciben que la meta es la constitución de sociedades de trabajo.

Fecha original de publicación: 28/05/05
Nota:
[1] Jean-Paul Fitoussi, "En Francia se discute otra cosa", Clarín, 26/5/05.
(*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo.
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