Bufete de Informaciones Especiales y Noticias
El paradigma de la sociedad de trabajo y su desarrollo en las formaciones económico-sociales
Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 20/07/05.-

Resumen

1. La economía informacional como motor del progreso

La economía informacional, por sus potencialidades para configurar a la economía mundial, se apropiado legítimamente del mito movilizador del progreso. Pero el capitalismo global se ha posesionado de los destinos de la ciencia y la tecnología orientándolas -bajo la hegemonía neoconservadora- de manera exclusiva hacia la creación del valor económico. Los vectores económicos - en contextos de estados subsidiarios de los "mercados" - se desvinculan de la "economía política de desarrollo", y con ello de las consideraciones éticas, sociales y de las políticas públicas. La ciencia y la tecnología han sido apropiadas dadas las reglas del capitalismo liberal cuya prioridad es garantizar que las grandes corporaciones se aseguren la realización de la ganancia. Si el crecimiento económico incluye altas tasas de desempleo, el "libre mercado" decide y logra que esas tasas deberán ser "transferidas" a la sociedad.

Pero esta especie de crecimiento con "darwinismo social" genera al mismo tiempo en las sociedades "encantamiento y desilusión" (1). Las grandes masas se identifican a través del espectáculo global e instantáneo. Los programas de "auditorio" sustituyen a los tribunales. Los cotos sociales ambientales generados por los nuevos patrones tecnológicos aparecen como socialmente costosos, pero inevitables. La interconexión es la condición de felicidad. El hombre construye en el inconsciente su autorreferencia como mercancía y átomo en la sociedad de mercado.

Para recuperar el control sobre los vectores de la ciencia y la tecnología se requiere impedir el desmantelamiento del Estado .Este pareciera que se orienta a abandonar sus funciones de organizador de los mercados, para asumir cada vez mas el carácter de estado policial-represor. Por eso es fundamental concientizar a las sociedades que las políticas públicas económicas, laborales y sociales son estructuras y herramientas del Estado para preserva la democracia, para organizar a los mercados y para promover el bienestar popular. Estas las condiciones fundamentales para asegurar la performance de las empresas y para asegurar sus funciones sociales. Pero construir una nueva hegemonía socio-política que restablezca la legitimidad del Estado sólo será posible a través de un nuevo vínculo entre la política y el mundo del trabajo. En el interior del mundo del trabajo adoptan formas concretas materiales y sociales los progresos tecnológicos, que pueden adquirir direccionalidad progresista y asociarse con valores democráticos, reduciéndose así los riesgos de los neo-fascismos apuntalados en los populismos conservadores antiglobalización y sus discursos favorable a los estados autoritarios "salvadores" y" protectores" de multitudes desagregadas y asustadas (2).

La oposición entre sociedad de trabajo vs. sociedad de mercado es local, nacional y mundial. .Las estructuras donde compiten ambos modelos sociales son las redes globales virtuales, que son donde se procesan las experiencias, saberes y las pugnas por el control político. El escenario común es la sociedad de la información. Las redes tienen su sustento básico en EE.UU., donde se localizan la mayoría de las grandes corporaciones informáticas. El soporte tecnológico sobre el cual se organiza la sociedad de la información es la articulación entre la nueva lógica entre la economía y las comunicaciones que penetran y subsumen a la política y la sociabilidad. En 1995 16 mil millones de personas se conectaban en redes de Internet, en 2005 serán 1.000 millones, y en 2010 tal vez alcancen los 2.000 millones. Así, casi un tercio de la humanidad se constituye en la base social de la hegemonía político-cultural de los "conectados" sobre gigantescos gulags de "desconectados o " insuficientemente" conectados.

Influir y organizar políticamente a una parte sustancial de ese gigantesco universo de conectados para la lucha contra la globalización capitalista y el apartheid digital y por una nueva sociabilidad igualitaria y democrática mundial es una acción prioritaria. No será posible volver racional a la economía informacional sin organizar sindicalmente a una gran parte de esos conectados que son también "asalariados del conocimiento". Es la primera condición para plantear en serio y con herramientas efectivas la lucha contra la "revolución conservadora" desde el interior de la economía informacional. Se trata de impedir que Internet (instrumento vital para la producción, la seguridad y las comunicaciones mundiales) esté hoy en el centro de los flujos de intereses económicos y psico-sociales, pero cada vez más expuesta y direccionada por los lobbies de proveedores, grupos internacionales de los medios, grandes corporaciones y gobiernos bajo el monitoreo de los EE.UU. El control de Internet debe salir de los medios de las entidades privadas y pasar a un grupo intergubernamental dentro de la reestructuración política de la ONU.

No se puede quedar afuera de las redes si se pretende influir sobre el orden mundial. Los Estados, partidos democráticos, sindicatos y ONG's progresistas, deben movilizarse para establecer "casamatas" y "trincheras" contra el diseño actual de las redes de la información. Los sindicatos deben comenzar por representar a los trabajadores de las redes, que en gran parte trabajan bajo modalidades de contratación precarias. Pero ubicando esta estrategia sindical dentro de la perspectiva abarcativa del desarrollo de instituciones socio-políticas constituidas para asegurar los derechos de los ciudadanos a ser el sustento articulador "politizado" de una nueva "ciudadanía digital" (3).

El Estado recuperará, a través de la economía política del desarrollo, sus capacidades y los partidos políticos progresistas y de izquierda volverán a ser representativos si en sus agendas se coloca como "locomotora" del progreso social a una sociedad de la información basada en la participación política de los ciudadanos/as según prácticas democráticas. Se requiere una nueva concepción el mundo con normas e instrumentos de control democrático de las nuevas tecnologías de la información. Caso contrario, el "malestar postmoderno" será funcional al "asalto a la razón" derechista que se incuba en el capitalismo liberal global.

2. La sociedad de trabajo como componente de la economía política

En la construcción de la sociedad del trabajo concurren y se ensamblan varias categorías teóricas, que a su vez incluyen conocimientos y saberes sociales y técnicos. El trabajo, como valor abstracto universal y como valor concreto se realiza a través de las prácticas de profesiones y categorías laborales, y es la sustancia simbólico-material de la sociedad de trabajo.

El trabajo es, en sus formas abstractas y concretas, como hemos dicho, una de las substancias de la humanidad. El deseo, que es lo que moviliza a los hombres, y la razón, que es quien ordena esos deseos, encuentran sustento social a través del trabajo y el amor. Por eso, el trabajo es un atributo esencial de la humanidad. En la historia de esa humanidad los hombres han trabajado en diversas condiciones de organización y al mismo tiempo de explotación del trabajo. Los continuos impulsos y retrocesos generados dialécticamente por las relaciones de propiedad y distribución de la riqueza han determinado los contenidos del progreso humano (4).

En tanto construcción esencial para la humanidad, el trabajo como necesidad y aspiración en las sociedades, se ha resistido siempre, pacífica o violentamente, al interés de los grupos sociales minoritarios dominantes de apropiarse del excedente económico y diferenciar entre ocupaciones "propias" para los hombres dominantes y alienantes para los trabajadores sencillos. El trabajo de calidad para todos es una poderosa utopía movilizadora de la humanidad, entendiendo aquí por utopía una teoría todavía no realizada en la historia, pero que bajo formas probablemente inéditas se realizará. La sociedad de trabajo es un proceso que ha llevado siglos construcción bajo diversas denominaciones, y no pocas veces a través de los mitos movilizadores de las utopías.

Ahora, entrado el siglo XXI, la necesidad de constituir nuevos tipos de sociedades de trabajo cuenta con suficientes bases morales (filosóficas, religiosas, etc.), materiales (tecnológicas, de organización del trabajo, etc.), de modelos socio-productivos (por ejemplo, la todavía presente sociedad industrial), de institutos jurídicos (por ejemplo, los derechos universales al trabajo decente, establecidos en los documentos fundacionales de ONU, OIT, etc., y los institutos jurídico-laborales tutelares del trabajo nacionales y supranacionales). Al mismo tiempo, esa necesidad de constituir sociedades de trabajo es -como hemos escrito- la condición política para bloquear la expansión de las "sociedades de mercado". El desenlace "darwinista social" de la sociedad de mercado es tan evidente que además de generar la resistencia social, acelera las reflexiones intelectuales entre los trabajadores y especialistas y con ellas se concretan nuevos avances de las ciencias del trabajo.

Como hemos escrito más arriba, en la categoría genérica de sociedad de trabajo concurren categorías teóricas, conocimientos, saberes e instituciones. ¿Como concurren esos componentes diferenciados? Porque si bien se corresponden a diferentes universos socio-técnicos estos pueden ser agrupados y fundamentar modos de desarrollo sustentable dentro la categoría abarcativa de economía de mercado.

3 La sociedad de trabajo en las empresas transformadas

En el universo de empresas transformadas se agrupan las relaciones de producción y distribución propias de la economía y la sociedad de la información, que como hemos dicho incluyen las relaciones heredadas de la segunda revolución industrial y la sociedad industrial. Las categorías ocupacionales en los colectivos asalariados en la empresa toyotista y en la empresa fordista se van acercando en sus perfiles laborales, dado que los contenidos del trabajo asalariado hoy otorgan más importancia que en el pasado reciente a la participación de los trabajadores colectiva o individualmente en el desarrollo de innovaciones productivas y en la reedefinición de los contenidos del trabajo con los procesos y productos flexibles Aumenta la importancia de la capacitación continua y con ella la indispensabilidad de la fuerza laboral capacitada para la empresa flexible. La indispensabilidad se vuelve así un recurso político-jurídico del sindicato para exigir la estabilidad laboral.

En la "empresa estrella" coexisten un núcleo duro de trabajadores calificados con trabajadores no calificados (localizables tanto en las empresas madres como en las subsidiarias). Coexisten diversas formas de contrataciones .Por lo tanto el desafío político-laboral es de contar con una legislación del trabajo unificada que garantice el trípode a) estabilidad laboral, b) remuneraciones y c) condiciones de trabajo aceptables para los trabajadores. La productividad del trabajo creciente es fundamental para la buena perfomance de las empresas .Pero siempre debe ser medida dentro de calculo global de la productividad total de los factores (introducción de nuevas tecnologías, contabilidad de costos, optimización de los mercados, políticas crediticias, asistencia técnica pública, etc.

Las negociaciones colectivas son herramientas fundamentales para ir construyendo gradualmente pisos aceptables de estabilidad, remuneraciones, condiciones de trabajo y productividad en la economía global. La participación de los trabajadores en la planificación estratégica de la empresa es central. Sólo el sindicato que cuente con presencia en las empresas (comités, cuerpos de delegados, delegaciones del sindicato, etc.) puede garantizar la participación de los trabajadores y su identificación con la empresa. Empresa no es lo mismo que empresario. Empresa es algo más que empresario y trabajador. Empresa es una comunidad de trabajo, organizada sobre la base de la organización y la productividad del trabajo. La cogestión se una vía para la participación de los trabajadores (parcial, paritaria) pero no la única forma de participación.

Entonces, ¿qué significa construir sociedad de trabajo en la empresa? Significa que es necesario dotar a cada categoría ocupacional de los atributos mencionados del trabajo decente y productivo. Esos atributos son reglados por normas laborales en sus formas abstracta y concreta, pero sólo adquieren sentido político cuando cada trabajador percibe que forman parte del diseño de la sociedad del trabajo .El trabajo decente, en su acepción plena debe ser trabajo asalariado sindicalizado

4. La sociedad de trabajo en las formaciones económico- sociales

Ahora bien, ¿qué significa construir progresivamente sociedades de trabajo en sociedades del tercer mundo con enormes universos de excluidos, donde suelen coexistir la economía individual con fuertes identidades comunitarias? En la gran escala sólo existe un camino: potenciar las capacidades productivas individuales, cuya metáfora más sencilla sería transformar al campesino subsistente en granjero y al artesano en fabricante. El objetivo principal no puede ser el cooperativismo aunque este sea indispensable en ciertas condiciones para fomentar el desarrollo económico y social . Debe ser la promoción de la pequeña empresa familiar productiva, incorporada progresivamente a los mercados locales e internacionales utilizando las tecnologías de la información y bajo la protección y fomento por parte de estados organizadores de los mercados.

En el universo de los trabajadores de las economías precapitalistas existen diversas relaciones técnicas y sociales de producción. Las relaciones técnicas casi siempre hacen referencia a bajos niveles de productividad. Las relaciones sociales hacen referencia a los sistemas de relaciones sociales, que se organizan sobre la base de relaciones familiares (economías familiares), de contratos laborales no escritos (acuerdos de remuneración monetarios, en especie, mixtos, etc.) entre el pequeño propietario del stock comercial y trabajadores eventuales y otras modalidades. Lo característico de estas relaciones sociales es la baja densidad de la acumulación de capital y de ahorro, la baja o inexistente tecnificación de los procesos de trabajo y la baja calificación profesional de los actores. Estas categorías laborales se reproducen bajo niveles de sociabilidad ajustados a los injustos límites culturales y sociales que se derivan de la pobreza y la exclusión social.

Si se observa con atención las prácticas socio-técnicas de los campesinos precapitalistas y los trabajadores del sector informal urbano se verifica que existe una gran potencialidad en el desarrollo de sus capacidades productivas individuales, familiares o dentro de las instituciones colectivas (como son las cooperativas de comercialización y servicios, los círculos sociales municipales, la escuela, espacios combinados fantásticamente ahora con los incipientes mencionados "cibercafés" que prefiguran el futuro convocando a jóvenes y adultos en pequeñas ciudades del planeta). Todos los procesos de trabajo en las áreas económico-sociales precapitalistas se producen dentro de situaciones políticas signadas por grandes civilizaciones ancestrales o por subculturas integristas que funcionan como proveedoras de símbolos y valores de identidad colectiva.

La vía para liberar y modernizar estos gigantescos yacimientos de trabajo precapitalistas comienza por plantear la necesidad política de suprimir las relaciones sociales de propiedad y poder que sostienen la pobreza y la exclusión. Son relaciones sociales concretas: las rentas precapitalistas del suelo rural y urbano, los monopolios de comercialización y crédito, las relaciones de trabajo basadas en variadas formas de servidumbre y en la esclavitud, el bloqueo a la capacitación y la educación básica y técnica y la inaccesibilidad a los servicios de salud y seguridad social, etc. Sólo se quebrará por la lucha política de esas categorías de trabajadores contra las clases y las burocracia estatales opresoras. Esas luchas forman parte de los derechos de comunidades, etnías, nacionalidades y estados a la autodeterminación.

Pero no se puede pretender saltar etapas históricas teniendo como meta el comunitarismo populista o el disciplinamiento burocrático del colectivismo forzado del desaparecido socialismo real. La historia contemporánea -por no remitirnos a pasados más lejanos- está llena de experiencias populistas conservadoras o estadocráticas que han fracasado en sus intentos por congelar o saltar por encima de la historia. Quizás valga la pena recordar el fracaso de las utopías milenaristas agrarias en nuestra región, y comparar esos fracasos con la actual y colosal transformación agraria en China iniciada fines del siglo pasado, cuando se abandona el régimen de comunas populares y más de 800 millones de familias campesinas pasan a trabajar en unidades productivas independientes familiares coordinadas en la base por los municipios.

La utopía milenarista es movilizadora de voluntades colectivas, pero sus capacidades generadoras de instituciones colectivas modernas son limitadas. Como hemos dicho, el cooperativismo y el asociacionismo son importantes. Pero lo que decide en última instancia es la capacidad del Estado para convocar y organizar bajo formas voluntarias y a través de los mercados, a los productores individuales rurales y urbanos a nivel local, regional, nacional y en los grandes espacios supranacionales de integración.

Entonces, comienza a quedar claro que para las diversas categorías laborales no-capitalistas, la sociedad de trabajo significa sustituir a las relaciones de producción y poder atrasadas e injustas en relaciones de producción basadas en diversas y múltiples formas de trabajar cuyo núcleo duro son las economías y los emprendimientos familiares productivos dentro de economías de mercado. La utopía milenarista es productivamente inviable, aunque pueda ser políticamente progresiva. Pero también lo ha sido pretender que los tentáculos de la sociedad industrial capitalista terminarían por subsumir a los sistemas laborales precapitalistas. En la era de la economía informacional, de las redes y los flujos, en la era de la "aldea mundial", existen los recursos técnicos y culturales para acelerar la liberación de todas las formas de trabajo precapitalista y transformarlas en formas de trabajo individuales y asociadas en variadas formas de empleo decente y productivo. Se trata de un proceso histórico de larga duración y de desarrollo desigual y combinado entre comunidades, naciones y regiones. Lo que garantiza la unidad de la concepción, obviamente, es una correcta relación entre las metas sociolaborales y la economía política de desarrollo.

5. La sociedad de trabajo como sustento y la política como transformación

Como hemos dicho, la sociedad de trabajo no es una utopía. Sus perfiles brotan espontáneamente de una época histórica que abre como necesidad redefinir los contenidos de distintas formas de trabajar. Pero para demostrar su viabilidad se requiere emprender la lucha para demostrar que es un "paradigma científico" verificable. El mismo camino que tuvieron que emprender los sindicatos en el siglo XIX para demostrar que reduciendo horas de trabajo a los trabajadores/as se estimulaba el uso del recurso de las inversiones tecnológicas para abaratar cortos, o el camino del keynesianismo para demostrar que el ahorro popular y el consumo de masas eran las mejores herramientas para fortalecer a las economías capitalistas. Así de sencillo: la sociedad de trabajo es revolucionaria al centralizar política y técnicamente a diversas formas de trabajar dentro un nuevo paradigma socio-productivo.

Es muy importante recuperar y aislar conceptualmente una categoría: la "formación económico-social". Efectivamente, en cada época histórica un modo de producción es dominante, y a ese modo de producción le corresponden roles laborales y formas de trabajar específicas. Pero nunca, como hemos dicho, el modo de producción dominante existe en forma pura. Por el contrario, subordinados a ese modo coexisten otros, anteriormente dominantes o subsistentes de otras formaciones económico-sociales. La combinación entre modos de producción determina que en cada formación económico-social existan variadas situaciones y relaciones laborales. En la actualidad el modo de producción dominante es el capitalista, en pleno proceso de transformación de capitalismo industrial a capitalismo informacional. Este proceso de transformación también incluye la imbricación de diferentes modos de desarrollo del capital (por ejemplo, entre el fordismo y el toyotismo). La economía informacional y la sociedad de trabajo exceden las fronteras del capital.

Cuando hablamos de construir sociedades de trabajo no nos ubicamos como defensores del capital. El modo de producción capitalista es todavía -y lo será por un largo período- dominante. El capital se ha vuelto global. El capitalismo es un modo de producción con capacidades para "autorrevolucionarse" periódicamente. Estamos viviendo una nueva autorrevolución del capital. Está naciendo la sociedad de la información. Pero el modo de desarrollo capitalista informacional -como hemos dicho- se realiza como relación binaria entre desarrollo y subdesarrollo generando en este último campo pobreza y desempleo masivos.. El modo de desarrollo del capitalismo liberal, incluye también formas de exclusión social , precariedad laboral y autoritarismo empresarial en su propio núcleo dinámico organizado dentro de los países del G-7.

Lo nuevo no es sólo la autorrevolución del capital, sino que ha triunfado la economía de mercado a escala mundial. El mercado es una institución preexistente al capital, y en su larga construcción histórica arrastra prácticas sociales que han constituido mercados, y con ellos han convertido a las relaciones de intercambio entre bienes en una forma universal de progreso social. El mercado ha cortado en forma transversal a todas las formaciones económicas preexistentes al capital. El comercio mundial ha sido un gran puente de comunicación entre civilizaciones y comunidades en toda la historia de la humanidad. El mercado es una categoría económica universal, mientras que el capitalismo es sólo la forma conocida y más desarrollada hasta hora de realización del valor de las mercancías. en. Hay que lograr que " el capital", por las buenas o por las malas (o por combinación de ambas), acepte o tolere que es también legítimo pensar que el capitalismo no es el fin de la historia.

¿Cómo debe pensarse entonces la relación entre sociedades de trabajo y los mercados? Como sociedades que construyan mercados cuyas matrices de acumulación y distribución sean funcionales a la necesidad de expansión de los trabajos "productivos" según políticas de planificación democrática de los mercados acordados entre los agentes económicos y el Estado, en espacios no sólo en escala nacional sino regional y mundial. La vuelta con una nueva relectura de Keynes (y también la recuperación de muchas tesis de Marx) era inevitable para poder resolver acertadamente la compleja tarea de lograr que, efectivamente, el mercado pueda reinar sobre el capital y no a la inversa. Hasta se podría decir que la "Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero" de Keynes es "el capítulo no escrito" del Capital de Marx (el capítulo que Marx hubiese podido escribir pero solo eludiendo la tentación metafísica que siempre estuvo presente en él coexistiendo con su genialidad científica, cuando se imagino al socialismo) y que si se hubiese escrito quizás hubiese ahorrado a varias generaciones de socialistas, cristianos sociales y otras corrientes ideológicas progresistas el haber tenido que experimentar enormes tragedias históricas en el siglo XX.

La sociedad de trabajo no es una utopía. Es una construcción social productivista, igualitaria y humanista. Es una categoría política porque es en sus articulaciones políticas donde se puede asentar la democracia política, motivando a participar ( según intereses sociales diferenciados y mundos ideológicos plurales) a los ciudadanos/as en las instituciones políticas de la democracia. Dos tercios de la humanidad se identifican más con los beneficios del desarrollo económico que con los valores morales e intelectuales de la democracia. La democracia resulta a esos dos tercios algo "ajeno" o "lejano". Es la economía política debe ser políticamente reinstalada para proteger la misma democracia política favoreciendo el desarrollo sustentable con empleos productivos y con cohesión social. Solo la economía política puede otorgar sentido al concepto de gobernabilidad democrática. Ahora se entiende mejor por qué las sociedades de trabajo son parte constitutiva de la economía política. Porque son las sociedades la que a través de sus prácticas organizan las tramas de relaciones entre instituciones económicas, sociales y políticas capacitadas para direccionar y servir de herramienta a los modos de desarrollo democráticos.

Nota:
(1) Gilberto Dupes, "Tensiones democráticas y sociedad global de la información", Nueva Sociedad 196, Caracas, 2005.
(2) J. Bemfica, J. Pereira Cardoso y C. Pimenta de Farías, "Estado y mercado en la construcción de la sociedad de la información global", Nueva Sociedad 196, Caracas, 2005.
(3) Manuel Castells, La era de la información, México-España, Siglo XXI, 3 volúmenes.
(4) André Gorz, Miserias del presente, riquezas de lo posible, Buenos Aires, Paidós, 1998.
(*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo.
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