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La anomalía argentina: ausencia de centralidades políticas democráticas duraderas
Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 28/08/05.-

1. Un misterio a develar: la anomalía argentina

Argentina, metafóricamente, puede ser definida como "la Australia (o Canadá) que no fue". ¿Qué significado tendría esta comparación? Una comparación basada en el hecho de que a principios de siglo Argentina y Australia eran países parecidos -con ventajas para Argentina- en cuanto eran economías primarias con fuerte inserción en el mercado mundial; sus futuros posibles incluían un potencial proceso compartido en ambos países de industrialización "integrada" y "vertical" de bases agrícola, ganadera y minera.. Ambos países contaban con una fuerza laboral capacitada y con instituciones políticas liberales. Pero Australia logró alcanzar la meta y Argentina no.

En la metáfora utilizada se esconde un misterio. Se trata de la "anomalía argentina", es decir la especificidad nacional de la fuerzas pero también la limitaciones del Estado Nación. Para que Argentina y Australia pudiesen recorrer el largo camino de transformarse en economías integradas verticalmente se requería de una condición: la existencia de un partido político y un sistema de partidos que asegurase el cumplimiento de las etapas económicas y las etapas para sustentar el modelo económico en una fuerte sociedad civil. Australia lo logró a través de un acuerdo estratégico entre dos partidos centrales: el laborista y el conservadurismo liberal. Argentina no logró en esos años crear un sistema de partidos "parecido", acorde con sus peculiaridades nacionales. En esta incapacidad política inicial reside una de las causas principales de nuestra posterior larga decadencia e incapacidad para construir una gobernabilidad democrática de larga duración, aunque hubo otros intentos importantes para construir centralidades políticas destinadas enfrentar desafíos económicos, sociales y políticos que se plantean a nuestro pueblo en distintas fases y coyunturas históricas.

La centralidad política se refiere siempre a la existencia de algún partido capaz de asociar a la mayoría de la población con un proyecto político-económico y social fundacional de larga duración que garantice crecimiento sustentable con constante elevación de los estándares sociolaborales y culturales. Esta condición política ha sido inexistente en Argentina en todo el siglo XX. Se puede por lo tanto hablar de fundaciones prometedoras por diversos partidos y pronto agotamiento de esos mismos partidos para mantenerse como organizadores de centralidades políticas democráticas de larga duración. Esos partidos arraigaron en la sociedad, pero carecieron de las capacidades estratégicas necesarias para adaptarse y reaccionar con soluciones viables frente a los tensiones generadas por cambios en la economía, la sociedad y la política. La ausencia de tal tipo de partidos generó sucesivas crisis de legitimidad del Estado argentino y creó las condiciones para que una institución coercitiva del Estado se hiciese cargo de constituir en diferentes situaciones nuevas centralidades, también efímeras pero apabullantes en cuanto se basaban en el monopolio de la fuerza: el Ejército. Siempre hubo corrientes políticas e instituciones de la sociedad civil que se aliaron con las FF.AA. para dar el sustento necesario a los regímenes de excepción, razonablemente definidos por el buen sentido popular como dictaduras.

Se pueden distinguir cuatro momentos en la historia argentina en los que formaciones políticas que prometían constituirse en los "núcleos duros" de centralidad política perdieron esas capacidades.

1. Primer momento y frustración

El primer momento se puede ubicar a principios de 1900, cuando el exitoso Partido Autonomista Nacional (PAN), habiendo logrado superar la crisis y revolución en 1890, fue incapaz de transformarse en un gran partido de masas. Tenía un background favorable: había fundado una economía pujante y un Estado liberal. Se contaba con un Ejército moderno. El estado nacional federal, poblado con conservadores, contaba con suficientes cuadros políticos y técnicos. Pero su ideología aristocrática rural y la trama de intereses rentísticos que articulan a las fracciones dominantes, incapacitaba al PAN para autorreformarse frente a las demandas de la nueva sociedad de masas en constitución.

El PAN sólo fue capaz de construir una "sociedad ganadera". En ella el arquetipo de dirigente político era el caudillo estanciero. Las prácticas políticas de la elite conservadores giraban sobre la democracia patrimonial y excluyente. Con estas enfermedades culturales y materiales era imposible que la clase terrateniente se autorreformase. Llegaron las revoluciones de la Unión Cívica Radical (UCR) y las grandes huelgas obreras, y toda la estantería conservadora se derrumbó. El PAN, en una metamorfosis defensiva, sólo atinó a desarticularse y sobrevivir a través de los reaccionarios partidos políticos conservadores de alcance provincial, salvo la interesante experiencia provincial de Lisandro de la Torre y otros grandes intelectuales y políticos conservadores nacionalistas y social-liberales localizados en la Provincia de Santa Fe.

2. Segundo momento y frustración

Se plantea un segundo momento en la primera década del siglo XX, dado que la nueva ausencia de centralidad política requería ser superada. El candidato principal fue la UCR. Esta entró con ímpetu en la historia argentina, con vocación y capacidades para representar a una cultura política liberal-popular con base de masas. Fracciones subordinadas de la clase terrateniente, amplios segmentos de la nueva clase media urbana, núcleos populares pobres que iban desde el mundo orillero a segmentos de los trabajadores asalariados, todos mezclados en la olla que mezclaba al criollaje con la inmigración europea masiva, pasaron a ser el sustento social de la UCR. Una parte sustancial de la oficialidad del Ejercito se sumó abiertamente a la UCR en la Revolución de 1905.

Pero la UCR, hija díscola en la sociedad estanciera, pese a que gobernó 14 años seguidos (1916-1930) no pudo transformarse en un partido liberal-popular capaz de enfrentase a lo que ya se percibía en la década del '20 como agotamiento del modelo agroexportador y la necesidad de establecer una nueva etapa ecónomico-social: esta nueva etapa debía desembocar en el pasaje de una economía agro-extensiva a una economía agroindustrial integrada. La UCR no pudo realizar una revolución democrática "desde arriba". Por eso fue arrastrada por el impacto de la crisis de 1929 sobre el país. Las fuerzas conservadoras derrotadas, pero no vencidas, con la ayuda inestimable de la Iglesia Católica y sectores reaccionarios de la propia UCR y del socialismo logran a través del Ejército desplazar violentamente del gobierno a la UCR en 1930.

4. Transición, fugaz tercer momento e inicio del cuarto

Durante la "década infame", debajo de la dominación política restaurada de la sociedad ganadera, se inicia un proceso de industrialización "sencilla" con la formación de una burguesía industrial local y se amplía la clase obrera y la sindicalización. La UCR, acostumbrada a las rústicas prácticas de hegemonía de caudillos y punteros, no podía captar que estaba naciendo la "sociedad industrial". Sólo la Iglesia Católica, decidida a revigorizar a las instituciones políticas según los patrones integristas de la época, captó el nacimiento de esa nueva sociedad. También los sindicatos, los cuales, bajo las direcciones sindicalistas, socialistas y comunistas, comenzaban a procesar las nuevas realidades del mundo del trabajo, incluido el hecho de que los trabajadores comenzaban a reclamar que junto con las banderas rojas se colocase a la cabeza de sus manifestaciones banderas argentinas. Durante la década del '30 tanto el Partido Socialista (PS) como el Partido Comunista (PC) amagaban con diseñar nuevas formas de centralidad política sustentadas en la clase obrera y segmentos de las capas medias urbanas. Hubo por eso entre l936-1941 un tercer momento, precario pero interesante, en el que pareció que podría constituirse un esbozo serio de centralidad política de inspiración socialista genérica. Pero fue esbozo que fracaso porque ni los socialistas ni los comunistas pudieron descifrar el misterio de anomalía argentina, la condición fundamental para poder transformarse en partidos nacional-populares.

Las prácticas políticas excluyentes y autoritarias de los sucesivos gobiernos conservadores apoyados en las Fuerzas Armadas, estaban llegando a su fin a principios de los años '40. La centralidad política aristocrática y estanciera se agotaba irremediablemente por la irrupción de la nueva sociedad industrial-salarial. Dentro de las propias fuerzas conservadoras se formaban corrientes populistas que querían extender el clientelismo tradicional a los nuevos actores sociales.. Los nuevos vientos políticos anunciaban el cuarto momento político y con él nacimiento de una nueva centralidad política. Esta nueva centralidad nació con la Revolución de 1943. Fue una revolución apoyada en dos pilares: las FF.AA y la Iglesia Católica, las dos únicas fuerzas capaces de impulsar una revolución nacionalista-industrialista "desde arriba".

5. Cuarto momento: establecimiento y crisis

La Revolución de 1943, para no finalizar como triste preludio a una posible guerra civil, debía terminar constituyendo una nueva centralidad política sustentada en las líneas de fuerza que brotaban de la sociedad industrial en rápida expansión. Esa nueva centralidad política, construida a través de una compleja alianza entre las FF.AA., la Iglesia Católica y los principales líderes sindicales, se realiza a través del peronismo. Su líder, el entonces coronel Juan Domingo Perón, fue el hombre más inteligente, políticamente culto y audaz de su tiempo. Fue capaz de pensar "más allá" del corporativismo integrista y construir un movimiento político nacionalista-laborista de masas que funda el Partido Justicialista (PJ).

Con el ascenso al poder del flamante "peronismo" en 1946 culmina exitosamente la Revolución de 1943 y se inicia una etapa de centralidad política sustentada en un partido nacionalista-laborista de masas. Es el desarrollo pleno del cuarto momento. Una "revolución desde arriba" iniciada en 1943 se ha transformado en 1945 en una "revolución desde abajo". Nace una nueva ciudadanía social. Los trabajadores asalariados se hacen "peronistas" no sólo porque mejoran sustancialmente sus condiciones de vida y de trabajo, sino porque en los marcos del estado justicialista y el keynesianismo criollo se transforman, por fin, en ciudadanos/as. La sociedad política y la sociedad se reconcilian, aunque sin haberse resuelto positivamente la escisión entre nacionalismo popular y liberalismo popular. Esta contradicción permanecerá en el centro de la política hasta que la irracional guerra de Malvinas y el consiguiente desmoronamiento de la autoridad de las Fuerzas Armadas que cierran en 1982 un ciclo histórico de golpes militares conservadores.

Como era previsible, la emergencia y ascenso del peronismo al gobierno con la consiguiente transformación del Estado tendría sus damnificados en la sociedad política. En primer lugar, los conservadores, que ya habían perdido sus capacidades para construir un fuerte partido liberal de centro-derecha y ahora carecían definitivamente de base social por la desaparición" material" de la sociedad estanciera. En segundo lugar, la UCR, que si bien continuaba siendo la legítima representante del liberalismo popular, se había convertido en una fuerza "extrañada" dentro del nuevo estado nacionalista-industrialista. En tercer lugar, el Partido Socialista( PS) y el Partido Comunista (PC), que habían sido literalmente expulsados culturalmente de la sociedad industrial y los sindicatos, por su línea de coalición política con la UCR y las fuerzas conservadoras liberales en contra del peronismo. Desde entonces los socialistas y comunistas vagarían como fantasmas errantes y sin gran destino en la política argentina.

El peronismo emergió como una fuerza poderosa. Sus orígenes militares se reflejaron, sin razones suficientes, a recurrir prácticas políticas centradas en la distorsión" hegemonista" de los sistemas de representaciones políticas nacional y provinciales ( distorsiones que eran, con razón, inaceptables para la UCR y otras corrientes políticas reformistas no peronistas). Pero el peronismo había producido una revolución social, había creado una nueva "economía política del desarrollo", de base keynesiana, y contaba con la legitimidad necesaria para organizar una nueva centralidad política por contar con el apoyo de la mayoría de la ciudadanía, en particular en la poderosa clase obrera sindicalizada. El nuevo estado social de derecho justicialista había impedido una posible guerra civil.

Sin embargo, el nuevo proyecto nacionalista-industrialista demostró en pocos años que su formato inicial era inviable. Expresaba las líneas de fuerza de la industrialización sustitutiva y el desarrollo del mercado interno. Pero este formato se había originado en una etapa de agotamiento del dinamismo de la antigua inserción de Argentina en la economía mundial vigente hasta 1929. El precio por sepultar a la vieja "sociedad ganadera" era muy alto, porque incluía una peligrosa incapacidad para reinsertar a la Argentina en la economía mundial como productora de commodities con alto valor agregado.

A principios de 1955 el gobierno justicialista comprende, flaco de divisas para importar bienes industriales, que para aumentar la productividad en el campo se requería producir un gran viraje en la orientación de la política económica. Perón cree que el Congreso de la Productividad es la herramienta política. Pronuncia un discurso importante como inauguración del evento. El país debe marchar hacia la constitución de una economía agroindustrial. Se deben facilitar las inversiones extranjeras en sectores de energía, petróleo y comunicaciones y modernizar el aparato industrial. Pero los primeros que no entienden el viraje son sus propios aliados de la Confederación General Económica (CGE) y la Confederación General del Trabajo (CGT), que utilizan al Congreso de la Productividad para discutir casi exclusivamente el tema específico de precios y salarios.

Quien entiende bien el intento de viraje de Perón es el establishment, que capta que la nueva orientación económica puede afectar las formas más atrasadas de apropiación del excedente económico: la renta financiera y el latifundio atrasado. En alianza con los EE.UU. y Gran Bretaña, el establishment, con apoyo en los partidos de la oposición y en la Iglesia Católica (ahora enfrentada con Perón), comienza el operativo golpista. El PJ está desorientado y dividido. Pierde progresivamente su capacidad para "autorreformarse" y preservar su centralidad política. El corolario es un golpe de estado antiperonista exitoso en septiembre de 1955.

5. Se avizora un incierto quinto momento

Desde 1955 hasta la fecha ninguno de los partidos políticos mencionados ha logrado establecer una nueva centralidad política de larga duración. El PJ es el único que, pese a oscilar entre el neoliberalismo (menemismo) y neodesarrollismo (duhaldismo-kirchnerismo) conserva la capacidad de producir una autorreforma política de larga duración. Esa capacidad se funda en la relación histórica entre el peronismo y el mundo del trabajo. Pero hoy, pese al impulso neodesarrollista del Presidente Kirchner, las divisiones internas subsisten y amenazan con producir una "crisis catastrófica" en un partido que funciona como confederación de fuerzas provinciales sin haber saldado definitivamente el debate entre neoliberales y neodesarrollistas, y sin encontrar una nueva fórmula para restablecer las relaciones ente el partido y el mundo del trabajo. El actual curso neodesarrollista en curso es, en rasgos generales, el correcto. También es legítima la fundación del " kirchnerismo como corriente dirigente en el partido. Pero el kirchnerismo, aún cuando resulte vencedor en las próximas elecciones legislativas en noviembre 2005, no esta en condiciones todavía de convertirse en el núcleo duro de una nueva centralidad política y ampliar la base sustentación del actual gobierno. El PJ, para preservar su capacidad de proponer y alcanzar una gobernabilidad democrática necesita reafirmar su fundación como partido nacionalista-laborista y reformular su programa de acuerdo a los desafíos de la globalización e interdependencia del mundo. Si no logra realizar este tipo de "autorreforma" este partido puede involucionar a través de una escisión estéril entre una corriente nacionalista populista conservadora y otra corriente afín al progresismo social-liberal que es ajena y refractaria a las líneas de fuerza transformadoras del mundo del trabajo. Esta última forma de "involución" fue la que llevo a su incapacidad y temprana disolución al poco recordado Frente Grande.

La crisis global (económica, social y política) que se ha iniciado en diciembre de 2001 y que no ha finalizado, ha instalado en este país la demanda de una nueva gobernabilidad democrática, ahora ya no centrada en el plano de la instituciones políticas en el imperfecto y asimétrico bipartidismo PJ-UCR, que ha terminado, sino en un compromiso democrático entre el PJ, el centro-derecha en formación y expresiones del centro-izquierda con capacidades políticas para cohesionar y movilizar a la sociedad. La sociedad argentina, por el impacto de la crisis global de 2001, esta procesando espontáneamente sobre nuevas ideas que pueden ayudar a que los sectores mas lúcidos de la "sociedad política" política termine por descubrir el misterio de la anomalía argentina. Pero si esto no ocurriese una nueva etapa de desorden político podría, paradójicamente, iniciarse después de octubre de 2005.

No necesariamente esa etapa terminaría con la democracia, pero puede erosionarla seriamente. Porque un núcleo irreductible de nueva demanda de la historia a esta nación, y que subsiste en medio de la incertidumbre y el cansancio de la sociedad agobiada por la crisis, no es otro que la necesidad del nacimiento de una nueva centralidad política democrática en este país. De no cuajar esta nueva centralidad, viviremos en "zozobra", hasta que bajo formas originales, surja otra centralidad política cuya naturaleza es todavía difícil visualizar.