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Argentina: una mirada hacia el ballotage y después

Por Julio Godio
1. La transición logró un objetivo prioritario
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Rebanadas de Realidad - Instituto del Mundo del Trabajo, 11/5/03.- ¿Cómo caracterizar el proceso político que se ha iniciado con la realización de la primera vuelta de las elecciones presidenciales el 27 de abril, las tres semanas que transcurrirán hasta el ballotage del 18 de mayo y la etapa política que se iniciará el 25 de mayo, con la asunción del nuevo gobierno y que esperamos que culmine a fin de año con la renovación parcial del Congreso Nacional, incluyendo las elecciones de autoridades provinciales y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, también en el segundo semestre? Todo este largo proceso podría ser resumido en una sola frase: proceso excepcional de reconstrucción de la relación entre la política y la sociedad.

Las principales empresas especializadas en encuestas indican que en el ballotage el candidato del Partido Justicialista ( PJ) Néstor Kirchner logrará un amplio triunfo sobre el ex presidente Carlos Menem, en una proporción de 60% contra el 25%. El resto de los votos serán en blanco, nulos o abstención. Kirchner, tributario de duhaldismo, está recibiendo el apoyo del grueso de los votantes que antes lo hicieron por Elisa Carrió y Adolfo Rodríguez Saá, incluido de sectores de pequeños partidos de izquierda. Solo una parte de los votos del centro-derecha liberal que votó por Ricardo López Murphy, lo hará ahora por Ménem, pero este agregado es insuficiente para fortalecer la candidatura del ex presidente. En síntesis, se ha constituido un amplio frente electoral antimenemista de centro-izquierda con un programa neodesarrollista, hegemonizado por el peronismo duhaldista-kirchner. Ante ese panorama el menemismo se ve desorientado, debatiendo incluso en su interior si no resultaría mas conveniente optar por una estrategia de deslegitimación del actual proceso electoral, retirándose del ballotage y apostando a un nuevo colapso institucional en el corto plazo.

Constituiría un serio error desvincular el resultado electoral de las líneas de fuerza que se abrieron en la política argentina con la caída, en diciembre de 2001, del gobierno de la Alianza, y que determinan también el escenario electoral. El 19 y 20 de diciembre de 2001 estalló en este país una crisis global (económica, social y política). Esa crisis podría haber desembocado en una guerra civil. Si ello no sucedió fue porque el núcleo movilizador de la sociedad no fue el cuestionamiento a la democracia política, sino la voluntad de preservarla reformando las instituciones pública para reconstruir la nación.

La rápida solución institucional que se alcanzó el 2 de enero de 2002 al elegir a un presidente provisional por acuerdo entre los partidos con representación parlamentaria para dirigir la transición política introdujo una extraordinaria novedad en el régimen político argentino: el parlamentarismo dio un paso hacia delante para sostener al presidencialismo atenuado establecido en la Constitución nacional reformada en 1994. En esa convergencia la voluntad política popular de refundar la democracia y la decisión del Congreso Nacional de potenciar el rol institucional del Parlamento se combinaron e hicieron posible la formación y la sustentabilidad del nuevo gobierno de hegemonía, presidido por Eduardo Duhalde. Las movilizaciones sociales (piqueteros, ahorristas estafados, asociaciones de autoayuda y de empresas rehabilitadas, etc.) continuaron durante 2002 -lo que era lógico, dada la explosión de pobreza y desempleo masivo- pero la gobernabilidad fue garantizada. Fue necesario cruzar muchos ríos dentro de las adversas condiciones del default técnico y la depresión económico.

Valga la pena recordarlos ahora: las prioridades del gobierno de Duhalde fueron poner en funcionamiento los Planes de Jefas y Jefes de Hogar y los programas de salud masivos; hubo entre abril y junio choques violentos entre piqueteros y fuerzas de seguridad; se desarrollaron múltiples iniciativas de auto-organización societaria para enfrentar al hambre; el gobierno fue acosado por el FMI y se le cortó el crédito externo e interno; recién en agosto la política económica neokeynesiana del Ministro Lavagna había logrado la estabilidad monetaria y financiara, y aparecían los primeros indicios de recuperación económica sectoriales y en diciembre se recuperó el maltrecho sistema bancario.

Ahora, a poco más de un año de haber estado a punto de experimentar una caótica y devastadora guerra civil, el Presidente Duhalde puede decir que ha cumplido con el mandato de origen parlamentario: hemos entrado en proceso de recuperación de la legitimidad de las instituciones de la representación política del pueblo. Esa necesidad de "recrear la democracia" es lo que ha conducido al pueblo a votar masivamente el 27 de abril. Hemos superado el momento más difícil, pero la transición continúa.

2. Asuntos políticos no resueltos

Lo peor que nos podría suceder es no captar que el compromiso entre el pueblo y la democracia ha tenido un precio alto para los partidos políticos, para las organizaciones empresarias, para los sindicatos, etc. La primera lección que se debería extraer de las elecciones del 27 es que los partidos políticos centrales se han presentado fragmentados. Ni el PJ ni la UCR pudieron reconstruir sus centralidades partidarias y se vieron obligados a trasladar al sistema electoral lo que debería ser atributo del partido: cohesionarse en un programa y una fórmula presidencial única. La sociedad tuvo que aceptar que compitieran tres candidatos peronistas y tres de origen radical.

Esos seis candidatos se ubicaron, con diferencia de matices, dentro de dos grandes opciones programáticas: el neodesarrollismo (Kirchner, Carrió, Moreau y Rodríguez Saa) y el liberalismo ortodoxo (Menem y López Murphy). En medio de las elecciones estas diferencias ideológicas casi producen una ruptura en la Unión Industrial Argentina y los grandes sindicatos miembros de la CGT practicaron por primera vez desde la fundación del peronismo la estrategia de la "prescindencia política". Sólo algunos sindicatos de la CGT, el MTA, la CTA, o altos dirigentes, se animaron a manifestarse a favor de Kirchner, Rodríguez Saa, Menem o Lilita Carrió.

Como hemos dicho, la participaron de los electores ha sido alta Pero si se estudia este fenómeno en sus profundidades se observan dos fenómenos preocupantes. Por un lado, que en un alto porcentaje las adhesiones de los votantes con los candidatos es lábil y susceptible de desplazarse políticamente. Por otro lado, que los candidatos no han logrado representar formalmente a las instituciones que organizan al heterogéneo mundo del trabajo y la producción (trabajadores en todas sus categorías y las empresas) sólo se registran los vínculos de Ménem y López Murphy con los intereses de las diversas modalidades de existencia del capital concentrado local y extranjero (económicas, financieras, etc.) identificadas con políticas económicas ortodoxas.

Estos dos datos políticos deberían preocupar principalmente a los candidatos vencedores en la primera vuelta, porque la estabilidad política y la gobernabilidad son tributarias de la voluntad política de los electores en su doble calidad de ciudadanos y productores.

3. Aprovechar el ballotage para consolidar la transición

Así las cosas, el camino a recorrer para recuperar un standard óptimo de gobernabilidad democrática abarcará varios años. El tramo de la renovación de lo poderes político-institucionales del Estado y las provincias insumirá todo el 2003, con candidatos que por pertenecer a partidos debilitados o en formación dependen en gran medida del humor de los electores. Ninguno de los cinco principales candidatos de la elección del 27 de abril tiene "la vaca atada", lo que incluye a Ménem y a Kirchner.

La fragmentación y ausencia de centralidad de e los partidos políticos dificulta las alianzas en un contexto político que las hace imperiosas en un doble sentido: a corto plazo para que alguno de los dos candidatos se asegure la mayoría en el ballotage; a mediano plazo, para hacer viable la cooperación entre el futuro Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo en un contexto de potenciación del componente parlamentarista en el régimen político institucional. Como hemos dicho, esto se debe a la debilidad de los partidos per al mismo tiempo por las dificultades de las tres fuerzas que secundaron a los vencedores, que necesitan apoyar a uno y otro candidato pero a .mismo tiempo reservar sus identidades para competir en las elecciones parlamentarias y mantenerse como opciones presidenciables para el 2007. Esta complejidad táctica afecta principalmente al Movimiento Recrear de López Murphy y al ARI de Lilita Carrió.

Entonces, ¿cómo comenzar a construir desde ahora una línea de fuerza para construir gobernabilidad democrática? Me parece que se debería aprovechar la oportunidad el ballotage para que los principales líderes políticos acuerden una plataforma de metas prioritarias consensuadas que enmarquen la disputa electoral. El gobierno actual -en la línea del esbozo de acuerdo que ha sido el Diálogo Argentino y con participación de la Iglesia Católica- podría convocar a una convergencia de esos líderes antes del 18 de mayo, para establecer una agenda de consensos y mecanismos de seguimiento sobre algunos temas claves, a saber:

  • · continuación de los Planes de Jefas y Jefes de Hogar, dentro de una estrategia firme para la creación de empleos y empresas, apuntalados en el fortalecimiento del hospital público y las políticas de priorización de medicamentos genéricos
  • · renegociación de la deuda externa con los organismos multi-bilaterales de crédito, sobre la base del principio de amortizar intereses y capital con recursos financieros genuinos, garantizando las políticas en curso para fortalecer los fondos de inversión necesarios para alcanzar la "reindustrialización integrada" de a economía nacional
  • · concretar una reforma política con eje en un nuevo sistema de representación "mixto" en los 24 distritos electorales (candidatos de partidos por lista y subdistritos nominales)
  • · fortalecer el componente parlamentario del régimen político, que quizás sea la vía principal para la construcción articulada de las grandes organizaciones políticas de la izquierda democrática neodesarrollista y de centro-derecha liberal pragmática con partidos menores "bisagra"
  • · consolidar la doble sustentación política alcanzada por el actual gobierno a través de la cooperación entre el PE y el PL, y las reuniones estratégicas entre el PE y los gobernadores; este es el camino para integrar en un solo sistema de centralidad político-institucional al Estado-nación federal
  • · priorizar la existencia y mayor institucionalización del Mercosur, y en particular la relación con Brasil, como primer "círculo concéntrico" de inserción de Argentina, y transformar la falsa dicotomía ALCA vs. Mercosur en una estrategia de "construcción consciente" de una Comunidad Económica de las Américas, al estilo de la Unión Europea.
  • · Persistir en la actual política exterior, basada en la existencia de un sistema-mundo multipolar administrado por las ONU.

Se trata de una convocatoria a la unidad para "ser Nación". Es la condición tanto para reconciliar a la política con la sociedad como para recomponer la cohesión social sin la cual es imposible restablecer la seguridad ciudadana en un país que se puede "libanizar", de agudizarse la exclusión social y la apatía política. En esta estrategia también se beneficiarán las pequeñas fuerzas políticas que han logrado el 27 de abril menos del 10% de los votos, y que ahora están obligadas a sumarse al universo del voto en blanco o ser succionadas por la opción de hierro de votar a Kirchner o a Ménem.

Los contactos entre Kirchner y Ménem para sumar adhesiones de partidos, sindicatos, organizaciones empresarias y sociales, etc. ha comenzado. Estas acciones son necesarias. Todo indica que Kirchner logrará las mayores adhesiones en la ciudadanía, y vencerá. Será hoy lo mejor para el país. La centro-derecha puede esperar para resolver como sintetizar menemismo con liberalismo político. Pero sino se encuadra el triunfo electoral de uno y otro candidato dentro de una perspectiva amplia de aprovechar esta crisis por oportunidad para construir una Nación con una economía dinámica y una sociedad del trabajo moderna, entraremos en una fase de extinción de la democracia pluralista, que tanto costó preservar después de los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001.

 
El presente artículo se publica por gentileza del Instituto del Mundo del Trabajo.

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