| Bufete de Informaciones Especiales y Noticias |
| ARGENTINA | |||||||
| Lecciones sobre la crisis de la UCR | |||||||
| Por Julio Godio (*) | |||||||
Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/03/07.-
1. La crisis toca fondo Por primera vez desde 1916, el viejo partido radical -la Unión Cívica Radical, UCR- no está en condiciones de presentarse a elecciones presidenciales con candidato partidario. Cuando no podía hacerlo era por estar proscripta. Sí había sucedido que se presentara dividida a elecciones presidenciales (siendo el caso más resonante el de 1958, cuando participó en elecciones presidenciales con dos siglas, UCRP y UCRI). De cara a las elecciones de octubre 2007, la UCR muestra un grave cuadro de división interna, que se expresa en una peculiaridad: esas divisiones internas forman parte de tres coaliciones electorales viéndose empujada a sostener candidatos que provienen del peronismo, o de la propia UCR pero que ha roto política y orgánicamente con el partido. La crisis de la UCR es tan profunda que no se descarta que el 24 de marzo próximo -cuando se reúna la Convención Nacional del partido- la lucha entre los sectores sea tan virulenta e irreconciliable que no se decida por un candidato, y se opte, casi de facto, por la libertad de opciones. La UCR se debate entre un sector que sostiene la posición de apoyar la candidatura de Néstor o Cristina Kirchner, otro sector que prefiere apoyar la candidatura de Lilita Carrió dentro de una coalición de centro izquierda, y otro sector, que conserva el control de la cúpula partidaria, que está decididamente a favor de apoyar la candidatura presidencial de Roberto Lavagna. Dado que la UCR controla seis provincias y unas 400 intendencias en todo el país, dentro del vacío de centralidad se van agudizando en el partido los procesos de "territorialización" de la política. Es decir, el partido va estableciendo tácticas electorales para la agenda 2007 provincia por provincia, en algunas estableciendo alianzas con el kirchnerismo, en otras aliándose tácticamente con el antikirchnerismo (como ocurrió en Misiones en octubre último) o en otros través de alianzas que agrupan a fuerzas no kirchneristas pero que pretenden ubicarse estrictamente como "coaliciones provinciales", equidistantes entre el gobierno federal y la oposición de centro-derecha (como ocurre en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos). Como es obvio, este "cuadro de confusiones" agrava la crisis del partido en sus estructuras de base, y favorece la dispersión de su militancia. En el gran ejército de "punteros" radicales que garantizaban la relación entre militantes y dirigentes reina el desorden. El partido está paralizado. La mayoría de las casas radicales no funcionan. Sólo algún ciudadano muy masoquista puede afiliarse hoy a la UCR, y si lo desea hacer no le será fácil saber qué "grupo interno" es el que se hace cargo de su afiliación. 2. La UCR, descolocada frente al kirchnerismo |
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La UCR tuvo su último momento de esplendor en 1983. Ella -y especialmente su líder, Raúl Alfonsín- encarnaron el anhelo político que unía al pueblo: la instauración de una "república democrática". La UCR fue la gran expresión de ese anhelo, mientras que el Partido Justicialista (PJ), depositario de las tradiciones industrialistas y de la sociedad salarial, no podía sacarse de encima sus responsabilidades históricas por ser el principal responsable de haber abierto, por incapacidad para gobernar unido, el camino a la dictadura militar en 1976. En 1983 la UCR estaba unida y se sentía fuerte para proponerse liderar un proceso de refundación de la política, que se conoció como "Tercer Movimiento Histórico". Pero fue sólo una ilusión. La república democrática era un gran paso hacia delante. Pero el partido carecía de un programa y de un núcleo dirigente capacitado para refundar al partido y transformarlo en una herramienta para liderar el pasaje de una economía de capitalismo de Estado semiautárquica a una economía de mercado integrada, con un Estado-nación con capacidades para colocar al país en línea con la segunda ola de mundialización de la economía (la "globalización"). La UCR enfrentó la tarea de fundar el republicanismo democrático con las ideas limitadas del liberalismo político. Alfonsín esbozó la idea de convertir a la UCR en un partido socialdemócrata de base ideológica en el socialismo liberal. Esa propuesta era positiva pero insuficiente para remozar al partido. Este permaneció ajeno a las demandas políticas del mundo del trabajo (sindicatos, empresas y centros de generación de tecnologías aplicadas). La UCR estableció sus fronteras en la edificación de una "sociedad política" separada de las instituciones de la sociedad civil (limitación de la que fue partícipe en los '80 la llamada "Renovación Peronista").Sin embargo, sacando fuerzas de su pasado republicano y popular, el partido fue capaz de encabezar en los ochenta la más importante operación para consolidar los derechos humanos que se ha conocido en este país. Pronto llegaron los tiempos tumultuosos de la crisis de la deuda y la hiperinflación. En 1989, la UCR perdió las elecciones presidenciales frente al peronismo. Este -bajo el liderazgo menemista- llegó al poder con la consigna de la "revolución productiva" y el "salariazo". Pero su orientación política real era convertirse en el testaferro local de la "revolución conservadora". La ley de convertibilidad -funcional para salir de la hiperinflación- se transformó en la herramienta para constituir una economía de "libre-mercado" de inspiración neoliberal. El menemismo supo expresar perversamente esa necesidad de cambiar el rumbo económico, ya presente en 1983, y por eso temporalmente logró agrupar una mayoría popular. El país cambió. Pero la UCR seguía aferrada a su ilusión de representar la ilusión de expresar a un país con movilidad social ascendente pero que ya no existía más desde los años '70. Sin embargo, el progresismo social liberal, que siempre existió en la UCR, revivió a mediados de los años '90. Era un progresismo real, pero infeccionado de un inteligente oportunismo político que se canalizó acercándose al nuevo progresismo ( Frente Grande) que nacía dentro del peronismo, en alianzas variadas con el socialismo, ex-comunistas y otras fuerzas de centro-izquierda. El "Pacto de Olivos" alejó un poco a las nuevas fuerzas sociales progresistas radicales y frepasistas. Pero ya en 1997, por la crisis económica y el desempleo, la reacción antimenemista era muy fuerte. El PJ estaba dividido y confundido. La UCR supo aprovechar la coyuntura para salvar al partido y recuperar el gobierno en 1999 bajo la sigla de la Alianza, en alianza principal con el Frepaso. La república democrática y sus mecanismos de alternancia hicieron posible el triunfo de la Alianza. Pero el menemismo había instalado la agenda económica neoliberal con eje en la "convertibilidad", y ésta fue también la agenda económica de la Alianza. La UCR logró recuperarse políticamente, pero para lograrlo había "vendido el alma al diablo". Sólo se necesitaba tiempo para que sufriese su segundo colapso. Ese tiempo llegó muy pronto: fue la crisis global (económica, política, social y cultural) de diciembre de 2001 que comenzó a gestarse a principios de ese año. En las elecciones parlamentarias de 2001 la UCR había perdido la centralidad en el sistema de partidos y fue la gran perdedora. Sobrevivió apoyando al gobierno peronista de emergencia presidido por Eduardo Duhalde durante 2002-2003. Pero estaba absolutamente incapacitada para entender que de esa crisis de 2001 surgiría una gran línea de fuerza sociopolítica que espontáneamente reclamaba un gobierno nacionalista-desarrollista. Eso se concretó con la "revolución desde arriba" que desde 2003 encarna Néstor Kirchner, y su inicial facción peronista-transversal, que hoy -a cuatro años- está al borde de crear una hegemonía política de larga duración dentro de un nuevo sistema bipolar de coaliciones políticas dentro de las instituciones de la república democrática. A su manera, el kirchnerismo expresa la realización de muchos de los postulados históricos de la UCR. Esa cruel realidad es la que ahora provoca la tercer crisis de la UCR en 20 años de democracia. La crisis de la UCR se manifiesta por el hecho de que le está pasando lo peor que le puede pasar a un partido político: que su agenda sea establecida por fuerzas "exteriores" al partido. La UCR -el viejo partido liberal-popular argentino, y el símbolo en 1983 de la república democrática- ha entrado en una gran crisis. Una importante parte de sus bases y muchos dirigentes se han pasado al kirchnerismo. 3. ¿Qué expresan las corrientes en lucha dentro de la UCR? |
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Como hemos dicho, se pueden localizar dentro de la UCR tres grandes corrientes. La primera representa al núcleo duro histórico de dirigentes que orienta y articula el ex-presidente Raúl Alfonsín. Se trata de un grupo de dirigentes que comparte ideas políticas de fondo con el ex Presidente, pero que aceptan a regañadientes su liderazgo. No han roto el cordón umbilical con el ex-presidente, pero creen que han sido damnificados en los últimos 20 años por un liderazgo que no les permitió llegar a controlar el partido. Se trata de un núcleo dirigente localizado en todas las provincias, pero principalmente en la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Son Federico Storani, Adolfo Stubrin, Leopoldo Moreau, Enrique Nosiglia, Juan Manuel Casella, Ernesto Sanz y otros. Esta primera corriente controla el 50% de los miembros de la Convención Nacional. Su estrategia política consiste en agruparse detrás de un candidato "del centro progresista", Roberto Lavagna, y articular sus políticas con el sector duhaldista del peronismo. En el fondo, su objetivo es restablecer el viejo bipartidismo radical-peronista vigente en los '80 y '90. Aspiran a sumar al Partido Socialista, la Democracia Cristiana y otros partidos menores, y forjar una gran fuerza de oposición que incluya a sectores democráticos del centro-derecha. El gran problema de esta corriente es que no puede diferenciarse claramente del kirchnerismo, con el que coinciden en lo sustancial de las políticas económicas. Pero temen que el kirchnerismo termine de construir una hegemonía política "absorbente". Acusan por eso sin mayor convencimiento a Kirchner de "autoritario" y opuesto a las consultas a los partidos de la oposición. La segunda gran corriente se expresa en el llamado "Radicalismo K". Controla al 25% de los miembros de la Convención Nacional. Este sector agrupa a 4 de los 6 gobernadores radicales. Su líder principal es el gobernador mendocino Julio Cobos (quien podría ser candidato a vicepresidente de la fórmula kirchnerista). Rodean a Cobos muchos altos funcionarios de origen radical que son funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional. La estrategia de este sector es participar como corriente radical en la "Concertación Plural", y al mismo tiempo tratar de que la UCR se transforme en una especie de "liga de caudillos distritales". Esta corriente es la representativa de la participación radical dentro de la llamada "transversalidad kirchnerista". La tercera gran línea es la que se nuclea alrededor de la Secretaria General del partido, Margarita Stolbizer, que plantea que la UCR debe preservar su identidad de centro-izquierda promoviendo una especie de estrategia de construcción de un "frente popular". Según esta corriente, deberían participar la UCR, el ARI, el Partido Socialista, el Partido Comunista, la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y otras fuerzas provenientes de los movimientos sociales y universitarios. Se trata de colocarse "a la izquierda" del kirchnerismo. Stolbizer opera ahora muy cercana a la líder del ARI, Lilita Carrió y piensa que esta debería encabezar una especie de "frente popular". Esta corriente llegaría a sumar un 20% de los miembros de la Convención Nacional. Además de estas tres corrientes, dentro de la UCR existen restos de sectores afines a movimiento de centro-derecha Recrear, liderado por Ricardo López Murphy, ex ministro de las carteras de Economía y Defensa durante el gobierno de la Alianza presidido por el ex-presidente radical Fernando de la Rúa (1999-2001).Dentro del diez por ciento de convencionales indecisos sobreviven semiclandestinos los adeptos a López Murphy. Dentro de la UCR también hay importante dirigentes que intentaron el pasado sin éxito rectificar el curso del partido. Entre éstas se destaca la del senador Rodolfo Terragno de ideas desarrollistas, uno de los pocos intelectuales políticos de peso con que cuenta la UCR. 4. Conclusiones |
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La UCR está fuertemente dividida. Difícilmente podrá encontrar un punto de unidad entre las corrientes en pugna. Es un partido que a mediados de los años '90 sumaba unos 500.000 miembros. Ahora no pasa de los 200.000. Los comités de base no funcionan, salvo para acciones asistenciales clientelares. El gran activo de punteros está políticamente paralizado y dividido. La UCR es hoy un gran emblema, pero en realidad es una "liga de caudillos distritales" que mantienen sólo una apariencia de unidad. Su futuro electoral en 2007 luce catastrófico. Después de la crisis de 2001, que derrumbó al viejo bipartidismo y al sistema de representación, la UCR -que ya vivía en crisis desde 1989- quedó aprisionada por la nueva línea de fuerza renovadora naciente: el kirchnerismo. También la erosiona el centro-derecha en formación. La UCR no encuentra cómo posicionarse ante la emergencia de un nuevo sistema de representaciones articulada por una nueva bipolaridad de coaliciones políticas y sociales que debería nacer aunque "imperfecto" en octubre 2007. Sin embargo, el radicalismo como tradición liberal-popular está presente en la cultura política, y lo seguirá estando en el futuro. El radicalismo toca fondo como "partido nacional", pero permanece vivo a través de la supervivencia de la cultura liberal social, de las articulaciones territoriales y las prácticas de los punteros. La UCR tuvo en 1983 la gran oportunidad histórica de convertirse en un gran partido socialdemócrata y profundizar el desarrollo de la flamante "república democrática". Se afilió en los '90 a la Internacional Socialista. Pero no pudo ser ese gran partido, porque sus tradiciones e intereses dentro del mundo del liberalismo popular fueron muy fuertes y bloquearon el proyecto de Alfonsín. En los '90, con el menemismo, una parte de su base social en la clase media se pasó al neoliberalismo. Luego de 2001, otra parte de las clases medias, ahora arrojada al empobrecimiento y el desempleo, se desilusionó de la UCR y terminó por identificarse con el impulsivo kirchnerismo. La UCR perdió su razón de ser por la descomposición social, política y cultural de una gran clase media que fue en una época un segmento difusor de la frustrada esperanza de que Argentina llegase a ser, algún día, un país como Canadá o Australia. Sin contar con bases importantes en los movimientos sindicales y empresarios, la mutación kirchnerista terminó por agudizar la crisis de la UCR, que tampoco ha podido instalarse entre las mujeres y jóvenes que constituyen los nuevos actores sociales. La UCR parece estar destinada a sobrevivir como estructura subordinada a fuerzas políticas de centro-izquierda y centro-derecha que abrevan de corrientes ideológicas que creen que este viejo partido, al que califican de "liberal-populista", es irrecuperable. |
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| (*) Director del Instituto Mundo del Trabajo / Web |