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OPINIÓN
El nacionalismo neodesarrollista hacia el 2020 en la perspectiva regional
Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 17/09/07.-

1 Una región en reformulación geopolítica

En los últimos diez años se ha acelerado un proceso que tiende a dividir a la región latinoamericana en dos grupos de países. Por un lado, los países de Centroamérica y el Caribe, que están vinculados por espacios de integración subregionales, se acercan institucionalmente a los países del Tratado de Libre Comercio del Norte (TLC), o "Comunidad de América del Norte", formada por EE.UU., Canadá y México. Formarían una realidad geopolítica. Por otro lado, bajo el liderazgo aún no consolidado de Brasil, y teniendo como principal institución convocante al Mercosur ampliado, se está constituyendo en América del Sur otro grupo de países. Este grupo está compuesto por Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay, Paraguay, Venezuela, y eventualmente Ecuador. Es el llamado espacio político-institucional del nuevo desarrollismo (o "neodesarrollismo"), y estaría dando lugar a la otra gran realidad geopolítica. Cuba, apoyada por Venezuela, aspira a ser socia de este gran espacio de integración en formación. Entre ambas opciones se mueven en América del Sur países que buscan apoyarse simultáneamente en el TLC del Norte y el Mercosur, y que son Chile, Colombia y Perú. El especialista alemán Wolf Grabendorff ha publicado un importante ensayo sobre estas nuevas realidades geopolíticas en la región, suministrando datos que sirven de base para estas reflexiones. (1)

Lo cierto es que, debido a las debilidades financieras regionales y sobre todo a la decisión de EE.UU. después de los sucesos de septiembre de 2001 de concentrar su batalla contra países y movimientos islámicos, América Latina ha perdido peso en el sistema internacional. En los últimos años, la región ha aumentado su participación mundial por la demanda de materias primas. Pero la tendencia a la caída en el comercio y las inversiones directas y los recortes en los recursos investigación y desarrollo, realidades que se registran desde los años '80, siguen estando presentes. Asi, mientras que la participación de Asia en las exportaciones mundiales pasó entre 1953 y 2005 del 13,4% al 27,4%, la de América Latina se redujo a la mitad en el mismo período ( de 11% a 5.6%).

El hecho de que el crecimiento sea predominantemente "hacia adentro" ha priorizado los intereses nacionales sobre los supranacionales. En América del Sur, procesos importantes como el Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones y la recientemente creada Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) tienen muchas dificultades para desarrollarse, pese a la voluntad política neodesarrollista e integracionista de la mayoría de los estados miembros. Continúan siendo factores favorables a la integración regional las relaciones establecidas entre muchos países latinoamericanos y la Unión Europea, lo mismo que nuevas relaciones económicas con China y a través del llamado grupo IBSA, compuesto por India, Brasil y Sudáfrica.

2 La emergencia del nacionalismo-neodesarrollista

En los últimos 25 años la región presenta un cuadro de modernización segmentada. Es decir, hemos avanzado en materia de libertades y derechos humanos en el marco democrático, y sectores económicos se han vuelto innovadores y competitivos. Pero, al mismo tiempo, la distribución del ingreso ha empeorado: el 10% de la población se apropia del 48% del ingreso. Buscando salir de la pobreza, millones de personas migran hacia EE.UU. y también hacia la UE. En 2006, las remesas enviadas por latinoamericanos desde los países desarrollados sumaron 62.000 millones de dólares, y pronto alcanzará los 72.000 millones de dólares que suman en 2006 las inversiones extranjeras. Pero estas remesas son muy insuficientes, dado que sobre casi 550 millones de personas que viven en América Latina, más de 200 millones viven por debajo de la línea de pobreza. Con la tasa actual de reducción de la pobreza del 1% anual, se necesitarán más de 3 generaciones para salir de esta situación.

La escisión en las sociedades es muy profunda. En un contexto democrático con fuertes tensiones sociales, el electorado está optando en varios países de América del Sur por apoyar fuerzas políticas opuestas al Consenso de Washington y al neoliberalismo, dentro del nuevo paradigma nacionalista-neodesarrollista. Son fuerzas de centro-izquierda políticamente moderadas o radicalizadas, según las situaciones nacionales. Así, en el espacio moderado se ubican los nuevos gobiernos de Argentina, Brasil y Uruguay, y en el espacio radicalizado (socialista) los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Venezuela. El gobierno de la Concertación en Chile está intentando virar hacia la izquierda. Es posible que una fuerza social-cristiana radicalizada llegue al gobierno en Paraguay. Es evidente la presencia de una nueva oleada de agitación y movilización de los pueblos indígenas, con epicentro en Bolivia. En Centroamérica, el nuevo gobierno sandinista en Nicaragua parece también orientarse hacia el nacionalismo neodesarrollista.

La nueva polarización política originada por la línea de fuerza subregional nacionalista-neodesarrollista se produce en una región en la que todavía no ha concluido el proceso de constitución del Estado-nación. Dado que la política está impregnada de prácticas delegativas y clientelistas, el populismo está presente también pero controlado dentro de las construcciones del poder político neodesarrollista. Este proceso de viraje político se produce en una región con altos índices de criminalidad organizada alrededor del tráfico de drogas y la violencia paramilitar -con epicentro en Colombia-, y con altos índices de violencia, mientras que el Estado ha perdido sus capacidades de intervención. De allí que la seguridad ha pasado en varias áreas de la vida cotidiana a ser provista por organizaciones privadas que ahondan la crisis de legitimidad del poder público.

3 Dos alternativas geopolíticas

En este contexto de transformación política y búsqueda de nuevos modelos económico-sociales se abren dos alternativas geopolíticas. (2)

Una primer alternativa es la cristalización de la nueva división geopolítica. Por un lado, México y Centroamérica y gran parte del Caribe podrían establecerse como periferia de EE.UU. Salvo en Nicaragua, por ahora el nacionalismo neodesarrollista tiene poco que decir en un espacio fuertemente controlado económica y políticamente por EEUU.

Por otro lado, podría producirse una división en América del Sur entre países del "Pacífico" y países del "Atlántico". En los primeros, predominaría el "libre mercado", mientras que en los segundos el intervencionismo estatal neodesarrollista. Sin embargo, debido a sus limitaciones para liderar el proceso en el "área atlántica", Brasil sin abandonar su vocación de liderazgo subregional iría priorizando sus relaciones con China, India y Rusia. La democracia se mantendría en América del Sur, pero con gobiernos con limitada legitimidad por la presencia de fuertes tensiones y movilizaciones socio-políticas, generadas principalmente por la informalidad, la pobreza y la exclusión. Las Fuerzas Armadas recuperarían bajo el paraguas de la democracia su papel de sostén último del Estado-nación.

En este contexto geopolítico, la democracia se volvería más "formal" en América del Sur. Aumentaría la proporción de ciudadanos/as que priorizan la seguridad y el desarrollo a costa de subvaluar la importancia de la democracia. No se concretaría un sistema de seguridad colectiva, sino la aparición de opciones de seguridad dentro de un gran esquema de seguridad, establecido en el triángulo inestable EE.UU. - América Latina - China.

La segunda alternativa es que finalmente, desde América del Sur, se consolide la línea de fuerza nacionalista neodesarrollista integracionista sustentada ideológicamente en instituciones y prácticas de integración acordes con los valores una "civilización latinoamericana" que se construye en tensión pero en coexistencia con la civilización anglosajona dominante en el Norte ( Canada y EEUU).Se continuaría en la línea de rechazar el ALCA neoliberal pero sosteniendo para el largo plazo una posible integración continental con el Norte asentada en la cooperación macroeconómica y los institutos de la democracia. No se trata de una "guerra de civilizaciones" ( como augura el politólogo norteamericano conservador Samuel Huntington), pero sí de una línea de fuerza que se resiste a aceptar la primera división geopolítica analizada en este artículo, pero que aspira a influenciar a los países del Norte para encontrar vías una estables cooperación entre estados y regiones.

Esta segunda alternativa requiere que Brasil, Venezuela y Argentina asuman un liderazgo compartido (aceptando la decisión de Brasil de jugar de " Global Player). El neodesarrollismo se volvería "doctrina político-económica" común retomando "aggiornada" la propuesta de hace cincuenta años del estructuralismo cepalino. Se priorizarían las obras de infraestructura y las empresas energéticas y bancarias supranacionales., Se establecerían consensos económico sociales acordados entre Estados, organizaciones empresarias y sindicatos. El Mercosur se ampliaría. La política exterior de los estados priorizaría el multilateralismo "afirmativo" con prioridades en la UE y la región Asia Pacífico, en especial con China.

Pese a lograr una mayor integración política, este proceso no contaría con una base económica y desarrollada. América del Sur está lejos de ser Asia-Pacífico (que sí marcha a profundizar la integración) en cuanto a sus capacidades industriales y de investigación; así como es todavía insuficiente el ensamble de los sistemas económicos nacionales y supranacionales con las empresas multinacionales. Sin embargo, estas deficiencias podrían estar compensadas con una onda larga de demandas en el mercado mundial de materias primas y del agrobusiness donde América del Sur es altamente competitiva. Los problemas no vendrían por las dificultades para establecer complementariedades dinámicas entre nuestras economías y las estructuras de la UE, China, Rusia y la India.

Como se observa, la segunda alternativa no excluye aspectos de la primera. En ambas la reorganización del espacio latinoamericano supone la coexistencia en tensión de una Comunidad del Norte con una Comunidad del Sur. Pero la diferencia es que el Sur contaría en la segunda alternativa con un proyecto común sustentado en la idea fuerza de "civilización latinoamericana" y con prácticas del multilateralismo afirmativo sustentadas en el nacionalismo neodesarrollista. Esta perspectiva incluye el dato de que los EE.UU., enfrascados en el laberinto que implica persitir en una estrategia no sustentable de imperio mundial, carecerán de capacidades para mantener su control unilateral sobre la región.

4. Los desafíos del nacionalismo-neodesarrollista

El nacionalismo-neodesarrollista se ha afincado en países claves de América del Sur. Se trata de una ruta llena de dificultades que sectores de las viejas derechas trataran de aprovechar para generar situaciones de inestabilidad política. Se requerirá la unidad de gobiernos y coaliciones políticas con capacidades para combinar la "firmeza de metas" con el pragmatismo creativo.

Está claro que el futuro éxito de los proyectos nacionales dependerá, ante todo, de los logros en cada país. Pero, sabiendo que los logros nacionales están indisolublemente ligados a la capacidad de esta nueva línea de fuerza de consolidarse en la escala del Sur y ampliar su radio de influencia a nivel de toda América Latina. Ningún país por separado podrá lograr estabilizar las políticas macroeconómicas y sociales neodesarrollistas. Ningún país por separado e incluso ningún proceso de integración subregional podrá contar con capacidades políticas, económicas, sociales y militares para contrarrestar el proceso actual de rediseño geopolítico diseñado por los lobbies conservadores en EE.UU y en plena marcha.

Es cierto que el actual proceso de rediseño del Mercosur ampliado sustentado en políticas macroeconómicas y sociolaborales supranacionales aptas para profundizar el intercambio comercial, establecer la entidades de cooperación financiera, garantizar grandes iniciativas para desarrollar proyectos supranacionales energéticos y de transporte, los avances en el establecimiento de coordinaciones económicas y complementariedades productivas entre naciones, nuevas regulaciones supranacionales sobre migraciones y certificaciones educativas, fortalecimiento de los institutos sociolaborales y la cooperación militar entre estados son pasos esenciales para fortalecer políticamente al neodesarrollismo, es una buena base para profundizar la integración y practicar el multilateralismo.

La eficacia de una nueva institucionalidad estatal a través de parlamentos subregionales es también un paso fundamental. La estrategia de integración político-económica se legitimará frente a los pueblos y favorecerá las convergencias culturales entre ellos, en tanto se elabore una estrategia cultural destinada a establecer las bases de una nueva civilización latinoamericana.

En la gran tarea de afincar al neodesarrollismo surge también la evidencia de que el proceso para frenar la balcanización geopolítica conservadora (que es explícita en la primer alternativa comentada) y acelerar el desarrollo institucional de la civilización latinoamericana juegan un papel central la cooperación entre ciertas instituciones, que son:

  • los partidos y movimientos políticos constituidos de cara a garantizar la reforma de estructuras necesarias;
  • las instituciones de la sociedad civil que agrupan al mundo del trabajo, como son las organizaciones empresarias con espíritu productivista e integracionista, los sindicatos, y movimientos sociales antiguos y nuevos;
  • las Iglesias , principalmente la de culto católico que cementa espiritualmente a la región , pero también de otras religiones (de origen protestante, islámico, hebreo, etc.);
  • los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas.

Dos premisas son necesarias para garantizar la integración según el modelo de comunidad económica - unión política que se propone para la integración. La primera es reformular el Estado-nación para que pueda jugar el rol de "organizador de los mercados". La segunda es asimilar la conclusión de que si bien debemos integrar países con formaciones económico-sociales heterogéneas, la gran matriz será la creación de economías de mercado integradas y con capacidades para competir en un sistema-mundo estructurado por grandes regiones.

Persiste la necesidad de pensar nuestras tensiones con EE.UU. en los marcos de mejorar las relaciones actuales y pensar en una futura integración económica continental beneficiosa para el desarrollo integrado. Pero esta estrategia continental no tendrá futuro si la región no hace todos los esfuerzos para practicar el multilateralismo abierto con la UE, los países del Grupo de Shanghai (Rusia, China y países asiáticos de la ex URSS) ,los países de Asia-Pacífico( APEC) y los países progresistas del mundo islámico. Cada Estado Nación de nuestra región deberá avanzar también a través de acuerdos bilaterales que sean compatibles con los principios de la economía política de desarrollo e integración.

Notas:

(1) Wolf Grabendorff, "América Latina hacia el 2020", Nueva Sociedad, n° 210, Buenos Aires, 2007.

(2) Idem.

(*) Director del Instituto Mundo del Trabajo / Web
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