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ARGENTINA
El Pacto Social
Por Julio Godio (*)

Información relacionada:

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 09/12/07.-

Sumario
1. Pacto Social sin partidos de oposición
2. La sociedad reclama el Pacto Social
3. Las prioridades del Pacto Social
4. Conclusiones

1. Pacto Social sin partidos de oposición

La presidenta electa Cristina Fernández (CF) ha colocado en el centro de su agenda política la convocatoria para los primeros meses de 2008 a sindicatos, representantes sindicales y altos funcionarios del Estado, a acordar un Pacto Social. Este Pacto Social, que también es denominado Diálogo Social, tendría como objetivo acordar metas macroeconómicas que sustenten la política económica del nuevo gobierno para el bienio 2008-2009. Debe aclararse desde el inicio que este Pacto Social es pensado como un gran acuerdo enmarcado en el plan económico.

La Presidenta CF cree -con razón- que el triunfo electoral de octubre ha sido aplastante, que la oposición carece de fuerza y capacidad para exigir algo más allá de participar en la discriminación de grandes metas económicas.

La naturaleza de la convocatoria es todavía genérica. Por ejemplo, no está claro si serán convocados los partidos de oposición o si la convocatoria sólo incluye a los agentes sociales.

Si bien la iniciativa es todavía muy general, está claro que la propuesta de CF ha sido bien recibida por la sociedad argentina. Esta ha tomado la idea en tanto es consciente de que el modelo nacionalista-industrialista exitoso en curso necesita ser protegido por un acuerdo social amplio. La dolorosa salida de la crisis global de 2001 ha sido posible en tanto la mayoría de la población comprendió que sólo sería posible si se acompañaba el nuevo curso económico-social instalado a partir del gobierno kirchnerista en 2003.

Pero en 2007 es la misma sociedad la que reclama mayor cohesión política para impedir que la puja de intereses corporativos amenace con frustrar los acuerdos logrados en 2003, 2004, 2005, 2006 y 2007 que permitieron cumplir con las metas escalonadas establecidas por el gobierno nacional para avanzar en la disminución del desempleo y reactivar el funcionamiento del aparato productivo.

A diferencia de otros momentos de la historia, cuando los pactos sociales fueron iniciativas tomadas desde las alturas, esta vez es la sociedad quien reclama el acuerdo o pacto social. Por lo tanto, la decisión de CF debe ser considerada como una iniciativa que se corresponde con un reclamo popular. Este dato no es menor, porque estaría indicando que estamos superando la crisis con mayor madurez política y cultural.

2. La sociedad reclama el Pacto Social

La idea de que para sobrevivir era necesaria la unidad ha ido calando dentro del pueblo argentino. Los comportamientos corporativos son ahora cuestionados desde la base de la sociedad. La crisis global, que colocó al país al borde de su disolución, ha permitido comprender que un país dividido por las pujas sectoriales -fenómeno que lo afecta desde los años '40 del siglo pasado- constituye una realidad negativa que es necesario superar, presionando a los actores sociales para que abandonen sus comportamientos corporativos.

Lamentablemente, fue necesario que se produjese una crisis de semejante magnitud para que brotasen nuevas actitudes favorables a desarrollar el diálogo social, guiado por la idea de consolidar al actual modelo de acumulación con inclusión social.

Debe también tenerse en cuenta que desde 1983 hasta la fecha, este país ha vivido su período más largo de democracia con pluralidad de partidos y sin proscripciones. La población valora este hecho, y desea que el país progrese dentro de la democracia. Nadie se imagina un nuevo retroceso institucional. La mayoría desea progresos mayor igualdad social y mejor calidad institucional de la democracia argentina. Pero ha sido el primer gobierno kirchnerista (2003-2007) quien, al desarrollar el curso nacionalista-industrialista, ha creado las condiciones para que la reflexión popular sobre la necesidad de mayor unidad haya permitido un cambio cultural a favor del diálogo y no la confrontación estéril.

Este notable cambio cultural fue inteligentemente captado por el periodista de derecha Mariano Grondona, quien en su artículo "De un país de enemigos a otro de adversarios" (La Nación, 25/11/07) escribe:

"En tiempos plenamente democráticos, las relaciones de enemistad que marcan la frontera política no desaparecen, pero se moderan hasta volverse competitivas, casi deportivas. El acierto táctico de los Kirchner fue darse cuenta en 2003 de que las relaciones entre los que luchaban por el poder ya no eran amistosas porque la crisis tan grave de 2001 había exasperado el ánimo de los argentinos. Mientras otros candidatos fueron a las elecciones de 2003, así, con el espíritu lúdico propio de las democracias normales, los Kirchner embistieron contra todos los que no eran ellos como si fueran un ejército enemigo al que había que aniquilar o, al menos, amedrentar. Los opositores, por su parte, no supieron unirse porque no advirtieron a tiempo el peligro que corrían fragmentados frente a la ambición de un poder total".

Efectivamente, "los Kirchner", como dice Grondona, se decidieron a recuperar la política y fortalecer al Estado impulsando la única alternativa posible al caos: desarrollar desde el poder una "revolución desde arriba" que sería acompañada por el pueblo.

Consolidado ahora el kirchnerismo, este ahora se propone profundizar la unidad conquistada y unificar a la sociedad con nuevos valores. Uno de estos nuevos valores es justamente el Diálogo Social como mecanismo para procesar las diferencias y alcanzar consensos.

En marzo de 2008 se iniciará una nueva ronda de negociaciones salariales. La Presidentas CF no desea -con razón- que el Diálogo Social se convierta en una negociación prematura sobre salarios y precios. De producirse esta situación, se invalidaría el objetivo de alcanzar mayor cohesión social, porque sería una discusión prematura.

3. Las prioridades del Pacto Social

Las prioridades son claras: alcanzar consensos para atacar las dificultades que se generan por los déficits que existen en varias áreas de la política económica, entre ellas el energético, por la insuficiente inversión, y lograr el control de la inflación sin frenar el crecimiento económico.

En un reportaje publicado en Página/12 el 25/11/07, titulado "Cómo ve su gobierno la Presidenta electa", CF definió el carácter del acuerdo social que propone. Dijo:

"Lo defino como un acuerdo estructural en el cual se definen metas, objetivos cuantificables y verificables, basado en este modelo. Con acuerdos sectoriales, porque no se puede hacer lo que se hizo en el Pacto de Gelbard de 1973, referido nada más que a precios y salarios. No es esta la idea que tenemos. Luego de este acuerdo estructural global, ir sectorialmente, sobre cada actividad, porque no son las mismas necesidades y posibilidades de cada sector".

La Presidenta electa aclaro que el Acuerdo no será "corporativo". Serían acuerdos que respondan a las necesidades particulares de cada sector, establecidos entre el sector público y privado y las organizaciones sindicales.

También aclaro que no se pretende firmar un "Pacto de la Moncloa", dado que la Argentina no es España. Pero CF también precisa que no será un acuerdo político, sino económico-social.

Según la Presidenta, cada sector requiere acuerdos diferentes. Algunos necesitan acuerdos centrados en las nuevas tecnologías, otros centrados en políticas económicas, y otros en políticas financieras (por ejemplo, en el sector financiero o en la Banca de Desarrollo, a crear).

Está claro que CF deberá enfrentarse con la dificultad de sentarse a negociar con actores que siempre lo han hecho para acordar sobre intereses y metas de corto plazo. Por ejemplo, desde el movimiento sindical ya se ha adelantado que la CGT pretende comenzar por negociar los atrasos salariales. El abogado laboralista Lucio Garzón Maceda ha señalado que en grandes empresas con alto nivel de actividad, la productividad del trabajo ha aumentado notablemente. Esas empresas estarían realizando ganancias extraordinarias, y por lo tanto podrían pagar a los trabajadores, por ejemplo, un "plus salarial" para fines del año 2007 (1). Sin embargo, la mayoría de los convenios colectivos recién vencen a partir de febrero de 2008.

La CGT cree que la inflación es alta y que los salarios se han rezagado en relación con los precios. Se calcula la inflación de 2007 en un 20%. Además, la CGT destaca que en 2007 han aumentado fuertemente los montos de los aportes previsionales, afectando a todos los trabajadores, tanto a los afiliados al sistema público de reparto como a los 4,4 millones que aportan al régimen privado (AFJP). Desde el 1° de enero de 2007, todos los trabajadores aportarán al sistema público o a la AFJP que los afilia el 11% del salario de bolsillo.

La CGT -y también la CTA- cree que el acuerdo propuesto por CF no podrá eludir los planteamientos reivindicativos de los sindicatos. Pero si esto ocurriese, se corre el riesgo de que se derrumbe toda la ingeniería del gobierno, y que el Acuerdo repita las viejas y fallidas estrategias de localizar la discusión no en las grandes metas macroeconómicas 2008-2009, sino en las reivindicaciones salariales puntuales.

El control de la inversión no tiene que ver solamente con la capacidad de consumo de la población ocupada asalariada. La medición de la inflación tiene que ver con la rentabilidad de los bonos públicos en manos de fondos de inversión, que, como es sabido, a más inflación reconocida oficialmente por el INDEC cobran más intereses. Hay bonos que ofrecen un rendimiento del 10% anual por encima de la inflación. La Argentina necesitará en 2008 unos 7.000 millones de dólares para afrontar el pago de la deuda externa renegociada. Además, en caso de llegar a un acuerdo con el CIADI-BM (para los bonistas en default) y con el Club de París, deberá desembolsar unos U$S 2.500 millones por los próximos 20 años.

Por ahora, las cuentas están bajo control: con el aumento de las retenciones para las exportaciones de soja, trigo, maíz, petróleo y combustibles, el tesoro suma 7.000 millones de dólares (2). Pero el año 2009 tendrá que pagar otros 10.000 millones de dólares. Y al mismo tiempo, afrontar muchas necesidades para invertir en salud, educación, seguridad, energía y capacitación de la fuerza laboral.

Para CF el éxito del Diálogo Social es muy importante. Un acuerdo sobre metas y objetivos que los actores sociales asumieran como suyos (y que estarían estrechamente conectados con el programa económico 2008-2009) es un apoyo político de primera importancia.

Las reservas en divisas son grandes: 44.500 millones de dólares en 2007. Se cuenta con un superávit fiscal significativo (3,8% del PBI). Pero la inflación rondará en 2008 un 20%. Así las cosas, CF -en acuerdo con Néstor Kirchner- le otorga mucha importancia al posible acuerdo social tripartito. El propio Secretario General de la CGT, Hugo Moyano, ha dicho que la central sindical negociará a partir de marzo los salarios con un tope estimado en 13%.

Un capítulo especial del Acuerdo Social será el compromiso de alcanzar en 2009 la meta de capacitar a un millón de nuevos trabajadores jóvenes dentro de las pautas de la Ley de Formación Técnica Profesional de 2007. Se conoce bien que las empresas -especialmente las industriales- declaran que no se encuentran fácilmente trabajadores preparados técnicamente para ocupar los nuevos puestos de trabajo.

La preeminencia en los años '90 de los negocios financieros en desmedro de la inversión productiva y de la importancia estratégica de contar con políticas públicas destinadas a revalorizar las trayectorias laborales, condujo al país al desprecio por el trabajo productivo. Este déficit deberá ser superado con políticas y programas de corto y mediano plazo, sustentadas en la decisión de los empresarios de facilitar la incorporación de los nuevos asalariados al mundo del trabajo, reglado por la actual legislación del trabajo protectora.

4. Conclusiones

Resulta muy atractiva la fórmula del Pacto Social planteada por la Presidenta: en efecto, no se trata de un Pacto Social al estilo clásico, sino un Pacto Social en un país que está construyendo un nuevo régimen de partidos políticos. La oposición carece de partidos estructurados sólidos. Por lo tanto, este Pacto Social podría ser entendido como una herramienta institucional que presione sobre los partidos políticos en constitución para que adopten una posición de acompañamiento al curso político hegemonizado por el kirchnerismo, dado que será muy difícil para la oposición automarginarse de un tema que -como hemos dicho- es de interés especial para el electorado de todos los partidos.

Al mismo tiempo, es un tipo de Pacto Social que favorece transformaciones democráticas en los sindicatos. En efecto, ya se registran por declaraciones en la prensa que varias uniones y confederaciones sindicales (en especial en el sector aeronáutico) estarían dispuestas a firmar cláusulas sectoriales de paz social si las empresas se comprometen a aumentar las inversiones en el sector. Esta posición sindical, favorable a una postura de identificación con la empresa, sería impensable unos pocos años atrás.

Sin embargo, sería peligro subestimar que las gerencias de las grandes empresas pueden optar por intentar que esta iniciativa de la Presidenta fracase, con el fin de crear n clima de desorden y fraccionamiento político que favorezca la capacidad de presión de cada uno de los grandes grupos económicos por separado. Esto ha ocurrido en el pasado, cuando el mundo empresario prefería negociar con gobiernos militares antes que optar por negociar con gobiernos democráticos débiles. La larga duración de esta etapa democrática y los vientos que soplan en toda la región parecerían haber terminado por convencer a los grandes empresarios que es preferible optar por acompañar políticas nacionalistas desarrollistas que han permitido a las empresas ser rentables y eficientes pese a las crisis económicas.

Notas:

(1) "Los gremios ya fijan condiciones para la discusión salarial en 2008", Clarín, 26/11/07.

(2) "La gestión de Cristina", Clarín, 29/11/07.

(*) Director del Instituto Mundo del Trabajo / Web
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