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La estrategia de transversalidad del Presidente Kirchner

Por Julio Godio (*)

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Buenos Aires, 27/02/04.-

Sumario
 
1. El objetivo estratégico de la transversalidad
2. Las fases tácticas del objetivo estratégico
3. Los bolsones de resistencia a la transversalidad y las limitaciones propias del kirchnerismo
 
1. El objetivo estratégico de la transversalidad
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El Presidente Kirchner y varios de sus ministros (Aníbal Fernández, Jefe de Gabinete; Rafael Bielsa, de Relaciones Exteriores; Carlos Tomada, de Trabajo, y el Subsecretario de la Presidencia, Carlos Kunkel) y su esposa, la Senadora Cristina Fernández de Kirchner, constituyen el núcleo duro político del kirchnerismo dedicado a construir la "transversalidad". ¿Qué significado político tiene esta palabra "transversalidad", y cómo se traduce en una estrategia política? La pregunta es clave, porque del éxito o fracaso de la "operación transversalidad" depende el futuro político del kirchnerismo como corriente ideólogico-política.

Si se observan los movimientos tácticos de Kirchner para construir la transversalidad se localizaron hechos políticos que se analizan en este artículo. Pero se verán sólo hechos políticos (por ejemplo, la formación de corrientes kirchneristas dentro y fuera del peronismo) y no se podrá entender la relación entre esos movimientos tácticos y la sustancia política que los fundamenta: la transversalidad exige una táctica, pero como fenómeno político descansa en una visión estratégica que reformula el sistema político argentino.

En efecto, ¿cuándo surge con identidad política definida el concepto de transversalidad? Surge en el interior del peronismo, a partir de 1983, cuando su derrota frente a la Unión Cívica Radical en las elecciones presidenciales es al mismo tiempo el inicio del fin de la división del país entre "peronismo" y "antiperonismo", instalada como divisoria política desde 1945. Es necesario recordar que en aquellas elecciones fue derrotado el viejo peronismo nacionalista-populista que sobrevivió a la muerte en 1974 de Juan Domingo Perón. Ya éste, en sus últimos años de vida, había percibido que la antinomia peronismo vs. antiperonismo se diluía por múltiples factores (la aparición de los Montoneros como corriente nacionalista-católica insurreccional, la apertura ideológica de las clases medias liberales a "entender" al peronismo, la fatiga política de la sociedad por la división política del país; la erosión del nacionalismo autárquico por las primeras manifestaciones de la globalización, etc.).

Por eso, Perón sustituyó en 1974 la consigna de que "para un peronista no hay nada mejor que otro peronista" -propia de una "guerra política"- por la consigna "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino". Era un "revival nacionalista" aggiornado que Perón insertaba en su visión de un "universalismo" en marcha (visión inteligente de lo que será la globalización) y el "continentalismo" en las Américas (lo que obviamente incluía un nuevo estilo flexible de diferenciación con los EE.UU.). El histórico abrazo entre Perón y el líder radical Ricardo Balbín en 1974 simbolizó ese cambio político. Adelantaba el nacimiento de un sistema político pluralista, hecho que sólo se producirá a partir de 1983, luego de la traumática experiencia de la dictadura militar (1976-1983).

En 1983, la necesidad de la transversalidad se generó en los grandes partidos políticos argentinos: la UCR y el Partido Justicialista (PJ). En la fórmula del alfonsinismo de constituir un "tercer movimiento histórico" anidaba esa idea, aunque coexistía con la vana ilusión de desagregar "desde afuera" al PJ. Por eso, la transversalidad "auténtica" tenía que provenir del PJ, dado que este partido era fundador de una gran hegemonía político-estatal que se cementó en el mundo del trabajo constituido por la industrialización, la urbanización y la formación de una "sociedad salarial" con pleno empleo a partir de 1944. La vieja izquierda -socialista y comunista-, y la antiperonista y débil democracia cristiana, fueron impotentes para participar en 1983 en la nueva transversalidad, dado que no tenían arraigo en las masas populares (aunque algunos dirigentes, especialmente demócrata-cristianos, se sumaron como ideólogos), y sus representaciones parlamentarias eran escuálidas o no existían.

La nueva transversalidad peronista tuvo en 198834 un ideólogo central: Antonio Cafiero, peronista social-cristiano. Pero en su constitución participaron diversas corrientes peronistas (la juventud del peronismo "lealtad"; ex Guardias de Hierro, ahora moderados; sindicalistas partidarios de la democracia política; políticos arrepentidos de no haber captado bien a Perón en 1973-74, etc.). Nació así la "Renovación Peronista" en 1983, con un discurso que priorizaba al sistema político de partidos y la democracia. En la Renovación Peronista se debe buscar el antecedente más importante del kirchnerismo, en tanto nacía una cultura política que aceptaba valores de la democracia liberal propios de un "país liberal" que coexistía con el "país peronista".

El peronismo renovador, obviamente, priorizó entre 1983-1987 la conquista "desde arriba" del PJ, objetivo que logró temporalmente. Pero se demostró impotente para detener otra extraña transversalidad que se estaba constituyendo entre el peronismo conservador, el sindicalismo tradicional y la derecha liberal representativa del mundo empresario: el producto fue el "menemismo". Este vence a la Renovación en la disputa interna en el PJ, y luego accede al gobierno en 1989, en un contexto mundial de crisis interna y de impetuoso avance del modelo neoliberal y de ocaso del llamado "socialismo real". Menem es la "real-politik" en una época de muerte de la URSS, descomposición del Tercer Mundo, y apogeo de la única superpotencia norteamericana.

El kirchnerismo heredó de la renovación peronista sus componentes ideológicos: preservación reformulada del nacionalismo, potenciación de nuevos componentes ideológicos de origen social-cristiano y socialdemócratas y asentamiento en las prácticas de negociación política entre los partidos en el Congreso Nacional, en las provincias, en los municipios. La Reforma Constitucional de 1994 fue la "gran regla de juego" entre el PJ y la UCR.

Kirchner llegó a ser el candidato presidencial de un heterogéneo frente peronista antimenemista formada durante la transición presidida por Eduardo Duhalde (enero 2002 - mayo 2003). Menem, luego de diez años de neoliberalismo y "convertibilidad", estaba desacreditado, y el PJ estaba profundamente "feudalizado", y era incapaz de entender -salvo el núcleo duhaldista y el kirchnerismo- que el país vivía una "crisis global" (económica, política y cultural) desde los sucesos del 10-20 de diciembre, que pusieron al país al borde de una guerra civil. Varios dirigentes del PJ que aspiraban a la presidencia en abril de 2003, pero pensaban la política como lucha entre "señores feudales" (Menem, de la Sota, Rodríguez Saa), no habían entendido lo que pasaba en este país devastado, con el 50% de la población en la pobreza y un desempleo del 25% de la Población Económicamente Activa (PEA).

Duhalde y algunos de sus colaboradores bonaerenses, que tienen los pies en la tierra, comprendían que la sociedad aspiraba a iniciar un camino "neodesarrollista" en democracia política, y que el PJ era una "cáscara vacía". Ya no era una herramienta apta para liderarlo en un contexto de crisis y movilizaciones sociales. Pero no fue el único que captó la nueva escena política. El otro dirigente político que lo entendió fue Néstor Kirchner y su "Grupo Calafate", que en vez de "morderse la cola" en la lucha interna de candidaturas en el PJ salió a hablar a la sociedad de nacionalismo renovado, de desarrollo e industrialización, de transformación de los subsidios al desempleo en creación de empleo genuino, etc. Kirchner le habló a la sociedad y por eso logró representar a la continuidad "profundizada" de la obra Duhalde-Lavagna. Este último sigue siendo Ministro de Economía, no sólo por lo que hace sino por lo que hizo entre mediados de 2002 hasta abril de 2003.

Lo cierto es que Kirchner, si hubiese habido segunda vuelta electoral en 2003, hubiese logrado el 70% del apoyo del padrón electoral. Ello pese a que el PJ, como lo demostró la larga agenda electoral en 2003, no llega al 40% del padrón. Millones de argentinos y argentinas del "peronismo periférico" y del electorado no peronista hubiesen votado por la fórmula Kirchner-Scioli. Aquí se localiza la base "sociológica" de la transversalidad.

Kirchner llegó al gobierno. Pero sabe que no cuenta con un PJ plenamente identificado con su proyecto peronista-desarrollista. Su capacidad de liderazgo depende del actual equilibrio político que ha establecido con Duhalde. Emergen incipientes resistencias en el PJ -especialmente en las Cámaras de Diputados y de Senadores (localizadas hasta ahora en las huestes de Menem, en cuadros de Rodríguez Saa, Juárez, Reutemann, etc.)-. Carece de apoyo sólido en los sindicatos, y su apoyo entre el ejército de intendentes peronistas es débil. Kirchner necesita contar con una fuerza política homogénea, si su propósito es llevar su "revolución desde arriba" a la sociedad e incorporar conscientemente una parte sustancial de ella a su proyecto político. Esta necesidad política se llama "transversalidad", y su nombre concreto es hoy Frente para la Victoria.

Kirchner sabe que gobernará en una época "tumultuosa", y que por lo tanto los tiempos políticos no se identifican necesariamente con los tiempos electorales. Necesita realizar dos operaciones políticas simultáneas: "reformar" al PJ para alistarlo detrás de su gestión, y sumar al mismo tiempo a grupos políticos no peronistas (o alejados del peronismo) que en el pasado inmediato fueron parte constitutiva de la Alianza (ex Frepaso).

2. Las fases tácticas del objetivo estratégico

No está escrito que la actual alianza entre Kirchner y Duhalde sea temporal. Puede ser duradera. Pero también puede ser de corta duración. El país político argentino es "piraña" (proclive a la autodestrucción) y el "país sociedad" está esperanzado, apoya a Kirchner, pero puede desilusionarse si sólo es motivado por eventuales logros económico-sociales inmediatos. En Argentina la esperanza y la incertidumbre coexisten.

Kirchner es producto de tres tradiciones: la izquierda peronista de los setenta; la Renovación Peronista de los ochenta; y por último la gestión estatal peronista-desarrollista "patagónica". Ahora percibe claramente que necesita de una herramienta partidaria sólida de extensión nacional para canalizar las demandas sociales y al mismo tiempo colocar al mundo del trabajo de cara a la reconstrucción productiva de la economía nacional y a la necesidad de consolidar al Mercosur.

La idea de transversalidad va tomando forma precisa en Kirchner. En principio sabe que su única alternativa sería colocarse como punto de convergencia de dos procesos simultáneos: la reforma del PJ y la formación de una fuerza transversal. Son dos operaciones simultáneas, las dos caras de una sola moneda. El objetivo táctico no es de fácil realización, porque exige tener claro cómo construir esa amalgama. Cuenta con experiencias partidarias e institucionales nacionales y extranjeras en qué apoyarse (el peronismo 1944-1952; y quizás la buena síntesis entre tradiciones populares y democracia desarrollista, que es el PT brasileño, para mencionar algunas). Pero no es sencillo pensar lo político-estratégico y actuar en la política diaria (lo táctico).

Así las cosas, Kirchner ha iniciado sus primeras operaciones tácticas para edificar su propia fuerza política. Lo hace sabiendo que un paso en falso con Duhalde puede resultarle catastrófico. También que cuenta con una fuerza política propia minoritaria en el Congreso Nacional y en la mayoría de las provincias. Las operaciones tácticas de Kirchner, obviamente, se inscriben en el gran escenario de lograr evitar el default de la deuda pública privada, mantener sus acuerdos con el FMI, controlar la inflación y garantizar el crecimiento de la economía en los próximos cinco años entre el 4 y el 5%. Las operaciones tácticas implican a militantes de la ex izquierda peronista y de otras vertientes políticas de izquierda que se han organizado según los valores comunes a una izquierda moderada y democrática, cuyo núcleo duro se remonte a la Renovación Peronista.

Estas operaciones suponen iniciar el proceso táctico constituyendo el llamado Frente para la Victoria a través de tres núcleos:

  • a) El actual Frente para la Victoria, que lideran el actual Secretario de la Presidencia, Carlos Kunkel, y Dante Gullo, y que reúne a militantes de la JP de los años '70. Tanto Kunkel como Dante Gullo fueron altos dirigentes de esa organización, y ambos pasaron largos años en prisión. La amistad de Kunkel con Kirchner se remonta a esos años, aunque Kirchner se alejó tempranamente de la JP;
  • a) "La Corriente", liderada por el asesor presidencia José Selvini, que opera como línea interna kirchneristas en el PJ y que agrupa a diputados nacionales y provinciales peronistas kirchneristas; y
  • a) "Confluencia", que se inspira en el Ministro de Relaciones Exteriores Rafael Bielsa, que es un intelectual importante, y en la que militan tanto ex JP como Miguel Bonasso como ex frepasistas como Eduardo Sigal. "Confluencia es la línea "menos peronista" dentro del kirchnerismo. Aquí se nuclean esencialmente ex militantes del Frente Grande, que en su momento lideró Carlos "Chacho" Alvarez; este último tiene fuertes vínculos con Kirchner.

Es posible, pero no está confirmado, que el 1° de marzo, en oportunidad de la sesión inaugural de la actual legislatura nacional, en la que hablará Kirchner, las tres corrientes confluyan en un acto político de apoyo, al cual puede sumarse la Federación de Trabajo y Vivienda liderada por Luis D'Elia (CTA) y núcleos sindicales de la CTA y del Movimiento de Trabajadores Argentinos, liderado por Hugo Moyano. Lo que es seguro es que el jueves 11 de marzo el Frente para la Victoria ampliado realizará un Seminario que será su primera reunión formal (Parque Norte, Capital Federal) para aprobar una plataforma política común, con la presencia de Kirchner. Es posible que al Seminario concurran sectores del PJ de la Provincia de Buenos Aires, agrupados por el gobernador Felipe Solá y las mencionadas fuerzas sindicales y agrupaciones universitarias kirchneristas. De ser exitoso este encuentro, la táctica sería convocar a sectores populares para la celebración del 25 de mayo en la Plaza de Mayo.

Hasta aquí el relato grueso de algunas operaciones tácticas políticas inmediatas del kirchnerismo. Paralelamente Kirchner intenta influir globalmente al movimiento sindical, y para ello le es útil la resolución del Congreso Nacional en febrero de derogar la Ley Laboral 25.250, y la reinstalación de institutos protectores del trabajo y las negociaciones colectivas. También en la estrategia de sumar fuerzas debe incluirse un esfuerzo de Kirchner para incorporar a sectores empresarios de la Unión Industrial Argentina favorables a la actual política económica. Por último, la política de Kirchner de apoyar a las agrupaciones moderadas de los movimientos piqueteros (FTV y Corriente Clasista y Combativa - CCC) y aislar a los sectores "duros" del Bloque Nacional Piquetero y del MIJP de Raúl Castells, también forma parte de la estrategia de construir un Frente para la Victoria como movimiento socio-político.

Kirchner piensa la organización política como una serie de círculos concéntricos que se inician en su círculo íntimo, siguen con el Frente para la Victoria, se amplía con segmentos partidarios del PJ en las provincias y con personalidades no peronistas afines (como el Jefe de Gobierno de la Capital Federal Aníbal Ibarra, y otros), sigue con el fortalecimiento de la fracción kirchnerista en el Congreso Nacional* y, finalmente concluiría con su posicionamiento como líder en el PJ, liderazgo compartido con Duhalde si se mantiene la actual alianza o provocando una ruptura en el PJ si esa alianza se disuelve. Estos tiempos políticos del kirchnerismo se conectan con los tiempos legislativos en noviembre de 2005 (renovación parcial del Congreso Nacional), y en diciembre de 2007, con las próximas elecciones presidenciales generales.

3. Los bolsones de resistencia a la transversalidad y las limitaciones propias del kirchnerismo

Como hemos dicho, la tendencia a la transversalidad en la política argentina tiene sus raíces en la búsqueda de sintetizar tradiciones políticas y dar nacimiento a un nuevo mundo de valores culturales y políticos. La transversalidad, en el fondo, es una desesperada búsqueda política para hacer posible una síntesis entre el nacionalismo popular peronista y el liberalismo democrático en una matriz socio-político de cohesión social "neokeynesiana" (en la que entran las ideas socialcristianas y socialistas). La transversalidad está formalmente en las antípodas del país político "piraña", y por eso es boicoteada desde afuera y desde adentro del peronismo. Construir una fuerza transversal ubicada en el interior de partidos, sindicatos, organizaciones populares, etc., es un objetivo político interesante, pero no fácil de implementar. Existen contratendencias a la idea de transversalidad, que se desarrollan a partir de la defensa de intereses políticos ya consolidados.

La transversalidad no se construye con discursos. Se construye si un núcleo político está decidido a forzar un nuevo bloque popular, con eje en el mundo del trabajo (sindicatos, empresas y centros de tecnología aplicadas) y es capaz de quebrar a la cultura rentístico-financiera que recorre a toda la sociedad. Necesita el apoyo de los medios de comunicación importantes. Para que sea exitosa, la transversalidad requiere representar cabalmente a una "nueva época". Se necesita remover a la sociedad desde sus cimientos. Pero el kirchnerismo es todavía una "revolución desde arriba" que hasta ahora concita esperanzas y expectativas populares, todavía no cimentadas por una estrategia política para movilizar al pueblo en la dirección de emprender el camino de una nueva industrialización del país, en los marcos del Mercosur y las mundialización de la economía.

La transversalidad propuesta por Kirchner tiene muchos enemigos. Debe destacarse, en primer lugar, el difuso pero poderoso espacio político y cultural del neoliberalismo que recorre a múltiples instituciones (empresas, sindicatos, universidades, etc.). En segundo lugar, que en estos últimos 25 años se ha constituido en este país un tipo original de feudalismo político rentístico (por ejemplo, los partidos son confederaciones provinciales con prácticas caudillistas localistas). En tercer lugar, el Estado carece de capacidades políticas y técnicas para planificar en el territorio nacional la cooperación productiva entre trabajadores, empresarios y otros agentes sociales. El Estado carece de un sistema de cuadros estables que garanticen eficiencia y cohesión. En cuarto lugar, el único partido potencialmente capaz de construir una hegemonía político-cultural -el PJ- reproduce en su interior las tres contratendencias mencionadas, y por lo tanto está incapacitado para jugar su rol dirigente, salvo que se produzca en su interior una "autorreforma" que barra con el feudalismo y transforme a los "punteros" acostumbrados a la cultura de renta en verdaderos dirigentes políticos.

¿Está el kirchnerismo en capacidad de enfrentar a ese núcleo duro de intereses económicos que tienen asiento en el propio PJ? Las capacidades dependerán de si puede representar a otro "núcleo duro" de reformas de estructura políticas y económicas y hacer exitoso el neodesarrollismo peronista dentro de la democracia. Pero, en la transversalidad kirchnerista también está presente el lado "gelatinoso", heredado de la Renovación Peronista como del ex-Frepaso. Existe un personal democrático, pero demasiado adaptado a los pequeños privilegios rentísticos que otorga el sistema político de partidos. Es un personal político que compite exageradamente por las posiciones en el Estado; es ducho en operaciones mediáticas, pero incapaz de pensar la política como herramienta del mundo del trabajo, y por lo tanto no es garantía para liderar políticamente a una sociedad que se enfrenta a grandes sufrimientos y a un país que peligra como entidad nacional-estatal. Kirchner y los dirigentes duros de su entorno deberán meditar profundamente sobre las carencias políticas presentes en su propia flamante fuerza transversal.

(*) Director del Instituto del Mundo del Trabajo (IMT)
El presente material se publica por gentileza del Estudio Cuartango.
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