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EE.UU.

La impronta bushchiana

Por Leon Guinsburg
Fecha original de publicación: 14/11/04

Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 01/12/04.- La dinámica de los acontecimientos hace que la para muchos insólita reelección de George W. Bush ya ni se distinga en el espejo retrovisor de estos tiempos. Fuera de especulaciones, priva en los habitantes del mundo una suerte de resignación no exenta de interrogantes orlados de predicciones más o menos pesimistas. Pasado el lapso del análisis, que varió desde la impronta religiosa hasta la disección del sistema electoral inserto en el mosaico cultural estadounidense, sólo cabe, con los riesgos que ello implica, apelar a la futurología a través del cálculo de probabilidades devenido de los antecedentes caracterológicos del polémico presidente y su entorno de personajes e intereses.

Hoy la proscripta es la intelectualidad norteamericana -y mundial-, que enterró disquisiciones al lado de las ilusiones del frustrado candidato Kerry; Krugman, Mailer, Chomsky y tantos otros cuestionadores conmiseran al mundo frente a los acríticos 50 millones de obnubilados y simplotes que votaron por el slogan cínico de la moralina conservadora, compelidos por el horror al terrorismo y a otros trasmutados fantasmas que amenazan las moles de vidrio, hierro y cemento y el modo de vida americano

50 millones de norteamericanos incididos por la vomitiva aparición de un sospechoso video de Bin Laden, aliado psicológico incondicional del patológico alcohólico presuntamente redimido que rige el mundo, y demás operaciones de inteligencia muñidas de perfidia inigualable pusieron a éste y a 5.000 millones de almas que lo habitan en el brete más peligroso de la historia de la humanidad.

Se presume con razón que la carnicería iraquí es el botón de muestra de otras a llegar, salvo que la humanidad escarmiente y entienda sin resistir quién es definitivamente el amo. "Soberanía", "independencia", "cultura" y "derecho"entre otros, conceptos sacros hasta ayer, quedan reducidos a términos rancios por obra de un sistema político-económico infalible y crudelísimo con la complicidad de 50 millones de lelos habilitados para sufragar democráticamente por su propia imbecilidad, dignamente representada por un Marte texano más mediocre que la mediocridad misma.

Hoy, aquí y ahora, cualquier discernimiento ideológico que explique el fenómeno cae en la ingenuidad, porque toda ideología es inexplicable en el campo del cretinismo. Y conste que "la muerte de las ideologías" no pasa por la psicología, sino por los fierros y el dinero.

Alguien lúcido dijo que las elecciones nortemericanas mundializaron la sensatez de los no nortemericanos y nacionalizaron la imbecilidad propia. Pero si de globalización se habla, lo que internacionalizaron es el peligro para la subsistencia imperfecta pero posible del género humano, aún golpeado durante siglos por su innata condición autodestructiva.

¿Qué cabe esperar de hoy en más sino la invasión y el arrasamiento de Colombia; la ocupación de la triple frontera argentino-pararaguayo-brasileña y las reservas acuíferas correspondientes; la solemne unción del Amazonas, los parques africanos y las cuencas antárticas como territorios "patrimonio de la humanidad" bajo fideicomiso de la ONU estéril e inútil y la implacable guarda norteamericana; la coptación de toda cuenca petrolífera bajo exclusiva regencia yanqui con auxilio de aliados tradicionales; el acotamiento o apoderamiento de la expansión industrial y comercial China y el derrumbe de la Comunidad Europea? ¿Cabe esperar más que el aislamiento de los pensadores, la ciencia esclava y la tecnología abiertamente cautiva? ¿ Puede discernirse otra cosa que el armamentismo aplicado a pueblos inferiores y razas retrasadas, que merecen solamente bananas y poseen minerales, petróleo y reservas naturales? No cabe duda que la antigua pax romana será un poroto al lado de la pax bushchiana. Que el ejercicio político interno de las naciones será más o menos como un juego de internet. Que la medicina podrá reducirse a los que merecen vivir y a los útiles calificados. Que las universidades robotizarán las mentes. Que la religión se convertirá en evacuación inofensiva. Que en el universo aliado a los Bush cabrán únicamente imitaciones menores como los Putin o como los Sharon, siempre que obtengan 10 en obediencia. Que democracia, ya término exclusivo de la prostituída semántica imperialista, será parámetro descalificador de todo disentimiento.

La impronta bushiana, con 50 millones de votos al energúmeno, otros menos al desafortunado Kerry y miles de millones no contabilizados en contra, presta volumen a la presunción de un ciclo demasiado fatigoso. Sólo cabe esperar que el pus no evolucione en gangrena y dentro de cuatro años el mundo recomience su normalización, comenzando por la cura de parte aunque sea de los 50 millones de cerebros lavados. Pero eso sí; esperar resistiendo.

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